espacio de e-pensamiento

martes, 18 de junio de 2013

Meditación sobre el poder: Trías vs Bueno (III).
Óscar Sánchez Vega

Trías responde a Bueno con una breve "Puntualización" en el segundo número de la revista El Basilisco (Mayo de 1978).  Trías no entra a valorar cada uno de los puntos que toca la crítica de Bueno, solo contesta al reproche final, el que interroga sobre el  extraño género literario al que pertenece el último libro de Trías . El barcelonés responde que el género discursivo que practica es el mismo que había ejercido ya en su libro de 1972, Metodología del pensamiento mágico, el cual había sido prologado por Gustavo Bueno. Trías llama a este género "construcción mágica" y en aquel momento parecía contar  con el beneplácito de Bueno, que lo había denominado "concepto posible".

Más allá del asunto del género discursivo, lo que se discute aquí es, pienso, toda una concepción de la filosofía. En Meditación sobre el poder Trías había distinguido entre el "pensar poético" o la "Filosofía de la Idea", por un lado, y la "Filosofía del concepto", por otro. Este es el asunto clave, a mi entender. Trías no se siente impelido a posicionarse dentro de los parámetros fijados por la tradición académica, como le exige Bueno. Es más, el pensamiento, el "pensar poético" que pretende cultivar exige la abolición de estos marcos de referencia. Trías entiende que "un proyecto así irrite y descoloque a quienes conciben la filosofía como una crisálida de conceptos sin alma y sin encarnación sensible". 

Bueno acusa a Trías de metafísico por no ajustarse a las exigencias de la filosofía dialéctica, pero desde la perspectiva de la "Filosofía de la Idea" estas categorías carecen de sentido. La filosofía de Bueno se sabe y se siente heredera del rigor clasificatorio del aristotelismo y la escolástica, pero Trías no es afín a esta tradición. La manera de entender la filosofía del catalán es semejante, por ejemplo, a la de Unamuno cuando sostenía que la filosofía se acerca más a la poesía que a la ciencia. La filosofía no debe permanecer aislada, encerrada en si misma, mirándose el ombligo, sino que ha de estar en constante comunicación con otras  disciplinas, especialmente las artes: literatura, pintura, música... Trías no puede entender la filosofía del mismo modo que  "quienes, por excesivo provincianismo gremial, han perdido, con la dimensión poética originaria de toda reflexión filosófica, de toda reflexión filosófica, el sentido genuino de ésta, y en consecuencia también, la necesaria sensibilidad piadosa y poética que requiere cualquier lectura atenta de un texto."

Por otro lado, Trías reclama, por primera vez (que yo sepa), lo que será una petición constante a lo largo de toda su vida: la necesidad de integrar cada texto suyo dentro de un proyecto unitario, dentro del cual el texto cobra sentido y no como "entidad autónoma". Para una cabal comprensión del libro de Trías es preciso percibir los "pasillos semánticos" que conectan la totalidad de la producción filosófica del catalán.

Finalmente, de igual forma que Bueno había desligado la crítica filosófica del "afecto" que sentía por el barcelonés, Trías devuelve el cumplido señalando que no es su intención "contra-atacar a un pensador que merece toda mi estima personal e intelectual. Dentro de la mediocridad reinante y en medio de tanta razón instrumental, el proyecto filosófico de Gustavo Bueno es de los pocos que presentan una dignidad y una ambición merecedora del mayor elogio.  Sólo la crítica que expresa una corriente interior de simpatía y se expone en conceptos rigurosos como los suyos, es merecedora de atención."

viernes, 14 de junio de 2013

Meditación sobre el poder: Trías vs Bueno (II).
Óscar Sánchez Vega

El primer número de la revista El Basilisco sale a la luz en Marzo de 1978 y en él podemos encontrar un artículo titulado Sobre el poder (En torno a un libro de Eugenio Trías) firmado por Gustavo Bueno. Este texto marca una ruptura entre los dos filósofos, que hasta este momento habían transitado por direcciones paralelas. No obstante, la crítica de Bueno no es tan demoledora como en él es habitual como atestiguan estas palabras: “A este lector quiere el crítico decirle que, conservando intacto su afecto por Trías, espera que pueda remontar su vuelo en ulteriores obras.” No sabemos si Trías "remonta o no el vuelo" en las siguientes obras porque Bueno no lo menciona más (que yo sepa).

