espacio de e-pensamiento

miércoles, 6 de junio de 2007

¿Qué ha salido mal?... sin reproches.

Pese a lo fácil del caso no voy a levantar aquí la bandera del “ya te lo decía yo”, no creo que hoy sea un día para ponerse a izar calaveras. Pero tampoco quiero que pasen estas horas, las de hoy, sin dejar unas cuantas palabras “por ahí”.
ETA vuelve a las andadas y rompe eso que se ha mal llamado “proceso de paz”. No nos ha sorprendido, porque rara vez ETA nos sorprende, salvo en la hora, el lugar, y la cantidad de explosivo utilizado; de nuevo una larga lista de palabras enunciando las mismas cosas, los mismos propósitos, todos los demonios de siempre. Y frente a eso, al menos en mi caso, solo cabe la desazón; Madrid volverá a ser un sitio menos seguro y por ahí, seguramente ya hay un tipo que camina acompañado de la tipeja de la guadaña, fiel aliada de estos salvapatrias.
¿Qué es lo que ha pasado? ¿qué es lo que ha salido mal? Hace un año, muchos de nosotros, aunque no yo, confiábamos en que la jugada del presidente del gobierno fuera maestra, pensaban que tenía un as en la manga. Tal vez, creían otros, que el nacionalismo radical vasco se había atemperado y, desde cierta conciencia de “no nos queda otra” pedían puertas abiertas por las que ingresar en la comunidad política democrática. Nada de eso ha sucedido y, mientras que el presidente del gobierno, y todos nosotros detrás de él, nos quedamos con las manos vacías, los ultras batasunos y etarras, siguen siendo los mismos, solo que más fuertes.
No quiero entrar a analizar el problema en términos de “ellos y nosotros”. Tampoco quiero caer en la eterna diferenciación entre razón e ideología; no creo que el problema esté en que la progresía española y el nacionalismo estén embarcados en una interpretación falseadora de la realidad que les impide ver las cosas con nitidez, convirtiéndoles en fanáticos y que, en el otro lado, estemos nosotros, hombres iluminados por la razón, que somos capaces de atisbar de qué modo la izquierda y el nacionalismo ofuscan todas las miradas. No creo que este sea el campo de batalla donde “la verdad” tenga que decidir el ganador, después de unas eternas tablas.
En cierta forma, creo que el propósito de Zapatero y el partido socialista, en esencia no era baldío. Lo que han pretendido es algo tan difícil como “cambiar el estilo”, cambiar el modo de hablar acerca de la realidad política, de tal forma que, sutilmente, se fuera confundiendo el discurso de la izquierda española y la izquierda nacionalista (si es que se puede hablar de izquierda nacionalista). Se trataba, por tanto, de modificar las palabras y sus usos, de hablar de modo diferente de ellos y con ellos. Tal vez así, pensaban los socialistas, irán cambiando las voces por las pistolas. Estoy convencido de que Zapatero tuvo que tener la sensación, en algún momento de ese proceso, que de una forma u otra, había “entendimiento”, que los léxicos no estaban tan alejados, que la interpretación del mundo y del hombre que lleva a “Pakito” a empuñar una “nueve milímetros” no es tan diferente a la de un tipo de León que se afilia al partido.
El proyecto del partido socialista era, en cierta forma, el de ampliar el diccionario democrático, incluyendo palabras como “pueblo”, como “lengua propia” o “diferencia étnica”; y, a la vez, matizando el uso que, en una democracia como la nuestra, tienen palabras como “libertad”, “justicia”, “igualdad”, “nación”. Se trataba de crear un superlenguaje, un superléxico que fuéramos capaces de hablar todos y que sirviera de marco común; ahí se enmarcaban las grandilocuentes palabras de Zetape augurando estabilidad para dos generaciones. No voy a entrar a discutir un matiz capcioso: ¿pensaba el presidente en establecer un lenguaje común para todos o sólo común a toda la izquierda? El primer caso me parece admisible, el segundo, que a veces se mostraba como el elegido, un marco en el que la derecha y el pensamiento divergente quedaran aislados como parias, me resulta repugnante.
Y es que, utilizando la terminología de Rorty, en el fondo, lo que le pasa a este país es que hay demasiada gente usando léxicos y categorías lingüísticas en las antípodas unos de otros, que impide, de facto, establecer un estado político común. Él no entraría a considerar si el modo como conciben los nacionalistas vascos y catalanes al hombre y su vinculación con el estado, está más cerca, o más lejos de la verdad, que la forma de concebirlo desde una postura liberal o socialdemócrata. Diría más bien, que usan las mismas palabras de formas completamente diferentes, lo que conlleva modos distintos de ser y de enfrentar los problemas políticos; no habría aquí racionalidad contra ideologías, puesto que no existen criterios para decidir si nuestra esencia va más por el camino de la individualidad o somos necesariamente el cuerpo de una comunidad étnica. Desde esta perspectiva el intento socialista de cambiar el estilo para ampliar los horizontes y que, así, también ellos cayesen de este lado de la marca, no sería, en principio mala idea. Aunque, sin embargo, lo ha sido.
Se me reprochará, seguramente que este “cambio de estilo” no es una mera formalidad, y es verdad. Nietzsche nos dice en “El caminante y su sombra” que “corregir el estilo es corregir el pensamiento” y, desgraciadamente así ha ocurrido con el Partido Socialista: su cambio de estilo, su búsqueda de formas distintas de hablar, no ha acertado a modificar ni un solo uso lingüístico de los radicales vascos; prueba de ello es su último y trágico comunicado, perfectamente intercambiable por cualquier otra disquisición del Zutabe de hace dos años, o diez. En cambio, nos deja, en herencia, a una izquierda disminuida, que usa palabras como “igualdad” o “libertad” en una esfera peligrosamente cercana al etnicismo. Se podría añadir, desde una idea Heideggeriana, que también está en Rorty, que este cambio de estilo no es, ni puede ser, decisión propia, sino que, primero se cambió el estilo, sin un propósito, y después fue posible el encuentro [aunque mejor no embarrarnos en estas consideraciones].
Y es que… ¿de qué se puede hablar con ETA? ¿de qué se puede hablar con el universo nacionalista? Usamos las palabras en sentidos que les resultan extraños y ellos, las arrojan apareciendo ante nuestros ojos como fanáticos enfervorizados. El intento ha sido fallido y seguirá siéndolo mientras tengamos léxicos diferentes. Lo que nosotros vemos como delirio ellos lo ven como “lucha heroica” y lo que es para nuestra comprensión “razón y libertad” ellos lo entienden como “opresión y esclavitud”. ¿Qué lenguaje podemos hablar para entendernos?... ninguno. Ni ellos “entraran en razón” ni nosotros “aceptaremos el delirio”.
Solo cabe esperar que el discurso legitimador de la violencia, en el País Vasco, se seque, se agote, termine en una vía muerta. Después del intento fallido y pragmáticamente revelador, de Zapatero, ya no nos podremos hacer más castillos de naipes pensando que, tal vez, el tipo de hombres que son, se parezca cada vez más, al tipo de hombres que somos. Por eso, si queremos que se seque, solo cabe dejar de regarlo, negarles el foro y rescatar a aquellos que, sin ninguna explicación, aprendan a hablar de modo diferente. Y mientras tanto, seguir conversando de esta forma, usando palabras como “individuo” y “talento” en un modo que ellos no saben hacer, y aguantar que nos peguen un tiro en la nuca, de cuando en cuando.

