Página de filosofía y discusión sobre el pensamiento contemporáneo

martes, 2 de marzo de 2010

¿Son más reales los átomos que los dioses olímpicos?
Óscar Sánchez Vega

Me propongo abordar en estás líneas no una cuestión cualquiera sino la cuestión por antonomasia: ¿qué es lo real? Obviamente no pretendo establecer reveladoras y revolucionarias conclusiones sino, más bien, ofrecer un bosquejo de algunas importantes respuestas y, eso sí, hacer una toma de partido personal en esta peliaguda cuestión.

Empezaré con un planteamiento que es bastante habitual y compartido entre los filósofos y no tanto fuera del gremio: esta no es una cuestión científica y por tanto la ciencia no nos suministra una respuesta adecuada. Por varias razones.

Primera. Porque no existe algo así como “la ciencia” que hable con una sola voz. Las diferentes disciplinas científicas no son como las partes de un todo que pueden ser ensambladas de nuevo de tal manera que la estructura de la totalidad pueda volver a recomponerse de nuevo. Hoy más que nunca sabemos que no es así: las diferentes disciplinas científicas: física subatómica, química, biología molecular, botánica, geología, cosmología, sociología, psicología, estadística, lingüística etc mantienen muchas veces no solamente posiciones diversas sino incompatibles; parten de posiciones teóricas y metodológicas diferentes e incluso dentro de la misma disciplina hay concepciones totalmente incompatibles (el caso más famoso podría ser la polémica Einstein–Bohr sobre la interpretación de la mecánica cuántica)

Segunda. La pluralidad de las ciencias no puede dejarse de lado desde una perspectiva reduccionista situando a la física como la perspectiva más adecuada para pronunciarse sobre esta cuestión. Los químicos, por ejemplo, podrían aducir, y con buenas razones, que las categorías propias de su disciplina (los elementos químicos) son los más apropiados para reconstruir el mundo en que vivimos. Además, en el supuesto que otorgásemos a los físicos el derecho a decidir es seguro que no se pondrían de acuerdo. Debiera ser motivo suficiente para eludir el cientifismo la ausencia de una teoría unificada en la física (pues la teoría de cuerdas está lejos de alcanzar el consenso requerido) capaz de integrar la teoría general de la relatividad y la mecánica cuántica.

Tercera. Porque aunque diéramos a la mecánica cuántica (por ser la ciencia de las partes más pequeñas y partiendo del supuesto de que lo complejo puede reconstruirse a partir de sus partes) en su versión ortodoxa –interpretación de Copenhague- la autoridad para precisar la respuesta buscada, sus soluciones distan mucho de ser satisfactorias: el problema del observador es un problema no resuelto pues cualquiera de sus soluciones acarrea las más extrañas paradojas; el status ontológico de la función de onda (que viene a sustituir a las viejas “partículas”) es muy confuso (el mismo Bohr señala que la función de onda debe entenderse en un sentido “simbólico”); la existencia de mundos múltiples y de variables ocultas sigue siendo objeto de controversia etc.

¿Se deduce de todo lo anteriormente expuesto que debemos prescindir de la ciencia para abordar la cuestión ontológica fundamental Pues tampoco. A pesar de todo lo dicho si las ciencias alcanzan buenos resultados, y lo hacen, es porque sus premisas y presupuestos no están desencaminados. Si partieran de una concepción completamente equivocada de la Realidad no podrían transformar el mundo de la manera en que lo hacen.

El error de las ciencias consiste en pretender ser la única respuesta.

Lo que no podemos –o no debemos- hacer es medir otras respuestas con el rasero de la ciencia, habida cuenta de las contradicciones apuntadas. Tampoco defiendo el “todo vale”, ni la ausencia de criterios.

Paul Feyerabend plantea en un capítulo de su último e inconcluso libro, La conquista de la abundancia, la pregunta que ha dado pie a esta entrada: ¿Son más reales los átomos que los dioses olímpicos? “Claro que sí”, responde el ilustrado ciudadano del siglo XXI, “¿acaso no avala la ciencia y toda la tecnología que de ella se deriva la existencia de los átomos mientras que de las otras presuntas realidades no tenemos prueba alguna?” La modernidad ha decretado que los dioses homéricos o el dios cristiano no son más que ilusiones, proyecciones de la mente humana que carecen de un fundamento objetivo.

Ante un argumento semejante cabría argüir, en primer lugar, que, tal y como entendieron la mayor parte de los contemporáneos de Demócrito, no hay nada evidente en la existencia de los átomos. Es una cuestión de perogrullo: no observamos, ni tenemos experiencia alguna que avale la existencia de los átomos. “¡Alto ahí!”, clamará el cientifista, “aunque no podamos observar directamente los átomos, ello no significa que no tengamos experiencia alguna de ellos, porque pueden ser detectados mediante alguna de las técnicas de investigación actuales, por lo tanto no son en rigor inobservables, pues de ellos dependen ciertos efectos indirectos —espectros en una cámara de burbujas, polarizaciones, etc. — que hacen necesaria su existencia por vía de la suposición.” Ahora bien, replicamos, esto supone poner, por así decirlo, el carro delante de los bueyes: ¿cómo interpretamos los resultados que nos suministran estas técnicas? ¿qué marco explicativo está detrás de la construcción de tales aparatos? Los datos, como las intuiciones kantianas, son ciegos, solo alcanzan inteligibilidad bajo el auspicio de una teoría… ¿qué teoría? La teoría atómica, por supuesto: el barón de Münchhausen levitando tirándose de la coleta.

Además la ciencia moderna decreta que los átomos en realidad no son “átomos”, puesto que están compuestos de otras partículas más elementales -los quarks- Ahora bien resulta que estas partículas no son “partículas” sino otra cosa que carece de extensión, de tal manera que es imposible dar cuenta de las propiedades macroscópicas de las cosas (mesas, sillas…) a partir de las propiedades microscópicas de las partes que los constituyen. ¿Es realmente evidente la existencia de los átomos?

¿Debemos, por tanto, rechazar la existencia de los átomos? Tampoco; negar la existencia de los átomos no sería muy sensato puesto que el ordenador que ahora mismo estoy utilizando para escribir este texto (y toda la tecnología contemporánea) presupone la existencia de los mismos. Es razonable creer en aquellas entidades en las que se sustenta la moderna civilización postindustrial, pero ello no implica negar la existencia de otras entidades que fueron –o son- claves en la existencia de otras sociedades que alcanzaron -o alcanzan- buena parte de su objetivo, que siempre es el mismo: llevar algo de bienestar, prosperidad y felicidad a sus miembros.

El chauvinismo cientifista es manifiestamente miope: ¿acaso toda la humanidad que nos ha precedido (o al menos, toda la que ha vivido al margen del paradigma científico actual) ha vivido una ilusión? ¿Vivieron todos los griegos en la ignorancia? ¿Sabe más de la Realidad un graduado en la ESO que el viejo Platón? Dentro de doscientos años, por ejemplo, cuando el paradigma científico sea otro, o no haya eso que llamamos “ciencia” ¿habría que concluir que nuestro mundo actual es una ilusión, qué los humanos que vivieron en el siglo XXI no sabían nada de la vida y que es ahora, en el siglo XXIII cuando sabemos en verdad qué es lo Real?

