espacio de e-pensamiento

domingo, 28 de octubre de 2018

Alfabeto filosófico III
Borja Lucena

Se trata de superponer dos niveles heterogéneos, el de la norma y el del caos, como si se tratara sólo del juego caprichoso de introducir un orden en lo que por sí no lo tiene. La rutina de los diccionarios. Transcribiré en el inflexible orden alfabético una serie de pensamientos, citas -sobre todo citas- u otras cosas inverosímiles que he ido apuntando al ritmo de lecturas, de conversaciones, de encuentros y desencuentros más o menos azarosos. 

Pero, en realidad, un diccionario constituye una de las formas más poderosas de apresar y sintetizar el universo de lo real, de jugar el juego del ser. Alinear un conjunto de palabras de acuerdo con la necesidad de un orden, pero abandonando cada una de ellas al albur del acaso y la contingencia, de modo que, en su sucesión, la previsibilidad de lo por venir en el orden alfabético se acompañe del absurdo en el sucederse de los significados. 

En el orden y la arbitrariedad de los diccionarios se da de manera inmediata e irrevocable la marca ontológica de todo lo que acontece, como si esa mezcla  de necesidad y contingencia, de orden y desorden, fuera el juego mismo que la vida, el mundo, la realidad juegan.


ACCIÓN:  En la sección que trata la ley del corazón, Hegel retorna al problema de la acción y lo intrínsecamente alienante que, como momento inextirpable, contiene. La autoconciencia se enfrenta a la experiencia de la objetivación, a la tragedia de lo insatisfactorio de una acción que resulta en estados del mundo que escapan al dominio del sujeto y se erigen en potencias ajenas e indomeñables. Al actuar, el corazón no se realiza a sí mismo, no produce con inmediatez y de acuerdo a los propósitos nobles que alienta, sino que levanta lo que se le opone y lo que obedece a una lógica autónoma. La frustración, la ira del bienintencionado corazón que comprueba cómo sus propósitos son desvirtuados por lo real lleva al sujeto a señalar a los otros como responsables de esta inversión: “La conciencia proclama la individualidad como lo determinante en esta inversión y esta demencia, pero una individualidad ajena y fortuita. Pero es el mismo corazón o la singularidad de la conciencia que pretende ser inmediatamente universal el causante de esta inversión y esta locura (...)”. La conciencia no es capaz de reconocer que, al actuar, ha de enfrentarse a la pérdida en lo ajeno, y, por eso, culpa a los otros de que la realización de la ley del corazón se trueque en un orden ajeno a lo que ésta inmediatamente es. Para Hegel, en definitiva, lo que cabe subrayar es que así se muestra la naturaleza misma de la ley de la subjetividad unilateral, que exhibe los caracteres más bellos sólo encerrada en el corazón que desea, pero no puede ser trasplantada sin más a la realidad efectiva sin perderlos y adquirir la textura prosaica de lo que está ahí. La bella y apasionada ley del corazón, en definitiva, es “algo que, a diferencia de lo que sucede con el orden vigente, no puede aguantar la luz del día, sino que más bien (…) acaba hundiéndose o desvaneciéndose”. Cf. Hegel, PhG, V.B. La realización efectiva d ella autoconciencia racional. b. La ley del corazón y el delirio del engreimiento.

BIBLIOTECA: “Toda biblioteca privada es en mayor o menor parte una colección de proyectos de lectura”. Gaos, J., Confesiones profesionales. Aforística.

CAPITALISMO: Normalmente, cuando se deplora algo por ser “del siglo XIX” se quiere realmente decir que no está a la altura del capitalismo del siglo XXI. 

DETERMINISMO: “El determinismo histórico sólo es síntoma del torpor que aflige la imaginación del historiador”. Gómez Dávila, N., Escolios, I.

ESCLAVITUD: “En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros, que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas”. Borges, J.L., El atroz redentor Lazarus Morelli


FILOSOFÍA POLÍTICA: “En el origen está el tabú. En la crítica del tabú está la filosofía. En la piedad hacia el tabú, la filosofía política”. Luri, G., ¿Matar a Sócrates?

GOCE: La nota predominante en el goce es la condena a la repetición, a la continua actualización que, enseguida, transcurre y exige una nueva. El goce está apresado por el momento, no puede ser conservado como memoria, y, por ello, exige el constante reinicio. En rigor, el goce no contempla la satisfacción porque es en la sola expectativa donde se localiza el término del placer y éste sólo puede ser retenido en la expectativa de un nuevo proceso. Fausto lo dice así: “Así, ando vacilante del deseo al goce, y en el goce suspiro por el deseo”. Goethe, J.W., Fausto, I.

