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miércoles, 10 de abril de 2019

Alfabeto filosófico IV
Borja Lucena

Se trata de superponer dos niveles heterogéneos, el de la norma y el del caos, como si se tratara sólo del juego caprichoso de introducir un orden en lo que por sí no lo tiene. La rutina de los diccionarios. Transcribiré en el inflexible orden alfabético una serie de pensamientos, citas -sobre todo citas- u otras cosas inverosímiles que he ido apuntando al ritmo de lecturas, de conversaciones, de encuentros y desencuentros más o menos azarosos. 

Pero, en realidad, un diccionario constituye una de las formas más poderosas de apresar y sintetizar el universo de lo real, de jugar el juego del ser. Alinear un conjunto de palabras de acuerdo con la necesidad de un orden, pero abandonando cada una de ellas al albur del acaso y la contingencia, de modo que, en su sucesión, la previsibilidad de lo por venir en el orden alfabético se acompañe del absurdo en el sucederse de los significados. 

En el orden y la arbitrariedad de los diccionarios se da de manera inmediata e irrevocable la marca ontológica de todo lo que acontece, como si esa mezcla  de necesidad y contingencia, de orden y desorden, fuera el juego mismo que la vida, el mundo, la realidad juegan.


ACCIÓN: El respecto de la acción cobra en Hegel un status ontológico propio y diferenciado que distingue cuidadosamente los campos del ser y del actuar. De acuerdo con su posición, la negatividad conforma ambos campos, pero de formas diversas: en el ser posee la forma de la determinidad, es decir, la actividad de determinar cosas que niegan y ponen límites a cada una de las demás cosas que pueblan el espectro de lo que esta ahí. La actividad negativa sólo se presenta como un residuo, lo que ha quedado de la actividad de negar: sólo cosas que se limitan mutuamente determinando un ámbito propio y solidificado. La acción, al contrario, no toma esa forma cósica de determinidad, sino que es ella misma negatividad, la actividad de negar cualquier contenido fijo y la solidez de las determinaciones ya existentes. “La negatividad sólo es determinidad en el ser; pero el obrar no es en sí mismo otra cosa que la negatividad”. Hegel, Fenomenología del espíritu, V.C.a. El reino animal del espíritu y el engaño o la cosa misma 