Feyerabend plantea, y antes que él William James, que todas aquellas entidades que han sido altamente significativas y valiosas para la vida de mucha gente que ha transitado -o transita- por la vida habiendo satisfecho razonablemente sus expectativas de felicidad…efectivamente existieron -o existen- . O al menos debiéramos otorgarles una existencia semejante a la que damos a los átomos. La verdad es que igual que ocurre con el caso de los átomos apenas podemos estar seguros de nada y reconocer la propia ignorancia, al modo socrático es la condición previa para llegar a algún puerto.

Lo que sostengo no es especialmente original, muchos filósofos han defendido algo semejante. Lo que defiendo es que la Realidad es inalcanzable, es una idea límite que no puede ser precisada, ninguna filosofía puede agotar o dar cuenta del Ser porque se manifiesta de modos diversos y ninguna de sus manifestaciones puede identificarse con Él.

Algo semejante plantearon los más grandes filósofos: Platón con la idea de Bien, que al identificarlo con el sol nos recuerda a los mortales ícaros que no debemos acercarnos demasiado; Aristóteles, que señala que todas la cosas están compuestas de una morphé inteligible, pero también de hyle, materia primera que es absolutamente indeterminada, pura potencialidad. Por otro lado también nos advierte contra la tentación de conocer el Acto Puro pues este es una inteligencia cerrada sobre si misma y, por tanto, inalcanzable, más allá de la ingenua ambición del intelecto humano. Un caso especialmente interesante y menos conocido es el de Pseudo Dionisio Areopagita (ente los siglos V y VI d. C.), que fue un neoplatónico y místico bizantino que ejerció una considerable influencia en la constitución de la escolástica medieval. Según él, Dios era inefable e inalcanzable, solo podías conocer algunas de sus emanaciones, que surgen de de Él, la luz en primer lugar y después las formas inferiores hasta llegar a la materia. Del mismo modo Spinoza afirmaba que Dios era una sustancia de infinitos e inabarcables atributos, de los cuales solo podemos conocer dos: la extensión y el pensamiento. En el siglo XVIII, Hume afirmaba que nuestro conocimiento ha de limitase a las percepciones y Kant sostenía, como es sabido, que la realidad, el noúmeno, nos está vedado, que nuestro conocimiento ha de limitarse al fenómeno; y, finalmente, ya entre nosotros, tanto Eugenio Trías como Gustavo Bueno vienen a coincidir, cada uno por su propio camino, en esta tesis de la inconmensurabilidad del Ser y la necesidad de conformarse con un conocimiento parcial e incompleto de la Realidad.

La lista no pretende ser exhaustiva, ni mucho menos: la mayor parte de los filósofos, excepto los más furibundos racionalistas y positivistas, aceptan la esencial precariedad del conocimiento humano, especialmente en lo referido a los asuntos ontológicos más básicos y fundamentales. No por ello es inevitable caer en el más profundo escepticismo, como no lo han hecho ninguno de los pensadores citados. Tampoco abogo por abandonar por irresolubles las preguntas ontológicas y centrarse en aquello “que pueda ser dicho”, (por utilizar la expresión de Wittgenstein) creo más bien que la ontología es, como señaló el profesor de Königsberg, una ilusión trascendental y necesariamente debe ser planteada.

Así pues la cuestión, tal y como yo lo veo, queda planteada en los siguientes términos:

1. Desconocemos la naturaleza última de lo Real
2. Tal desconocimiento no es circunstancial.
3. El plantearse preguntas (y respuestas) ontológicas forma parte de nuestra naturaleza. El escepticismo es una postura biológicamente insostenible.
4. Por lo tanto es necesario manejar alguna noción del Ser, formular alguna ontología.

Todo este texto gira en torno a una lectura – la obra póstuma de Feyerabend- y a una intuición, una metáfora: ¿y si el Ser es como el Dios de Calvino? Sabemos que para Calvino los designios de Señor son inescrutables, que no lo podemos obligar a responder a nuestras oraciones, que nunca estaremos seguros si hemos hecho lo suficiente y si estamos destinados a entrar en el reino de los cielos… pero hay señales. Debemos aprender a reconocerlas: si un cristiano tiene éxito en los negocios, muestra fortaleza, perseverancia, valor y espíritu de sacrificio es más probable que sea elegido que otra persona que carece de tales cualidades.

Con la ontología pudiera pasar algo parecido. Desde esta perspectiva podemos afirmar que el enfoque científico característico de nuestras modernas sociedades lleva la marca de “la gracia divina” porque ha generado las “señales” apropiadas: una sociedad capaz de aumentar significativamente la esperanza de vida de las personas, ha mejorado su salud, combatido con éxito la mortalidad infantil, progresado en la igualdad de derechos de todos –y todas- , generado bienestar material etc. Todo ello no es una garantía absoluta de que las categorías que fundamentan la sociedad occidental efectivamente sean verdaderas, esto es, designen con propiedad al Ser, pero es una señal de que no andan muy desencaminadas.

Según el enfoque científico el Ser debe ser considerado desde una perspectiva materialista: ¿qué quiere decir esto? Feyerabend viene a decir que la materia es una de las manifestaciones que el Ser puede adoptar, si le preguntamos a la Naturaleza pertrechados tras un importante aparato lógico-matemático y armados con los modernos aparatos tecnológicos. El Ser nos responde como si fuera estrictamente material. Aun así no deja de mostrarse misterioso y hasta burlón: ora se muestra como partícula, ora como onda, ora se muestra determinado, ora indeterminado…

Ahora bien, otras sociedades también han tenido éxito en el pasado: los griegos lograron construir una sociedad y una cultura donde encontraron calor y seguridad, en ella nació la ciencia, la filosofía y la democracia. Sus ciudadanos la consideraron tan digna de respeto que no dudaron en sacrificar sus vidas por defenderla y en ella habitaban los dioses: Zeus, Apolo, Afrodita… ¿No existían? ¿Por qué? Eran tan reales para los griegos como lo son los átomos para nosotros y tenían tan buenas razones como nosotros para afirmar su existencia.

El calvinismo ontológico que propongo sostiene que:

1. El Ser es inescrutable, inconmensurable y hasta inefable.
2. Sin embargo se nos manifiesta de diferentes formas.
3. Ninguna de esas manifestaciones agota al Ser, ni puede ser identificado con Él
4. Cualquier entidad que suponemos como existente presupone un marco teórico socialmente implantado.
5. No todos los marcos teóricos son iguales.
6. Algunos marcos o enfoques llevan la “señal” de la “gracia divina”: El éxito. No solo material, en el sentido de generar suficientes bienes de consumo; sino también “espiritual”, en el sentido de procurar las condiciones bajo las cuales las personas puedan aspirar a encontrar cierta felicidad - ¿la ataraxia epicúrea?-.

