Página de filosofía y discusión sobre el pensamiento contemporáneo

lunes, 4 de enero de 2010

Pitágoras vs Heráclito.
Óscar Sánchez Vega

Whitehead tuvo la ocurrencia de señalar que toda la filosofía posterior a Platón no era más que notas a pie de página en sus célebres diálogos. Por el contrario, tanto Nietzsche como Heidegger señalan a los mal llamados “presocráticos” como los maestros de esa peculiar forma de pensar que llamamos “filosofía”. En sintonía con estos últimos me atrevo a sugerir que las modernas y contemporáneas disputas en el ámbito de la teoría política pueden ser “iluminadas” desde el siglo VI a.c. si atendemos a la disputa entre Heráclito y los pitagóricos.

En el fondo todo tipo de problemas remiten a la ontología: los asuntos políticos remiten a una determinada concepción de la naturaleza humana y esta, en última instancia, a una “visión” (theoria) de la realidad: ontología. Pues bien tanto los pitagóricos como Heráclito pueden y deben ser considerados como dos referencias inexcusables en este tipo de elucubraciones.

Para ello, en primer lugar, debemos, a mi modo ver, desembarazarnos de las habituales categorías ontológicas propias de los manuales de historia de la filosofía: monismo, dualismo, pluralismo… Más esclarecedor es considerar a los filósofos de la Physis como técnicos que ofrecen las claves para articular las distintas piezas que forman un puzzle. Todos y Partes, he aquí el quid de la cuestión: ¿de qué manera se articulan las partes que componen una totalidad? No cabe pregunta más trascendental si tenemos en cuenta que cualquier cosa puede ser considerada como “todo” o como “parte” en función de la perspectiva que adoptemos.

Podemos considerar a los pitagóricos, por un lado, y a Heráclito, por otro, como los máximos representantes de dos posibles respuestas a la pregunta planteada. Los primeros defendían que el Cosmos, y de la misma forma cualquier otra realidad, estaba compuesto de partes que mantenían entre sí lo que llamaban harmonía matemática, de tal manera que no cabía contradicción alguna entre la totalidad y sus partes; por el contrario el oscuro sophos de Efeso consideraba que el equilibrio del Cosmos venía dado por la tensión producida por elementos contrarios que en modo alguno apuntan “en la misma dirección”, lo que no impide que cierto equilibrio, siempre precario, sea posible.

(Desde esta perspectiva filósofos en apariencia contrarios como Parménides o Anaxágoras son más bien dos variantes de lo que podríamos llamar un enfoque pitagórico: Parménides consideraba la armonía entre las partes tan absoluta que la distinción entre el todo y las partes carecía de sentido y, por otra parte, Anaxágoras acuña los conceptos de nous y homeomería con el fin de garantizar la necesaria armonía en un universo plural.)

La tesis de estas líneas es que esta perspectiva es luminosa, sirve para establecer algo de orden e inteligibilidad en un oscuro territorio. También en el terreno de la política se nos abre la disyuntiva: ¿con Pitágoras o con Heráclito?

Las teorías políticas de corte pitagórico inciden en la posible y necesaria compatibilidad entre los intereses privados y colectivos, así como la necesaria convivencia y colaboración entre colectivos diferentes: su vocabulario básico es: igualdad, diálogo, cooperación, consenso, solidaridad etc. En el lado de las teorías heraclíteas está, como no, el denostado neoliberalismo que hace hincapié en conceptos tales como la libertad, la competitividad, el mercado, la iniciativa privada etc.

¿Y el marxismo? Pues una de cal y otra de arena: el Marx más serio, es decir, el más hegeliano, defenderá una concepción dialéctica y por tanto heraclítea de la sociedad -como es bien sabido-, pero, por otro lado, el Marx, más mesiánico, el más socialista, el que escribe la Crítica del programa de Gotha, muestra un utopismo del todo afín al enfoque pitagórico.

Soy consciente que esta distinción parece reproducir el viejo esquema del pesimismo hobbesiano vs el optimismo roussoniano, pero no es lo mismo. Por un lado el planteamiento moderno –contractualismo- del problema político parte de una reducción psicologista que, como nos hizo ver Marx, no es acertada: la fibra moral del Hombre (así con mayúsculas) no determina, ni siquiera condiciona, el planteamiento y la resolución de los problemas políticos (mas bien ocurre al contrario). Por otro lado, me parece obvio que el pitagorismo que subyace en el organicismo fascista o en el comunismo no invitan a optimismo alguno. Pero la diferencia crucial es, a mi modo de ver, que el criterio aquí propuesto es ontológico: el desencuentro entre pitagóricos y heraclíteos es más profundo, afecta a toda una concepción de lo real y no solamente a este o aquel asunto político o antropológico.

Una concepción heraclítea de la realidad, que es la que aquí se defiende, tenderá a considerar la contradicción y el conflicto como una característica constitutiva de la realidad y abogará, ahora ya en el ámbito político, por soluciones parciales que tiendan a mitigar el conflicto y el desacuerdo social, orientando las inevitables tensiones hacia el territorio menos letal posible. Los partidarios de Heráclito veremos siempre en las pretendidas soluciones pitagóricas peligrosas máscaras que falsean la realidad y acaban por generar un mal mayor que el que tratan de evitar porque, de manera freudiana, aquellos conflictos que no encuentran una vía “natural” de manifestación acaban emponzoñándose de tal manera que su ulterior e inevitable explosión termina convulsionando a la sociedad entera.

