espacio de e-pensamiento

lunes, 18 de febrero de 2008

Defensa de la filosofía

La filosofía vuelve a ser acusada ante la asamblea democrática. Desde la condena a muerte de Sócrates, la clausura de la Academia por Justiniano, los acostumbrados exilios o el silencio de la universidad franquista en torno a Julián Marías, si algo no ha cambiado a lo largo de la historia es la suspicacia y el recelo con que el estado contempla la actividad dudosa del filósofo. El siglo XX significó la más desnuda declaración de guerra entre los defensores del estado -sea el estado nacional-socialista, el estado soviético, el estado nacional-católico- y los del pensamiento no dogmático. El resultado de esa lucha, no obstante su aparente conclusión, alberga multitud de pliegues e interrogantes que surgen como amenazas. El estado sigue pretendiendo, secreta pero ineluctablemente, acabar con la filosofía, o, mejor, reducirla a algo inofensivo, indoloro e inodoro; pretende acomodarla a los moldes putrefactos de la burocracia sin poner en riesgo el sistema de jerarquías partidista, sin cuestionar el cambalache de prebendas que se hace llamar "política", sin interferir en el comercio de intereses en el que casi todos aspiran a participar. El modo en que se ha procurado anular el pensamiento filosófico es integrarlo en el rutinario funcionamiento de la mecánica estatal, oficializarlo, sindicalizarlo, asimilarlo al normal desarrollo de las oficinas públicas y las sucursales bancarias. Una vez hecho esto, y puesto que el filósofo es ya prolongación del estado, su existencia se demuestra como injustificada y llega el momento de su extinción.

Las distintas reformas que han asolado el sistema educativo español han demostrado una cumplida inquina contra la filosofía. Las programaciones oficiales que la última reforma ha excretado son inequívocas: los gobiernos de las taifas -y en esto tampoco podemos distinguir claramente entre los de "izquierdas" y los de "derechas"- reducen de nuevo el papel de la filosofía en la educación secundaria. Tanto la Comunidad de Madrid como la de Cataluña, modelos diversos de las restantes, coinciden, en los borradores que manejan, en el diseño de planes de estudio al respecto similares. Le toca el turno a la asignatura de filosofía de 1º de Bachillerato, que se reduce hasta las dos horas semanales, lo que quiere decir que se convierte en lo que fue la Ética de 4º: una "maría" condenada a irse disolviendo entre procedimientos técnicos, imposición de saberes instrumentales, promoción y mercadeo de tecnologías despojadas del auxilio del pensamiento....

En rigor, no es la filosofía lo que es extirpado del sistema educativo, sino toda vinculación con cualquier forma de universalidad. El otro día, un estudiante del conservatorio de Mallorca comparaba los estudios musicales que se llevan a cabo en Londres - y en cualquier país europeo- con la multiplicación de asignaturas tribales que soportan en los conservatorios de las comunidades autónomas étnicas. El resultado era desalentador: en éstas el currículo se convierte en un desconcierto y el estudio en un esfuerzo inútil, ya que el estudiante pierde su precioso tiempo en el conocimiento superficial de danzas populares, de tradiciones musicales del terruño, de instrumentos étnicos inútiles para cualquier forma de música compleja...., mientras, a la vez, se desliga cada vez más de la tradición musical europea. Cualquier disciplina o saber sospechosos de exceder el marco de lo inmediatamente útil, de la formación profesional y las cantinelas ideológicas, o de desbordar el nicho ecológico étnico, atrae sobre sí una mirada vigilante y desconfiada. Cualquier referencia a lo que traspasa las particularidades es minuciosamente reprimida, de manera que el objeto ideal de la educación pasa a ser -en vez de la incorporación al mundo compartido- la confinación en lo cercano, en las ceremonias de la tribu, en los rituales de la adoración a la gens y a la tierra. Ya excluyeron cualquier atisbo de Literatura Universal para reducir la experiencia a los límites angostos y manejables de "lo propio"; ahora, apartando a la filosofía, destruyen deliberadamente la sintaxis de lo político, eliminan la posibilidad de aparición de ciudadanos para conformar masas gregarias de obedientes trabajadores, de artistas subvencionados, de amantes de cualquier patria inventada. La ironía con que la historia se cumple se hace patente en ciertas intenciones que, al realizarse, se ven invertidas y malbaratadas por el devenir temporal, de manera que se trastocan en su contrario: si el objetivo de los sistemas públicos de educación era la universalización del saber, hemos obtenido la generalización inevitable del no-saber.


Punta de lanza de la deconstrucción del sistema educativo español es la ofensiva contra la filosofía. Ante ello, los filósofos deben vencer la adquirida complacencia funcionarial, las normas de cortesía de los administradores, la adulación espuria de la ideología, y defender con audacia la necesidad del pensamiento no domesticado en cualquier plan de estudios que pretenda hacer frente a las innumerables formas de servidumbre y tiranía. Ahora es el momento.