La verdadera dificultad estriba en determinar cuáles son los marcos, enfoques o culturas “exitosas”.

Los antropólogos nos enseñan que el etnocentrismo es la actitud “natural” de todas las personas: tendemos a pensar que nuestras costumbres y creencias son las buenas y naturales y las de otros pueblos equivocadas o bárbaras. Pero el etnocentrismo, como el nacionalismo, se cura viajando y, por ello, está más fundamentada la opinión que sobre la propia cultura tiene el individuo que ha viajado o que conoce otras formas de vida y otros modelos que aquel que vive inmerso en su marco cultural (por lo mismo un antropólogo es alguien más capacitado de lo que están dispuestos a admitir algunos filósofos para terciar en el debate sobre la verdad). En este sentido no podemos situar en el mismo plano la natural preferencia por lo propio en el caso de los griegos, los chinos o los occidentales –que conocían o conocen otras formas de vida- que en el caso de los nuer, los yanomami o los hopi –que viven encerrados en su propio mundo-.

En cualquier caso admito que no es en absoluto fácil determinar cuales son los marcos, enfoques o culturas que favorecen la continuidad y calidad de la vida humana, pero creo sinceramente que este es el meollo del asunto y que habría que tener en consideración algunas variables que, con ciertos reparos, podríamos calificar como objetivas, tales como: la esperanza de vida, la mortalidad infantil, relación entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio, el reparto de la carga de trabajo etc.

Después de tan largo viaje, al final, volver a Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”. Pues claro.

29 comentarios:

  1. Una entrada impresionante Oscar, mis felicitaciones.
    No tengo mucho tiempo pero me gustaría hacer algún comentario. Lo que vienes a defender lo suscribo prácticamente punto por punto salvo en un asunto: el concepto mismo de conocimiento. Muestras una visión referencialista del conocimiento y por eso planteas el problema de cuál es el marco teórico que más se acerca a la realidad. Añades a esto que hay algunos acercamientos más efectivos y, por lo tanto, más "verdaderos", más acertados.
    Lo que yo creo es que el conocimiento no puede ser concebido de manera general como una representación y por eso surgen problemas cuando se trata de tomar este criterio como mecanismo de contrastación. Ocurre más bien que cada marco teórico es una herramienta que desde sí misma define sus propios objetivos, su propia utilidad (al menos inicialmente) y solamente en base a esto puede ser juzgada. Un marco teórico que sirve para hacer algo que queremos hacer nos hace preferirlo frente otro marco que no nos permite hacer eso que queremos. Por eso el platonismo no es bueno a la hora de curar el cáncer, pero puede serlo en otros ámbitos.
    (no me explico, pero no tengo tiempo)

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  2. Gracias Edu. Como puedes ver los viajes a Madrid y las conversaciones con los amigos son siempre fructíferas.

    Lo que apuntas lo has desarrollado en varias ocasiones y básicamente estamos de acuerdo: yo también defiendo una noción instrumental del conocimiento.

    Pero he planteado el texto más como una indagación semántica acerca de algunos términos: ¿qué significa “átomo” o “Zeus”? como pretenden referir algo real el enfoque referencialista se hace necesario aunque sea finalmente para negarlo porque no son más o menos verdaderos en función de la fidelidad de la copia respecto a un original que pretenden retratar. (no sé si me explico, pero tampoco tengo tiempo)

    Saludos

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  3. Sigo, que me he expresado muy mal.

    Lo que quiero decir, Edu, es que he intentado esbozar una ontología y, claro, la función referencial es obligada. Si quieres apuntar a algo de lo que hay, debes utilizar nociones (átomos, dioses…) que pretender representar la realidad (otra cosa es que no lo hagan, lo consigan plenamente o solo en parte).

    Así todo creo entender lo quieres decir, pero entiende que aquí hay un problema. ¿Cómo elaborar una epistemología no referencialista desconectada de toda ontología? Porque las herramientas, si son útiles, “conectan” con la Realidad… ¿Qué realidad?

    Saludos

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  4. Bueno... creo que apuntas a la cuestión fundamental de filosofía contemporánea. Si nos limitamos a elaborar ontologías en las que una substancia es sustituída por otra no salimos del mismo modo de pensar: el modo de pensamiento que considera que el ser se remite a objetos (de la clase que sea). Este tipo de filosofía se limita al pensamiento de lo óntico pues confunde al ser con alguna clase de superente (adivinaste ya, supongo, que hablo desde Heidegger). Estas filosofías traen consigo multitud de problemas pero me remito a uno fundamental: al primar lo óntico sobre lo ontológico se da preeminencia a una de las dimensiones de la temporalidad, el presente. Es así porque lo óntico, el ente, la substancia puede ser también considerada como "presencia". Y si confundimos lo que es con un almacen de entes corremos el riesgo de considerar también que estos entes están a disposición nuestra, en cuyo caso el pensamiento se vuelve cálculo y manipulación. Las cosas no se dejan ser, sino que se manipulan y el mundo deviene en un conjunto de entes dispuestos a ser transformados. La voluntad finalmente se convierte en la raíz misma del mundo manipulable.
    El problema central de la filosofía es, por tanto, elaborar una ontología no substancialista, un modo de pensamiento que no remita el pensar y la acción a un conjunto de cosas. ¿Es posible eso?
    .....
    -Yo pienso que sí.

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  5. Impresionante Oscarm me has dejado alucinado.Yo siguiendo con mi rollo de Castrodeza, planteo si no es la biología la ontología desde la que debemos asomarnos al mundo, no una biología de laboratorio u observación etológica, sino el marco del que el Ser está en el mundo.Por supuesto, así nuestro conocimiento solo puede ser instrumental, pero también como dices lo referencial resulta inevitable. Y además comulga la aspiración a la autenticidad del ser, no mecánica, puesto que el fenotipo lo es todo menos previsible( es un ser forjado en un ambiente), pero al mismo tiempo debe instrumentalizar su ambiente, porque si no dejaría de filosofar y se lo comería un tigre

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  6. Muy interesante todo, desde la puesta en cuestión hasta las dificultades e intentos de sortarla. Ahora no puedo lanzarme a ver esto en detalle, pero no quería dejar de manifestar mi agrado por el tema y el tratamiento que ha recibido del "provocador" y de los "provocados" (entre los que me incluyo).
    A ver si el domingo saco un rato y lo releo todo con detenimiento con vistas a aportar alguna cosa.
    Un abrazo.

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  7. Gracias Santi y Carlos.

    Santi lo que apuntas me suena a darwinismo puro y duro...pero seguro que quieres decir algo más...¡a currar!
    Saludos.

    Pdt me ha gustao lo del fólosof y el tigre, parece una parábola, como la de Tales y el agujero

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  8. Muy interesante, Óscar. La verdad es que lo explicas de una forma muy clara y evvidiable.
    por mi parte, lo que me insatisface es que no creo que todo conocimiento se vuelque definitivamente en el hacer. La concepción técnica del conocimiento me parece no dar cuenta de todo lo que llamamos pensamiento; seguramente sea una cuestión de que deja fuera una dimensión que escapa incluso a lo cognitivo, y que es la búsqueda de comprensión y significado, que no encaja en la categoría de programa técnico al servicio del hacer cosas. Hay una parte importante de nuestro pensamiento dedicada a la construcción, pero otras que emanan de la misma capacidad para no hacer, sino para procurar habitar (incluso aquello previamente hecho). Este habitar, creo, excede la capacidad técnica porque se propone encontrar significados, comprender la realidad y hallar en ella un sentido.

