“Solo me queda rogarle que pida a los maestros de esa II Convención que se anden con mucho tiento con eso de la experimentación pedagógica, que el niño no es rana, ni cuino, no se hizo para la Pedagogía, como el enfermo no es para la Patología, y que no importa tanto cómo se ha de enseñar como qué es lo que ha de enseñar, que del qué ya saldrá el cómo. Adviértales los peligros de ese experimentalismo pedagógico norteamericano, que quita toda el alma a la Enseñanza, que es ante todo arte, y arte poética”.Párrafo de un mensaje enviado por Unamuno a la Segunda Convención del Magisterio American celebrada en Uruguay en febrero de 1930.
sábado, 12 de julio de 2025
Una breve teoría de la educación.
Óscar Sánchez Vega
martes, 3 de septiembre de 2024
Metafísica inevitable.
Borja Lucena
"Todo su saber [el perteneciente a las ciencias ´positivas´], todas sus nociones se hallan informadas y gobernadas por esta metafísica, que es como la red en la que aparece envuelta toda la materia concreta en que se ocupan los actos y la vida de los hombres (...) aquellos hilos generales no se destacan ni se convierten por sí mismos en objetos de nuestra reflexión"."Lecciones sobre la historia de la filosofía", I, 58.
lunes, 2 de enero de 2023
Manifiesto contra la escuela digitalizada.
Borja Lucena
Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también mira dentro de ti.
Friedrich Nietzsche.
jueves, 18 de noviembre de 2021
De púlpitos y pupitres.
Ariane Aviñó
Curiosamente, es el mismo término pulpitum el que dio lugar tanto al cultismo púlpito como a la palabra francesa pupitre, así que nos parece justo reivindicar cierta elevación del lugar desde el que cada día, invisibles, los adolescentes de este país asisten aparentemente impasibles al asesinato de la filosofía, a su conversión en siervos, a la desaparición del pensamiento crítico, a la condena, de nuevo, de Sócrates. Lo primero que llama la atención al introducir en las cuestiones filosóficas al alumnado adolescente es comprobar que el pensamiento es previo a la filosofía, que los adolescentes piensan. Lo segundo, es que el alumnado, y no solo las grandes voces de la filosofía institucional y mediática, también es víctima de la adicción a los titulares, a las frases huecas, a las sentencias que no aguantan un cara a cara con la propia filosofía, no ya como disciplina, sino como estilo. Y es que lo que “toca” verdaderamente de la filosofía es justamente su estilo, esa delineación de las ideas y las palabras con que intentamos recorrer la demente ruta enmarañada de la historia del pensamiento, haciendo malabarismos para conjugar lo actual y lo no inmediato. Es ese estilo la puerta de entrada a la filosofía, y para abrirla hay que moverse en el plano del desacato, dibujar un espacio no patrimonializado, donde los autores-institución pierdan su nombre y respiren de nuevo sin el peso de su propio peso. Y no estoy hablando de convertirse en una especie de gurú, de pasearse entre las mesas repartiendo condescendientemente frases-píldora, sino justamente de desembarazarnos del “honor” de ser los profesores que enseñamos a pensar, y empezar a ser los profesores que enseñamos qué y cómo se ha venido pensando hasta el momento.
Enseñar filosofía no es más, ni es menos, que hacer visible, justo en un momento crítico de la vida en que se comienza a adivinar lo que será la soledad constituyente, un espacio de pertenencia, una cierta comunidad. Quizá sea seductor para los que de una u otra forma “trabajamos” en la filosofía entender esta comunidad como un grupúsculo organizado en torno a rituales y prácticas iniciáticas, una de las cuales sería permitir al alumnado “escuchar los nombres de Platón, Kant, Nietzsche, o términos como ética o metafísica” en la etapa de enseñanza obligatoria. Pero, desafortunadamente para algunos, y citando a José Luis Pardo hablando de Michel Serres, “la filosofía siempre es joven”, aunque nosotros cada vez seamos más viejos, y estemos más cansados. Tan viejos y cansados que no somos capaces de defender la enseñanza de la filosofía más que subiéndonos al púlpito con nuestras máscaras, máscaras que ocultan, por otra parte, los legítimos y verdaderos motivos por los que la mayoría de los que vivimos de esto entendemos que la filosofía debería estar más presente en la enseñanza obligatoria y en Bachillerato, y que evitamos manifestar por considerarlos demasiado prosaicos. Seamos honestos, la eliminación de los valores éticos como asignatura espejo de religión en tres de los cuatro cursos de la ESO puede reducir un tercio la plantilla de profesorado de filosofía en los institutos. Y puede que, si esto ocurre, empiece a atisbarse ya desde las facultades de filosofía lo que hace más de una década estamos viviendo con angustia en los institutos de secundaria: la avería estructural del ascensor social. Porque, ¿quién puede permitirse dedicar décadas de su vida a hacerse un hueco en el competitivo mundo de la academia? Creo que nos haríamos un gran favor como colectivo si empezáramos a llamar a las cosas por su nombre, y empezáramos también a reconocer en qué se ha convertido la filosofía bajo los dictámenes del neoliberalismo. Si la filosofía es, en última instancia, la actividad de los filósofos, y la actividad de los filósofos en la actualidad es, en gran medida, la angustiosa, frenética y precarizada carrera hacia un puesto digno, no nos queda más que reconocer que hoy es también la propia filosofía la que está acabando con la filosofía.
