espacio de e-pensamiento

jueves, 21 de noviembre de 2013

Retrato de Ortega
Borja Lucena

La parodia es, también, una forma de conocimiento. Me he reído mucho leyendo la descripción -de la que aquí os selecciono algún pasaje- que Rafael Reig hace de Ortega Und Gasset:

EL ALCIONISMO

Ortega era un tipo muy bajito, con la cabeza muy gorda, y muy presumido. Hablaba levantando la barbilla y manoteando. Llevaba pajarita, traje a rayas y zapatos de dos colores. A menudo incluso fumaba con boquilla. Las chicas le miraban con éxtasis, pestañeaban, se llevaban las manos al escote, apretaban las rodillas y rozaban un muslo contra el otro. Eran las flappers del Lyceum club Femenino (...)

Ahora habían venido todas a escuchar a Pepe Ortega, que desde la tribuna las miraba con desdén y satisfacción. A la mayoría ya se las había tirado. Alguna valía algo, admitido, pero en general eran unas niñatas sin iniciativa ni concupisciencia. (...) A Pepe lo que de verdad le perdía eran las marquesas, a ser posible algo jamonas. Eran su especialidad, su afición recreativa o su "hobby", como había empezado a decir, porque ahora estaba aprendiendo inglés. A las marquesas, Ortega les hablaba de la filosofía y el golf, del dharma y la tortilla de patatas, y a la media hora las tenía en el bote. Se las llevaba a una habitación del hotel Victoria, donde les pedía que se la chuparan.

 -Hoy día copular es de albañiles -aseguraba-. Yo soy un egregio. 

Sobre la tarima, Ortega sacó pecho, recorrió con la mirada los muslos temblorosos de las chicas del Lyceum, sonrió con chulería y dijo a voz en cuello:

-¡Hay que huir como de la lepra de la expresión de cualquier sentimiento humano! (...) La poesía tiene que ser poesía pura, libre de implicación sentimental. El arte es un juego, es algo completamente intrascendente, caballeros. Ese es el nuevo arte: ¡un deporte! ¡Una inyección de juventud deportiva! ¿La poesía es hoy el álgebra superior de las metáforas! (...) Hoy día, en la era del velocípedo y el cinematógrafo, la vanguardia es un arte impopular, un arte que sólo se dirige a los que son capaces de entenderlo: los egregios.

Hizo una pausa teatral y luego afirmó:

-Estos son los días del alción. ¡El arte nuevo será alciónico o no será, caballeros!

¿El alción? Entre el público se multiplicaron las miradas de perplejidad. ¿Qué tenía que ver el alción? ¿Qué era un alción, por cierto?

-Es como un martín pescador, un pájaro - susurró Juanjo Domenchina.

-Ah, claro, ya, un pájaro.

-Cosas de Pepe Ortega, no hay que hacerle mucho caso. 

Ortega apoyó las palmas de la mano en la mesa y clavó la vista en los senos de María Zambrano:

-Muchachos, hay que hacer un arte artístico. Sois la vanguardia. He dicho.

(...)

De camino, Ortega se tomó una copa de anís en una taberna. No solía hacerlo, pero esa nocha la necesitaba.
El local estaba lleno de plebe, de vulgo, de masas: esa España invertebrada que acudía a contemplar ejecuciones y nunca había leído a Husserl.
De pronto, al fondo, reconoció al pequeño de los Machado. Cambió de sitio para que no le viera, no quería saludarle. Era un boicoteador, un transnochado: sus poesías seguían tratando de la vida. Se negaba a hacer deporte. 


Rafael Reig, Manual de literatura para caníbales