espacio de e-pensamiento

sábado, 15 de septiembre de 2007

¿En qué país vivimos?

El manual del buen totalitario señala que el objetivo de cualquier organización de este signo es que el sistema ocupe la total experiencia del individuo; los sistemas totalitarios tratan de minimizar el espacio de lo personal y lo individual, el lugar dentro del cual uno es quién es, diferenciado de los demás, para potenciar el ámbito de lo colectivo; es por eso que su política se extiende a toda la cotidianidad, tratando de regular la experiencia humana al completo, desde el simple acto de levantarse por la mañana, el tipo de comida que se debe comer, las lecturas, los hábitos, los juegos de los niños y hasta las canciones infantiles. De esa forma, creen los totalitarios, reducir el horizonte experiencial del individuo, que deja de serlo para convertirse en un adepto.

En estos días salta a los medios una noticia que, aunque no me sorprende, no deja de escandalizarme: Anxo Quintana, el lider del nacionalismo Gallego, pretende hacer obligatorio, en todas las guarderías, la enseñanza del "himno nacional gallego". Estamos hablando de niños de cero a tres años, que a duras penas se aprenden completo el "susanita tiene un ratón, un ratón chiquitín, que come chocolate y turrón y bolitas de anis" y, de triunfar la propuesta de Anxo (que seguramente lo haga despues de las elecciones), se aprenderán lo siguiente (en gallego):

Los Pinos¿Qué dicen los rumorosos en la costa verdescente
al rayo transparente de la plácida luz de la luna?
¿Qué dicen las altas copas de la oscura pinocha
arpada con su bien compasado y monótono cimbrear?
De tu verdor ceñido y de los benignos astros,
confin de los verdes castros y tierra valerosa.
Nunca te olvides de la injuria y el rudo encono;
despierta de tu sueño, hogar de Breogán.
Los buenos y generosos nuestra voz entienden,
y con arrobo atienden nuestro ronco sonido,
pero sólo los ignorantes, los fieros y duros,
imbéciles y oscuros no nos entienden, no.
Ya ha llegado el momento de aquellos antiguos bardos,
que a vuestras ilusiones cumplido fin darán:
pues, donde quiere, gigante, nuestra voz pregona
la redención de la buena nación de Breogán.

Afortunadamente, los ideólogos de mi infancia fueron Gabi, Miliki, Fofó y Fofito... los de nuestros hijos... Cualquier Anxo Quintana de turno.

Vivimos en un país de locos.

15 comentarios:

  1. Al leer el artículo me ha apetecido conocer las letras de los himnos de las comunidades autónomas. Los hay sangrientos (el de Cataluña es una llamada a la guerra), los hay silenciosos (el del País Vasco no tiene letra oficial, aunque el señor Arana le escribió unas estrofas que más parecen una oración), los hay pretenciosos (el de Madrid pretende y pretende, pero se queda en hortera), los hay concretos (el de Andalucía va al grano y es fácil de memorizar), los hay literarios (el de Extremadura está lleno de metáforas), los hay maternales (el de Cantabria trata a la tierruca como si fuera una madre), los hay históricos (el de Castilla y León es un resumen de su historia), y los hay... casi perfectos. Si tuviera que mudarme para elegir qué quiero que aprenda mi hija en la guardería, me iría a Navarra:

    Por Navarra,
    tierra brava y noble,
    siempre fiel,
    que tiene por blasón,
    la vieja ley tradicional.

    Por Navarra,
    pueblo de alma libre,
    proclamemos juntos,
    nuestro afán universal.

    En cordial unión,
    con leal tesón,
    trabajemos y hermanados,
    todos lograremos,
    honra, amor y paz.


    PD: la letra es de un tal Manuel Iribarren. La escribió en 1971. ¿Seguirá vivo este señor? Es que he intentado cantar el himno español con esta letra, pero no encaja.

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  2. Quiero mandar, en primer lugar, un cordial saludo a todos los feacios, especialmente a Edu que nos invita a comentar el apasionante mundo de los himnos nacionales. Seguidamente quiero mandar un patriótico reproche a ashep por ignorar el más internacional e importante de los himnos nacionales – no doy más pistas- Por último me apetece hacer la función de tábano socrático, o en plan más castizo, de mosca cojonera.
    Edu: ¿Te parece escandaloso que los niños aprendan el himno nacional o es que no apruebas la letra del himno gallego? Por tus referencias a los payasos pareces defender la primera opción. Pero… ¿no es importante para una comunidad crear nexos de pertenencia que fundamenten un proyecto político común? (algo así defiende Rorty, si no lo he entendido mal) ¿los símbolos nacionales son siempre instrumentos de una ideología totalitaria? ¿la presencia de la bandera y el himno de España representan la opresión castellana sobre el resto de los pueblos del estado español? Creo conocer tus respuestas a estas preguntas. En el fondo lo que planteo es lo siguiente: ¿Cuál debería ser la función y el lugar de los símbolos nacionales – de todos, claro-?