La crítica fundamental que encontramos en el texto de Bueno no es tanto sobre lo que Trías dice, sino sobre lo que calla.  Llama la atención, en el libro del catalán, una ausencia, una falta: el poder político.  En principio, podríamos suponer que el poder político es una especie de Poder (considerando este como un género) y que la reflexión de Trías pretende ser neutral al no privilegiar una clase de Poder sobre otras … pero no parece ser esta la intención de Trías.  El filósofo barcelonés pretende hacer una crítica al poder político, pero esa crítica no es explícita.  Es preciso leer entre líneas.  La distinción de Trías entre Poder y Dominio tiene como finalidad última, piensa Bueno, desenmascarar al poder político, el cual, hablando en sentido estricto no es Poder, no es un caso particular de Poder, sino su caso límite, el límite inferior, aquel en el cual el Poder se convierte en Dominio, es decir, en No Poder.

Bueno acusa a Trías de efectuar una “disociación metafísica” (semejante a la de los epicúreos y neoplatónicos) entre el Poder y el poder político.  Ahora bien, el poder político no solo es una forma de Poder entre otras, sino que es “el primer analogado” del Poder, al menos en el ordo cognoscendi de la Idea de Poder, es decir, conocemos el Poder mediante, a través de, el poder político.   Bueno también recurre a Aristóteles para justificar la noción de Poder, pero en un sentido muy diferente al de Trías: para el barcelonés el Poder es semejante a lo que Aristóteles denomina Potencia activa, es decir, la capacidad para llegar a ser, para realizar la esencia;  en cambio, para el riojano el poder político es al Poder lo que la substancia al Ser en Aristóteles, es decir, del mismo modo que la substancia no es una clase más del Ser, sino que es el Ser por excelencia, el poder político no es un tipo más de Poder, sino que es el Poder por antonomasia.

La reflexión filosófica sobre el Poder, por tanto, ha de centrarse en el poder político y no puede ser neutral, ha de ser beligerante a favor de alguna forma de poder político contra otras alternativas. Esta es, para Bueno, la perspectiva dialéctica, esto es la verdadera filosofía que se opone a la perspectiva metafísica, aquella que reflexiona sobre el Poder como un Todo, como si fuera posible dirigirse “a la cosa misma”, al margen de sus manifestaciones históricas. Bueno insiste en la necesidad de una orientación histórica:  “en las sistematizaciones de Platón y de Aristóteles, de Epicuro o de Panecio, es donde se encuentran ya cristalizados los planteamientos filosóficos que la Idea del Poder implica. Es aquí en donde la Idea del Poder ha alcanzado su perspectiva filosófica, mediante la formulación de las líneas de su symploké con las Ideas del Bien y de la Felicidad.”

Esta es la tesis de Gustavo Bueno: la idea de Poder ha de ser puesta en conexión con la Idea de Bien y la Idea de Felicidad. Y tal conexión no debiera ser resultado de la espontánea actividad de la imaginación o la fantasía, sino que  ha de partir de bases más firmes. Una "verdadera filosofía", esto es, una filosofía dialéctica debe tomar como punto de partida la tradición filosófica. El campo de discurso está acotado desde la Antigüedad, una reflexión filosófica acerca del Poder ha de tomar en consideración las propuestas de Sócrates, Platón, Aristóteles etc; lo contrario no es filosofía, es otra cosa.

