espacio de e-pensamiento

miércoles, 21 de mayo de 2008

Educación evolucionada


Han tratado de convencerme a menudo de la necesidad de la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. El argumento más poderoso que me presentaron se refería a la necesidad de formar a los alumnos en los valores que fundamentan la sociedad a la que, en breve, habrán de incorporarse como adultos. Sin embargo, no es necesario extenderse sobre este argumentario, porque ha demostrado ser completamente inane: la realidad empírica, la fiel consistencia de los hechos, ha revelado la auténtica motivación de tan intensa profesión pedagógica. Dejemos aparte la cosmética, las buenas intenciones, los discursos edificantes: la voluntad patente en las programaciones y los proyectos editoriales en los que se concreta el nuevo catecismo no se dirige a enseñar a los alumnos una realidad existente, ni los valores que la conforman, sino precisamente a sustituir esa realidad por una nueva, por una ficción producto de delirios ideológicos de variada índole y de ensoñaciones retóricas. La meta de los sermones no suele ser representar lo que existe, sino forzar a los pecadores a plegarse a lo que, según el sermoneador, debería existir. ¿Qué fin inteligible, sino éste, esconde una educación en valores, sentimientos y juicios obligatorios? Tras la poco convincente predicación de una "tolerancia" meramente formal se esconde una intención ridícula pero siniestra: resulta que una serie de profesionales de la verdad han encontrado por fin -tras milenios en los que los hombres vagaron sin rumbo- la moral definitiva y, consecuentemente, no tienen reparo en imponerla como única y prescriptiva para todos. ¡Dignos herederos de Rousseau y su " obligar a ser libres"!

El contenido de conocimiento que presenta esta "Educación para la Ciudadanía" es nulo, ya que no pretende acercar realidad alguna; se configura como doctrina que, a la vez que se encarga de abolir simbólicamente lo real existente en aras de una realidad inventada, permite distinguir entre los partidarios del viejo orden y los del nuevo, los "reaccionarios" y los "progresistas", la "derecha" y la "izquierda", los "laicos" y los "obispos". .Tras los adornos y discursos justificatorios cimentados en conceptos abstractos y vacíos -como los sofistas que, según Platón, se limitaban a "hacer figuras con la boca"- la intención no es otra que completar la intromisión del estado en los intersticios de la vida aún no fiscalizados; planificar todo en nombre de una creciente inquina contra lo indeterminado, lo espontáneo o lo no reducible a cálculo; urbanizar el último de los ámbitos que alberga lo incontrolable o lo imprevisible. Todo ha de ser planificado y previsto por el estado, y decir "todo" significa que ni siquiera los gustos personales, los juicios y pensamientos sobre las cosas cercanas y lejanas, las decisiones que afectan al ámbito estricto de la intimidad, deben dejarse al albur del arbitrio personal. Después de treinta años cargando con una carencia inadmisible, el estado vuelve a formular una moral oficial de observancia preceptiva.

Examinar los libros de texto de la asignatura que van llegando a este departamento de filosofía, como una lluvia pausada pero implacable, resulta desolador. Los mejores son aquellos que, literalmente, se limitan a no decir nada. Al menos se mantienen alejados del potencial tan peligroso de una moral oficial. Otros son literalmente increíbles.En muchos de ellos, la férrea determinación de distorsionar la percepción de ciertas realidades, con el fin de devaluarlas ante las que se postulan como sustitutas, es constante. Forjan un nuevo lenguaje para, así, dar existencia a una nueva realidad. Un ejemplo aparentemente banal de los muchos que he podido comprobar:

El tema "La familia del siglo XXI" del libro de Educación para la Ciudadanía de la Ed. del Serbal. Dejemos aparte la pregunta sobre la necesidad de levantar un sistema educativo y pagar a un profesor para que le explique a los infantes algo que ellos mismos conocen de modo espontáneo. El tema se dispone en una catalogación de los distintos tipos de familia, y aquí, aparte del contenido, el nombre de cada una de ellas es definitivo: en una misma página aparecen la "familia nuclear clásica" y la "familia numerosa evolucionada"; la primera es acompañada de una foto oscura, lóbrega, casi siniestra, de una pareja y un bebé; la segunda es una multitudinaria explosión de alegría de una numerosa familia sonriente y colorida. También está la "familia mestiza", acompañada de una foto de un niño exultante que no puede reprimir una risa contagiosa. Las asociaciones, tanto visuales como lingüísticas, son obvias. Cada cual que forme su juicio. Aún así, y como descargo, creo que los autores del libro han demostrado una delicadeza encomiable al referirse a ese tipo caduco y reaccionario de familia: al menos no la han llamado "familia australopithecus". Un detalle.

Una muestra muy completa de material relacionado con la asignatura se puede encontrar en la página http://www.soriaeducaenlibertad.com/. Hay maravillas.