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  3. Óscar, guajín (o manolín, que habría dicho mi padre), no he incluido tu himno porque, como tú dices, es un himno internacional, no de una comunidad autónoma.

    Como disculpa está traído por los pelos, ¿verdad? Pero he acertado, ¿verdad?

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  4. Oscar: Me parece fundamental el uso de los símbolos vertebradores de una comunidad, pero vertebradores, no totalizadores, como insinúo en el comentario que he escrito.
    Tengo tres reproches fundamentales contra la pretensión de Antxo Quintana: la primera es el burdo intento de manipulación política a través de la infancia. Repito que estamos hablando de edades entre los cero y los tres años, una edad en la que pretender ir más allá del "susanita tiene un ratón..." es, cuando menos capcioso.
    La segunda es la pretensión homogenizadora evidente de Antxo; coincidirás conmigo que el himno gallego no está ni mucho menos inspirado en una vocación de comunidad autónoma. El autor del himno y su letra mixtificadora que ancla los orígenes de los Gallegos en un invento mitológico como el del Rey Breogán lo dice todo; que esa sea una "canción de cuna", una letra que enfrenta a gallegos y "invasores españoles", a mi juicio no es un mero fomento de la cultura popular regional, ni tampoco un intento de vertebrar la sociedad en torno a símbolos comunes, sino una burda pretensión de construcción nacional... sangriento por tratar de hacerse a través de la infancia.
    Y en tercer lugar, volviendo al artículo, criticaré toda pretensión por parte del estado de regular la vida del individuo, lo que es, a mi parecer, la pretensión de cualquier totalitarismo (y el nacionalismo lo es). Y esto también es Rorty: la utilización de símbolos identificativos no se puede hacer a costa de la limitación de la experiencia personal, y resulta que la infancia entra dentro de ese ámbito de lo privado en el que el Estado debería meterse lo justo. Me parecería genial que Carod enseñase a sus hijos Els Segadors, Ibarreche a los suyos el Eusko Gudariak y Quintana a los suyos "Los Pinos", pero a los suyos. La escuela no puede adoctrinar más allá del fomento y el respeto de un ámbito democrático común, no en alguna de las opciones políticas dentro de ese ámbito.

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  5. Si no... ¿qué interés puede tener alguien en hacer aprender de memoria un poema y una música a niños que ni siquiera comprenden lo que están cantando?
    Si Antxo propone incluir dentro del curruculo de la escuela la Poesía de Eduardo Pondal, el autor del himno, me puede gustar más o menos, pero estaría dentro de esa parte de razón que pueden tener los nacionalistas, por cuanto se ha dado la espalda a elementos culturales seguramente valiosos en muchas comunidades, primando algunos textos sobre otros.
    Pero se trata de hacer aprender a unos niños una canción de la misma forma que antaño se les hacía aprender el "Credo", a temer a Dios y a prevenirse contra el demonio, solo que ahora el demonio es España.

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  6. Respecto a la bandera y a los himnos nacionales, seguramente conoces mi respuesta. El tema de la simbología en la democracia del 78 es una cuestión que se trató muy mal y, de aquellos fangos estos lodos. Soy de los que cree que no se debería haber mantenido, por ejemplo, la bandera rojigualda en la democracia; y no porque carezca de sobrada historia previa a la apropiación franquista, sino porque el recuero de la guerra estaba aún demasiado caliente y ese era el símbolo de (simplificando) una sola de las dos Españas.
    Aú así, las cosas se han hecho mal, pero no cabe vuelta atrás, así que lo mejor sería que el estado trabajase activamente en que los "símbolos nacionales" fueran realmente eso, de todos, cosa que no hace.
    De topdas formas, a la vista de los acontecimientos de estos últimos diez años, cada vez pienso de forma más intensa que el estado debería volver a replantearse, desde cero: romper y luego juntar, aunque en ese acto nos juguemos que no todas las piezas del puzle vuelvan a querer encajar. Aún así merece la pena intentarlo y dejar la decisión no a los partidos políticos, sino a los ciudadanos.