18 comentarios:

  1. Creo de modo vehemente que la pólitica de ZP (el preferiría JFK)no es más que cálculo maquiavélico, dicho se en el peor y más popular sentido del término.

    El fin primordial nunca ha sido conseguir la pacificación del País Vasco, claro que si como efecto secundario eso se producía estupendo, también encontraría el modo de aprovecharlo.

    Me parece a mi que el antiguo partido socialista por la absoluta dependencia del poderse de sus miembros, fraguada durante el cuasi régimen de Felipe G.,ha pactado demasiadas veces con el diablo nacionalista y, finalmente se ha ido diluyendo en una coalición electoral (PSC, PSM, PSPV, PSA, etc...)que siempre precisa de la colaboración de grupos tribales identitariamente excluyentes para gobernar.

    En esta situación accedió al poder el las últimas elecciones generales, con una debilidad tan grande que ZPtero, con pocos escrúpulos, decidió neutralizar al enemigo (el PP, no confundamos) por mucho tiempo utilizado la pólitica antiterrorista, que durante bastante tiempo había constituido el nucleo duro del consenso constitucional.

    La rana podrá creerse muy astuta, pero el escorpión tiene en su naturaleza inyectar su ponzoña y eso no se aplaca ni controla con dinero, prebendas o tolerancias más o menos vergonzantes.

    Ahora la camarilla dirigente de la coalición socialista, me niego a llamarles partido, se envolverán en la bandera de la patria allí donde puedan hacerlo, se trasmutarán en halcones, encarcelarán y darán publicidad a cada detención por irrelevante que sea, pero el mal esta hecho; de nuevo libre y más poderoso que nunca, con la ley, la judicatura y la fiscalia desprestigiados y el acuerdo patriótico muerto y enterrado, es su momento, el de la sangre, el grito y la lágrima.

    No hay ingenuidad, ni bisoñez en los actos de ZPtero, sólo cálculo erróneo, desviado, dañino.

    Ahora ya no somos iguales, ni solidarios ni libres, que eso es la patria.

    Ahora guardaremos nuestra agua porque es sólo nuestra, nuestra lengua porque sólo es nuestra, nuestros aeropuertos porque son sólo nuestros, nuestra educación, nuestro sol, nuestro ..., ya no hay nada de todos.

    Quién puede arreglar esto ahora, el PP imposible, su cúspide es una especie de destilado de sectas ultracatólicas, han degoyado a los laicos que ingenuamente se colaron en el primer gobierno de Aznar.

    Malos tiempos aguardan al ilustrado, necesitamos una fuerza política que sin avergonzarse de ser española, pueda decirse de izquierda, no nacionalista (mejor antinacionalista), pero no existe, y si llegase a existir ¿quién la votaría?

    ¿Es ético observar, pero no intervenir?

    ResponderEliminar
  2. Es la segunda vez que pierdo un comentario en el ciberespacio, así que, por hoy, lo dejaré. Mi comentario trataba sobre algo en lo que no estoy de acuerdo con Eduardo, aunque también señalaba lo que me parece acertado de su artículo. Me limitaré ahora a pedir una aclaración sobre el término “ideología”, ya que todo parece indicar que no entendemos lo mismo al usar la misma palabra. Yo señalo al progresismo o a la política defendida por ZP como formas de ideología, mientras que Edu –según lo entiendo- afirma que todo lenguaje incorpora una ideología de la que le es imposible zafarse. De esta manera, apelar a la verdad o la falsedad sólo tendría sentido en el marco interno de una ideología, mas nunca como forma de desenmascarar o refutar sus asertos en relación a una supuesta realidad. ¿Quiere esto decir que no hay realidad que permita decidir sobre la verdad o falsedad de afirmaciones ideológicas como “los judíos no son humanos” o “la economía
    determina necesariamente el desarrollo de la historia humana”? Lo mismo cabe preguntar con respecto a las doctrinas nacionalistas defendidas por ETA, o a los idilios pacifistas de los seguidores de ZP: ¿no hay una realidad que quepa esgrimir frente al simple voluntarismo de quien piensa que la realidad es modelada por el deseo? Un saludo a todos, feacios.