BURGUESÍA: En la relación que establece la autoconciencia con el poder ella se encuentra con que lo que de primeras sabe -que en la comunidad y sus instituciones se encuentra su propia esencia- se ve refutado por darse en la forma de una universalidad que sólo es tal por suprimir el lado de la individualidad. La comunidad y su poder atesoran lo universal que es esencial a la autoconciencia, pero en una forma que diluye lo característico y particular del individuo; por esta razón, esa universalidad está aquejada del carácter tiránico de lo abstracto y no satisface al individuo en cuanto tal ni supone una real colmatación de su propio e insustituible ser: “(…) encuentra en el poder del Estado su esencia simple y su consistencia simple en general, pero no encuentra en el poder del Estado su individualidad como tal, es decir, encuentra su ser-en-sí pero no su ser-para-sí”. Sin la introducción del principio de la particularidad individual, lo universal del Estado se modela como represión de lo característico, como opresión de una autoconciencia obligada a dar la espalda a las exigencias de su cuerpo y alma individuales: “(…) en el poder del Estado encuentra más bien negado su hacer en cuanto hacer individual y [lo encuentra] sometido a obediencia”. La verdad de la burguesía, la verdad de la idea política y ética de la buena vida burguesa, se encuentra en esta reivindicación de la particularidad, esta revuelta contra el poder universal que opera arrollando las expectativas de realización y felicidad del sujeto individual. El sujeto burgués supone la realidad de ese sí mismo descentrado respecto al centro del poder, ese sí mismo expelido de lo universal, ese sujeto para el que lo universal no puede resultar satisfactorio por excluir la individualidad y sus fines y que, consecuentemente, busca la satisfacción por este lado: “Ante ese poder, pues, el individuo se ve reflectido en sí; el poder del Estado es para él el poder que lo reprime y, por tanto, lo malo; pues en lugar de ser lo igual, es lo absolutamente desigual a la individualidad”. Si lo universal refrena y reprime a la individualidad, ésta se vuelve hacia aquello que potencia e intensifica su sentimiento de sí y que promete hacer de cada uno un sí mismo pleno: “La riqueza [der Reichtum] (…) es lo bueno”. La riqueza, tal y como es instituida en el imaginario burgués, “tiende al goce universal, se entrega y procura a todos la conciencia de su sí mismo. La riqueza es bienestar universal en sí”. La conciencia burguesa, de acuerdo con esto, es la que capta la promesa presente en la riqueza, la esperanza en la plena realización del individuo a través del surtido de todos los bienes que erradican los obstáculos en el tránsito hacia la realización del sí mismo; además, esta promesa posee también la fe del infinito, la confianza en que lo esencial de la riqueza es la ausencia de límites y la capacidad de alcanzar la satisfacción de todas y cada una de las necesidades a pesar de que, contingentemente, no satisfaga todavía a todos: “(…) esto constituye una contingencia [eine Zufälligkeit] que no menoscaba para nada su esencia necesaria universal, que es comunicarse a todos los particulares y ser una donadora con miles de manos”. Aquí se enuncia, en suma, el ideal que soporta la frenética carrera por la multiplicación de los bienes, la fe desesperada en la productividad del trabajo y la maquinaria industrial: la riqueza, por su propia esencia, es algo que puede ser ilimitadamente multiplicado hasta satisfacer a todos, es la generosa donadora capaz de realizar una universalidad centrada en el individuo, en cada uno de los individuos, y que hace efectivo lo universal porque se puede extender sobre cada uno de los puntos que conforman el plano de la realidad social sin sofocarlos, como hace el poder del Estado. Esta fe en la riqueza la encontramos en la institución imaginaria de la sociedad de origen burgués. Tanto en Adam Smith como, en distinta forma, en Marx. Hegel, G.W.F., Fenomenología del espíritu, VI.1., El mundo del espíritu extrañado de sí, a., La cultura y su reino de la realidad.

COHERENCIA: “(…) Algunos aprecian la coherencia o congruencia como una prueba de honradez en la conducta o como una garantía de verdad en el razonamiento, pero, al cabo, tiene un punto de vanidad estética: vale poco más que la rima, pero es mucho más peligrosa”. Sánchez Ferlosio, R., Campo de retamas.

 DESEO: “(…) el deseo no es realmente tan interesante como pretende figurar. Lejos de ser ilimitado en sus posibilidades, las sorpresas emanadas del deseo son siempre las mismas, siempre predecibles y calculables”. Girard, R., Things Hidden since the Foundation of the World. 

ESPACIO-TIEMPO: “Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo”. Borges, J.L., El libro de arena.

FLEXIBILIDAD: “(…) el término flexibilidad se usa para suavizar la opresión que ejerce el capitalismo”. Sennet, R., La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo.

GOBIERNO: “Creo que con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos”. Borges, J.L., El informe de Brodie, prólogo.

HISTORIA: “La historia es mejor escribirla que vivirla”. Amat, J., La conjura de los irresponsables

ILUSTRACIÓN: En sus años de Tubinga, Hegel comienza a formular una crítica a la superficialidad de la Ilustración, en contraposición a la verdad de lo religioso: “Si una religión ha vinculado una eternidad a algo perecedero, y la razón, reteniendo sólo lo perecedero, clama: ¡superstición!, es su propia culpa haber procedido superficialmente, inadvirtiendo lo eterno”. Fragmento de Tubinga, citado en: Ripalda, J.M., La nación dividida.

JUNIO: Por junio pasa la noche de puntillas. 

