espacio de e-pensamiento

jueves, 6 de febrero de 2014

Hannah Arendt: ¿Qué significa comprender?
Borja Lucena

  “La respuesta no convencerá al científico, 
que bajo la presión de los hechos y los experimentos, 
se vio obligado a renunciar a la percepción 
sensorial y, por tanto, al sentido común, 
gracias al cual coordinamos la percepción 
de nuestros cinco sentidos para configurar la total captación de la realidad. También se vio obligado a renunciar al lenguaje corriente, que aun en sus pretensiones más elaboradas sigue 
indisolublemente ligado al mundo sensorial 
y a nuestro sentido común”.

La comprensión presenta en Arendt caracteres muy diversos a los esfuerzos por constituir un sistema de la realidad; su objetivo no es agotar exhaustivamente el campo de lo real dando cuenta del todo, sino más bien explorar lo parcial que nos es dado sin pretender integrarlo sistemática y consistentemente en una cosmovisión. Como una narración, siempre envuelta en la red tejida por otras innumerables narraciones e historias que conforman un horizonte fenomenológico del que no hay manera de poseer visión abarcadora y precisa, cualquier comprensión está ya de siempre caracterizada por su carácter opinable y fragmentario.
 Como algunos comentaristas han señalado, la idea de “comprensión” forjada por Arendt bebe profundamente de la ruptura existencialista con la ambición de asegurar la transparente continuidad entre ser y pensar y, consecuentemente, con el proyecto de llegar a edificar una teoría coherente del todo. Particularmente afecta a la visión de Jaspers, la pensadora judía comparte con él la convicción de que la comprensión se atiene por naturaleza a un principio de fragmentación, es decir, que, una vez aceptado que no hay un Ser más allá de los seres que pueda ser conocido, la filosofía -o el pensamiento- se libera de la pesada e impracticable tarea de explicarlo todo desde un solo principio monista; la realidad es, en última instancia, irreductible, y, en su completitud, es irrepresentable, por lo que no es posible agotarla en el pensar.

Querer comprender exige desterrar el objetivo de la consistencia lógica, dado que significa permanecer en apertura ante las contradicciones y equívocos que conforman el mundo en el que se da la experiencia. De acuerdo con esto, la realidad existencial del comprender no puede ser identificada con el ejercicio teórico del conocer ni con la construcción de teorías científicas acerca de los fenómenos naturales o humanos, ya que el científico, en su búsqueda de una realidad que no se halla presente en la experiencia común del mundo y que, sin embargo, constituiría su esencia escondida e inaccesible a los sentidos, renuncia obligatoriamente al marco de la comprensión humana -dada siempre como situación espacio-temporal- para aspirar al punto de vista privilegiado de alguien que es capaz de aprehender la realidad del mundo desde un lugar situado en su exterior5. El comprender, como estructura existenciaria del hombre, como “modo específicamente humano de estar vivo”, se contrapone a la ambición por alcanzar un punto de vista universal desde el que contemplar, como un objeto separado, la estructura nuda del mundo; se distingue de la pretensión de situarse, más allá del tiempo y el espacio humanos, en el no-lugar del “observador que flota libremente en el espacio elegido por Einstein como sujeto científico de conocimiento, o en el punto de apoyo de Arquímedes que sirvió a la ciencia moderna para escapar idealmente de las condiciones mundanas y codiciar un punto de vista que hubiera trascendido las limitaciones constitutivas del conocimiento humano.
La estructura propiamente humana del comprender lo aleja de las pretensiones de un conocimiento arrancado a su situación mundana, por lo que no puede ser leído como una teoría -como un ver- sino más bien como un estar-en o un ser, lo que da como resultado que no puede entenderse más que como una estructura narrativa de inserción en la realidad. Comprender es, en última instancia, elaborar una narración acerca de la experiencia del mundo; una narración en la que los acontecimientos, los sucesos que conforman la experiencia o la historia pasada, adquieren un sentido posible. La decidida apuesta por revelar la potencia epistemológica de las narraciones choca diametralmente con aquellos presupuestos teóricos descritos por Berlin, y que bien pueden ser los que fundan la aproximación científico-lógica al conocimiento: “1) Para cada pregunta auténtica existe una sola respuesta correcta (…); 2) Existe un método para encontrar las respuestas lógicamente correctas; 3) Todas las respuestas correctas deben ser compatibles entre sí”.