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  9. Me parece estar rodeado de heidegarianos por todos los lados...¡socorro!... ¿Será contagioso?

    Es broma, claro, gracias por el comentario Borja
    Saludos

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  10. Ahora más en serio. Me llama la atención que Edu y tú, Borja, utiliceis un planteamiento y un léxico muy similar (entiendo que de raiz heideggariana) para llegar a conclusiones, no sé si atreverme a decir contradicctorias:la defensa del conocimiento como herramienta -conocimiento instrumental- o como búsqueda del sentido (si lo he entendido bien, que puede que no)

    ¿Cómo es posible?

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  11. Sepptembrini6/3/10 1:30

    Buena entrada Oscar.

    No pretendo una contestación, solo un calambre de palabras que pretenden caotizar todas las teorias al respecto.

    La coda hila todo con los siglos.

    Tengo la suerte de sentirme arrastrado por el ensueño de la inspiración parnasiana, más libre y desbordada que la condicionante impostura del método. Soy, a la postre un filósofo a la sombra de la literatura, que mira de reojo el jardín de la Academia, o el perro que vuelve a la tinaja tras olisquear el quicio de tan sublime institución. Qué tendrán las palabras que a poco que uno se ponga se empeñan en tener un significado.

    La ciencia pretende comprender la Realidad, intentando explicar el Mundo. Mundo y Realidad no son lo mismo. El Mundo es la porción de la Realidad que nos compete y con la que, en cierta manera, podemos interactuar. Nuestro Mundo, casi se ha comprobado, no representa más que el 10% de la Realidad existente. Y digo nuestro porque nosotros lo hemos conquistado, lo gestionamos, lo manipulamos... y recreamos en un ensueño de realización.

    Bueno, es decir, eso que llamamos, átomos, electrones, quarks, energías, no representa más que el 10% de lo existente en el Universo (que además no sabemos si es el único). Al resto se le denomina materia oscura, incluso antimateria ¡un 90%!, con la que la ciencia se topa de manera transversal, pero todavía en forma incapaz de enfrentarse a ella. Y eso sin tener en cuenta todo el material psíquico y lingüístico que aflora como un hongo sobre la materia inconmovible.

    Otros problemas son quizás algo más simples, pero no por ello menos importantes, como el de la incertidumbre. La Ciencia no podría explicar la Realidad porque esta, aun siendo un mísero 10% de un total ignoto, sigue siendo inconmensurable. En otras palabras, para la Ciencia, que ha de predecir, le resulta fácil averiguar dónde caerá la bala quee un cañón dispara desde tal y tal sitio, o cuando aparecerá en nuestro cielo un meteorito tras su viaje inter-espacial, pero se siente incapaz de predecir la trayectoria y situación final de todas y cada una de las partículas en las que se descompondría un átomo al desintegrarse porque hablamos de millones de “proyectiles” diseminados por un efecto que, además, puede desencadenarse de manera aleatoria en cualquier partícula en situaciones impredecibles.

    La Ciencia no podría abarcar contexto tan enorme..., o sí, por medio de la probabilidad y la estadística, y la realidad virtual (aunque esta debería denominarse Mundo virtual, lo de “realidad” es porque levanta demasiada pasión).

    Quizás recreando una Realidad comprensible, tengamos que conformarnos con un Mundo explicable. Porque otro de los problemas de la Ciencia es que tiene un límite forzoso y formalizado, el denominado “al uso” punto cero o “Big Bang”, el gran comienzo. ¿ Lo que había antes sólo puede ser literatura, o simplemente aceptar que no había nada ?. Pero, quizás, no haga falta explicarlo todo para llegar a una comprensión de la Realidad.

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  12. Sepptembrini6/3/10 1:36

    Otro de los problemas de la Ciencia es de tipo ideológico, o mejor dicho, simplemente humano. La ciencia avanza por paradigmas, y los paradigmas se encaminan, como verdaderas sectas, hacia campos tan especializados que al final, aunque en su “huerto” funcionen correctamente y den “frutos”, cuando se juntan terminan resultando antagónicos o contradictorios, por ejemplo, teoría de la relatividad general con la teoría cuántica, y con la teoría de cuerdas también llamada “cajón de sastre”.

    La Ciencia necesita de una Teoría Unificada si quiere ser comprensiva de la Realidad y no explicativa de Mundos (no es lo mismo el Mundo de los Planetas que el Mundo de los átomos, como no es lo mismo el Mundo de los átomos que el de los mamíferos o el de los parásitos o el de los virus informáticos).

    Otro de los problemas de la ciencia es que tiene que explicar los modelos observados con herramientas y estructuras epistemológicas que tienen la misma sustancia que aquello que se observa, es decir, que para observar átomos, necesitamos herramientas construidas con átomos, y como los átomos interactúan entre ellos, puede no ser muy ético – el deseo y la lujuria se dan la mano -, o incluso contraproducente.

    Eso ocurriría con mayor frecuencia en “ciencias” que intentan explicar al hombre desde el hombre. Desde un punto de vista meticuloso, habría que dejar este estudio a los chimpacés o a los delfines...., o a inteligencias virtuales de silicio en un futuro, cosa que nos colocaría en la tesitura más dramática en la que se habría visto el género humano desde que tuvo que optar por compartir pastos con otros homínidos o simplemente cargárselos y comérselos, es decir, salir de una vez por todas del Paraíso Originario, y colocarnos de una vez por todas en nuestra casilla dentro de este 0,00005 % (dato inventado, como la ecuación E=Mc2) de Realidad que son los organismos vivos, y conformarnos con explorar nuestro “Mundo”, mientras inteligencias más cualificadas (puede que incluso independientes de nosotros mismos), nos expliquen nuestro “Mundo” dentro de la Realidad vedada.

    A mi entender, aunque todos los datos parecen catastróficos, en el sentido originario de holocausto, y por mucho que nos esforcemos, siempre se debe postergar para un mañana indefinido la idea de una explicación de la Realidad, aceptar este hecho. Relativizar las perspectivas, convertirnos en utilitaristas, no puede llevarnos más que al desencanto y al nihilismo, que ya no produciría una consolación de un Mundo “tan solo” Humano, sino que pervertiría ese mundo creando ficciones o ensoñaciones pragmáticas que, como el opio, nos conducirían yugados hacia el final de nuestros días con una tontorrona sonrisa de oreja a oreja. Los científicos serios saben a ciencia cierta que aún no saben nada, que lo que han hecho hasta ahora sólo es florilegio. Y qué, hay que seguir adelante hasta topar..., porque la ciencia funciona topándose con los fenómenos.