HONRADEZ: En Hegel, la "conciencia honrada" es aquella capaz de excusar todo aquello que constituye su acción y su posición. Lo que en esta conciencia se muestra es que, si esa es nuestra intención, es posible justificar cualquier cosa que se hizo o no se hizo troceando el todo de la acción en sus elementos abstractos y aferrándose solamente a alguno de ellos: la intención justifica, así, el curso entero de la acción por fallida que sea; si no se ha hecho nada, al contrario, es porque “no se ha podido”; si, aparte de la intervención propia, uno se encuentra con algo satisfactorio, entonces se lo adjudica como producto propio. “La honradez de esta conciencia y la satisfacción que encuentra en todos los casos consiste de hecho (…) en que no reúne y agrupa sus pensamientos, los pensamientos que tiene de la cosa misma (…). Esta conciencia hace de una significación tras otra el sujeto de este predicado y va olvidándolas una tras otra”. La posición honrada, por lo tanto, consiste en el empeño de estar por encima de todo y siempre permanecer inmaculada, pase lo que pase: “La verdad de esta honradez [Ehrlichkeit] consiste (…) en no ser tan honrada como parece”. Cf. Hegel, G.W.F., PhG, V.B.a. El reino animal del espíritu o la cosa misma.

IDEOLOGÍA: “Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden -el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres. ¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? Inútil responder que la realidad también está ordenada. Quizás lo esté, pero de acuerdo a leyes divinas -traduzco: a leyes inhumanas- que no acabamos nunca de percibir”. Borges, J.L., Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. 

JUVENTUD: “La juventud no es la edad de las pasiones, sino de las ilusiones. La edad de las pasiones es la madurez”. Gaos, J., Confesiones profesionales. Aforística.

LENGUAJE: En el centro del capítulo VI de la Fenomenología, Hegel se detiene en el lenguaje como el elemento en el que se manifiesta, en toda su potencia, el contenido auténtico de una etapa crucial de la formación del espíritu. Estamos, precisamente, en la sección que gira alrededor de la cultura o formación [Bildung]. En esta coyuntura, el filósofo afirma que el lenguaje es el sacrificio del ser-para-sí de la conciencia, sacrificio “tan total como en la muerte” que, sin embargo, no redunda en la desaparición del individuo sino en su permanencia como sujeto. En el lenguaje se exponen la naturaleza y la necesidad de la alienación, y éstas se expresan, en el caso de la conciencia noble que aquí se trata, en el hecho de que tal conciencia llega a la acción sólo en el habla: “Es la fuerza del hablar como tal la que lleva a cabo lo que hay que llevar a cabo”. En el lenguaje se da la paradoja de una pérdida absoluta de sí y una presencia plena del sí mismo. El lenguaje, añade Hegel, “tiene el ser por contenido y es la forma de ese ser”.
            En la figura de la conciencia noble viene a situarse el lenguaje como la existencia real y completa del sí mismo: “El lenguaje es la existencia del puro sí mismo como sí mismo; en el lenguaje entra en la existencia la individualidad de la autoconciencia como tal en ese su ser para sí, y de suerte que esa existencia es para otros”. Aquí se encuentra la dimensión realmente consistente de lo que el sujeto es, aquello que no sólo alude o expresa vaga o ambiguamente, sino que realmente se identifica con él. Según esto, el sujeto es, primariamente, lenguaje, y sólo el lenguaje “contiene a ese yo en su extrema pureza”. De hecho, sólo la articulación lingüística del sí mismo introduce el yo, el sujeto como tal, cosa que el cuerpo, la presencia, los gestos y expresiones, la constitución fisiológica o los rasgos faciales no pueden hacer efectivamente, tal y como se demostró en la crítica a la “ciencia” fisionómica del antisemita Lavater. No se puede señalar al sujeto con el dedo, pero sí nombrarlo, porque “(…) sólo el lenguaje dice yo, yo mismo”. “Esa su existencia [que el yo cobra en el lenguaje y sólo en él] es, en cuanto existencia, una objetividad que tiene en ella la verdadera naturaleza del yo”. Cf. Hegel, G.W.F., PhG, VI.B.I.a, La formación y su reino de la realidad.

MAL: “(…) Y aún parece el demonio una invención del hombre indulgente consigo mismo; pues comparado en maldad con el hombre, no es el demonio más que un pobre diablo”. Gaos, J., Confesiones profesionales. Aforística.

NACIONALISMO: El nacionalista catalán Vicenc Villatoro señaló con perspicacia una de las claves decisivas en la existencia misma de la reivindicación “nacional”, que no es otra que la disolución de todo otro antagonismo. Para este publicista, el máximo peligro consiste en la articulación del campo de lo político en torno a cualquier otra contraposición que escape al eje definidor de "lo nacional”, por lo que critica vehementemente cualquier “propuesta que supon[ga] la abolición del eje nacional como eje político significativo y la consagración de la confrontación entre derechas e izquierdas como relato central de la política catalana”. El nacionalismo, actualmente,  es otro artefacto para la desactivación de la lucha de clases. Cf. Amat, J., La conjura de los irresponsables


OBJETO-SUJETO: “La presuposición de estos entes disuelve de antemano el fenómeno, y todo intento de recomponerlo a partir de los fragmentos resultantes es una empresa sin esperanza”. Heidegger, SZ, 28.

PEDAGOGÍA: “No es mediante unas palabras, es mediante su propio deseo como el modelo muestra al sujeto el objeto supremamente deseable. (…) el deseo es esencialmente mimético, se forma a partir de un deseo modelo, elige el mismo objeto que este modelo”. Girard, R., La violencia y lo sagrado.