LIBERACIÓN SEXUAL: “Es chocante comprobar que a veces se ha presentado la liberación sexual como si fuera un sueño comunitario, cuando en realidad se trataba de un nuevo escalón en la progresiva escalada histórica del individualismo. Como indica la bonita palabra francesa ménage, la pareja y la familia eran el último islote de comunismo primitivo en el seno de la sociedad liberal. La liberación sexual provocó la destrucción de esas comunidades intermediarias, las últimas que separaban al individuo del mercado. Este proceso de destrucción continúa en la actualidad”. Houellebecq, M., Las partículas elementales

MAL (Y PERDÓN): El mal es irremediable en su existencia. El hombre no es, exclusivamente, un ser universal, sino que todo en él se sitúa en el terreno de la particularidad y tiene allí su morada. Esto quiere decir que siempre hay algo, en lo que obra, de lo que puede predicarse el mal. Pero no por ello la inacción lo libra del mal, como muestra el caso del alma bella. La no-acción del alma enjuiciadora es también forma de la acción. Hagamos lo que hagamos, en consecuencia, obramos mal, y retirarse de la acción no redime de los males de la acción. Mal y ser humano son indisociables. Sólo las piedras son inocentes, nos dice Hegel. La tematización del mal al final del capítulo VI de la Fenomenología transmite una lectura filosófica de la caída y el pecado original, pero, a la vez, la pretensión (teológica) de asumirlos y apuntar a la restauración de una comunidad para la cual no sean obstáculos insalvables. La confesión y el perdón de los pecados son los únicos modos de restañar la condición abyecta, caída, de toda acción y vivir humanos; sólo en el perdón, como también recoge Hannah Arendt, podemos librarnos del peso insoportable del pasado para iniciar cosas nuevas. El perdón corta la cadena de hierro de las consecuencias y emancipa al sujeto de sus acciones pasadas, hace soportable la caída; lo asume como miembro de una comunidad de seres que actúan y siempre, quieran o no, hacen mal. Es el alma bella –la que niega el mal y se aferra a la inocencia como una posibilidad propia- la que en el momento crucial se niega a perdonar y, con ello, da la espalda a los otros, a lo común, al espíritu. El mal no invalida para el espíritu, pero sí la inocencia: “(…) esa conciencia no se percata de que el espíritu, en la absoluta certeza de sí mismo, es señor de todo acto y de toda realidad y puede sacudírselas y convertirlas en no-hechas, en no-sucedidas”.
     La comunidad se funda en el perdón, en el reconocimiento del pecado. El movimiento paradójico de la reunión de los hombres en una comunidad es que el hacer tiene que ser perdonado, pero también el no hacer; unos piden perdón por haber actuado, pero otros han de pedirlo por no haberlo hecho. La pureza e inocencia del alma bella, su obsesión por no hacer nada malo y en execrar al que actúa por caer en el mal, resultan en una completa inversión de las posiciones: en última instancia, Hegel muestra que son el negarse a actuar y la tozuda negación a reconocer la acción de los otros los que obstaculizan la realidad del espíritu: “Es, pues, ella misma la que entorpece el retorno del otro desde el obrar de la existencia a la existencia espiritual del discurso y la igualdad del espíritu, produciendo con esta dureza la desigualdad todavía dada”. Hegel, G.W.F., PhG, VI. C.c. La certeza moral, el alma bella, el mal y su perdón.

NOVEDAD: “Y la reserva de novedad es el pasado, no la utopía”. Mate, R., El tiempo, tribunal de la historia.

ONTOLOGÍA: “Ni la ontología medieval ni la antigua cuestionaron lo que significa el ser mismo”. Heidegger, Ser y tiempo, §20. 

POLICÍA: "Los hombres matan, la poli abate”. Sánchez Ferlosio, R., Campo de retamas

REVOLUCIÓN: En Tocqueville, en Furet, la Revolución es un episodio de la historia del absolutismo, cuya teología política, a la vez, interrumpe y prolonga. Tocqueville evoca el escrito de Mirebau al rey de Francia en el que afirma que la igualdad de todos los ciudadanos haría más sencilla la extensión homogénea del poder del Estado. “La centralización suministra la bisagra entre el Ancié régime y la modernidad revolucionaria (…) En la hipertrofia de la monarquía descansa el germen de la nación igualitaria moderna”. En definitiva, la conclusión asoma como un fantasma que gobierna la política estatal y estatalista moderna: el primer actor de la revolución no es Robespierre, no es Rousseau. Es Richelieu. Cf. Comay, R., Hegel and the French Revolution.  