    Crear discursos que funcionan, aceptar que su fin último es que funcionen, cuando esa funcionalidad es tan restrictiva como que sólo sería útil para una realidad efectiva de un 0,0000000005 % de la Realidad, es decir, para una sociedad específica en un momento histórico determinado, lo que nos lleva a un 0,00000000000000000000000005 % de la Realidad, es “tan poquita cosa”, que parece no merecer la pena tanto gasto de energía para tan ridículos resultados.

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  13. Otro de los problemas de la Ciencia es de tipo ideológico, o mejor dicho, simplemente humano. La ciencia avanza por paradigmas, y los paradigmas se encaminan, como verdaderas sectas, hacia campos tan especializados que al final, aunque en su “huerto” funcionen correctamente y den “frutos”, cuando se juntan terminan resultando antagónicos o contradictorios, por ejemplo, teoría de la relatividad general con la teoría cuántica, y con la teoría de cuerdas también llamada “cajón de sastre”.

    La Ciencia necesita de una Teoría Unificada si quiere ser comprensiva de la Realidad y no explicativa de Mundos (no es lo mismo el Mundo de los Planetas que el Mundo de los átomos, como no es lo mismo el Mundo de los átomos que el de los mamíferos o el de los parásitos o el de los virus informáticos).

    Otro de los problemas de la ciencia es que tiene que explicar los modelos observados con herramientas y estructuras epistemológicas que tienen la misma sustancia que aquello que se observa, es decir, que para observar átomos, necesitamos herramientas construidas con átomos, y como los átomos interactúan entre ellos, puede no ser muy ético – el deseo y la lujuria se dan la mano -, o incluso contraproducente.

    Eso ocurriría con mayor frecuencia en “ciencias” que intentan explicar al hombre desde el hombre. Desde un punto de vista meticuloso, habría que dejar este estudio a los chimpacés o a los delfines...., o a inteligencias virtuales de silicio en un futuro, cosa que nos colocaría en la tesitura más dramática en la que se habría visto el género humano desde que tuvo que optar por compartir pastos con otros homínidos o simplemente cargárselos y comérselos, es decir, salir de una vez por todas del Paraíso Originario, y colocarnos de una vez por todas en nuestra casilla dentro de este 0,00005 % (dato inventado, como la ecuación E=Mc2) de Realidad que son los organismos vivos, y conformarnos con explorar nuestro “Mundo”, mientras inteligencias más cualificadas (puede que incluso independientes de nosotros mismos), nos expliquen nuestro “Mundo” dentro de la Realidad vedada.

    A mi entender, aunque todos los datos parecen catastróficos, en el sentido originario de holocausto, y por mucho que nos esforcemos, siempre se debe postergar para un mañana indefinido la idea de una explicación de la Realidad, aceptar este hecho. Relativizar las perspectivas, convertirnos en utilitaristas, no puede llevarnos más que al desencanto y al nihilismo, que ya no produciría una consolación de un Mundo “tan solo” Humano, sino que pervertiría ese mundo creando ficciones o ensoñaciones pragmáticas que, como el opio, nos conducirían yugados hacia el final de nuestros días con una tontorrona sonrisa de oreja a oreja. Los científicos serios saben a ciencia cierta que aún no saben nada, que lo que han hecho hasta ahora sólo es florilegio. Y qué, hay que seguir adelante hasta topar..., porque la ciencia funciona topándose con los fenómenos.

    Crear discursos que funcionan, aceptar que su fin último es que funcionen, cuando esa funcionalidad es tan restrictiva como que sólo sería útil para una realidad efectiva de un 0,0000000005 % de la Realidad, es decir, para una sociedad específica en un momento histórico determinado, lo que nos lleva a un 0,00000000000000000000000005 % de la Realidad, es “tan poquita cosa”, que parece no merecer la pena tanto gasto de energía para tan ridículos resultados.

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  14. Sepptembrini6/3/10 1:39

    Pretender reducir, por ejemplo, la Ciencia a un generador de felicidad, entiéndase vivir más y mejor, ampliar o reducir el pecho de las hembras o el pene de los machos, comer cocido vaporizado con espuma de ajos y morcillas, mejorar las sondas anales para las prospecciones intestinales de nuestra ITV anual, llegar a Valladolid desde Madrid antes de que el riñón filtre la cafeína del desayuno tomado en la Estación de tren de origen, tener la oficina a trescientos metros de altura respecto al nivel del suelo en donde tengo aparcado el coche lo que me hace sentirme más poderoso, acabar con la depresión y temores con un cóctel milagroso de pastillas, elegir no ser mamá o ser mamá de una cosa fabricada en los engranajes de mis insatisfacciones, calcular con precisión centesimal la hora en la que he de ir al baño a defecar....

    La Ciencia ha de ser intransigente en cuanto ha de aspirar a comprender la Realidad, y no sólo explicar el Mundo. Precisamente recoge el testigo de la Filosofía en cuanto esta llega a ese noúmeno o motor inmóvil, impenetrable, etc. La Ciencia sabe que ese Noúmeno, si se le persigue, abre sus piernas y hace emerger fenómenos que pueden ser explicables, y cuantas más explicaciones tengamos, más cerca estaremos de la comprensión universal, o de percibir la Realidad. Querer desligarse de la Realidad para explicar el Ser, sin darse cuenta que el Ser no deja de ser un bastardo de la Realidad, es un juego malabar que sólo puede explicarse desde la buena literatura.

    Esto no significa que la Ciencia deba convertirse en la Religión de nuestros días, aunque nos deslumbre con los milagros de implantes de caras de cadáveres sobre cráneos de vivientes, con planos de secuencias de ADN y producción de proteínas divinas o generadoras de vida, o con la concluyente demostración de que hay H2O en Marte y muy seguramente vida celular marciana congelada en ese H2O. Lo religioso se me antoja como ese alpinista que en medio del camino se planta, observa el paisaje, mira hacia arriba falto de fuerzas, y se consuela con el fantástico panorama que abarca, grandioso espectáculo inexplicable; y hace bien en no subir, porque la realidad es que en las más altas cimas de los montes no se ve una mierda de paisaje, tan solo nubes y horizontes difuminados...

    Porque si bien hemos dicho que la Ciencia debe aspirar a comprender esa Realidad que se le escapa a la Filosofía (y que fantasea la poesía o impone el mito y las religiones), la única manera que tiene de que esta Realidad suelte fenómenos no es otra que el imparable fuego graneado de la mente humana, en una inagotable esquizofrenia entre el instinto de permanecer y las ansias igualmente arraigadas de saber qué es esto en donde permanecemos, es decir, de explicarnos el Mundo que nos ha tocado por ser humanos y no una de entre las 600.000 especies de escarabajos hasta ahora descritas.

    La Filosofía debe de seguir queriendo ser ontológica, e intransigente en su empeño de comprensión, al igual que la poesía, o al igual que las diosologías reinantes..., pero sería un error convertirlas en consuelos. ¿Debe la Filosofía desentenderse de Prokofiev? Prokofiev es óntico, su 1ª sinfonía “Clásica” es óntica. Es cuántica, ¿Debe la física explicar la emoción de la fricción de un arco sobre unas cuerdas tensadas? ¿Debe el antropólogo sentirse en una sociedad exitosa o decadente...? ¿No desaparece la belleza de la sinfonía si la convertimos en ontología, en música, en el Ser de la onda sonora, que no suena?