Decía Foucault que la “tarea de un practicante de la filosofía que viva en Occidente debe ser prestar oídos a las voces de una cantidad incalculable, a una experiencia innumerable, (...) puesto que nosotros estamos afuera, en tanto que ellos hacen efectivamente frente al aspecto sombrío y solitario de las luchas”. Podemos entrever en estas palabras de Foucault hasta qué punto el sufrimiento y el dolor se encuentran en el núcleo de la práctica filosófica, y hasta qué punto corremos el peligro de olvidar ese núcleo al dedicarnos, precisamente, a la filosofía. La filosofía, siguiendo a Foucault, parece dirigirnos irremediablemente hacia el exterior, por lo que, alejados del dolor constituyente del pensar, no podemos más que recurrir al ruido de la comunidad si queremos seguir en nuestra práctica filosófica. Advertimos, entonces, que no es la sociedad cansada, envejecida, mezquina, la que necesita de la filosofía y de los filósofos para curarse. Es en realidad la filosofía, los filósofos, los que deben renunciar a aborrecer el cansancio, la vejez, la supuesta mezquindad, prestar oídos a las voces “que hacen frente al aspecto sombrío y solitario de las luchas”.
Lo que me gustaría este día mundial de la filosofía es reivindicar la existencia de una filosofía otra, que emerge de los púlpitos invisibles que son todas esas mesas verdosas, viejas, cojas, con sus sillas terriblemente incómodas, desde las que cada una de esas personas, ajena al afuera de la filosofía, libra su solitaria lucha, una lucha que tiene lugar también en el terreno del pensamiento. Ojalá las únicas pistas que se reciben en la adolescencia de que no se está solo en ese terreno entristecedor del pensamiento no se limitaran al ámbito de la enseñanza formal, porque ese es un fardo pesado que los profesores de valores éticos y filosofía no queremos llevar a nuestras espaldas y que, de momento, no hemos dejado de llevar. Hoy hemos intentado aligerar ese peso para celebrar así el día mundial de la filosofía en el IES Pere Maria Orts de Benidorm. Hoy el profesorado de filosofía de este instituto de Benidorm hemos guardado silencio, y hemos planteado un reto nada sencillo, sabiendo, como sabemos, que nuestro alumnado ha tenido un contacto limitado con la filosofía, a través de los valores éticos la mayoría, y de la asignatura de 1o de Bachillerato algunos. A una parte del alumnado de los grupos de 3o PMAR, 4º de la ESO y 1º y 2º de bachillerato les pedimos que reconocieran en su propio pensamiento y articularan en forma de pregunta algo que ellos creyeran que podía ser considerado una cuestión filosófica. Una vez recogidas las preguntas, que eran anónimas, se les dieron a otra parte del alumnado, y en esta ocasión se les pidió que respondieran con otra pregunta, con una reflexión, un comentario, etc. Me gustaría mencionar algunas de las cuestiones planteadas y respondidas con las que el alumnado de IES Pere Maria nos ha soprendido, y celebrar así el día de la Filosofía con la seguridad de que la filosofía saldrá de esta, en palabras de José Luis Pardo, como ha salido de tantas otras. Ayudemos a que esto ocurra prestando oídos y reconociendo otros púlpitos.
viernes, 5 de febrero de 2021
"Quien enseña sin emancipar embrutece".
Óscar Sánchez Vega
“Hasta ese momento, había creído lo que creían todos los profesores concienzudos: que la gran tarea del maestro es transmitir sus conocimientos a sus discípulos para elevarlos gradualmente hacia su propia ciencia... en definitiva, sabía que el acto esencial del maestro era explicar...”
“Él no les había dado a sus alumnos ninguna explicación sobre los primeros elementos de la lengua. No les había explicado la ortografía ni las conjugaciones. Habían buscado por su cuenta las palabras francesas que correspondían a las palabras conocidas. Habían aprendido solos a combinarlas para luego construir oraciones francesas: oraciones cuya ortografía y gramática se volvían cada vez más exactas a medida que avanzaba el libro, pero sobre todo oraciones de escritores y en absoluto escolares.”
“Explicar una cosa a alguien, es primero demostrarle que no puede comprenderla por sí mismo. Antes de ser el acto del pedagogo, la explicación es el mito de la pedagogía, la parábola de un mundo dividido en espíritus sabios y espíritus ignorantes, espíritus maduros e inmaduros, capaces e incapaces, inteligentes y estúpidos. La trampa del explicador consiste en este doble gesto inaugural.”
