espacio de e-pensamiento

miércoles, 13 de febrero de 2008

La trama Genovesa

Los políticos, buenos y malos, saben que las campañas electorales ganan las elecciones. Puede ser que el partido del gobierno no sea, tras cuatro años, caballo ganador en las apuestas, y cuente con un balance negativo a la hora de enfrentarse de nuevo a un ciudadano cargado de mala leche y una papeleta por decidir; y puede ocurrir también lo contrario, en cuyo caso la campaña se convierte en un ejercicio comercial en el que se muestran balances, cuentas, resultados. Pese a todo, en ninguno de estos casos hay nada dicho y todo por decidir.

Y en las campañas una de las claves, por encima de la cartelería, las fotos con miradas al infinito, las sonrisas de buen hijo o de padre protector, o los besos a bebés sonrosados, es la de marcar los tiempos, decidir cuándo y de qué se habla. Y en esta guerra, parece que la trinchera más provista de artillería y de puntería, es la del Partido Popular. Cada dos o tres días, sin dar tiempo a los publicistas de Zapatero, Rajoy pone en el candelero una nueva cuestión, un nuevo debate, introduciendo lo que, desde su óptica, propuestas audaces, soluciones de órdago. Zapatero y sus satélites no dan abasto y, agotados los eslóganes que buscan el cortex emocional, sólo quedan los insultos y el regateo.

Rajoy y los suyos, si es que este “los suyos” resultara algo inteligible, parecen ganar la partida, al presentar al candidato como un Sarcosi castizo, sacando a España del atoramiento del gobierno zapatista que, en el nuevo y renovado discurso genovés, es presentado como un cúmulo de buenas intenciones pero nada más.

El problema es que esta frenética descarga del tambor del revólver popular dice demasiado de quién dispara y les quita la careta que muchas veces esgrimen, tratando de presentarse como un partido centrado. El olor, el mal olor, que las narices sensibles llevan tiempo percibiendo en esta extraña relación entre la Iglesia y el principal partido de la oposición, y que se hizo evidente a través del culebrón Gallardón, se ha convertido en tufo a raíz de los últimos disparos. Y es que las últimas ocurrencias de la “mesa nacional genovesa” suenan a una extraña mezcla de nacionalismo y populismo barato; y son, a mi entender, un verdadero ejercicio de irresponsabilidad política.

Se diría que Acebes ha enviado a las puertas de los mercados y a los rincones más sórdidos de los bares de barrio a un batallón de informadores, ávidos por tomar nota de todo cuanto se dice entre un carajillo y una copa de Veterano, o entre “medio kilo de sardinas” y “cuarto y mitad de mortadela con aceitunas”. Y así lo parece porque, cumplidamente, el Partido Popular va clavando en el tablón de anuncios de la precampaña, aquello que los asistentes de estos foros querrían escuchar, aunque sólo sea escuchar.

Apretarles las tuercas a los inmigrantes con un contrato demasiado parecido a lo que llevan tiempo criticando del Estatuto de Cataluña, crujir a los adolescentes y meterles en cintura, ya que “esta juventud de hoy no es como la de antes” o dentistas gratis para todo el mundo son ejemplos de lo que podríamos concluir que necesita este país de locos, después de una buena partida de dominó. Y balas quedan en la recámara, sin duda; pólvora y artificio que iremos viendo en los próximos bolos del Sargento Mariano y la banda de los corazones solitarios.

Y Está bien que busquen votos, claro que si, y que marquen el ritmo del debate… ya le gustaría al PSOE poder hacerlo, si no estuviera empeñado en presentar esta campaña como una especia de Revolución de la alegría, los alegres y desenfadados Hobbits contra los malvados y siempre negativos Orcos, pero es un ejercicio de irresponsabilidad, algo que de lo que Rajoy lleva tiempo acusando a Rodríguez, apelar a los retortijones más bajos con tal de conseguir ese mínimo que necesitan para ganar las elecciones.

El caso del "contrato" que pretenden hacer firmar a los inmigrantes es especialmente sangrante; más si lo unimos a las declaraciones del aparentemente lenguaraz Cañete, que de ningún modo son baladí, pues no creo que en plena campaña electoral ninguna declaración lo sea. Pretenden presentarse como los que, contra la regulación masiva del gobierno socialista, nosotros vamos a ser los que presentemos batalla… “estos inmigrantes deben saber dónde están, respetar nuestras costumbres, hablar nuestra lengua y servir los pinchos de tortilla a nuestro español modo”… basura populista y nacionalismo barriobajero. Y de paso, un poco de leña al siempre vivo fuego del racismo.

Irresponsabilidad a cambio de votos.

Me temo que con una estrategia bien medida los populares no hacen sino prepararse la baza que le puede hacer ganar estas elecciones: los debates televisados. Pretenden llegar a las pantallas con el Partido Socialista contra las cuerdas y en una situación en la que no le valgan de nada los doce o catorce eslóganes adolescentes, ni la media docena de fotos de Zapatero en mangas de camisa y cara de no haber roto un plato en su vida. Quieren que en televisión se hable de lo que ya están poniendo encima de los ules de las cocinas y los tapetes de ganchillo de los salones y pretenden que a Zapatero no le valgan entonces las frases grandilocuentes.

En resumen, nos quieren dar gato por liebre.