Desde esta perspectiva, debemos recordar que tanto Sócrates como Platón no conciben el verdadero Poder a espaldas del Bien, ni tampoco hay verdadera Felicidad sin la intermediación de la Idea de Bien, y por tanto por la mediación de la Idea de Poder, en tanto va entretejida con la Idea del Bien. Este vínculo puede ser recorrido en diversas direcciones: El Poder es poder cuando es bueno (lo contrario sería tiranía); la Felicidad debe orientarse al Bien (lo contrario es el hedonismo); la Felicidad incluye el Poder (el impotente, el esclavo, es un infeliz) etc. En esta misma línea de pensamiento podemos insertar a Spinoza: “Cuando el alma se imagina su impotencia se entristece” (proposición LV del libro III de la Ética). No es posible la Felicidad al margen del Poder.   Es verdad  que el Bien y la Felicidad no giran sólo en torno al poder político. Pueden dirigirse hacia otras formas de Poder. Por ejemplo, al poder erótico, que nos orienta hacia la Belleza, o al poder del entendimiento, que nos dirige hacia la Verdad. Todas estas conexiones están presentes en la tradición platónica que estamos comentando, dentro de cual se mueve la propuesta de Bueno. 

Trías, sin embargo, parece más cercano a otras tradiciones que desvinculan estas Ideas: los epicúreos, por una parte y los neoplatónicos, por otra. Los primeros condicionan la Felicidad al alejamiento del poder político; el sabio epicúreo es feliz cuando se retira al Jardín y cultiva la amitad, que es considerada como la virtud suprema. Los neoplatónicos, por su parte, desprecian la política por considerarla innecesaria para el sabio, perjudicial incluso, aliada del Mal y la impotencia.  Ambos coinciden en una “”exhortación moral”: la condena del poder político,  la recomendación del retiro a la vida privada y la resignación ante la injusticia social. 

Bueno encuentra un paralelismo entre las críticas al poder político de Trías y de Bernard-Henri Levy.  Para Levy el poder político es Todo el Poder, para Trías es la Nada del Poder.  Ambas se reflexionan desde la perspectiva del Todo, es decir, desde una perspectiva metafísica.  La perspectiva dialéctica conjuga la Idea de Todo con la Idea de Parte, de tal forma que el poder político (como Todo) se opone a otras formas de poder (económico, religioso, cultural...) y, lo que es más interesante, el poder político, esta constituido por Partes que mantienen entre sí una relación dialéctica que es susceptible de ser analizada filosóficamente: ¿Cómo se opone el poder del Papa al poder del Emperador, la clase explotadora a la clase explotada, el poder oligárquico al poder obrero, el poder burocrático al poder popular etc? Es esta la tarea que debe abordar una filosofía dialéctica sobre el Poder.

Bueno acaba con un interrogante que tiene interés porque es el único punto que será expresamente contestado en la escueta respuesta de Trías: ¿cuál es el género literario que cultiva Trías? No es el género exhortativo, tampoco el género expresivo, parece ser el género “estético-constructivo” pero la construcción, reprocha Bueno, es enteramente imaginaria.  (Sigue)

domingo, 9 de junio de 2013

Meditación sobre el poder: Trías vs Bueno (I).
Óscar Sánchez Vega


Existe un amplio consenso acerca de cuáles son los dos filósofos españoles más importantes de la primera mitad del siglo XX: Ortega y Unamuno. La relación entre ambos, como es sobradamente conocido, no fue buena; aunque, según Ortega, finalmente se reconciliaron. No hay un acuerdo tan amplio acerca de cuáles son los filósofos españoles más destacados de la segunda mitad del siglo; aunque por mi parte no hay duda: Eugenio Trías y Gustavo Bueno. Poco sabemos (o poco sé) acerca de su relación personal y académica. Sin embargo sí tenemos constancia que tras la publicación en 1977 de Meditaciones sobre el poder por Trías, Bueno le hace una crítica en la revista El Basilisco, que es contestada, poco después, por Trías en la misma revista. Después el silencio. No he encontrado más referencias mutuas, ni en un sentido ni en otro.      (Pero la relación personal supongo que sería cordial, pues en 1989, siendo yo estudiante, Gustavo Bueno invita a Eugenio Trías a la Universidad de Oviedo donde imparte una conferencia.)