“El hombre es una voluntad servida por una inteligencia. Quizá basta que las voluntades sean imperiosas de un modo desigual para explicar las diferencias de atención que tal vez bastarían para explicar la diferencia de los resultados intelectuales.”
“Entendámoslo bien, y, para eso deshagámonos de imágenes conocidas. El embrutecedor no es el viejo maestro obtuso que atiborra el cráneo de sus alumnos con conocimientos indigestos... Por el contrario, es mucho más eficaz en la medida que es sabio, iluminado y actúa de buena fe... el niño que balbucea bajo amenazas de golpes obedece a la férula y punto; aplicará su inteligencia a otra cosa. Pero el pequeño explicado, en cambio, invertirá su inteligencia en este trabajo de duelo: comprender, es decir, comprender que no comprende si no le explican. Ya no se somete a la férula, sino a la jerarquía del mundo de las inteligencias.”
“Todo perfeccionamiento en la manera de hacer comprender, la gran preocupación de metodistas y progresistas, es un progreso en el embrutecimiento.”
“El Progreso es la ficción pedagógica erigida en ficción de toda la sociedad. El corazón de la ficción pedagógica es la representación de la desigualdad como retraso, la inferioridad no es más que un retraso que se constata para ponerse enseguida a colmarlo. (…) Jamás el alumno alcanzará al maestro ni el pueblo a la élite ilustrada, pero la esperanza de alcanzarlos les hará avanzar por buen camino, el de las explicaciones perfeccionadas.”
“Existe embrutecimiento allí donde una inteligencia está subordinada a otra inteligencia. El hombre -y el niño en particular- puede necesitar un maestro cuando su voluntad no es lo bastante fuerte para ponerlo y mantenerlo en su trayecto. Pero esta sujeción es puramente de voluntad a voluntad. Y se vuelve embrutecedora cuando vincula una inteligencia con otra inteligencia.”
“El perfeccionamiento de la instrucción es así, en primer lugar, el perfeccionamiento de las bridas.”
“Solamente existe una manera de emancipar. Y nunca ningún partido ni ningún Gobierno, ninguna escuela, ni ninguna institución emancipará a persona alguna”
“Su problema (el de Jacotot) era la emancipación: que cada hombre del pueblo pueda conseguir su dignidad de hombre, medir su capacidad intelectual y decidir sobre su uso. Los amigos de la Instrucción aseguraban que ésta era la condición para una verdadera libertad. Jacotot no veía qué libertad podía resultar para el pueblo de los deberes que imponían sus instructores. Por el contrario, percibía en todo el asunto una nueva forma de embrutecimiento. Quien enseña sin emancipar embrutece.”
“Nuestro problema no consiste en probar que todas inteligencias son iguales. Nuestro problema consiste en ver qué ser puede hacer bajo esta suposición.”
“Las cosas estaban claras: éste no era un método para instruir al pueblo, era una buena nueva que debía anunciarse a los pobres: ellos podían todo lo que puede un hombre.”
“El hombre razonable conoce la razón de la sinrazón ciudadana. Pero, al mismo tiempo, la conoce como insuperable. Él es el único que conoce el círculo de la desigualdad. Pero él mismo está como ciudadano encerrado en ese círculo.”
jueves, 5 de noviembre de 2020
La crisis en la educación.
Óscar Sánchez Vega
“Enseñar equivale a tejer una relación entre los vivos y los desaparecidos. Se trata de entregar el testigo. Y nada está decidido de antemano: la relación puede no establecerse o romperse; el testigo puede caerse. Ningún determinismo biológico o sociológico hace a los alumnos herederos de la cultura. Esa transmisión simbólica no depende de la herencia, sino de la responsabilidad de los maestros. De ahí la inquietud fundamental de esos transmisores de cosas invisibles. Si no tuvieran miedo estarían locos”2
“Precisamente por el bien de lo que hay de nuevo y revolucionario en cada niño, la educación ha de ser conservadora, tiene que preservar ese elemento nuevo e introducirlo como novedad en un mundo viejo que, por muy revolucionarias que sean sus acciones, siempre es anticuado y está cerca de la ruina desde el punto de vista de la última generación.”3
“La educación es el punto en el que decidimos si amamos el mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad por él y así salvarlo de la ruina que, de no ser por la renovación, de no ser por la llegada de los nuevos y los jóvenes, sería inevitable. También mediante la educación decidimos si amamos a nuestros hijos lo bastante como para no arrojarlos de nuestro mundo y librarlos a sus propios recursos, ni quitarles de las manos la oportunidad de emprender algo nuevo, algo que nosotros no imaginamos, lo bastante como para prepararlos con tiempo para la tarea de renovar un mundo común.”4