SACRIFICIO: “La primera etapa [en el destierro del sacrificio y el mecanismo de la víctima propiciatoria] es la transición desde el sacrificio humano al animal en el llamado período patriarcal; la segunda, en el Éxodo, es la institución de la Pascua, que acentúa la comida compartida (…) y difícilmente puede ser concebida como un sacrificio en el sentido apropiado del término; la tercera está representada por el deseo de los profetas de renunciar a toda forma de sacrificio, lo que únicamente es realizado en el seno de los evangelios”. Girard, R., Things Hidden since the Foundation of the World.

TRABAJO EN EQUIPO: “El trabajo en equipo es la práctica en grupo de la superficialidad degradante”. Sennet, R., La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo

UNIVERSAL: “(El universal real) Te equivocas si dices: ´esa liebre huye de mí´, pues lo que realmente ocurre es que la liebre huye del hombre. Sánchez Ferlosio, R., Campo de retamas.  

VALOR:        ¡Quién fuera diamante puro
                                   -dijo un pepino maduro.
                                   Todo necio
                                    confunde valor y precio”. 
                                                                       Machado, A., Juan de Mairena, XXII.

YO: “Me gustaría creer que el yo es una ilusión; pero eso no impide que sea una ilusión dolorosa”. Houellebecq, M., Las partículas elementales.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Alfabeto filosófico II.
Borja Lucena

Se trata de superponer dos niveles heterogéneos, el de la norma y el del caos, como si se tratara sólo del juego caprichoso de introducir un orden en lo que por sí no lo tiene. La rutina de los diccionarios. Transcribiré en el inflexible orden alfabético una serie de pensamientos, citas -sobre todo citas- u otras cosas inverosímiles que he ido apuntando al ritmo de lecturas, de conversaciones, de encuentros y desencuentros más o menos azarosos. 

Pero, en realidad, un diccionario constituye una de las formas más poderosas de apresar y sintetizar el universo de lo real, de jugar el juego del ser. Alinear un conjunto de palabras de acuerdo con la necesidad de un orden, pero abandonando cada una de ellas al albur del acaso y la contingencia, de modo que, en su sucesión, la previsibilidad de lo por venir en el orden alfabético se acompañe del absurdo en el sucederse de los significados. 

En el orden y la arbitrariedad de los diccionarios se da de manera inmediata e irrevocable la marca ontológica de todo lo que acontece, como si esa mezcla  de necesidad y contingencia, de orden y desorden, fuera el juego mismo que la vida, el mundo, la realidad juegan.


A
ACCIÓN: “El lenguaje y el trabajo son externalizaciones y manifestaciones en las que el individuo ya no se retiene ni se posee él mismo, sino que deja que lo interior venga a salir totalmente fuera de sí, y lo abandona al otro”. Hegel expresa de esta manera la carencia de soberanía del individuo sobre sus obras y acciones. La obra, la acción, la palabra poseen irremediablemente una indeterminación ontológica tal que niega que en ellos pueda hallarse de manera inmediata, transparente, a la interioridad que en ellos se expresa. Estas notas inciertas conducen a menudo a desatender a la acción como realidad efectiva del individuo, y a procurar buscarla en algo que se adhiera más íntimamente a su constitución interior, como es el caso de los rasgos fisionómicos. No obstante, una vez desechada la “palabrería” de la fisionomía o la quiromancia, la autoconciencia habrá de volver a encontrarse en sus actos y obras como lugar propio de revelación de una interioridad real, y no sólo supuesta: “El verdadero ser  del hombre es más bien su acto, aquello que hace, aquello que ha hecho; en ese acto, en eso que ha hecho, es real la individualidad, y es la individualidad la que supera lo supuesto”. El sujeto es negatividad que sólo es en tanto supera su ser inmediato, su expresión y todo lo que pueda adherirse a ella: “La individualidad se presenta más bien en la acción [Handlung] como aquella entidad [Wesen] negativa que sólo lo es en cuanto suprime y supera ese su ser (inmediato)”. El acto, con su brutal interrupción de toda suposición, da fin al constante oscilar entre la interioridad y la exterioridad, y acredita efectivamente quién es el que se hace presente, aparte de intenciones, disimulos, etc. La acción, con su carácter irreversible, rompe la mala infinitud del suponer: “en el acto [That], en el acto ejecutado, queda aniquilada la mala infinitud (…) de ese acto puede decirse lo que ese acto es. Ese acto es eso, y su ser no es solamente un signo, sino la cosa misma. Ese acto es eso, y el hombre individual es lo que ese acto es; y en la simplicidad de ese ser [Seyn], es como el hombre está ahí para los otros, es ser universal, y cesa de ser algo solamente supuesto”. Hegel, PhG. V. A. La razón observadora. c. Fisiognómica y frenología.