Tiempo atrás Trías había irrumpido con inusitada fuerza en el panorama filosófico español con la publicación, en 1969 de La Filosofía y su sombra. En 1970 Bueno publica su primer libro, El papel de la filosofía en el conjunto del saber, como contestación a un pequeño opúsculo de Manuel Sacristán, Sobre la función de la Filosofía en los estudios universitarios. En esta polémica Trías toma partido a favor de las tesis de Gustavo Bueno.
"En esta cuestión estoy en absoluto desacuerdo con Manuel Sacristán; yo creo que la Filosofía es una "disciplina", cosa que él niega, quizá en un sentido que no es exactamente el mismo con que manejo la palabra disciplina. Creo que la Filosofía es, y ha sido, desde Parménides, una superdisciplina, una superestructura del saber. En este sentido, hablaría de una función policíaca de la Filosofía. El opúsculo de Sacristán "Sobre la función de la Filosofía en los estudios universitarios" es la mejor prueba de ello. Este aspecto policíaco congénito de la Filosofía se ve especialmente en la Filosofía analítica, que hoy día está relevando en estas funciones a otras filosofías menos "exportables" (como ha sido en España, durante bastante tiempo, la Filosofía escolástica) . Es muy sintomático que quienes continuamente denuncian el carácter no científico de ciertas producciones, que se han podido considerar filosofías, han sido los propios filósofos, cancerberos del saber. Estaría bastante de acuerdo con Gustavo Bueno ("El papel de la Filosofía en el conjunto del saber", Ciencia Nueva) cuando hace referencia a que la Filosofía, a diferencia de las ciencias, adopta, sistemáticamente, un estilo antidogmático, polémico. De todas formas, con esto te digo lo que ha sido la Filosofía, no lo que todavía puede ser". Eugenio Trías. Entrevistado por J.P. Quiñonero: Metodología para una provocación.
En 1971 Trías publica Metodología del pensamiento mágico, el cual es prologado por Gustavo Bueno lo que es un claro indicio de la buena sintonía entre ambos pensadores. Bueno afirma en el Prólogo que “simpatiza con su temática” y especialmente con su método “un método que puede llamarse geométrico-constructivo, que procede por construcción de conceptos y no quiere ser meramente descriptivo”. No obstante, la mayor parte del Prólogo está dedicada a marcar “tres diferencias” con Trías en relación con los criterios operatorios y el significado de algunos conceptos que allí aparecen.

Sin embargo el desencuentro más profundo se produce en 1977, tras la publicación del libro de Trías Meditación sobre el poder. Estimo conveniente empezar una breve exposición del libro por la Quinta Meditación, donde el autor expone su concepción de la Filosofía, lo que nos puede servir de marco de referencia para interpretar y comprender el resto.

La Quinta Meditación lleva el mismo título que la primera obra del autor, La filosofía y su sombra, y comienza con la enunciación de una tesis: “La filosofía mide su verdad en términos de poder”. Lo propio de la filosofía no es pues “descubrir” el Ser o alguna parcela de la Realidad fuera del alcance del conocimiento científico o el sentido común, sino “desplegar fortaleza”, esto es, combatir, pujar con otras filosofías alternativas, vencerlas en su propio terreno afirmando más que la rival. La filosofía mide su Verdad en términos de Poder y es tanto más poderosa cuanto más afirme: “la verdad de una teoría está en lo que afirma”. Esta tesis debe ser puesta en relación con la noción de “sombra”. La sombra de una filosofía es lo que niega, es decir, la parte de “lo que hay” que no es reconocida y es, por ello, relegada a la condición de mera “apariencia”. Las sombras de la filosofía son múltiples: para una filosofía racionalista como la de Descartes los datos sensibles son sombras, para el nominalismo sombras son los universales o la libertad para el determinismo. Lo que una filosofía rechaza constituye “el reverso de su poder”; una filosofía es tanto más poderosa cuanto menos espacio deja en sombras.