El arte de la política consistirá entonces en diseñar las más adecuadas instituciones que posibiliten una expresión lo menos traumática posible de las necesarias tensiones y contradicciones que acarrea la vida social.    (Por ello el modelo político neoliberal que, a primera vista, podría parecer un modelo político heraclíteo, tampoco cumple adecuadamente con su función: no es la mejor manera de mitigar y encauzar conflictos expulsar al árbitro fuera del terreno de juego)

22 comentarios:

  1. Muy interesante, Óscar. Verdaderamente interesante.
    Me parece que estableces lo que es quizás la cesura que parte a toda la filosofía occidental, y lo haces de un modo muy fructífero. No puedo más que ser un heraclíteo más a tu lado. En consonancia con lo que escribí en mi anterior entrada, me gustaría señalar que esa ruptura ontológica que encuentras presente en toda aproximación al trágico y hu,morístico problema de la convivencia entre los hombres es lo que distingue dos tipos de filosofías: las que denostan lo político y pretenden suplantarlo por medio de soluciones definitivas (llamémoslas "utopías" y quepan en este término todo tipo de planificaciones profético-burocráticas del futuro) y las que se atienen a "lo que pasa" en la convivencia humana -desorden, conflicto, indeterminación- intentado dar cuenta de lo que hay navegando en su seno.

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  2. Gracias Borja. La verdad es que tu anterior entrada ha sido (si algo así existe) mi inspiración.
    Saludos

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  3. Resalto el aspecto que mencioné en el comentario al post previo de Borja y que aprovecho para narrar mejor: una cosa son los esfuerzos efectivos por realizar las utopías (y poner en pie "los modelos") y otra su utópica consecución (que nunca llega y lleva a los sabios a claudicar, frustrarse o ser marginados, carcel o cicuta incluídas). Las primeras no dejan de ser acciones políticas, no llegan nunca a dejar de serlo como pretenderían o soñarían algunos... Creo que toda conducta humana es política, y creo también que la dicotomía que poneis de relieve está encerrada en los marcos de la intelectualidad (las masas y las burocracias tienen su propia dinámica, mucho más política si cabe, que apenas las lleva a la frustración melancólica o a la práctica sistemática de la ironía -aunque esto, en las masas, sí que se da también, diría a bote pronto que asociada a fenómenos como la "abstención", lo que también me parece un signo de lo extremo de la asfixia actual para la acción de masas, etc.; tendré que pensar sobre ello algo más-).

    En cualquier caso, la frustración intelectual suele dar lugar a su renuncia a la "laboriosidad política" y a su sustitución o dedicación a la "literatura" y más concretamente a la práctica literaria de la ironía (no olvidemos que la novela no existiría sin ella, como bien señaló Kundera). En tiempos clásicos, el caso Aristófanes me resulta sintomático y el año pasado le dediqué un post en "La botella..." mía titulado justamente "Refugiarse en la ironía" que creo pertinente autocitar; quizás os parezca pertinente echarle un ojo: no es extenso, je... y el grueso es texto de "Las nubes". Os dejo el link por si acaso:

    http://botellallenadeluciernagas.blogspot.com/2009/07/refugiarse-en-la-ironia.html

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  4. Interesante artículo Oscar. Lamento no estar más atento últimamente a las publicaciones y confío en que el parón navideño no me haya alejado demasiado.
    Respecto de lo que dices me gustaría hacer algún comentario:
    No estoy del todo convencido de que el modelo heracliteo del que hablas pueda identificarse con la dialéctica. De hecho creo que el modo dialéctico de pensamiento tiene más que ver con Platón y Aristóteles en su versión anclaje-parmenideo. En el fondo, el pensamiento dialéctico es un intento de salvar la objeción que le hace Heráclito al pitagorismo, es decir, una reacción a la pregunta por el cambio. Los dialécticos lo que vienen a hacer es considerar que también el cambio puede ser parte de la armonía matemática de la que hablas. Para los pitagóricos esta harmonia es cognoscible y, lo que tiene unas consecuencias políticas importantes y terribles: es usable. La categoría fundamental aquí sería la de cálculo, categoría que sí permite distinguir entre pitagóricos y heracliteos al modo como tú pretendes. En el pensamiento pitagórico se puede calcular, pero en el pensamiento de Heráclito no.
    A nivel político esto tiene unas consecuencias evidentes pues la mayor de las veces la modernidad ha entendido la política como un arte de cálculo. Esta idea cobra su cara más nefasta, pero también más pura, tanto en el marxismo como en el fascismo, dado que ambos tratan de ordenar calculadamente la realidad social conforme a esta armonía pre-establecida. En el fondo está en la base de cualquier saber científico que, como señalaba Heidegger, viene esenciado por la técnica. La característifa fundamental del conocimiento científico es la “manipulabilidad” de lo real, o dicho de otro modo, el cálculo, y no como se concebía en el pensamiento antíguo teoría o contemplación.
    En Heráclito, y especialmente en el Heráclito de Heidegger las cosas son completamente distintas. El de éfeso constató pronto que el mundo no se acomoda facilmente al conocimiento y que, tanto descripción como manipulación resultan del todo imposibles. Tienes razón al señalar que lo que viene a hacer Heráclito es constatar que es la contradicción la característica básica de la realidad, (o mejor sería decir de mi conocimiento de la realidad) y por tanto aquí surge una pathos ético y político contrario al cálculo: DEJAR SER.