REBELIÓN: La rebelión contra el mundo está afectada de un fatalismo trágico que, generalmente, condena sus propósitos a la ineficacia o a la directa escabechina sangrienta. En la rebelión del (buen) corazón ante las injusticias a menudo se manifiesta algo de suma importancia : a pesar de la injusticia y la indiferencia del “orden vigente”, este orden contiene el resto de comunidad que permite guarecerse de la furia de los corazones. Sin esa mínima estructura común la realidad sería sólo un campo de batalla de las distintas rebeldías individuales y cada uno estaría indefenso ante la imposición de los “buenos propósitos” del más fuerte. La tentación del rebelde consiste en no apuntar a un restablecimiento de los nexos comunitarios, sino a la destrucción de los que aún restan. El orden común es injusto, pero es común y, por ello, en primer lugar, es defensa de realidad ante el delirio fantástico de los individuos. En el inicio de la acción ha de estar fijada esta verdad primera si no quiere resolverse en la furia de la destrucción. “(...) en la resistencia que la ley del corazón encuentra en los otros individuos singulares, tal orden demuestra ser ley de todos los corazones”. Cf. Hegel, PhG, V.B. La realización efectiva de la autoconciencia racional. b. La ley del corazón y el delirio del engreimiento.

SISTEMA: “Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica. Saben que un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos”. Borges, J.L., Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

TRAGEDIA: Tal y como la comprende Hegel, la cualidad de lo trágico reside en una determinación crucial de la acción, para la cual el mundo griego no poseía solución. La acción se agita entre los lados adversos de lo sabido y lo no sabido, y eso la convierte en trágica: de acuerdo con lo sabido, el agente se lanza justamente a la acción; de acuerdo con lo no sabido, esa acción se revela como una transgresión. Haciendo lo justo y adecuado, el agente viola lo justo y adecuado. La doble naturaleza de la acción se ve resuelta a la situación trágica porque el agente estaba en el deber de actuar, pero al hacerlo cae irremediablemente en el delito y la culpa. No hay modo de escapar a este callejón sin salida, porque siempre hay algo oculto que el agente es incapaz de advertir en el momento de actuar: “La realidad, por tanto, mantiene oculto en sí ese su otro lado que resulta extraño al saber, y que no se muestra a la conciencia”. Edipo no sabe que mata a su padre, sino que sólo ve en éste al ofensor que efectivamente se le muestra. Lo relevante de esta caracterización del actuar es que toda acción participa, tiene que participar de esta doble dimensión por la que es y no es lo que es. El secreto de la acción, pues, el único modo de redimirla de su condición trágica sin renunciar a su efectividad, será la introducción de algún modo intrínseco de hacer soportable y afirmativa la mezclada condición de saber y no saber en la que siempre se da. En Grecia, tal y como muestran las tragedias de Sófocles, este dispositivo no existe y la acción se ve condenada a disolverse en su íntima contradicción: “A la conciencia ética le persigue de este modo un poder fotófobo [que huye de la luz y que detesta la luz], que sólo irrumpe cuando la acción se ha producido (…). El agente no puede negar el delito ni la culpa”. Cf. Hegel, G.W.F., PhG, VI.A.b. La acción ética, el saber humano y el divino, la culpa y el destino

UNIVERSAL: “Lo particular superado/asumido (Aufgehobene) es lo universal”. Hegel, G.W.F., PhG, V. Certeza y verdad de la razónDe acuerdo con Hegel, existe un movimiento intrínseco a lo universal que lo arranca de la simple abstracción y lo constituye como efectivamente real. En esa tesitura, lo universal no es ya lo precedente, lo solamente supuesto, lo separado, sino que se compenetra con lo individual. Una universalidad que no expele de sí la particularidad del individuo, sino que asume y resignifica sus diferencias. La universalidad efectiva no se da en un elemento ajeno a la existencia -que siempre es existencia de lo concreto-, de tal manera que la particularidad de las diferencias, la materialidad de lo existente constituye propiamente el contenido [Inhalt] de lo universal: “las diferencias de esta individualidad son las que constituyen el contenido de aquel universal”. Esta complejidad de lo universal, lejana a la simple abstracción, sólo adquiere vida efectiva como espíritu, es decir, como textura concreta de la vida humana en común, y como conciencia ética, es decir, conciencia de esa realidad compartida: “Esta Cosa [la Cosa absoluta [absolute Sache]) es la sustancia ética [sittliche Substanz]; y la conciencia de esta cosa es la conciencia ética”. En esta Cosa absoluta que es el espíritu, “permanecen incluidos los momentos del ser, de la conciencia pura, y del sí mismo [Selbst]: una unidad que constituye la esencia de estas masa, y no les permite ya a estos momentos disociarse (...)”. Cf. Hegel, G.W.F., PhG, V. C. b. La razón legisladora. 

VERDAD: “Sé la Verdad pero no puedo razonar la Verdad”. Borges, J.L., La secta de los treinta.