espacio de e-pensamiento

jueves, 3 de marzo de 2011

Sobre la ideología en Marx (IV).
Borja Lucena Góngora

2- El hombre es productor de la realidad y está dotado de la capacidad de someter el devenir material a planificación y ordenación racionales.

Tenemos la imagen del hombre arrojado, del hombre preso de estructuras y procesos que le gobiernan de manera independiente a su voluntad. Un hombre que cae en un mundo ya en marcha, un mundo que le reserva un lugar en el que por necesidad hace lo que tiene que hacer. Pero tenemos también la promesa de la ruptura con la contingencia del estado de caída de los hombres, la intuición de una fuerza que les permita hacerse con el mando de las relaciones sociales y mundanas, de acometer una reorganización consciente de la sociedad (El capital, III).

La dependencia total (…) se convierte, gracias a la revolución comunista, en el control y la dominación consciente sobre estos poderes que, nacidos de la acción de unos hombres sobre otros, hasta ahora han venido imponiéndose a ellos, aterrándolos y dominándolos, como potencias absolutamente extrañas.
La Ideología Alemana
, I; Sobre la producción de la conciencia.
Ahora bien, es importante notar que la promesa de liberación enunciada por Marx no se presenta como una vacía promesa utópica, como una ensoñación leve y emancipada con respecto a lo real, sino que hace valer su autenticidad en la exigencia, no de apartarse, sino de profundizar en la realidad, sumergirse más en ella, insertarse sin resto en la necesidad para que de ella surja una libertad realizada. La promesa marxiana no quiere describir movimiento alguno de separación con respecto a lo existente, sino que pretende fundarse en ello, en su desarrollo y causalidad propios. Es preciso, entonces, contemplar la forma específica que adquiere la libertad realizada, es decir, el modo en que llega a adquirir los atributos de realidad propios de lo necesario. La lectura de los diversos textos de Marx ofrece una pintura de la libertad en la que ciertas palabras-trazos se repiten insistentemente, se repiten hasta formar una constelación precisa y poderosamente significativa en la que ha sido depurado todo lo simplemente accesorio. Planificación, control, poder, consciencia, racionalidad, organización, dominio.
El poder de la relación de la oferta y la demanda se reduce a la nada y los hombres vuelven a hacerse dueños del intercambio, de la producción y del modo de su mutuo comportamiento
El comunismo (…) por primera vez aborda de un modo consciente todas las premisas naturales como creación de los hombres anteriores, despojándolas de su carácter natural y sometiéndolas al poder de los individuos asociados.
La comunidad de los proletarios revolucionarios, que toman bajo su control sus condiciones de existencia y la de todos los miembros de la sociedad.

La ideología alemana, I.

El reflejo religioso del mundo real únicamente podrá desvanecerse cuando las circunstancias de la vida práctica, cotidiana, representen para los hombres, día a día, relaciones diáfanamente racionales, entre ellos y con la naturaleza. La figura del proceso social de vida, esto es, del proceso material de producción, sólo perderá su místico velo neblinoso cuando, como producto de hombres libremente asociados, éstos la hayan sometido a su control planificado y consciente. Para ello, sin embargo, se requiere una base material de la sociedad o una serie de condiciones materiales de existencia que son a su vez, ellas mismas, el producto natural de una prolongada y penosa historia evolutiva.
El capital, I


El sentido de la libertad marxiana, nutrida de esos centros significativos, se ofrece como dominio de los hombres sobre el entorno natural y social, y su ejercicio concreto, entonces, no es otro que el del trabajador-técnico, el demiurgo, que se sirve de la realidad mundana como material de trabajo e instrumental operativo. La libertad realizable –no la propia de las ensoñaciones utópicas- toma la consistencia del señorío técnico sobre la naturaleza y la sociedad, lo que es la única forma en la que el objeto se pliega verdaderamente al control humano al convertirse en lo producido por su actividad. La figura del hombre libre, del hombre por fin realizado, no es ya, en suma, la del héroe griego; tampoco la del asceta cristiano. Es la del técnico.

La labor del técnico es la asimilación. La técnica pone fin a la autonomía o independencia del mundo –fin al carácter no dominado de la naturaleza que se presenta como una constante amenaza- haciendo de la realidad entera momento de un proyecto. El hombre es libre cuando se realiza en el mundo, cuando ha suprimido la resistencia que éste presenta a la voluntad racional humana, cuando ha eliminado su carácter extraño, ajeno, y ha hecho de él medio de su propia realización. Marx lo dice, y como un eco resuena Hegel: la naturaleza es, en rigor, obra humana, aunque durante la historia transcurrida sólo lo haya sido en sí, sin aparecer como tal y sí más bien como un poder opuesto. La naturaleza, que siempre se ha presentado como potencia indócil e indoblegable, aparece ahora como lo que verdaderamente es: cuerpo inorgánico del hombre (Manuscritos económico-filosóficos), prolongación de su existencia, material de realización de su libertad. La abolición de la otredad de la naturaleza a través de la elaboración y la previsión técnicas redescubre para el hombre organizado su sí mismo, pues la naturaleza llega a revelársele también como sí mismo. En el acceso a su realización, los hombres organizados técnicamente cancelan todo afuera, toda realidad externa, lo que quiere decir que suprimen la alienación en que vaciaban sus vidas.