Se entiende, por tanto, que Trías aspire a una filosofía luminosa o translúcida, que aspire a dar cuenta de todo “lo que hay”, que afirme a la vez lo singular y lo absoluto (sin reducirlo todo a conceptos e individuos), una filosofía de cuño erótico que, conforme a los dictados de Diotima, sea fiel tanto la belleza de los cuerpos como la Belleza en sí. Una filosofía tal, es necesariamente un “pensar poético”.  El procedimiento discursivo de Trías es el siguiente: parte de una palabra (Poder o Arte, por ejemplo) y procede a liberarla de las acepciones semánticas que la aprisionan en el lenguaje cotidiano; se trata de abrir su “potencial semántico” - del mismo modo que hace Platón con los términos Eros o Poiesis - y “cobrar de esa apertura una Idea que permita fundar una reflexión de largo alcance”. El Pensar poético o Filosofía de la Idea se opone entonces a la Filosofía del Concepto, la cual solo acepta lo singular como sombra, como reverso, es decir, como ejemplo de un concepto cuyo significado viene dado por la tradición filosófica. Para los partidarios de la Filosofía del Concepto la labor del filósofo no puede ser la de inventar nuevos significados para los conceptos que están firmemente establecidos, sino, todo lo más, refutar el uso cotidiano de los mismos si se demuestra que este significado es una perversión de un significado filosófico más profundo que podemos elucidar con ayuda de la filología.    (Esta es, a mi modo de ver una clave fundamental para entender la divergencia entre Trías y Bueno)

La Primera Meditación de Trías parte de un interrogante: ¿qué es el Poder? ¿cuál es su esencia? En realidad una pregunta conduce a otra pues... ¿sabemos qué es la “esencia”? El filósofo barcelonés, rememorando a Píndaro, nos propone una respuesta: “llega a ser lo que eres”. En la misma línea Aristóteles entiende la esencia como el perfecto desarrollo de lo que ya existe en potencia. Este es el enfoque de Trías. Desde esta perspectiva es preciso distinguir dos nociones que a menudo se confunden: Poder y Dominio. El Poder implica libertad (para poder realizar la esencia) y respeto por la singularidad; en cambio el Dominio, para realizarse, exige la falta de libertad (del ser o cosa dominada), la negación de la singularidad y el triunfo del concepto.

Lo propio de Ser es emanar Poder, Ser Poder (en un sentido muy próximo a la propuesta de Nietzsche: “Todas las cosas son perfectas” nos recuerda Zarathustra). Es obvio que esa perfección, que está en potencia en todas las cosas, no siempre se manifiesta, lo que da pie a Trías para distinguir entre Esencia y Existencia. La Esencia implica perfección y singularidad, apunta a lo que podemos llegar a ser, a la mejor versión de nosotros mismos. En cambio la Existencia implica factum y limitación, apunta a lo que somos, al “estado” en el que nos encontramos. Tenemos en castellano dos verbos que fundamentan esta distinción filosófica: Ser y Estar. El Ser es la esencia propiamente dicha y el Estar hace referencia a un “estado”, a una existencia.

Trías despliega en torno a la noción de Poder toda una analítica existencial que recuerda en ocasiones a Deleuze, especialmente en su crítica al Yo, al sujeto cartesiano. Lo propio de los cuerpos no es permanecer encerrados en el Yo, en la conciencia, sino más bien desparramarse, “trascender sus lindes y abrirse a otros cuerpos”. Leonardo de Vinci supo dar una representación sensible a este anhelo metafísico con la técnica del sfumatto: las figuras del florentino rebasan sus propios lindes y se abren a todos los demás cuerpos huyendo de este modo de unos límites que amenazan su propia esencia.

Del mismo modo, deberíamos distinguir entre Amor y Deseo. El Amor, como Platón afirma, es posesión, pero no en el sentido habitual del término (como tener algo), sino en el sentido de pasión, de estar poseído. El alma anhela poseer y ser poseída, fundirse con el ser amado dando lugar a una nueva estructura, un nuevo ser. El Deseo, por el contrario, siempre apunta a un objeto distinto del sujeto; es más la distancia entre el sujeto que desea y el objeto deseado constituye la esencia misma del Deseo.

