espacio de e-pensamiento

lunes, 19 de mayo de 2008

Arte en una mañana de domingo.

El domingo me levanté cansado, como casi siempre, aunque con la diferencia de que el día del señor le puedo conceder unos minutos al sosiego, antes de que se despierten las dos princesas del bullicio. Me senté delante del ordenador y, virtud a estas nuevas y santas tecnologías, me entregué a algo que me gusta hacer desde hace ya unos años: me pongo mis cascos “retro” y navego de una carpeta a otra dentro del apartado que reza en el escritorio de mi windows Xp como “música”. Escuché primero el primer movimiento del concierto para violín opus64 de Mendelson, que hacía tiempo que no abría, y después unos minutos junto al poema de Smetana dedicado al Moldava; me gusta especialmente el comienzo de esta pieza, un par de flautas traveseras se alternan como culebras juguetonas, mientras los violinistas pellizcan las cuerdas de sus instrumentos a hurtadillas y, segundos despues recogen el culebreo de las flautas introduciendo primero otro juego, pero más serio y, en seguida, ya sí, el tema principal de la obra; es justo en ese momento, cuando, llevado por la profundidad de los contrabajos a cualquiera se le encoge el corazón .

Después de eso, y sin un plan, un par de clics me llevaron a estar escuchando la mejor canción del “Rattle and hum”, “With or without you” de U2, con esa línea de bajo limpia y sencilla, mientras las guitarras hablan desde el fondo como si fueran cantos de ballena... para cuando el batería empieza a golpear con contundencia la caja, después de dos minutos de canción, llevan ya mis glóbulos rojos, ese mismo tiempo, viajando a ritmo de violentas y apresuradas sístoles y diástoles...

we´ll shine like stars in the summer nights...
we´ll shine like stars in the winter light...
with or without you...

Después de eso, escucho los terciopelos de Diana Krall en “Just the way you are” y desconecto los auriculares para poner café en la cafetera y hacer que mi casa, de una vez por todas, suene y huela a domingo por la mañana. Enchufo la tostadora de Mickey Mouse y tuesto rebanadas de pan del día anterior, mientras suena el saxo que cierra la canción. En pocos minutos, tras unos silencios que me dejan escuchar que arriba, en la torre más alta del castillo, las princesas empiezan a iluminar el día, mientras su madre, la Reina, baja flotando en el suave aroma del café recién hecho, estoy de nuevo frente al laberinto de las carpetas. Suena entonces “de vez en cuando la vida” y “Tu nombre me sabe a yerba” del disco que Serrat grabó en directo, creo que en 1984; siempre que escucho lo de “porque te quiero a ti, dejé los montes y me vine el mar” pienso en mi Ford Ka, cargado de todo, atravesando el páramo manchego, rumbo al mar, después de un año terrible...

Tras Serrat, voy a buscar la única petición que mi voluntad me hace expresamente esta mañana, “Cortez de Killer” de Neil Young, una canción que a medida que suena hace que tu corazón se vuelva más pesado y tus piernas y brazos mas densos, con esa guitarra que no suena, se lamenta, se niega a sonar limpia, se abandona...

Hate was just a legend
And war was never known
people worked together
And they lifted many stones...

Después de eso me posee el espíritu de la pesantez y mis clics me llevan a las guitarras oscuras de Black Sabbath en “The wizard”, con ese comienzo donde el sonido de una armónica te prepara para comprender por qué en el infierno escuchan a Ozzy Osbourne. Ya para entonces, mis hematíes mareados han perdido la capacidad de decisión, y son ahora mis tendones los que piden desgarrar músculo, así que mis manos me llevan al bueno de Rory Gallagher, el guitarrista al que temen todas las Estratocaster del mundo, en su brillante Blues “Million miles away”...estoy sentado en mi casa a un millón de millas de aquí. “Simple man” de Lynyrd Skynyrd, “Bad Luck Blue Eyes Goodbye” de Black Crowes y de nuevo Ozzy, junto al genial Randy Rhoads tocando “Goodbye to romance” y ese solo de guitarra en el que, pese a las miles de millones de veces que lo habré escuchado, no deja de emocionarme.

Para cuando intento concentrarme en una versión de “Sultan of swing” que Mark Knofler grabó en directo, en el Wembley Arena, tocando sin los Dire Streets, Luna ya me pide que ponga “Clavado en un Bar” de Maná, para bailar un rato... yo no me niego y disfruto cantando con mi hija el trepidante...

“estoy clavado
estoy herido
estoy ahogado en un bar
desesperado
en el olvido, amor...”

Cuando me recupero de la sesión de rock infantil, sentado en el sofá, pienso que me gusta vivir en un mundo en el que Rory Gallagher, Randy Roads, Bono, Ozzy Osbourne o Neil Young se guardan en la misma carpeta que están Mendelson y Mozart. Y me alegro y doy gracias a los “dioses huidos” porque el bueno de Rory, después de hartarse de beber cerveza, coge su Fender Estratocaster para estirar las cuerdas lo indecible, en lugar de pensar “para la mierda que hago mejor me voy a cambiar neumáticos”.

El Rocanrrol es arte.

¿por qué?

Porque sí.