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  5. Y visto así también habría que reformular las categorías que asignas a cada uno de estos paradigmas: del lado del pitagorismo la categoría fundamental sería la de la racionalidad, la política de la racionalidad que va encaminada a la disposición de lo real de acuerdo al logos dialéctico. Mientras que categorías que asignabas al pitagorismo yo las situaría del lado de Heráclito: el diálogo, la cooperación y especialmente la solidaridad y la esperanza. La razón de esto es sencilla de explicar: en el primer caso el punto de partida de toda decisión, trasciende y está por encima de las circunstancias concretas, y por tanto el ámbito de la decisión puede ignorar estas circunstancias; la revolución, la raza o la razón sobrepasa con creces cualquier cotidianidad. Pero en el segundo caso no contamos más que con el hecho desnudo frente a nosotros, algo que nos obliga a escuchar y sentirnos positivamente esperanzados en una resolución aceptable de un problema concreto.
    El problema es que esta ética cae fácilmente en el desánimo. “El desánimo” es precisamente un libro de Eduardo Sabrowsky donde habla precísamente cómo éste es un mal que aqueja al deconstruído hombre contemporáneo: puesto que no podemos soñar con el infinito, pese a lo que sienta nuestro amado presidente, solo cabe abandonar el espacio público y dedicarnos únicamente a la satisfacción de la inmediatez recién descubierta. Esta fue paradigmáticamente la actitud de Heráclito, que tras constatar que el habla del mundo sólo puede ser metáfora y letanía, se retiró del espacio público y terminó sus días encerrado en un templo junto a mujeres y niños.
    Pero cabe otro pathos, más difícil, y es la esperanza. ¿Habéis visto “Caballero sin espada” (Capra) o “El hombre que mató a Liberty balance” (Ford); en general los héroes de Ford son de esta clase: tipos que pese a todo actúan sin necesitar un andamiaje sólido en el que moverse; más bien andan deconstruídos y esperanzados en que las cosas finalmente salgan bien (aunque no sepan muy bien qué es lo que hicieron para precipitar los acontecimientos).

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  6. Edu, ahora no tengo mucho tiempo. Respondo solo al final de tu comentario.

    Es diferente. James Stewar, interpretando al senador de Wisconsin, responde al modelo que comentas, y en general todos los héroes de Capra. ( A mi Capra me gusta, pero de la misma manera que me gusta el Jabato, más como reminiscencia de la infancia que otra cosa).

    En cambio los héroes de Ford tienen más miga. El verdadero héroe del hombre que mató a Liberty balas coincidiras conmigo que es Tom Doniphon (John Wayne). Pues bien aquí no cabe habalar de esperanza, más bien al contrario: Tom ayuda a James Stewar a…acabar con su mundo, ¡es una inmolación! Tom no espera nada de los nuevos tiempos, sabe que no allí no hay lugar para hombres como él y sin embargo lo hace (mata a Liberty) sin esperanza, pero con convencimiento.

    Saludos

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  7. Edu, me alegra estar de acuerdo contigo -aunque sea por alguna vez y sin servir de precedente-. Creo que tus comentarios a la distinción de Óscar son muy relevantes y van en la línea de lo que hablamos el último día, entre pacharanes y el humo del tabaco en extinción, en un café oscuro de Madrid.
    Quizás parezca presuntuoso decir que la caracterización de Marx como "heraclíteo" que realiza Óscar me había rechinado (perdona, Óscar), pero la desidia me apartó del deseo de escribir algo al respecto.
    Como dices, la dialéctica en sus diversas formas, aunque pretenda ser fiel al cambio al postular que lo real es devenir y trasiego, más que dar cuenta ("dejar ser") de esa realidad móvil y llena de inquietud se dirige a "explicar" su proceso, esto es, a forjar las herramientas propicias para someterla al imperio del cálculo. En este sentido, en tanto el cálculo se dirige a anular el carácter indeterminado del futuro -a anular el futuro, en suma- la dialéctica se ocupa del movimiento en la forma de la inmovilidad y la negación del tiempo.
    La guerra de Heráclito, "pólemos" padre de todas las cosas, es una buena muestra de la manifiesta diferencia entre los dialécticos -singularmente Marx- y el de Éfeso: para éste la guerra es batall en la que la victoria no está de antemano saldada, sino que depende de la fuerza actual y viva de los contendientes. la guerra, realmente, se libra. Al contrario, la lucha de clases, si me permitís simplificar, no es más que un remedo de guerra, la pantomima de lucha en la que nada se resuelve porque, de antemano, todo está ya resuelto. La guerra de Marx está minada desde dentro por el mismo supuesto de que su devenir está determinado por las leyes férreas de la materia y la Historia. No hay guerra, no hay lucha, sólo hechos mostrencos meramente deducidos de una ley general.


    Carlos: en cuanto pueda leeré con mucho interés tu escrito sobre la ironía

    Saludos a todos

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  8. Edu, Borja:

    Como habéis podido leer he evitado en esta entrada el término dialéctica precisamente porque participo de los reparos que manifestáis. Por eso utilizo el término “heraclíteo”: para desligarme de la necesidad presente en la “lógica dialéctica” (que vaya usted a saber qué significa exactamente).