Lo que crea el comunismo es precisamente la base real para hacer imposible cuanto existe independientemente de los individuos.
La ideología alemana
, I
El ojo se ha convertido en ojo humano, lo mismo que su objeto es un objeto social, humano, que proviene del hombre para el hombre (…) la cosa misma es un comportamiento objetivo del hombre consigo mismo y con los hombres y viceversa.
Esta producción es su vida activa como especie; mediante ella, la naturaleza aparece como su obra y su realidad (…) porque él no se reproduce ya sólo intelectualmente, como en la conciencia, sino activamente y en un sentido real, y contempla su propio reflejo en un mundo que él ha construido.
Manuscritos económico-filosóficos, I




Con el fin de que nada de lo existente escape al círculo existencial del dominio y la voluntad, para hacer desaparecer para siempre cualquier poder alienante capaz de subyugar la vida de los hombres bajo la ley de lo ajeno, la relación de éstos con el mundo ha de darse en la forma de la planificación atenida a las categorías del cálculo. En el plan el hombre organizado es único dueño de su destino, pues ni siquiera el futuro escapa a su designio. Únicamente la previsión racional –capaz de ordenar el movimiento de lo real- permitirá alcanzar un estado de la humanidad que verdaderamente haya dejado atrás la servidumbre que significa la autonomía alienante del mundo; la técnica, la organización, el plan proyectado a la realidad presente y futura, manifiesta al hombre como completa creación de sí mismo que a nada ajeno debe su ser. Tras la liberación de lo ajeno en su forma espiritual –los dioses-, acometida por el ateísmo, el poder de la organización liberará al hombre de toda dependencia real.
Un ser no se considera independiente mientras depende de otro; y sólo deja de depender cuando se debe su existencia (Dasein) a sí mismo.
Manuscritos económico-filosóficos, I
Marx ha contemplado el mundo de los hombres, ahora arrojado y caído, y ha descubierto en él un poder capaz de convertirlos en dueños de su existencia. La prueba de este poder –ante el cual no resiste límite alguno; ante el cual no hay barrera que impida el paso- es, según el mismo Marx constata, que no lo ha extraído de su imaginación ni del deseo; la prueba de la efectividad de este poder es su existencia real en el mundo capitalista, que ha demostrado que los hombres pueden producir su mundo sin someterse a leyes extrañas a las de su propia producción, que ha puesto en claro que es posible borrar –a través del trabajo industrial organizado racionalmente- cualquier potencia o dimensión del mundo que pretendiera mantenerse, como realidad autónoma u otra, a salvo del dominio humano. El problema presente en el capitalismo no es el industrialismo o el hecho de la producción fabril; el problema es que en él los hombres no han llegado aún a asumir en la práctica ese poder que tienen, de modo que no han accedido a extenderlo de forma exhaustiva a toda parcela de lo real, recluyéndolo forzadamente en el ámbito cerrado de la fábrica. La lógica de la organización exige que todo esté organizado, que nada escape a previsión o sea dejado en manos del azar incontrolable, que es lo que sucede en el capitalismo –dado que, según la lógica de la alienación, todo lo que no está dominado está dominando-. El hombre desorganizado, el individuo que habita un mundo ajeno, ilimitado, incierto y amenazador, está condenado a pertenecer a las circunstancias y ser conducido por ellas a donde lleve el acaso. Está condenado a recibir sus golpes, a luchar sin esperanza contra fuerzas ciegas, a obtener sufrimiento y dolor, a vaciarse en una existencia carente de sentido o finalidad… No otra cosa significa en Marx el mercado, esa forma de distribución social de los bienes que no responde a regulación consciente o plan racional alguno, sino a una suerte de potencia aleatoria en la que se pierden los individuos aislados.

La sociedad civil actual es el principio consumado del individualismo; la existencia individual es el último fin: actividad trabajo, contenido, etc., sólo son medios (…) se trata de una división en masas de existencia efímera y cuya misma formación es arbitraria, carente de organización.

Crítica de la filosofía del Estado de Hegel

El mercado es, en Marx, el lugar privilegiado que señala la preeminencia de la contingente sobre la vida humana; pero la contingencia no es, a su vez, más que un tránsito histórico y circunstancial, un traje que pesa sobre los hombros de la humanidad, pero del que puede –y necesariamente debe- despojarse para reencontrar su auténtica carne. Y sólo cuando el sujeto de la historia deje de ser ficticiamente el individuo –ya que en rigor nunca ha sido sujeto- y lo sea la humanidad organizada y consciente de sí, será posible la consecución de ese mundo propiamente humano. Será posible el nacimiento de una nueva política.