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  15. Sepptembrini6/3/10 1:40

    Al igual que dentro de la Ciencia Einstein puede explicar el movimiento del Cosmos, pero no puede explicar el cambio de electrones de una valencia a otra, de la misma manera ni Einstein ni Bohr pueden explicar cómo entre medias de los planetas y las estrellas, estos morfos de átomos y polvo estelar que son lo hombres deciden que es menos asesinato quemar en la hoguera a un hereje que extirpar una mórula, cigoto o feto del útero de una hembra o del tubo de ensayo de un barbudo macho, o que es más totalitario un sistema político que otro porque uno coacciona desde un Ministerio y el otro desde las salas de juntas de las Direcciones empresariales correspondientes.

    La Filosofía puede y debe invertir su tiempo en comprender la Realidad, con el mismo empeño que lo hace la Ciencia, y hacerlo mediante la explicación de los Mundos que se le vienen encima en este acercarse a la Realidad. De la misma manera, debería saber retirarse de los Mundos que ya no explica, sino que manipula para segur sobreviviendo. Igual la Ciencia. Igual la Poesía. Igual la Religión.

    El problema epistemológico sería cómo darse cuenta de cuándo nuestros esfuerzos van más orientados a fabricar Mundos, o a mantenerlos, que a explicarlos. Y si esto es posible. O si esto es conveniente. Fabricar mundos, redactar esquelas.

    Porque otra cosa es que al igual que el Universo tiene un 90% de materia oscura, es igual el porcentaje de oscuridad que existe en el universo de la mente, del que sólo aflora un 10% de consciencia... Todo este esfuerzo de comprender la Realidad, en realidad, está en manos de tan solo un 10% de un total del 0,000000000000005 % de la Realidad emergida y explicable.... Tarea titánica, queridos todos, empresa gloriosa, amigos....

    Porque lo que necesitamos es comprender. Lo que nos descorazona es que a pesar de tener millones de datos y cientos de explicaciones, no comprendemos lo esencial, nos topamos con la ontología, en resumidas cuentas. Algo se escapa. Prueba suficiente para un sacerdote para seguir postulando al Sumo Hacedor, y al poeta para seguir versificando y cantando al amor...

    A veces, incluso la idea de no llegar jamás a comprender la Realidad no es del todo frustrante, sino eficiente. Al fin y al cabo, si lo importante es interactuar de tal manera que no perdamos la sonrisa, no es tan importante la Ontología Filosófica o la Realidad Científica, como la adecuación de los estímulos recibidos al nódulo cerebral capacitado para atiborrar el riego sanguíneo del receptor de endorfinas placenteras.

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  16. Sepptembrini6/3/10 1:41

    Hacer un esfuerzo intelectual, sin utilizar el intelecto, eso es lo que yo entiendo por intentar llegar al Ser desde algo que no sea parte del Ser. Eso en el arte pictórico se denominó surrealismo abstracto... ¡Manchas, impresiones, Nirvana! Nada, incluso el surrealismo abstracto tiene su conceptualización y cotización mercantil. Salirse del Ser. ¿Hay filósofos que lo necesitan? Imaginar. La filosofía como fabulación. Un consuelo, nada más.

    Creo, esto es necesario, que se salve la filosofía de convertirse en una metodología de la psiquiatría. Dice la Biblia que en el camino enrevesado está la verdadera dirección al Ser. Cuando uno se acomoda aparece la felicidad y la prueba máxima de que uno está en lo cierto. El hombre del medievo sabía que treinta años de buenaventura pueden terminar de un plumazo en pesadumbre por un caprichoso giro de la rueda de la Fortuna. El desdichado, sin embargo, puede acabar sus días sumido en las más dichosas bendiciones.

    ¿Es Occidente prueba de una civilización exitosa? Dos guerras mundiales y cientos de guerras neocolonialistas avalan tal certeza. Vivimos más para convertirnos en mercancía de asilos privados; nuestros hijos nacen sanísimos pero en entornos familiares desquiciados; los alimentos se conservan más, y tardan más en pudrirse en los vertederos en donde acaban sin haber sido cocinados; nuestros astronautas sueñan con pisar Marte mientras nuestros hermanos se asustan si han de salir de sus casas a la calle...

    Una filosofía sin referencias, escamotear el suelo en donde bailamos, por ahí se cuelan los santones, que suelen ser los que más bailan. Al pobre de Boecio hay que comprenderle: le iban a cortar la cabeza; a Hegel también, había que crear esa gran sala de baile que era Germania et alt.

    Coda:

    Lleva el frío de las fiebres en los huesos,
    Lleva el frío de las penas en el alma,
    Lleva el pecho hacia la tierra,
    Lleva el hijo a las espaldas...
    Viene sola, como flaca loba joven
    por el látigo del hambre flagelada,
    con la fiebre de sus hambre en los ojos
    con la angustia de sus hambres en la entraña.

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  17. Sepptembrini6/3/10 1:41

    Hacer un esfuerzo intelectual, sin utilizar el intelecto, eso es lo que yo entiendo por intentar llegar al Ser desde algo que no sea parte del Ser. Eso en el arte pictórico se denominó surrealismo abstracto... ¡Manchas, impresiones, Nirvana! Nada, incluso el surrealismo abstracto tiene su conceptualización y cotización mercantil. Salirse del Ser. ¿Hay filósofos que lo necesitan? Imaginar. La filosofía como fabulación. Un consuelo, nada más.

    Creo, esto es necesario, que se salve la filosofía de convertirse en una metodología de la psiquiatría. Dice la Biblia que en el camino enrevesado está la verdadera dirección al Ser. Cuando uno se acomoda aparece la felicidad y la prueba máxima de que uno está en lo cierto. El hombre del medievo sabía que treinta años de buenaventura pueden terminar de un plumazo en pesadumbre por un caprichoso giro de la rueda de la Fortuna. El desdichado, sin embargo, puede acabar sus días sumido en las más dichosas bendiciones.

    ¿Es Occidente prueba de una civilización exitosa? Dos guerras mundiales y cientos de guerras neocolonialistas avalan tal certeza. Vivimos más para convertirnos en mercancía de asilos privados; nuestros hijos nacen sanísimos pero en entornos familiares desquiciados; los alimentos se conservan más, y tardan más en pudrirse en los vertederos en donde acaban sin haber sido cocinados; nuestros astronautas sueñan con pisar Marte mientras nuestros hermanos se asustan si han de salir de sus casas a la calle...

    Una filosofía sin referencias, escamotear el suelo en donde bailamos, por ahí se cuelan los santones, que suelen ser los que más bailan. Al pobre de Boecio hay que comprenderle: le iban a cortar la cabeza; a Hegel también, había que crear esa gran sala de baile que era Germania et alt.

