espacio de e-pensamiento

lunes, 7 de julio de 2008

Desaceleración


















En los momentos en que lo más tozudo de la realidad se enerva, se crespa como una furia y exige urgente atención; esos momentos en los que, como un destino, el peso tangible del mundo se hace presente en la forma de guerras, de epidemias, de cuentas de resultados, de déficits, de carestía o necesidad; cuando más evidente es que los discursos fabricados de palabras volátiles y futiles se han de estrellar contra la solidez implacable de lo real; en estos momentos, sólo en éstos, se demuestra la autenticidad y entereza de los que adoptan como vocación la voluntad de ideología, frente a aquellos que, simplemente, se entretienen enhebrando discursos hasta que la realidad les falla y se esconden. Entre estos últimos cabe destacar a muchísimos gobiernos democráticos de ayer y hoy, cuya constancia en la mentira es medianamente frágil; de los primeros se destaca, ante todo, el comunismo soviético: 70 años de perseverancia en la imposición de La Idea. Fiat iustitia pereat mundus.

No conozco con exactitud las fuentes doctrinales de las que bebe la inteligentsia zapaterina, pero lo que ocurre con el gobierno de España, a este paso, lleva camino de convertirse en un escaparate privilegiado de la lucha entre ideología y realidad, entre palabras y cosas; cuanto más aprieta el mundo, más redobla sus esfuerzos el socialismo por hacer pasar por reales sus graciosas construcciones sintácticas; quizás algún día cercano -tal y como hizo Stalin en la patria socialista de los años treinta- proclamen la inexistencia del paro y ofrezcan como prueba la supresión del seguro de desempleo. Un gran abismo se abre entre los discursos y la realidad circundante, un gran espacio que disloca y enfrenta crecientemente el ser y la apariencia. Es una broma irónica -o una constatación- ver cómo el socialismo nominalmente materialista ejercita un liso desprecio por lo material y erige una especie ínfima de espiritualidad para ocultar sus embates: Alianza de Civilizaciones, muerte digna, laicidad, derechos...

De entre los proyectos políticos posibles, el gobierno ha elegido, en su modesta proporción, el modelado por el PCUS y partidos afines: la lucha contra la realidad. Forjar palabras para anegar todo aquello que no obedezca a la política. Aprendices devotos de los innombrables logros del socialismo real, los socialistas menos reales de hoy demuestran haber asimilado sin resto el axioma fundamental del movimiento: cuanto más gruesa es una mentira mayor es la probabilidad de que se imponga a lo verdadero. ¿Crisis? ¿Qué crisis?