    Pero vamos por partes.

    Edu: Estoy básicamente de acuerdo con tu primer comentario, el cálculo y la planificación son ingredientes básicos del pensar y la acción pitagórica; lo que no quiere decir que la perspectiva heraclítea sea irracional, más bien al contrario, es la única razón “razonable” que cabe. La oposición entre contrarios no es irracional, está gobernada por el logos, lo que puede interpretarse en términos tan prosaicos como estos: si podemos pensar algo, si podemos escribir dos palabras en este blog, es porque la realidad (también la realidad social) es accesible a la razón, no es totalmente arbitraria o gratuita. Y es accesible no solo para pensar sino tb para actuar. “Dejar ser” no es una opción política sino la abdicación de cualquier acción política.

    En relación a tu segundo comentario, temo que no me he expresado bien. Yo, como sabes, no tengo nada en contra del diálogo y la cooperación lo que me jode (con perdón) es el mantra, la letanía progre que pretende disolver todo conflicto y contradicción (aunque sea un secuestro por parte de piratas o terroristas) con el milagroso remedio. Es el mito de la sinergia que consiste en pensar que a su debido tiempo, si empleamos la razón dialógica todos los intereses acabaran convergiendo en el bien común o “la voluntad general” de toda la humanidad o algo parecido.

    Una política de corte heraclíteo no tiene por que caer en el desánimo aunque reniegue de la esperanza. No hay esperanza: hoy ha sido el terremoto en Haití y mañana quién sabe. Aun así hay que luchar por lo que nos parece justo, no estamos en la posición de Dios contemplando el devenir histórico sino que formamos parte de él, como españoles, como trabajadores, como funcionarios o como lo que sea, formamos parte de unos colectivos que mantienen intereses contrapuestos a otros y queremos defendernos (¿o imponernos?) y por otro lado, como decía Hume, estamos provistos de sentimientos de simpatía que nos hacen empatizar con algunas personas y colectivos, pero no con otros (¿controladores aéreos?) Todo ello nos mueve a actuar en un sentido no siempre coherente: con ánimo, pero sin esperanza.

    Borja: mañana te respondo.

    Saludos

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  9. Borja, yo sí veo (al menos parte) del pensamiento marxista como “heracíteo”.

    Los filósofos modernos, especialmente Hobbes, fueron conscientes de las contradicciones que atañen a los individuos entre sí, por un lado, y a las naciones por otro; pero es mérito de Marx el detectar y explicar las contradicciones entre colectivos dentro de una sociedad: la lucha de clases. Dices que tal lucha es una pantomima porque el resultado está prefijado de antemano y en parte tienes razón: las razones que llevan a Marx a postular la inexorable victoria del proletariado no son “buenas razones”. Pero por otra parte no debe minusvalorarse la aportación marxiana… ¿o es posible hoy dar cuenta de la crisis del feudalismo al margen de las categorías marxianas? Lo dudo.

    El análisis marxista de la sociedad, una vez depurado de sus componentes mesiánicos y apodícticos, es fructífero nos ayuda a comprender la realidad social al dar cuenta del poder dinámico de las tensiones y contradicciones que se producen en su seno.

    Se trata de ver las teorías, como diría Edu, como herramientas que pueden ser útiles o no en su función de brújulas para orientarse en un mundo confuso. Pienso que el marxismo vale, sirve como guía y referencia.

    Saludos

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  10. Óscar, estoy de acuerdo contigo en que marx señala un cierto espíritu heraclíteo (al fin y al cabo no propugna que lo real sea inmutable), pero lo que quiero decir es que, atreviéndose a constatar la tensión y la inquietud de lo real, cancela ese hallazgo al someterlo a una ley general que es, como no podía dejar de ser, inmóvil. A eso me refería cuando hablaba de comprender el cambio en el modo de la inmovilidad.
    Es un gran mérito de Marx el haberse atrevido a enfrentar una perspectiva decididamente materialista de la realidad, pero, en última instancia, traiciona a la materia - y a su precioso pluralismo- entregándolo al señorío monotonoteísta de la ley abstracta; es cierto que indica la lucha y la tensión constantes que atraviesan a lo real, y también a la realidad política, pero creo que no se atreve a realizar el gesto decidido de "dar su consentimiento", es decir, de aceptar verdaderamente que esa tensión y esa lucha son constitutivas e irresolubles, que lo real es precisamente esa tensión y ese desgarramiento que no encuentra quietud ni resolución.

    En suma, creo que Marx sigue la estela de suspicacia filosófica ante la contingencia del mundo y los procesos que lo forman, y se ve conminado a justificarlo en la necesidad y la determinación. Y una guerra de desenlace necesario y predeterminado no es una guerra, no es una lucha sino una ecuación.
    Para terminar, una cita (aproximada) de Kant: "la necesidad absoluta sólo puede ser encontrada en el pensamiento"

    Seguiremos...