    Coda:

    Lleva el frío de las fiebres en los huesos,
    Lleva el frío de las penas en el alma,
    Lleva el pecho hacia la tierra,
    Lleva el hijo a las espaldas...
    Viene sola, como flaca loba joven
    por el látigo del hambre flagelada,
    con la fiebre de sus hambre en los ojos
    con la angustia de sus hambres en la entraña.

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  18. Sepptembrini6/3/10 1:45

    Nota:

    Se ha repetido el último corte, no sabia que esto tenia limite de tipos y me he hecho un lio considerable.

    Perdonar la extensión, ni el amigo Carlos, al que mando un abrazo.

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  19. He podido por fin) leérmelo todo y hasta tomar notas... y he encontrado tanto sobre lo que disentir (a veces en relación a ciertos ejes, otras en cuanto al detalle) que he decidido no ir a detalles. En todo caso, remito a mis 8 posts que escribí entre octubre y febrero bajo el título genérico de "Una lanza a favor del pensamiento occidental", en mi blog para el que tenga la paciencia de leerlo todo (la mía,v.g., nada del otro mundo para un filósofo para quien es más importante "enfrascarse" que "dormir un poco más un día"... je...).

    Oscar: la referencia a Feyerabend es iluminadora, pero hay muchas cosas más que dijo que podrían desdecir algunas "imprecisiones" que observo en tu discurso. Yo cito bastante a Feyerabend y apunto a varios de sus hallazgos (sin por ello aceptar muchas de sus conclusiones).

    Diré que hay que empezar por evitar la mezcla de lo que está en el lenguaje cotidiano y lo que permite un discurso riguroso y elucidatorio a la vez... lo que sin embargo nos remite de nuevo al problema en lugar de "solucionarlo". Me explicaré en breve:

    Cuando se habla de "La Realidad" el hombre se desliza hacia la identificación de la misma con "el afuera", con aquello que (o "todo" lo que) "siente" como "objeto" (o sea lo que no es "él": algo impreciso que siente ser). Es una primera y muy válida y justa operación intuitiva; un producto básicamente animal (resultado de la interacción entre iguales en donde "unos son más iguales que otros" y "se nutren" de ellos mediante capacidades más sofisticadas). Dejo esto para que sea rumiado o lo deba desarrollar en alguna réplica si acaso.

    Pero el "problema filosófico" (que remite de nuevo al problema y hasta lo sublima) es que "La Realidad" a la que debemos referirnos no es el simple reconocimiento de que "ahí hay algo" (que se nos opone, nos ayuda o nos sirve), sino... se trata de... El Conjunto de las Causas con las que queremos, debemos o nos inclinamos inevitablemente por nuestra idiosincrasia (animal-"superior") a "apropiarnos" (Hidegger sin duda aquí, pero no sólo) como FORMA de seguir sobreviviendo.

    (sigue...)

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  20. (...un poquito más sólo, esta vez...)

    Y ese es el "problema" o a así se evidencia y es el que se debe poner en el "lugar del estudio" (evitando perder el norte y apuntando hacia ese norte, que dejo aquí en nebulosa aunque yo creo cuál es... y crea que se intenta sistemáticamente de evitar, de negar, de ocultar, de tergiversar... por eso que Nietzsche llamaba "miedo", aunque yo creo que es o se ha convertido en "bastante más"). En breve: "el problema" es y debe ser el carácter de Realidad que es para el hombre, un carácter que es inseparable de su pretensión y pulsión a definirla, a poner como parte de ella "las causas", o "su causalidad". Y esto es algo que:
    (a) tiene un componente que se ha llamado "subjetivo" con la falsa idea de que "es" o "será" "superable" (que subyace en el cientificismo, y en su origen racionalista); (b) responde a una idiosincrasia que contiene "imperfección" "natural" y por tanto se excede y se queda corta a partes similares; (c) tiene un carácter grupal tanto como lo tienen los demás productos cultirales humanos y los productos de la abstracción, y por tanto responden a "intereses" ligados a la supervivencia y a la conservación de lo dado hasta el límite...

    Bueno, esto para abrir boca y plantear la cuestión en otro plano, es decir, "fuera" del plano racionalista en donde "tiene su propia función".

    Lo real es "objetivo" en tanto sabemos desde niños que ni se pueden atravesar las paredes ni se puede volar (salvo tecnológicamente). Pero esa no es la discusión filosófica ni lo fue nunca (aunque se mezcla para que todo sea más difícil y para que sigamos girando en torno al asumido y conlcluido rol "divino de la conciencia" que pretende que algún día conseguirá convertirnos en dioses -porque son los dioses los únicos que por definición están "más allá" de la realidad como para poder aprehenderla y jugar con ella-).

    En fin, ahí dejo mis apuntes que seguro requerirán igualmente más precisión, mejor lenguaje y más rigor que los expuestos.

    Un saludo (y que me digan si compro y qué un par de botellas en Macro mañana).

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  21. Alfredo,Carlos...apuntéis tantas cosas que no sé por donde empezar (además no tengo demasiado tiempo) así que intenaré ir por partes.

    Alfredo, lo primero que quiero decir es que tu comentario no merece serlo. Me explico has hecho una entrada no un mero comentario, deberías introducirla como tal.

    Respecto al contenido, estoy de acuerdo con parte de lo que planteas, especialmente la distinción entre Mundo y Realidad que me recuerda mucho a la de Bueno entre Materia ontológico general y Materia ontológico especial(Mi).

    LO que me choca es que primero haces una relación muy ajustada de los lìmites del conocimiento científico, pero en vez de asumir esos límites, le encomiendas la más alta tarea: el acceso a la Realidad. Es como decir que el Jerez tiene un equipo muy malo y que su deber es ganar la Liga.

    YO creo que la ciencia debe contentarse con ajustarse a la perspectiva utilitarista que desprecias. Es lo alguna vez apunta Edu: si tienes un arco será para lanzar flechas, no para convertirse en fetiche. con la ciencia , creo, que pasa lo mismo: vale para lo que vale, no más.

    (seguiré)

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  22. Sepptembrini6/3/10 17:27

    Oscar tienes razón, me puse a escribir y al ir a pegarlo como comentario me quede de piedra, y encima emborrone la página con las repeticiones. en todo caso ya era tarde para publicarlo como entrada y además derivaba de la tuya.

    Te agradezco, como a Carlos la paciencia de leerlo, joder.

    La contradicción que apuntas tal como lo interpretas, y es legítimo, es cierta. No lo es en tanto mi intención, abigarrar posturas como dice Edu poéticamente. Y porque eliminando políticas científicas, el ser de la ciencia, como el del escorpión es ser lo que es.

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  23. Sepptembrini6/3/10 17:31

    Se me ha pasado que también estoy de acuerdo en lo útil de la ciencia. Yo iba por una sobredimensión simbólica de ambas cosas, la utilidad y la ciencia.