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  7. Valeee… Estoy de acuerdo en todo.
    Una duda, no más: pareces referirte a la función vertebradora como la función “buena” de los símbolos nacionales que se enfrenta a la función “mala” que es la totalizadora. Pero… ¿Qué es “vertebrar”? ¿se puede vertebrar únicamente bajo el auspicio de los buenos sentimientos? ¿no se forja toda identidad frente al “otro”? ¿no pasa la identidad española por recordar la lucha con el moro o el gabacho? ¿no son los acontecimientos deportivos la mejor muestra de patriotismo porque el “otro” es fácilmente identificable? ¿no es verdad que todo “nosotros” solo se entiende si lo enfrentamos al “ellos”?
    Pero a pesar de lo dicho pienso que tienes razón: que los símbolos nacionales son necesarios para vertebrar el país, para crear sentimientos de pertenencia que fundamenten la vida social. Pero hay que andar con cuidado. El patriotismo es como un fármaco, que tomado en su adecuada dosis es beneficioso, pero que pude ser perjudicial e incluso venenoso si se abusa de él. Lo que tu llamas “función vertebradora” yo lo veo más en términos cuantitativos: patriotismo sí, pero sin pasarse. Creo que los símbolos nacionales deben tener una discreta presencia en la vida social para aprovechar sus beneficiosos efectos y mitigar, en la medida de lo posible, sus efectos perniciosos
    Pdt: Ashep, claro que has acertado. Yo lo decía más que nada por si tu madre se entera de lo que escribes por este blog.
    Un abrazo a todos

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  8. He leído con atención tanto la entrada de Eduardo como vuestras contestaciones. Todo muy interesante. Estoy de acuerdo con la idea que intuyo está en el fondo de todas vuestras intervenciones:hay que apoyar el uso de unos símbolos que vertebren un patriotismo de ciudadanos.
    Ahora bien, me gustaría dar una nueva vuelta de tuerca. No quiero ser un provocador, pero tenéis que reconocerme una de las líneas en la que se podría desarrollar vuestros argumentos sería hacia la puesta en solfa de la propia escuela publica.
    ¿Es necesaria la escuela publica?
    Además, si no es posible la neutralidad o la objetividad o la neutralidad de nada ... ¿No sería tendría más lógica apoyar políticas de “cheque escolar” o incluso -ya existe en EEUU homeschooling- de educación exclusiva en familia?
    Abrazos a todos

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  9. Ponedme el himno de extremadura anda hermano, que me hace ilusión...