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  11. Continuemos…
    Comprendo la distinción que haces entre Capra y Ford porque presentan héroes muy distintos. Sin embargo, para ejemplificar lo que pretendo decir lo cierto es que me viene mejor referirme al Doniphon de Ford que al Jefferson Smith de Capra. Intentaré explicarme.
    “El hombre que mató a Liberty Balance” es una película estupenda por muchas razones. Ford respresenta (y construye) como nadie todos los elementos del mito fundacional norteamericano, un relato brillante y con todos los elementos de un buen mito fundacional (como sabes, muchas veces he defendido que el nuestro hay que situarlo en la guerra civil y es por eso que así nos va). En el mito americano tenemos un pasado legendario (el oeste) plagado de héroes hiperbóreos y demonios amenazantes (forajidos, indios… etc), tenemos una guerra troyana de liberación, tenemos un renacer del nuevo mundo con sus nuevos héroes (ahora socráticos) y un declive del pasado legendario, incluso tenemos un brillante ejército de guerreros guiados por el bien y la justicia, que en lugar de cruzar el ponto vinoso, atraviesan las llanuras de Wisconsin persiguiendo “Horizontes de grandeza” y que se llaman con uno de los mejores nombres inventados para estas marchas marciales, el “séptimo de caballería” (compáralo con la Guardia civil, ¡ja!
    Pues bien, como sabes, esta realidad está representada en la película a través de tres personajes: el abogado Ransom Stoddard que representa el nuevo mundo y que viene a traer a la ciudad el imperio de la nueva ley; Liberty Valance, el forajido, que encarna lo central del salvaje oeste, la ley del más fuerte, el mundo de los hombres de acción; y por último el que tu señalas como héroe, Tom Doniphon, un hombre perteneciente al viejo oeste pero que, sorprendentemente toma partido por las nuevas ideas justo en el momento decisivo, matando a Liberty. A mi modo de ver tanto Valance como Stoddard son hombres que hablan un léxico único; Valance esta convencido de que la existencia consiste en una guerra permanente en la que los éxitos se deciden entre hombres armados con revólveres. Y Stoddard cree ciegamente en una sociedad de leyes en las que todos nos sometamos a la autoridad legal y sea del todo imposible el mundo de Liberty. Ambos son, por así decirlo, “dos hombres de fe”. En ninguno de los dos se da la esperanza en el sentido que defiendo. Pero Doniphon es otro cantar; Tom es un descreido que, por así decirlo, es capaz de comprender dos léxicos diferentes, el de Liberty y el de Stoddard. Es verdad que su mundo, como señalas, es el viejo oeste, no el mundo de leyes que viene a traer el abogado. Sin embargo, porque le comprende, es capaz de tomar partido por él en el momento decisivo. Y no lo hace con fe en el futuro que ha de venir; generalmente confundimos lo que es “esperanza” con lo que es “fe en el futuro”. Fe en el futuro tiene Stoddard, que es capaz de soportar todos los golpes recibidos porque sabe que el advenimiento de su mundo es inevitable; se comporta del mismo modo que los mártires cristianos que a punto de ser devorados por los leones confiaban en su salvación a manos de su dios.
    Esperanza es precisamente lo que tiene Doniphon, que dispara a Liberty Balance salvando a Stoddard con la esperanza de que esa sea un buena decisión, es decir, esperando no haberse equivocado demasiado. Esto es precisamente la esperanza posmoderna frente a la esperanza cristiana; el cristiano se abandonaba a su suerte, el contemporáneo dice “hagamos esto a ver qué pasa”, pero sin fe, sin demasiada convicción, sin esperar demasiado del futuro, sin fundamentar demasiado la decisión, simplemente esperando que haya sido acertado. Esta no es la renuncia heraclitea, pero tampoco es la lucha revolucionaria, pero es fácilmente modificable dado que aquí no hay necesidad de ningún tipo y no se pide inmolación ni sacrificio. Por eso es que sólo en este contexto, entre tipos como Doniphon que el diálogo y la cooperación tiene algún sentido. Con Liberty no se puede hablar, pero con Stoddard tampoco.

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  12. Borja: estoy de acuerdo con todo lo que afirmas. Tú destacas un aspecto de Marx, yo otro.

    Edu: plas, plas, plas. Sigue.

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  13. Acabo de leer lo que Oscar (hola, encantado) dice del marxismo y no puedo dejar de señalar mi desacuerdo. El paso del feudalismo al capitalismo es "reescrito" por Marx para justificar su concepto mesiánico clave (remito para abrir boca a la lectura de "El Antiguo Régimen y la Revolución" por los datos que aporta). Y adjunto parte de la nota 8 de mi recientemente publicado post "Una lanza rota... (5)...":