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  24. Otras cosas que planteas Alfredo, me dejan perplejo en el sentido platónico de la palabra, rompen con algunas ideas previas y me hacen “rumiar” como diría Nietzsche. Es verdad que yo vengo a plantear en mi entrada que la Ciencia es o debiera ser algo así como una suministradora de felicidad y lo que apuntas es una buena réplica:

    “Relativizar las perspectivas, convertirnos en utilitaristas, no puede llevarnos más que al desencanto y al nihilismo, que ya no produciría una consolación de un Mundo “tan solo” Humano, sino que pervertiría ese mundo creando ficciones o ensoñaciones pragmáticas que, como el opio, nos conducirían yugados hacia el final de nuestros días con una tontorrona sonrisa de oreja a oreja.” (brillante lo de la sonrisa tontorrona)

    De ello deduces que la ciencia de be ser intransigente en su aspiración a comprender la Realidad y aquí ya tengo más dudas.

    Muy atinada también la crítica a occidente como civilización “exitosa”. Recuerda que en mi entrada yo manifiesto más dudas que certezas. Pero insisto, este es el meollo del asunto: si una civilización alcanza el éxito en términos de incrementar la felicidad de sus miembros, sus categorías ontológicas son “más verdaderas” que las de otra sociedad rival y fracasada.

    Saludos cordiales

    (Seguiré. En cuanto pueda te contesto Carlos, gracias por la espera )

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  25. Carlos, no estoy seguro de haberte entendido.

    Empiezas afirmando que no puede reducirse la Realidad a “lo que hay fuera” (con lo que estoy de acuerdo), pero a continuación propones una versión aún más restrictiva de Realidad al identificarla con “el Conjunto de las Causas”. Pienso que esta es precisamente la visón parcial de las ciencias sobre el Ser que habría de superarse desde una perspectiva más amplia.

    Saludos cordiales.

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  26. Aclaro el punto específico: poniéndome en el enfoque de las ciencias (y el racionalismo que las rige) es cuando se "cae" o se considera de hecho "la realidad" como el conjunto concatenado causalmente, lo que resulta una integración de lo abstarcto en el mundo como si fuera constitutivo de él. Lo "objetivo" se convierte así en lo que mejor cuadra a los modelos. Yo no sé ni sabría decir "qué es La Realidad". Hay una idea intuitiva de que es "lo que está ahí y de lo que formo parte", pero eso no alcanza para definirla ni aprehenderla. De ahí que en con Nietzsche entienda "la realidad" como "la representación" o "la apariencia", no porque crea que la subjetividad sea "objetivadora" sino porque no podemos "tener" otra realidad que la que se constituye reflexivamente en base a nuestra interacción en/con "lo próximo" (esto es, lo que en abstracto suponemos "parte del mundo").
    Hablar de otra cosa no es sino seguir y seguir "intentando" ponernos por encima de nosotros mismos.
    Un abrazo.

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  27. Alfredo, a ver cuándo te dejas de "largos comentarios" y nos sorprendes con un "post"

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  28. Carlos, por alusiones… había dejado estos comentarios porque no me veía capaz de aportar nada sustancial a lo ya dicho. Pero si se trata de hablar…hablemos.

    Tú última intervención me recuerda la distinción Kantiana entre fenómeno y noúmeno. Solo conocemos el fenómeno y todo intento de alcanzar el noúmeno es baldío. Pues bien, básicamente estoy de acuerdo… pero la ciencia, o al menos el cientifismo parecen empeñados en ir más allá y dar una descripción “verdadera” y “objetiva” de la realidad. Es justo esta pretensión la que critico. Si los científicos adoptaran una perspectiva humeana no habría nada que objetar. Lo malo de algunos es que hacen filosofía - lo cual no tendría porque ser malo de por sí- pero es mala filosofía, que mezcla en igual dosis ingenuidad y vanidad.

    ¿Qué quiere decir que la realidad es el conjunto de las causas? Si solo pretenden afirmar, al modo kantiano, que organizamos nuestra aprehensión de lo que hay en términos causales porque es algo propio de nuestra naturaleza… tendría algún reparo desde el punto de vista de la antropología cultural. Más bien habría que señalar que es nuestra cultura occidental –no otras- la que percibe y organiza lo real en términos causales. Pero no es eso; quieren decir algo a la vez más simple y más dogmático: que la realidad es lo que ellos – los científicos – dicen.

    Y eso si que no.

    Saludos

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  29. Oscar: desde mi propio punto de vista me siento en las antípodas de Kant al que califico de tres aspectos que rechazo: protopositivista, idealista, racionalista (el orden no es intencional ni significativo), pero no me extraña que se encuentren coincidencias "formales" porque las abstracciones de los hombres (mujeres incluidas, por si acaso hay que decirlo) tienen una base común: la necesidad de establecer relaciones causales estables. Lo que pasa es que, al margen de las posibles similitudes visibles "a primera vista", hay convicciones que se adquieren que acaban actuando como "apriorismos" en un discurso (son en realidad como "escalones"desde donde se parte sin consideración por los anteriores que se "interrogan" como si fueran digamos... je... "místicos" o algo así, o se "rellenan" directamente de mística).

    Por eso el mundo es en todo caso "representación" (ahora con Schopenhauer y Nietzsche y hasta Hidegger por lo que he podido leer hasta ahora, que es poco): no es que accedamos a una apariencia mientras hay algo detrás, sino que construimos el mundo como apariencia y como tal sólo tiene valor de objeto para el hombre (y la mujer, je...). Pero esto no significa que las cosas sean producto de mente alguna (Dios y el DI, la imaginación humana) en un sentido "material". El mundo, sea lo que sea, nos prescede y nos explica como conjunto de individualidades delimitadas que interaccionan, pero el mundo en tanto que descripción pasa a convertirse para su manipulación y para nustra orientación en objetos interrelacionados y causas, un mundo de causas. Y así, al margen de la eficacia mayor o menor de las narraciones según los juicios de los diversos grupos, circunstancias y tiempos (cuyas "leyes" de construcción van, a mi criterio, por "otro lado" por así decirlo), el cientificismo (que no es la práctica de la ciencia sino su derivado ideológico prototípico), no puede sino también tener una narrativa de tipo causal (incluso las apelaciones al azar no son sino una forma determinista de rellenar los huecos de un discurso causalista). Es cierto en ese sentido que el pensamiento occidental es de tal tipo en comparación con otros, pero el causalismo en téminos amplios es humano, muy humano.

    En fin, sobre estos temas me he esforzado hasta donde tenía conocimientos y capacidad produciendo el largo ensayo sobre el cientificismo, Kant en un extremo, Wittgenstein en medio, el posmodernismo al final... que puedes hallar si tienes paciencia en mi blog bajo el título "Una lanza rota por el pensamiento occidental" (8 entradas más o menos). Si el tema te interesa (y creo que sí, y si asumes la militancia anticientifista que no es sino una variante de la antodogmática a mi criterio) deberías leerlo, y yo estaría encantado de que me observaras las impropiedades que veas. En tal caso, je... te aconsejo que lo imprimas por capítulos. Es casi un leit motiv de mi enfoque general. Incluso tengo in mente publicarlo una vez revisado.
    En fin, gracias por la interesante respuesta.
    Un saludo.

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