    ResponderEliminar
  3. Reconozco, Borja, que cuesta ver todo este asunto en otros términos diferentes a cómo tu lo planteas. Yo también estoy tentado de utilizar el concepto de "ideología" para descalificar aquellos lenguajes, léxicos, discursos, que "falsean" la realidad frente a mi mirada, limpia de prejuicios y racional, que puede captar y "decir" el mundo sin tanta parafernalia. Pero es que creo, sin que ello me haga renunciar a mis palabras, que, com ya he dicho, no es el "juez de la verdad" quien pueda deshacer estas tablas.
    Pensar eso, es creer que, por vía referencialista, hay léxicos que la realidad prefiere a la hora de ser descrita. Esta idea, como ha señalado Rorty, no es más que uno de los últimos restos de nuestro cristianismo intravenoso: sólo si se ha usado un lenguaje para crear y ordenar el mundo, éste puede preferir un lenguaje frente a otro a la hora de describirlo. El mundo no responde frente a una verdad por la simple razón que la verdad es una propiedd de nuestros lenguajes y no un criterio referencial de la realidad. Puede parecernos que, respecto de afirmaciones muy simples como "el asesino es el mayordomo" o "los judios no son humanos", podemos usar el criterio referencialista para deshacernos de la ideología, pero eso es del todo imposible si tomamos el lenguaje, el léxico en cuestión, como un conjunto (no cerrado). Por ejemplo, si tratamos de derimir las claves fundamentales que nos permiten comprender la esencia humana, a fin de tomar posturas políticas y éticas: el nacionalismo etinicista acudirá a su topografía habitual, al concepto de "comunidad" para definir lo humano sin lo cuel, eso humano no "se da"; y un ilustrado elegiría otros elementos, la razón, la libertad, la idividualidad... etc. Pues bien, la realidad no nos da un criterio para decidir cuál de estos topos es el "real" y, si lo hace, es porque, desde cada uno de los lenguajes se define previamente cual será ese criterio. Esto no significa que esté defendiendo el relativismo; decir que la verdad no es el juez que debe acabar con este entuerto, no significa que defienda que no hay forma de acabar con él. Del mismo modo que, en palabras de Rorty, decir que "no hay una verdad ahí fuera no significa que no haya una realidad. Con él, prefiero ver el asunto en los términos es los que los plantea el segundo Wittgenstein (o incluso Heidegger): los lenguajes son herrramientas, distintos juegos que nos permiten hacer unas cosas u otras socialmente. Visto de esta forma, del mismo modo que hay arados que nos permiten arar un campo mejor que otras, también hay herramientas ligüísticas que facilitan nuestra convivencia, en lugar de ennegrecerla enfrentándonos. Una de estas malas herramientas es, sin duda, el léxico nacionalista. Pero no porque sea más "falseador", sino porque es peor que, por ejemplo, un discurso moderado-ilustrado, a la hora de establecer un espacio común en el que vivir todos, sin matarnos unos a otros.
    Por eso decía que, en un sentido profundo, haciendo un ejercicio de "buena fe" y tratando de prescindir de las "malas artes" que el señor "anónimo" denuncia en Zapatero, el propósito socialista no era del todoreprobable: se trataba de hacer traducibles dos formas de hablar para hablar todos un mismo lenguaje político. El problema es que el resultado es del todo insatisfactorio y nos deja peor de lo que estabamos, con un socialismo que da pena y una derecha sin norte.
    Y por eso también mi diagnóstico y propuesta de cura solo puede ser una, la que ya estamos haciendo: conversar haciendo más graves y vinculantes, entre nosostros y allí donde podamos hablar, determinados usos de algunas palabras. Por eso "feacios" (tal y como concibo todo esto).
    PD1: como consejo, Borja, escribe primero los comentarios en word y después sólo pégalos
    pd2: este tema de la "Ideología" me parece particularmente interesante para llevar a la Academia Feacia, por eso en este fin de semana intentaré ponerla en marcha y colgar algo. Riqui, aún no podeis publicar allí porque no os he mandado la invitación pero también este fin de semana lo haré.
    PD3: abrazo a todos, incluso al anónimo.

    ResponderEliminar
  4. Si lo entiendo bien:

    1.Partes de una serie de premisas:

    No hay que entrar a analizar el problema en términos de “ellos y nosotros”
    No hay que diferenciar entre razón e ideología ya que esta discusión siempre acaba en tablas.

    2.El problema de España es que hay demasiada gente con léxicos y categorías lingüísticas en las antípodas.

    3.Dentro de este problema hay que incluir el problema de los nacionalismos y dentro de él ETA

    4.La solución al problema de ETA es una variante a la solución de “el problema de España”: crear un marco común.

    5.Se ha intentado crear un marco común “cambiando el estilo”... esto es, corrigiendo el pensamiento.

    6.Este intento ha fracasado: ETA sigue con el mismo léxico y entre la gente del PSOE y cercana al PSOE se ha abierto al etnicismo

    7.Conclusión: por una parte fatalismo (desazón. Madrid volverá a ser un sitio inseguro), por otro lado hay una constatación: a partir de ahora hay que negar les el foro para así deslegitimar su discurso.

    Si es así(corrígeme si me equivoco) no estoy de acuerdo. Para mi la cuestión es una y solamente una: la deslegitimación en la que ha caído el uso de la fuerza del estado democrático. El uso de la fuerza no es propio de una dictadura. La democracia tiene todo el derecho a defenderse por medios más allá de los puramente léxicos (para eso hay leyes, jueces y unos pesos y contrapesos que pueden ayudar a limitar abusos.)