    "El ser social, (...) determinaría sin duda la conciencia en el sentido en que ésta sería el conjunto de sus componentes ideológicos y abstractos (...) Pero no se trata del supuesto descubrimiento marxista de que "no es la conciencia la que determina al ser sino el ser, el ser social, el que determina la conciencia" (...) El "ser social" de Marx es una construcción abstracta e ideológica necesaria a la propaganda desconcertante que señalaba la "lucha de clases" como motor de la historia mientras se organizaba la "vanguardia" que habría de representar a las masas sobre las que se auparían hasta el poder (...) Tras un disfraz emancipador que como en todo discurso sólo servía para apuntalar a su constructor y a su grupo de fieles, Marx ocultaba (...) los mismos objetivos del hombre reflexivo de Kant y de Aristoteles, el hombre metafisico que sufria por la "desazón" que le provocara el mundo a cuento de su irracionalidad (...) al demostrarse constantemente, sistemáticamente, que no engendrará nunca ni una Única Humanidad de Sabios ni una Única Humanidad de Hombres Libres ni una Única Humanidad de Hombres Felices (con una Felicidad coincidente sólo posible si todos somos... como clones) a la vez que preocupados por saber, a saber ya para qué siendo que el saber sirve a la lucha por dominarlo todo y ya no habrá nada que nos mueva a la preocupación, en ese porvenir sobrevenido en todo caso por cansancio, por agotamiento... de cuya puerilidad no nos quede otra cosa que reir... (...) En nombre de la evidente opresión existente, el marxismo, creando un falso punto de vista absoluto del derecho social (y de la correspondiente "injusticia social" de la que habría debido remontarse hasta Adán y Eva, es decir, hasta Dios, para que tuviese algún sentido -lo que no pretendía obviamente-) reconstruyó el mito del Paraíso: era como se vio una nueva triquiñuela de los postergados aspirantes del poder. Para levantar el mito que permitiera la formación del "ejército del proletariado consciente", Marx halló una fórmula mesiánica basada en un hecho cierto pero que a su vez tergiversó mediante el método político de convertirlo en un icono sin significado, el icono de la lucha de clases estereotipada que ocultaba la trampa de la representatividad y la de la autogestión y auto gobernabilidad. Sin duda, había mucho de cierto en el axioma de que "el ser social determina la conciencia". Puedo decir (con más cuidado y precisión que hace unos años) que pienso que eso permite un enfoque mucho más elucidante que los subjetivistas que pretenden que la conciencia pueda situarse por encima de la necesidad vital. (...) Pero esto seria (y como tal es visto por los intelectuales que no pueden concebir no ser "los mejores" de la especie) un retroceso, un regreso, una involución, una vuelta idílica al huevo o la placenta... esto es, a una situación sólo patológicamente circunscribible, digna de ser tratada en un diván.

    El hombre, al parecer, no puede escapar ni de la fragmentación grupal ni de su diversidad grupal ni de sus choques interpares que le imponen la necesidad de defenderse, atacar y dominar o aniquilar hasta el límite del equilibrio de fuerzas que la sensatez reconoce con astucia."

    Un saludo.

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  14. Edu, yo creo con Oscar que Doniphon se inmola claramente.Cierto que , como dices, comprende ambos lenguajes, casi mejor el de Liberty.Pero el lenguaje que entiende de verdad es el de la empatía.Pues si desde el principio apoya a Ransom es por ternura de hombre de bien.Si dispara contra Liberty y a traición no es porque considere un lenguaje mejor qque otro, sino porque sabe que Ella nunca se lo perdonaría.Y es que el hombre del Viejo Mundo, Doniphon, ansía un pequeño rincón de civilización, el del matrimonio.Sin él es sólo como Liberty, una fuerza de la Naturaleza.Por eso mata a traición, quema el rancho de promisión y se anega en el alcohol.Hace un discurso falso en la convención, porque el verdero ya lo ha roido por dentro.
    Aprovecho para reivindicar el papel de Stoddart, sepultado siempre por el romanticismo de Doniphon.No es un martir cristiano, ni está tan convencido del inevitable progreso.Cree en la ley con esperanza y miedo, con dignidad y trabajo.De hecho el primer impulso ético de la humanidad tal vez surja por la empatía ante la brutalidad.Así Ramson no es un martir ni un fanático, se enfrenta a Liberty por pura dignidad y empujado por la rabia.Su acto definitivo no sólo es mítico y falso, sino contrario a sus predicas.Figura de leyenda pero catalizador de un nuevo mundo basado en lo concreto, en el regadío y el ferrocarril.Y sabiendo que la figura mitica del verdero hombre que mató a VALANCE ´vencerá en el duelo del amor como muestra un cactus florecido y una mirada desengañada.
    Oscar comparar a Capra con El Jabato es muy vejatorio para uno de los más grandes poetas del cine.Hay pocos cineastas tan estilizados y por tanto, tan metafóricos y a la vez con tanta mano para el detalle y el dialogo.Pero como dice Edu, sus heroes caminan por una senda muy poco sólida, como locos e iluminados por una luz trágica.Sus finales felices son la pirueta más arriesgadas que se han hecho en cine, una plasmación de la oposición entre lo más estrictamente humano( el juego) frente a la Naturaleza( la tragedia).
    Fascinate lo que comentais de Heraclito y Parménides.En cuanto a Marx, decir que presenta varios perfiles contradictorios.Cuando empuja a la acción, cuando hace panfletos explica al mundo en 5 minutos.Pero cuando hacía analisis social era a veces como un bisturí y se replanteaba sus propios postulados a raiz de confrontarlos con la realidad.En cuanto a lo que dices sobre las categorías narxistas del analisis de la crisis del feudalismo, me atrevería a decir que depende de a que llamemos con ese palabro, por no hablar de modo de producción y sobre si las relaciones sociales de producción están subordinadas o no a aquel.¡Ay, esa superestructura que no sabe cual es su lugar!

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  15. Carlos, Santi, cuando digo que no es posible dar cuenta de la crisis del feudalismo al margen de las categorías marxianas quiero decir algo tan sencillo como esto: mis profesores de historia me enseñaron ( y yo me lo creo)que la crisis del feudalismo era debida al empuje de una nueva clase social, la burguesía, que no encuentra "acomodo" en una sociedad donde las relaciones de producción (señor-siervo)se han quedado anticuadas y suponen un lastre para el desarrollo de las nuevas fuerzas productivas.

    Yo lo entiendo, pero a lo mejor hay algo falso o equivocado en el argumento. ¿Qué es?