B
BELLEZA: "La juventud es promesa que cada generación incumple". Gómez Dávila, N., Escolios, I.


C
CAPITALISMO: La utopía de un sujeto movido en exclusiva por la búsqueda del interés propio no deja de ser un horizonte que, incluso en las condiciones imperantes en la sociedad capitalista, no se ha realizado. La realización plena de ese curso del mundo  significaría su disolución, la aniquilación del sustrato de sociabilidad e interacción que hace posible una sociedad, incluyendo a la capitalista. El mito del capitalismo, el individuo aislado y atomístico, al recortar el interés particular como único referente, opaca el tapiz de referencias mutuas, de relaciones no egoístas que articulan la posibilidad de todo curso posterior de la acción humana. Michéa cita un estudio según el cual el valor económico de lo no económico, de todas esas acciones gratuitas que atraviesan la vida social y no se resuelven en el interés económico, supone una tres cuartas partes del PIB de la actual sociedad capitalista. Michéa, J.C., La escuela de la ignorancia.


D
DUALISMO: La sociedad moderna se honra de haber superado los dualismos que encerraban las imágenes anteriores del hombre. No obstante, bien mirado, la representación mecanicista del ser humano, la obsesiva manía de no salirse de los límites de lo que puede captarse como cosa y funciona sólo como cosa, identificando al cuerpo con ello, revela un giro algo más enrevesado. Aquí no se presenta una reconquista de la unidad del sujeto, sino, al contrario, un dualismo en el que se ha eliminado uno de los términos: “La moderna psicología mecanicista está íntimamente afiliada (…) al empirismo. Es un dualismo con uno de los términos suprimidos”. Taylor, Ch., Hegel y la sociedad moderna. 


E
ESPÍRITU: Tendríamos que extraer y eliminar del concepto de espíritu todo aquello que evoque la posibilidad de un saber exhaustivo y total de la realidad, del tiempo y sus aconteceres pasados, presentes, futuros. Si comprendemos el espíritu como esa transparencia en el instante nos veremos empujados a lo irrisorio antes que a la sabiduría. Con todo su materialismo a cuestas, fue Marx, antes que Hegel, el a menudo seducido por la tentación de futurizar. Hegel, al contrario, se cuidó mucho de las conjugaciones que saltan más allá del presente, pareciendo saber que un espíritu de dones proféticos está cerca de resbalar hacia lo ridículo o lo siniestro. Cuenta el psiquiatra Castilla del Pino que en 1962, durante una sesión de espiritismo a la que fue invitado, se presentó el que se anunció como espíritu de Ramsés, el faraón egipcio. La expectación y el asombro fueron generales. Y las preguntas, previsibles durante la dictadura,  no se hicieron esperar: ¿Cuándo morirá Franco? ¿Dónde? El espíritu no tardó en contestar: "1964, Ontario". (Castilla del Pino, C., Casa del olivo).  


F
FILÓSOFO: “Los grandes filósofos son los bufones de la divinidad”. Machado, A., Juan de Mairena, II.

Después de la verdad -decía mi maestro- nada hay tan bello como la ficción. Los grandes poetas son metafísicos fracasados. Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas”. Juan de Mairena, XXII. 


G
GOBIERNO: "Y el que al gobernar una ciudad entera no obra de acuerdo con las mejores decisiones, sino que mantiene la boca cerrada por el miedo, ése me parece -y desde siempre me ha parecido- que es el peor". Sófocles, Antígona


H
HISTORICISMO: “La única pregunta que un historicista considera inútil dirigirle a un texto es la de su verdad”. Luri, G., ¿Matar a Sócrates?


I
INTERPRETACIÓN: Aun en el caso del ente que simplemente está-ahí, interpretar es retornar a considerar el orden del mundo en el que revela un sentido. Interpretar es restablecer las remisiones que integran al ente en un mundo. Cf. Heidegger, M., SZ, §16.