    En el fondo lo que hay es una deslegitimación de la racionalidad y de la capacidad de juzgar en términos de bien y mal, de mentira y verdad , de justo o injusto por parte de los ciudadanos de los estados democráticos. Desde este punto de vista me parece preferible un discurso “a lo Leo Strauss” que concibe para los filósofos el conocimiento de la verdad (no hay verdad) pero que considera peligroso para “la salud pública” de la democracia permitir filtración de tales ideas al común de los mortales. Aún cuando no esté del todo de acuerdo me parece una actitud responsable.

    Una postura política interesante -y de la que me siento más cercana es la que creo que se desprende (para no alargarme mucho) de este texto que maese Kolakowski escribió pocos años después de la caída del Muro. (Por cierto Eduardo me gustaría que lo copiaras y lo subieran a la Academia Feacia)

    ¿Como ser conservador-liberal socialista?

    Lema: “¡Por favor, pase hacia adelante a la parte trasera!” Esta es una traducción aproximada de un ruego que oí una vez en un tranvía en Varsovia. La pongo como eslogan de una poderosa Internacional que nunca existirá.

    Un conservador cree:

    1.Que en la vida humana nunca han habido y nunca habrá mejoras que no se paguen con deterioros y males; así, este precio debe ser considerado, tenido en cuenta a la hora de confeccionar todo proyecto de reforma y perfeccionamiento. Dicho de otra manera, innumerables males son compatibles entre sí (es decir que los podemos sufrir comprensiva y simultáneamente); mientras que muchos bienes se limitan o anulan entre sí, no pudiendo gozarse enteramente de ellos al mismo tiempo. Es perfectamente posible una sociedad en la que no haya ningún tipo de libertad o igualdad, mientras que un orden social en el que conviva una libertad e igualdad absoluta es imposible. Se puede aplicar esto de igual manera al plantearse la compatibilidad de la planificación y el principio de autonomía, del principio de seguridad y progreso técnico. Dicho de otra manera, que no hay final feliz en la historia de la humanidad.

    2.Que no sabemos en que grado las diferentes formas de vida social tradicional -familias, rituales, naciones, comunidades religiosas- son imprescindibles en una sociedad tolerable o simplemente viable. No hay ningún argumento que certifique que destruyendo estas formas de vida, o calificándolas de irracionales, aumentemos las posibilidades de felicidad, paz, seguridad o libertad. No tenemos ningún conocimiento cierto de lo que podría ocurrir si, por ejemplo, aboliéramos la familia monógama o si renunciáramos a la costumbre ya consagrada de enterrar a los muertos, y la sustituyésemos por el reciclaje racional de los cadáveres para fines industriales. Haríamos bien en esperar lo peor.

    3.Que la idee fixe de la Ilustración – que la envidia, la vanidad y la agresividad están causadas por las deficiencias de las instituciones sociales y que estas serán barridas cuando se reformen estas instituciones- no sólo es completamente increíble y contrario a toda experiencia, sino altamente peligrosa. ¿Cómo es posible que estas instituciones aparecieran si eran tan contrarias a la verdadera naturaleza del hombre? Esperar institucionalizar la fraternidad, el amor y el altruismo es tener ya un proyecto seguro de despotismo.

    Un liberal cree:

    1.Que sigue siendo válida la vieja idea de que el fin del estado es la seguridad. Sigue siendo valido incluso si la noción de “seguridad” se amplía para incluir no sólo la protección de las personas y la propiedad por medio de la ley, sino además varias tipos de previsión social: que los parados no deben morirse de hambre, que los pobres no deben morir por falta de una ayuda medica; que los niños deben tener acceso libre a la educación- todo esto es parte de la seguridad. Con todo la seguridad no debe ser nunca confundida con la libertad. El Estado no garantiza la libertad regulando y actuando directamente sobre las diferentes áreas de la vida, sino no haciendo nada. De hecho la seguridad sólo puede expandirse a expensas de la libertad. De cualquier manera hacer a la gente feliz no es la función del Estado.

    2.Que las comunidades humanas están amenazadas no sólo por el estancamiento sino también por la degradación en cuando están tan organizadas que ya no hay lugar a la iniciativa individual y a la inventiva. El suicidio colectivo de la humanidad es concebible, pero, por el simple hecho de que no somos hormigas, no su transformación definitiva en un hormiguero.

    3.Que es altamente improbable que una sociedad en la cual todas las formas de competitividad han sido eliminadas continúe teniendo los estímulos necesarios para la creatividad y el progreso. Tener más igualdad es un medio y no es un fin en sí mismo. En otras palabras, que no da a lugar una lucha por más igualdad si de esto resulta sólo el descenso de nivel de aquellos que son mejores y no el ascenso de los excluidos. La perfecta igualdad es un ideal que se destruye a sí mismo.

    Un socialista cree:

    1.Que toda sociedad en la cual la búsqueda de beneficio sea el único regulador del sistema productivo está tan amenazada por una gran –quizá la más grande- catástrofe como la sociedad en la que el motivo del beneficio ha sido absolutamente eliminado de las fuerzas de producción-regulación. Existen buenas razones por las que la libertad de la actividad económica deba ser limitada por motivos de seguridad, por las que el dinero no deba producir automáticamente más dinero. Aún así, la limitación de la libertad debe ser denominada así, y no como una forma más alta de libertad.