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  17. La crisis del feudalismo se resuelve en fases fragmentadas y mucho menos "globalmente" de lo que hoy se dan las "crisis"; digamos las tres que corresponden a lo político, lo económico y lo social (tal vez un tanto eufemísticas y tal vez alguna más de menor peso pero igualmente significativas para algunas consideraciones). Para ser escueto al máximo esas fases colapsarían en tiempos diferentes en cada zona del mundo en un momento dado de su complejización respectiva: lo político deriva en el absolutismo y centralismo consecuente, siendo los señores feudales subordinados a y "corrompidos" por los reyes unificadores y por fin convertidos en cortesanos (parásitos y rentistas) y en latifundistas marginados; lo económico va haciendo agua con el desarrollo de las ciudades lo cual en parte se debe al crecimiento del comercio, en parte a la migración del campo por parte de campesinos que "ahorraron" a costa de sus señores feudales (algún dato da al respecto Adam Smith, el fundador de la prehistoria del marxismo), en parte por el mercado que para el comercio representan las cortes y la burocracia del absolutismo, más los que se aglutinan en torno a los servicios que también crecen a instancias del mismo insentivo; lo social, por fin, refleja un enorme crecimiento de la burocracia vinculada al absolutismo (recomiendo la excelente panorámica de Tocqueville donde pinta la Revolución y sus causas). La "burguesía" fundamentalmente comercial sí que encontró acomodo casi desde un principio (salvo en relación a los tributos a los que siempre fue adversa al igual que a la subida de salarios, etc.) La "industrial" tiene en gran medida origen en los cortesanos y nobles y en general recibe ayuda del estado absolutista (políticamente no-burgués en el sentido marxista, no "democrático-burgués", lo que en realidad nunca existió: la burguesía quería contar con "amigos poderosos" antes que con "votos"; esto es cosa de los intelectuales y de viejas prácticas democráticas de las que el pueblo se había impregnado durante y en el feudalismo (en los feudos) y que reclamó contra la burocracia del absolutismo, etc.

    Los hechos dicen más que las justificaciones teóricas y mucho más que las enseñanzas ideológicas de muchos profesores...

    Y perdón por dar tan gruesas y descuidadas pinceladas. Tengo mucha documentación sin leer como para escribir a fondo sobre el tema. Por ahora me propongo algo más próximo al presente.

    Un abrazo.

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  18. Sabía que me tenía que haber callado.Es una cuestión muy peliaguda, Oscar, que mantuvo en jaque a todos los historiadores marxistas del mundo, que eran muchos( los llamados debates Dobb, debate Swezy y sobre todo, debate Brenner).Por resumir, que ahora no me apetece, te diré que entre las sectas marxistas no se ponían de acuerdo ni siquiera en definir modo de producción.Algunos resaltaban el papel de la concreción de las relaciones de producción como algo más decisivo que el propio modo de producción a la hora de detrminar el ser social.Otros por influencia de Gramsci concedieron gran importancia a la superestructura jurídica e intelectual.Para acabar de marear la perdiz, el termino feudalismo resultaba muy esquivo: podía ser una institución o una forma global de producción; sin embargo esta se podría definir como un control de las fuerzas productivas( la tierra y el trabajo forzoso) o una forma de exacción de renta de forma extreconómica, es decir, jurídica o violenta, la forma en que un señor tiene poder sobre un campesino por ser su señor natural, aunque este sea jurídicamente libre.Huelga decir que cada historiador arrimaba el ascua a su sardina, e incluso se comía todo el pescado si era necesario.Para crear más confusión, la investigación empírica era muy variada, según geografías y cronologías.Por ejemplo: el mercado y las relaciones laborales capitalistas se daban en Francia ya desde el año mil.El feudalismo entendido como servidumbre desapareció con la peste negra en Europa Occidental.O que el capitalismo inglés surge tanto de la burguesía comercial como de los arrendatarios a largo plazo de los nobles, los cuales deben buscar rendimiento a su inversión.En cambio en Francia hubo pequeños y medianos propietarios desde la edad media, pero su burguesía nunca acumuló capital, ni su campesinado desarrolló tecnicas de cultivo con mayor productividad.Por otra parte, la gran burguesía solía estar muy bien instalada en el Antiguo Regimen.Los que lo derrotaron y construyeron un orden nuevo estaban más poseídos por el intelecto que por los intereses y las transformaciones jurídicas de la Revolución no son solo el acabado de un proceso que casi esté terminando, ni el sintooma de graves contradiciones en el seno de un sistema; es que lo jurídico e intelectual casi son el epicentro del seismo.Y es que la ingeniería social ha estado siempre muy presente en la Historia.En el contexto de la discusión filosófica que teneis me atrevería a decir que tanto detiene el tiempo la Republica d elos Sabios platónica como los teoricos de la monarquía absoluta el comunismo o el fascismo mistico o el liberalismo más teorico.Depende de la mistica con que se levanten sus profetas y la fuerza que tengan sus adalides para imponerse