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  10. Oscar...
    Completamente de acuerdo con lo que dices; una cosa es identificarse con una comunidad y algo muy diferente el patriotismo rancio. A mi modo de ver la diferencia está, más que en los buenos sentimientos, en el espacio que se le puede otorgar ficticiamente a lo que podríamos llamar sociedad. El patriota cree en una esencialidad de dicha comunidad fuera de la cual todos son enemigos sediciosos. El tipo de ciudadano que más me agrada a mi es el que entiende esa comunidad como una suerte de "empresa común" pero puramente contingente, no esencial. es una pura contingencia que castellanos, vascos y catalanes compartamos ámbito político y, por tanto podría no ser así, sin que nos rasgáramos las vestiduras. En otro tiempo los habitantes de Segovia y de Estambul compartían ciudadadanía y resultaría tan ridículo que desde Roma reivindicaran los territorios apelando a cuestiones esencialistas, como que los árabes se propusieran recuperar Córdoba o los Barceloneses el Rosellón.
    Con esto quiero decir que la "nación política" no tiene por qué justificarse históricamente, a no ser que se reconozca la contingencia de dicha historicidad y por tanto la falta de un destino común. Es decir, lo ideal es que el ciudadano considere el espacio público como el ámbito que, por distintas razones, ninguna de ellas definitiva, nos es común y, en cuanto a su comunidad, cabe respetarlo, valorarlo, cuidarlo e, incluso, puesto que es inevitable, tener una disposición afectiva respecto de él (estoy seguro que tu, por ejemplo, has desarrollado afectos igual de valiosos para con Asturias, a la que estás unido genéticamente, como a Valencia, a la que te unen, ahora, recuerdos igualmente valiosos, pero niniguna de las disposiciones que te exigiría un nacionalista). El problema del nacionalismo, el más grave de todos, es que no respetan las razones por las cuales alguien puede sentirse unido a una comunidad, si son diferentes de las suyas. Y en esto todos los nacionalistas llevan el mismo collar, ya sea Quintana, Carod o Franco y los suyos; para ellos, o te uniformizas en cuanto a su "comunidad imaginaria" o estas fuera y eres un enemogo sedicioso.
    Y al hilo de esto también se puede entender lo que señalas acerca de la necesidad de establecer los símbolos sobre el criterio (tan posmoderno) de la "diferencia". También estoy completamente de acuerdo contigo en que los países, las comunidades, se afirman a sí mismas "contra" otros... los países, al fin y al cabo, se contruyen a base de guerras (generalmente contra "los otros", aunque en esto los españoles tenemos la originalidad de hacerlas de forma más habitual contra nosotros). Pero sigue valiendo el matiz que he introducido: el "ellos" y el "nosotros" de los nacionalistas es terriblemente homogeneo y, por tanto falseador y totalitario. Su pretensión homogenizadora, a través de sus políticas claramente totalitarias, en educación, por ejemplo, pretenden precisamente eso, minimizar la diversidad para que, así, el "ellos" y el "nosotros" suene de forma más contundente; todo eso lo hacen, como no puede ser de otra forma, por la via de esencialismo patriótico y, si se me permite (aunque sea ya una palabra desgastada y sin valor descriptivo), fascista. Ahí radica la deshonestidad de Quintana: pretende ir al lugar más vulnerable de cualquier sociedad, allí donde los individuos caracen de ninguna prevención, de ningún filtro, de ninguna defensa contra el adoctrinamiento: la infancia. Desgraciadamente esta pretensión que ahora ha fracasado afortunadamente en otros casos, y de forma más velada ha triunfado estrepitosamente; hablo por ejemplo de lo que se hace en la escuela pública catalana.
    Aquí pretendía enlazar lo dicho con el comentario de Joaquín, pero eso será en otro momento, que ahora me llaman al orden y mis deberes me esperan. Sólo decir que liquidar la escuela pública y el sistema del cheque liberal me parece una monstruosidad en este país. Válido tal vez para los Estados Unidos, pero no para nosotros. Yo defiendo una escuela pública fuerte y aborrezco ,a política de la subvención de la señora Esperanza aguirre, que me parece un atentado a la justicia. Ya me explicaré.

    Eduardo

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  11. Esperaré con ansia tu respuesta. Aún así me gustaría que -si es posible- que separes la política de subvención de Aguirre de lo que sería la adopción del cheque escolar.
    Muchos abrazos tí Edu y a todos los demás.

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  12. Edu...
    Completamente de acuerdo con lo que dices acerca del caracter contingente de las naciones y por ende de los sentimientos nacionales.
    Continuaría con esta académica exposición pero no puedo porque mis contingentes sentimientos están muy jodidos por la final del eurobasquet: ¡Miserias humanas!

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  13. Los símbolos nacionales...
    Vean ustedes de qué forma se usan los símbolos nacionales en este país: ¡bon colp de falc!

    manifestacion legal de "peones negros" abortada por maifestación ilegal de nacionalistas catalanes"

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  14. Cuando yo era pequeña, en la guardería nos ponían a hacer manualidades: nazarenos de cartón y esas cosas. O nos hacían dibujar la Torre del Oro. (A todo esto, soy de Sevilla). Nos contaban cuentos de moros en Córdoba; o nos enseñaban a recitar los poemas más infantiles de García Lorca.
    A partir de cierta edad (creo que con ocho años), empezábamos a participar en concursos de poemas. Salíamos al patio el 28 de febrero y nos poníamos a cantar el himno (recuerdo que nos lo pasaban fotocopiado el día antes, para que quién pudiera/quisiera se lo aprendiera de memoria, y quién no, que lo leyera).
    Así que sí, he sido educada de manera que me he sentido siempre ligada a mi comunidad, a sus costumbres y sus logros a lo largo de los siglos. Pero nunca ha llegado por medio de la obligación o la imposición. Siempre se trató de un juego, algo lúdico: concursos de poesía, cuentos, lecturas de leyendas de Bécquer... Y nunca, jamás, hemos sido educados en tener la sensación de que fuera de Andalucía hay un enemigo llamado España que nos arrebatara nada.
    Lo de Quintana me parece una salida de tono definida acertadamente por Eduardo.
    Un saludo.

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