    2.Que es absurdo e hipócrita concluir que, simplemente porque una sociedad perfecta y pacifica sea imposible y toda forma de desigualdad que exista sea inevitable, se justifique cualquier forma de creación de beneficios. Esta clase de pesimismo antropológico conservador que lleva a la creencia asombrosa de que un impuesto progresivo sobre la renta es una abominación inhumana es tan sospechoso como ese tipo de optimismo histórico sobre el que se basó el Gulag.

    3.Que la tendencia a reglar la economía a controles sociales importantes debe ser apoyada, aunque el precio a pagar sea una aumento de la burocracia. Tales controles deben, sin embargo, ser ejercidos desde una democracia representativa. Por este motivo es esencial planificar instituciones que sirvan de contrapeso a la amenaza que para la libertad supondría el crecimiento de estos mismos controles.


    Tal como lo veo, este sistema de ideas reguladas no es auto-contradictorio. Y por lo tanto es posible ser un conservador-liberal-socialista. Esto equivale a decir que estas tres designaciones particulares no serán por mucho tiempo opciones excluyentes entre sí.

    En cuanto a la Internacional grande y poderosa que mencione al principio, nunca existirá, porque no puede prometer a la gente la felicidad.

    Leszek Kolakowski.

    ResponderEliminar
  5. Parece que los feacios reclaman un monográfico sobre la ideología. Me sumo a la propuesta. No tanto para proponer como para escuchar. La verdad es que no lo tengo muy claro.

    El cuerpo me pide estar al lado de Borja y don cogito. Hay discursos falseadores y mentirosos y pienso que nuestra principal función como gremio, más allá de enseñar cuatro claves sobre la historia del pensamiento, es denunciar la impostura y la demagogia de los “ideólogos”.

    Por otra parte, coincido con Edu en que no podemos utilizar un criterio de verdad referencialista como si hubiera lenguajes que se corresponden de forma natural con la realidad y otros que la falsean. Edu lo ha explicado muy bien, no voy a insistir.

    En el fondo pienso que vuestras posiciones son más cercanas de lo que parecen. Si no lo he entendido mal Borja nunca ha defendido el criterio de verdad por adecuación o correspondencia. Lo único que ha dicho, como Edu, es que no todos los discursos son iguales, que los hay verdaderos y falsos.

    Edu parece proponer un criterio de verdad pragmático, si no lo he entendido mal, y puede ser una opción interesante. Paul Feyerabend también defiende algo similar (en la Academia quizá podamos profundizar algo más). Yo también pienso que el discurso ilustrado es más verdadero porque posibilita sociedades más libres, prósperas, felices (aunque parezca una cursilada) e igualitarias (en lo que cabe la igualdad: ante la ley).

    Pero tengo dudas: ¿sólo es verdad lo que funciona? ¿la teoría atómica de Demócrito era básicamente falsa porque no tenía aplicaciones y la misma teoría en el siglo XIX es verdadera? ¿la verdad de una teoría científica depende por entero de sus aplicaciones tecnológicas? ¿una propuesta política puede ponderarse sólo por sus consecuencias? ¿Sería bueno para España expulsar a los gitanos? ¿Por qué no? Quizá porque pensamos que hay algo intrínsecamente perverso en una medida semejante, al margen de las consecuencias que se desprendan de tal acción. Pues igual puede pasar, pienso, con el nacionalismo: hay algo esencialmente dañino en él, por lo que no es de extrañar que las sociedades donde impera tal doctrina sean detestables.

    Intuyo, de una manera que no estoy en condiciones de precisar, que la ilustración es más verdadera que el romanticismo o el relativismo cultural porque apunta a la mejor posibilidad del Hombre, porque el proyecto ilustrado eleva al ser humano a unas alturas que dan vértigo a las mentes románticas y nacionalistas.

    En cualquier caso la clave está en el criterio de verdad. Creo el criterio aristotélico de verdad por adecuación va demasiado lejos y nos puede conducir a un positivismo ingenuo. Pero el criterio pragmático de verdad se queda demasiado corto. Sospecho que la verdad y la utilidad son cosas diferentes.