El Saber, por su parte es afín al Amor, pues del mismo modo que no “tenemos” a la persona amada, tampoco “tenemos” en sentido estricto conocimiento: “el verdadero conocimiento no puede aprenderse ni transmitirse: solo puede, en el más profundo sentido de la expresión, contagiarse”. Esta noción del Saber es hija de Platón y Nietzsche: ambos vinculan el Saber a la pasión, la sobreabundancia, al alegría y la creación. Este tipo de Saber es el que Trías busca mediante su pensar poético. Un saber así recelará de todo entramado conceptual de Géneros y especies que pretenda dar cuenta de la singularidad irreductible de lo real. Géneros y especies no son más que “sueños cristalizados” (“metáforas petrificadas” diría Nietzsche), una “reificación de una abstracta función lingüística”. Pero, atención, las ficciones, finalmente, se hacen realidad, “lo que llamamos realidad es, las más de las veces, efecto de infinitas ficciones que han terminado por cumplirse”, “errores que cabalgan sobre errores”. No es preciso, pienso, especular demasiado para ejemplificar está reflexión de Trías: todos los problemas relativos a la cuestión “del género” (“violencia de género”, discriminación de género” etc) existen realmente como ficciones que han terminado por cumplirse. Así pues no conviene despreciar o minusvalorar a los Géneros y las especies por su carácter fantasmagórico; eso que denominamos como “realidad” está plagado de tales ficciones.

La Séptima Meditación está dedicada al Arte. Producir, artísticamente, es dejar que la cosa llegue a ser. Esta caracterización del trabajo artístico nos recuerda a Miguel Angel y a sus esculturas inacabadas que parecen emerger de la piedra, de tal modo que el artista, confiesa Miguel Angel, solo quita lo que sobra, para que la escultura, que ya está contenida en la piedra, surja a la luz. La función del arte es para Trías “liberar al singular de las fauces del género”. Es el artista, naturalmente, el libertador; pero la liberación no consiste solamente en dejar que la naturaleza se muestre, sino que el artista, si lo es, introduce la esencia propia, su estilo personal e intransferible en la obra artística. "El arte es un encuentro con la esencia propia". Un artista sin estilo no es tal, es un imitador sometido a la dictadura del Género, que, en este caso, toma la forma de “tendencia artística”. Pero sucede con las tendencias artísticas lo mismo que con los géneros literarios. Es necesario que existan para, conociéndolos, desviarse de ellas”. El artista es el rebelde que con su estilo propio se aleja del Género. Pero en su origen el Género también fue estilo, “el género es el estado en que se halla cierto estilo impuesto. Y la razón de de esa imposición es su poder” que muta a dominio cuando se constituye como Género y comienza un nuevo ciclo. El nuevo estilo tiene como función liberarnos del dominio. Por ello “ todo verdadero arte es subversivo”

Por último, la Octava Meditación está dedicada a la Muerte. En ella Trías hace su particular ajuste de cuentas con la ontología existencialista de raigambre heideggariana. Reprocha a los existencialistas la interpretación del Dasein como ser para la muerte. La reificación del muerte solo puede llevar a una ontología nihilista. La hegemonía de la Muerte no es otra cosa que la reificación del Nada e implica, necesariamente, la depreciación del sujeto. La propuesta de Trías es recrear una analítica trascendental que no gire en torno a la Muerte sino al Poder. De esta forma interpreta una noción básica del existencialismo: la angustia. No es la intuición de la propia Muerte la que genera angustia, sino la conciencia del propio Poder. Es el Poder quien nos empuja al Amor e incluso a la locura, con el riesgo que este viaje conlleva. Es el Poder quien amenaza las confortables murallas del Yo, de la conciencia. Es el Poder, y el Amor, lo que nos impide caer en un estado. Es esta promesa, de lo que podemos llegar a ser, la que nos seduce y nos aterra a la vez.

Esta analítica existencial es la que debemos tener presente pretendemos acceder al corazón del pensamiento de Trías. Pensar es lo contrario a aceptar las ideas recibidas. Pensar es un proyecto de incierto futuro. La primera fase consiste en “disolver la realidad en su verdad”. Como los conceptos que tenemos para referirnos a lo real, los Géneros, son ficciones, la verdad de la realidad es Nada. Como Nietzsche nos hizo ver, la primera estación en el viaje del pensamiento se llama nihilismo. Pero también Nietzsche, al igual que Trías, nos insta a avanzar, a iniciar una segunda fase, una segunda navegación. Para ello debemos Afirmar el Ser que es, básicamente Poder.

Llegamos con ello al comienzo de esta reflexión, como decía Píndaro, el objetivo de la vida es: “llegar a ser lo que eres”.   (Sigue)