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  19. Hola, Santi; he esperado unos días para ver por dónde continuaba esto, pero parece que tu "tenía que haber callado" se ha "generalizado". Y, precisamente, tenía ganas desde que te leí de preguntarte ¿por qué? ¿Porque "Es una cuestión muy peliaguda", como añades? ¿Por qué a su vez, y para quién? Sinceramente no lo entiendo. Pero menos mal que luego te despachas y dices cosas muy interesantes que a mi entender complementan muy bien mi esbozo. La cuestión de los mitos emancipadores no puede ser silenciada sino denunciada. No creo que ello se deba hacer "en honor a la verdad" ya que cada grupo tiene la suya, pero sí en tanto se trata de un engaño/autoengaño de grupos que no reconocen que lo que pretenden es engañar para gobernar (gobernarlos a todos), que mienten en cuanto a sus verdaderos planes y que siguen haciéndolo incercialmente una vez que en el poder se han desenmascarado (para los que no reciben sino frustraciones y ni un gramo del botín de la redistribución).
    Espero no haber desentonado, aunque no por hablar sino por no querer ser escuchado: desde un primer momento he señalado que creo que los discursos todos están subordinados a intereses (en esto hay un punto de contacto con Marx y su "lema" sobre la determinación de la conciencia por "el ser social"; lo que hace como tantos de manera hipócrita, sin siquiera aplicarselo a sí mismo a su dogmática manera: él, se dice "más allá de lo social", como "profeta" del "futuro necesario", etc.). Y mi propio discurso y el vuestro creo que lo están también. Recientemente he leído a Rorty y hace la misma jugarreta que hizo Marx sólo que con el concepto de "justificación", que sin duda se ha puesto en evidencia como lo que "la verdad" de los discursos encubría, sólo que él... lo da simplemente por bueno y por legítimo: no denuncia el contenido sino que venera su verdadera forma... Si lo he entendido "bien", me parece (no puedo remediarlo): ¡increíble!
    Y esto se repite y se repite y se repite... entiendo que porque no lo queremos ver, no queremos (los intelectuales) reconocer nuestras miserias, nuestro apego al "polvo del camino"...
    Un saludo.

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  20. Sepptembrini24/1/10 17:06

    Gracias a todos. He disfrutado con la discusión y con las aportaciones de todos.

    Felicito a Oscar por su entrada y celebro encontrarme con el mejor Eduardo, con el que he tenido que estar en algo de acuerdo. Menos mal que mi radicalimo de salón me permite disentir de otras.

    Tras leer el texto y los comentarios me vino a cuento una frase que tengo de cabecera. Frases sobre las que no dejas de pensar y a las que recurres cuando un político habla y se nubla el sentido y la virtud. Es de Machado, el único filosofo moderno que ha dado hispania: "la palabra es tiempo hecho significado".

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  21. Carlos, perdona que haya tardado tanto en contestarte.Cuando hablaba de cuestión peliaguda me refería a que el debate sobre la transición del feudalismo al capitalismo no sólo fue muy copioso, es que con frecuencia se hablaba de cosas distintas y además la toría era refutada por investigaciones empíricas impepinables.También, porque no es fácil seguir el hilo del debate, que a mi entender recuerda al sexo de los ángeles y a la naturaleza de Cristo, lleno a la vez de sutilezas y brocha gorda.Por eso decía que me debía haber callado, por lo fatigoso que me resultó el debate, que debí empollar no por curiosidad intelectual, sino por la obsesión marxista de buena parte de la historiografía de mi época.A un pringadillo como yo que estudiaba para ir tirando resultó un desafío enfrentarme a las inchorencias y simplificaciones de los historiadores marxistas y forjarme mi propia imagen del mundo.
    Te doy la razón en que ningún discurso resulta inocente, ni objetivo ni neutro.Eduardo escribe mucho sobre esto.Pero como tú dices, el ser social de Marx resulta poderoso.También cuestiones sobre como influyen las formas productivas en las estructuras de dominación y socialización o por qué se producen los procesos de cambio en esas formas productivas no me suenan a disparate.Lo que me fastidia es que la interacción entre la materia y lo simbólico sea siempre tan pedestramente tratado en el marxismo.Y esto viene a cuento por esa humilde aspiración a la honradez intelectual que muchos tenemos.Yo me llevo cuestionando mis propias ideas casi desde que tengo uso de razón, apenas tengo certezas y me gusta tomar prestado de cualquier acervo.Todo lo veo desde el prisma de lo histórico y de todas las fuentes bebo.Yo me considero un liberal igualitario, que es casi como decir un diletante, pero no puedo sino inclinarme ante ciertas sugerencias marxistas o poner toda la carne en el asador para rebatirlas.Yo no sé si todos los discursos son de dominación, a veces son de vasallaje, de apaciguamiento o para follar un rato.Yo creo que escribo aquí para pasar el rato, ejercitar mis neuronas, aprender algo y no digo que no, por una cierta vanidad de reconocimiento.El humano está programado genética o culturalmente para aceptar la evidencia, aunque sea con incomodidad, aunque la burle con sueños, entelequias y literaturas.Quiero creer que cuando me muestran un discurso satisfactorio sobre la realidad, aunque contradiga mi anterior visión del mundo, me sacude alguna neurona y alguna conexión empieza a tejer

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  22. Muy bueno, Santi; me sumo en lo fundamental... que sobre todo (pero no sólo) es la actitud, la predisposición a ser incluso llevado de la nariz o de la mano... sin temor a caer en vasallaje, porque sabemos que si algo así nos pasa no seremo avasallados ni aunque nos equivocáramos podrían. Lo demás es mera añadidura y por eso ni siquiera lo mencionaré esta vez.
    Un saludo.

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