    ResponderEliminar
  6. Completamente de acuerdo con la descripción que haces de lo que yo he dicho y, por supuesto, como no puede ser de otra forma, completamente en desacuerdo con la objeción que planteas. Pienso que te equivocas en el diagnóstico y, también en la solución. Según dices “en el fondo lo que hay es una deslegitimación de la racionalidad y de la capacidad de juzgar en términos de bien y mal, de mentira y verdad , de justo o injusto por parte de los ciudadanos de los estados democráticos” y ese es precisamente el problema por el cual ha caído en descrédito el “uso de la fuerza en un estado democrático”. Defiendes “La democracia tiene todo el derecho a defenderse por medios más allá de los puramente léxicos (para eso hay leyes, jueces y unos pesos y contrapesos que pueden ayudar a limitar abusos)”.
    Fíjate que yo pienso que el diagnóstico está en las antípodas de lo que dices. Si de algo pecamos en este país es de discursos absolutamente excluyentes en los que el “bien” y la “verdad” están siempre de mi lado. Lo hacen los nacionalistas y de forma absolutamente evidente cuando enarbolan el “quien no está conmigo, está contra mi”; lo hace la izquierda, cuando reivindica su superioridad moral y trata de arrinconar a la derecha; y, por supuesto que también lo hace la derecha cuando convoca a “los españoles de bien” a manifestarse contra el delirio “zapatista”. Me parece pretencioso considerar que, de tu lado está la razón y una mirada clara y limpia de prejuicios, y del lado contrario la sinrazón y el ánimo falseador.
    La postura que defiendes de Leo Strauss, tampoco puede estar más alejada de la mía. Crees que los filósofos debemos ser los custodios de un conocimiento, el de que “no hay verdad”, pero que debemos ocultarlo a la ciudadanía porque eso les podría destruir… si quieres formalizamos la creación de una casta sacerdotal que decida qué puede conocer el vulgo y qué no y, ya de paso, guardamos el conocimiento en monasterios rodeados de gruesos muros… creo que en el fondo esto no te disgustaría.
    Yo no considero que sea peligroso, como dices, que un conocimiento como que “no hay verdad” llegue a la “opinión común”; no veo que el descubrimiento de que el suelo huye bajo nuestros pies signifique el acabamiento de la civilización. En primer lugar porque no creo que “no haya verdad”, y si eso has deducido de mis palabras, entonces me he explicado mal. Creo que la “verdad” no es una categoría del mundo, sino de nuestros lenguajes que, entre sus muchos usos está el hablar del mundo; y también creo que lo que sea la verdad es algo que respecta a un léxico concreto y que no tiene por qué coincidir con otro léxico. A esto me refiero cuando defiendo que no se puede luchar contra discursos como el nacionalista arrojándoles la verdad a la cara.
    La gente común, como dices, seguirá, y de hecho es algo absolutamente necesario, haciendo un uso referencialista o veritativo-funcional, como quieras llamarlo, de su lenguaje, respecto de su vida cotidiana. Cuando decimos “es mentira que aprobaras filosofía” no queremos que nos contesten “la verdad es relativa” ya que, tanto el que lo dice, como el que lo escucha conocen las reglas de este tipo de usos del lenguaje. Lo que he dicho, y mantengo, es que, en lo tocante a la política, es preferible optar por otro tipo de justificación que no sea el veritativo-funcional que, a lo único que nos conduce es a unas eternas tablas. Se trata, más bien, de que algunas herramientas políticas, sencillamente son malas herramientas respecto de lo que pretenden conseguir. Nadie puede dudar a día de hoy, por ejemplo, que el marxismo es un mal camino si lo que buscamos es la emancipación del hombre en una sociedad libre e igualitaria. Y nadie puede negar que también el nacionalismo, en este país, es un mal camino; precisamente porque, entre otras cosas, un rasgo característico del nacionalismo (sea el que sea) es su “esencialismo”: la consideración de que “la verdad está de mi lado” y, por tanto, no es necesario escuchar al otro.
    Aunque creas que si, no tienes ninguna forma de mostrar por qué lo que dices tu es una mirada limpia, verdadera, justa y buena, sobre la realidad social y no lo es lo que nos vende el “reo Otegi”. Me dirás que los nacionalistas falsean la historia para ponerla a su servicio… y te podré decir, haciendo de abogado del diablo, ¿y tu no?; sabrás tu mejor que yo, sin duda, que la historia no deja de ser un relato, presente construido a partir de documentos, crónicas, fotografías, recuerdos… etc y que, por tanto, implica elecciones de documentos, interpretaciones de hechos, valoraciones… etc. No es momento de entrar aquí, pero sabes dónde quiero llegar.
    Respecto a lo que dice Oscar, hay algo que quiero puntualizar. Aunque si bien es cierto que le doy un peso importante a la categoría de la ultilidad, en ningún momento he considerado que ésta deba ser el criterio de verdad a la hora de distinguir entre discursos. Más bien, creo con autores como Rorty, al que aquí me agarro mucho, que la noción de “criterio de verdad” no es una buena categoría a la hora de hacer política. Como dices al final de tu comentario, tampoco creo que la verdad sea la utilidad, para nada, pero tampoco lo pretendo.
    Deshecha esta confusión también se deshilvana la posibilidad de hacer de la utilidad una categoría ontológica, una idea platónica a la que aspirar. Y desde este punto de vista el ejemplo de los gitanos no tiene lugar. Me explico: es verdad que si tomásemos la utilidad en sentido absoluto, nuestro pragmatismo nos podría llevar a situaciones como la que describes: ¿sería útil librarnos de los gitanos? ¿Sería útil exterminar a los judíos? ¿Sería útil encarcelar a los disidentes políticos? Pero el caso es que la “utilidad” no es una idea platónica. Deberíamos pensarla en otros términos: se trata de pensar nuestras palabras, léxicos, discursos, incluso conductas, desde el punto de vista de la funcionalidad, pero no una funcionalidad abstracta sino, por el contrario, muy concreta. La analogía, que no es mía, sino de Davidson, es la de tomar los lenguajes como “herramientas” semejantes a las que construye y diseña, por ejemplo un artesano. Un artesano, por ejemplo, diseña una hoz para segar el campo; el fin es muy concreto, no se pregunta por la utilidad genérica de un objeto. El artesano se pregunta por la utilidad de la hoz como apero de labranza, pero no como arma de defensa. Podría diseñar una hoz enorme que segase el campo de una sola pasada, pero seguramente desistiría de hacerlo porque no habría campesino que pudiera sostenerla. En lo tocante a la política se puede pensar en los mismos términos; podemos pensar en la exterminación de los judíos, si, y proponerlo como fin a una determinada política. En este sentido, el nazismo se presenta, con frialdad, como una extraordinaria herramienta para la exterminación. Sin embargo, como en el caso de la hoz, es un pésimo aliado, si lo que pretendemos es, por ejemplo, la pacificación o la estabilidad de un estado o, por ejemplo, el bienestar de sus ciudadanos. En este mismo sentido, librarnos de los gitanos, como dices, fundamentándolo en un discurso racista, por ejemplo, sería un pésimo camino si, con la política pretendiésemos algo más que empobrecer el flamenco.
    El nacionalismo, por ejemplo, fue un discurso muy productivo a la hora de nacionalizar, vertebrar y cohexionar países como Alemania, Italia o Estados Unidos. Sin embargo, respecto, por ejemplo Alemania, trajo unas consecuencias en otros aspectos realmente nefastos (algo que no ocurrió en Estados Unidos, tal vez por tratarse de un nacionalismo no etnicista).
    Los nacionalismos, en España, actualmente son detestables, precisamente porque impiden la igualdad, fomentan el odio entre ciudadanos, trituran la solidaridad, son excluyentes, aumentan la inestabilidad social… y así un largo etcétera. Pero no es porque sean menos ficticios que, por ejemplo, la ilusión ilustrada.

    ResponderEliminar
  7. No veo las antípodas en defender que toda democracia “tiene todo el derecho a defenderse por medios más allá de los puramente léxicos (para eso hay leyes, jueces y unos pesos y contrapesos que pueden ayudar a limitar abusos)”.... pero este “uso de la fuerza -legítimo- de los estados democráticos se ha puesto en la picota a causa de: “La deslegitimación de la racionalidad y de la capacidad de juzgar en términos de bien y mal, de mentira y verdad , de justo o injusto por parte de los ciudadanos de los estados democráticos”

    Con esto volvemos a uno de nuestros temas favoritos que es la dificultad de la existencia de un “Estado Neutro.” ¿Porque no se puede intentar? Ahí es donde creo que caes un fatalismo paralizante. Para mi la cuestión no es si en este país haya discursos absolutamente excluyentes, sino si nos quedamos en el puro diagnostico.

    Respecto a lo que denominas a “la postura que defiendes de Leo Strauss” no digo yo que sea la postura adecuada (lee lo que pongo!!!) ni que “los filósofos debemos ser los custodios de un conocimiento”. Simplemente digo que me parece una postura preferible a la que tu planteas.
    Si, claro que considero peligroso que se planteé que llegue a “la opinión común” la idea de que “no hay verdad.” o que la verdad sea una categoría puramente linguistica, algo que reducible a un determinado léxico. Creo que tal postura vacía de sentido las bases con que se fundamenta y justifica el sistema político democrático (de algún lado habrá salido no?) y abre la puerta (habría que decir YA abrió la puerta en el pasado) a sistemas totalitarios (marxistas, nacionalistas....) ESTA POSTURA ES LA DEL TEXTO DE KOLAKOWSKI QUE TOMO EN GRAN PARTE COMO LA MIA.

    Que considere que afirmar que “no tienes ninguna forma de mostrar por qué lo que dices tu es una mirada limpia, verdadera, justa y buena, sobre la realidad social” sea una postura fuerte, no creo que signifique que la historia se reduzca a “ser un relato.” Es difícil, de acuerdo, pero -a ver-no quiero ponerme tomista diciendo que existe la realidad es comprensible en tanto es mirada desde afuera por Dios, pero -por ejemplo- ¿No te parece una opción un poco mejor a la que planteas tu la de la Popper?

    ResponderEliminar
  8. No, no me lo parece. Popper plantea, al fín y al cabo, un esencialismo y, ya digo que, de tanto esencialismo, en este país al final nos pasamos discutiendo las esencias y dando de lado a los problemas; vease, por ejemplo, el debate absurdo y eterno sobre la esencia de la nación española... o catalana, o vasca o, incluso, andaluza: parece que no hubiera otro problema más allá de ese para los redactores públicos de estatutos de autonomías. LAS COSAS NO SON, SINO QUE "VAN SIENTO". Están los que miran a lo que "Son" y los que miran a "lo que puede ser".

    ResponderEliminar
  9. Entonces, a ver Eduardo, explícame una cosa -y te lo pregunto por puro interés- ¿ No es un “estado neutral” un esencialismo?
    Saludos

    ResponderEliminar
  10. Por cierto Eduardo, gracias a tu comentario sobre el concepto de verdad e historia me he acordado que hace tiempo traduje un poema en prosa de Czeslaw Milosz (uno de mis heréticos polacos favoritos) que justamente trata este tema.
    Me lo he bajado a mi blog.
    No estaría de más que se pusiera en la Academia feacia esa, a la que todavía no he podido entrar.

    Saludos

    ResponderEliminar
  11. Un estado neutral es una ficción, y todo esencialismo no deja de ser una ficción también. Lo importante es tener en cuenta el caracter ficticio del "juego lingüístico" al que jugamos. Si pensamos el estado desde el esencialismo, ya sea que pensemos en un "estado neutral" o en "la dictadura del proletariado", corremos el riesgo de convertirnos en esclavos de una idea; en este caso las ideas dejan de ser herramientas al servicio de nuestra vida para convertirse en impedimentos (Borja diría "Ideologías").
    De todas formas, creo que deberías explicar un poco más qué consideras tu por "estado neutral en cuanto esencialismo".
    PD: Ya puedes colgar textos en la academia; he mandado unas instrucciones que espero que sigais para que no tenga que estar todo el día corrigiendo entuertos....

    ResponderEliminar
  12. Si Eduardo, tienes otra vez razón; debería que haber definido hace unas cuantas entradas de este blog que entiendo por “estado neutral.”
    Pues bien, mientras busco una definición, voy aceptar que su significado se acerca a lo que tú en una de las entradas de “Jugadores y mentirosos” llamas “marco político común.” Desde aquí me gustaría preguntarte si -partiendo del problema al que nos referimos que sufre España- se puede encontrar algún tipo de solución partiendo de tu postura.

    Toda esta reflexión viene a cuento de las últimas lineas de este escrito.

    Dices:

    “Y mientras tanto, seguir conversando de esta forma, usando palabras como “individuo” y “talento” en un modo que ellos no saben hacer, y aguantar que nos peguen un tiro en la nuca, de cuando en cuando”

    Muchos abrazos Eduardo

    PD: No quiero dármelas de nada, pero no estoy disgustado con la traducción de un poema en prosa de Czeslaw Milosz que he colgado en mi blog. El “poema” en cuestión se llama “Preocupaciones de un historiador” y lo he colgado pensando en la discusión que tuvimos unas cuentas entradas más arriba en torno a la relación entre historia y verdad objetiva. Sé que en el último párrafo Milosz toma una actitud un poco desabrida hacia quienes tienen posturas parecidas a la tuya. No me lo tomes en cuenta (no hace falta que te lo diga claro.... es broma), simplemente tomo en serio lo que me dices y lo discuto.

    ResponderEliminar
  13. Respuestas Breves.
    Sólo dos cosas Joaquín. En primer lugar, creo que de mi postura si que se deduce una "solución", aunque no del modo de una "purga" que de una vez por todas acabe con el problema. Es una cuestón complicada y, desde lo que pienso (y también desde la constatación de cierto pesimismo que me acosa en estos últimos días, como un demonio de la pesantez), que no hay soluciones del tipo: "si cambiamos esto todo irá mejor, de golpe. Echarles en cara su caracter ideológico y compararlo con nuestra mirada limpia y desprejuiciada que, no inventa, sino "muestra" me parece una actitud valdía. Quien haya tenido contacto con el mundo nacionalista sabe que miran a través de otro cristal y que son impermeables a este tipo de críticas. Contra nuestro esencialismo ilustrado, ellos contestan con esencialismo romántico.
    Rorty (Otra vez), en "Contingencia, Ironía y Solidaridad", fragmento que pretendo colgar en la academia, se mueve en otra perspectiva: no se trata de mostrar la verdad frente a la sinrazón, sino de hacer más atractivo un léxico frente a otro y, por tanto, más vinculante. A eso me refiero cuando digo que nosotros, feacios, continuemos conversando como lo hacemos y, si podemos extendamos la conversación a otros foros; hablar de determinada forma, y mostrar que esta forma de hablar también conlleva un tipo de hombre, en mi opinión, más libre, más feliz, más mordaz e irónico que el hombre nacionalista (siempre enfadado, siempre victimizándose, siempre vendido), es ya andar en la buena dirección; quedarnos en casa, encerrados en nuestras lecturas y escupiendo contra el viento, NO.
    Y no digo que, como dices, haya que usar todas las herramientas del estado de derecho contra el terrorismo nacionalista no sea algo que hay que hacer... libreme dios. Pero sabemos que cuando metan en la carcel a Patxi de Gurrugoitia, empuñará su pistola Iñaki de Pentazuberogoitxea. Así que de todas todas, soportaremos, queramos o no, hagamos lo que hagamos, algún que otro tiro en la nuca...
    Respecto del poema que has colgado en tu blog, reconozco que me ha gustado y que me ha llegado la piedra... pero creo que te has equivocado al lanzarla contra mi. Este tipo habla de una suerte de posmodernismo y de relativismo que yo no comparto. Decir que la verdad no es una cosa que decida la realidad y que, en cierta forma, la historia (y cualquier tipo de discurso) es, en cierta forma, un relato, no equivale a defender que todos los relatos sean válidos. Decir que todo historiador construye un discurso histórico claramente marcado por sus ideas, su biografía, sus sentimientos, su cultiura, no equivale a decir, que, dado que detrás de la historia hay siempre una intención, todos los resultados son inválidos. Uiqero contestarte más detenidamente en tu blog o, en la Academia si cuelgas allí el texto.

    ResponderEliminar
  14. Bueno Eduardo ya te contestaré con más tranquilidad al resto de tu mensaje pero quiero decir una cosa clara: NO HA SIDO MI INTENCIÓN LANZAR EL POEMA CONTRA TÍ. Si lo has entendido así, aquí vienen mis disculpas.

    En cuanto al poema me encantaría que lo colgaras en la Academia (creo entender que nos dijiste que te lo pasáramos antes.)

    Y bueno, quiero aprovechar la oportunidad para que me expliques un poco más en feacios y/o en mi blog -a los que todos estáis invitados- que entiendes tu por posmodernismo y relativismo. Especialmente me gustaría que me recomendaras algo de Rorty. Leí hace un tiempo unas entrevistas que publicó Trotta y me pareció interesante.

    Muchos saludos Eduardo y repito que no ha habido en mi ninguna intención de lanzar nada a nadie.

    Muchos abrazos Eduardo

    Todo lo mejor

    ResponderEliminar
  15. Para mi es mucho más sencillo, eta le devuelve la moncloa a los socialistas y estos les devuelven sus instituciones, y entre medias bla bla bla y nosotros a tragar

    ResponderEliminar
  16. Joaquin... es sólo una forma de hablar. Ya sé que nunca hablas contra mi, hablas y nuestras palabras se pelean delante nuestra, nosotros quedamos al margen. Ya son muchos años, amigo.
    Sobre Rorty, colgaré algo en la Academia, pero te recomiendo sin duda "Contingencia, Ironía y Solidaridad", que es donde desarrolla lo que podríamos decir "Ontología"... pero si quieres algo más mundano, "Filosofía y uturo" o "El pragmatismo, una versión", donde aborda asuntos más concretos y se mete, entre otras cosas en la política; te anticipo, para el que crea encontrar en él un posmoderno trasnochado... no duda en defender el liberalismo en su versión más ilustrada. Un tipo interesante, sin duda.
    Por cierto, yo te mando el link del texto que quieres colgar y tu lo cuelgas, y así, de paso, haces una introducción al tipo y al texto.

    Venga, a cuidarse.

    ResponderEliminar
  17. Gracias Eduardo por tus emotivas palabras. En cuanto a lo del link no lo veo.

    También gracias por la información.

    Abrazos

    ResponderEliminar