 La interpretación [Auslegung] es “la apropiación de lo comprendido”. Heidegger, M., SZ, §34.  


J
JUSTICIA: “Es justo exagerar lo que es justo”. Chesterton, citado en Leys, S.,Orwell: el horror a la política.


L
LENGUAJE: De acuerdo con Hegel, el lenguaje y aquello que en él es referido no suponen campos separados. Se da una íntima unión entre palabra y cosa que avisa de que, quien no encuentra la palabra adecuada, pierde la cosa: “(…) aunque suele decirse que, para los hombres sensatos, de lo que se trata no es de palabras sino de la cosa [die Sache] (…), ello no debe convertirse en una especie de licencia para designar la cosa con un término que no le cuadre (…) con eso se está ocultando que de lo que efectivamente carece es de la cosa, es decir, del concepto de la cosa”. Hegel, PhG, V. A. “Frenología”. 


M
METAFÍSICA: “Se nos dirá que nuestra posición de poetas debe ser la del hombre ingenuo, que no se plantea ningún problema metafísico. Lo que estaría muy bien dicho sino fuera nuestra ingenuidad de hombres la que nos plantea constantemente estos problemas”. Machado, A., Juan de Mairena, XXX. 


N
NATURALEZA: “Misteriosa en pleno día, la Naturaleza no se deja despojar de su velo, y lo que ella se niega a revelar a tu espíritu, no se lo arrancarás a fuerza de palancas y tornillos”. Goethe, Fausto, parte I.


O
OBSERVACIÓN CIENTÍFICA: Para la observación, todo se convierte en cosa. Cf. Hegel, G.W.F., PhG, V. La razón observadora.

P
PROGRESO: “La sociedad industrial está condenada al progreso forzoso a perpetuidad”. Gómez Dávila, N., Escolios, I.

Esa izquierda que ha convertido en hegemónica la idea de un progreso de la humanidad parece no tener en cuenta que éste no es una opción en el seno de la sociedad industrial, sino una necesidad. El progreso no se alza contra la inhumanidad de la máquina moderna, sino que pertenece a su dinámica intrínseca. La izquierda industrialista, que se cree en lucha contra el capitalismo, es en realidad un componente imprescindible para su perfeccionamiento, ya que le proporciona, además de lo que por sí ya tiene, el prestigio de la libertad.


R
REVOLUCIÓN: Es ingenuo, es casi infantil que Marx fiara el triunfo del comunismo a su capacidad para sobrepasar al capitalismo en aquello que él mismo detectó como la esencia de éste: su carácter revolucionario. Para revolucionario, debió pensar la realidad, ya existe el capitalismo.


S
SOCIALISMO
: “El socialismo es el poder soviético más la electrificación”. Lenin.


T
TRADICIÓN
: “Lo que tú heredaste de tus padres, adquiérelo para poseerlo. Lo que no se utiliza es una carga pesada”. Goethe, Fausto, I.


U
UNO (EL
): “En la cotidianidad del Dasein la mayor parte de las cosas son hechas por alguien de quien tenemos que decir que no fue nadie (niemand)”. Heidegger, M., SZ, § 27.


V
VISIÓN
: “Cuando se habla de conocer, los otros sentidos hacen suya, por una cierta analogía, la operación del ver, en la que los ojos tienen la primacía (…) No decimos sólo ‘mira cómo luce’, sino también ‘mira cómo suena, mira cómo huele, mira cómo sabe’...”. Heidegger, M., SZ, §36.


Y
YO
: "Los que carecemos de talento traducimos meramente textos anónimos y públicos en el idioma de nuestras preocupaciones personales". Gómez Dávila, N., Escolios, I.

viernes, 23 de febrero de 2018

Alfabeto filosófico I.
Borja Lucena

La idea es sencilla y poco original. Superponer dos niveles heterogéneos, el de la norma y el del caos, como si se tratara sólo del juego caprichoso de introducir un orden en lo que por sí no lo tiene. La rutina de los diccionarios. Transcribiré en el inflexible orden alfabético una serie de pensamientos, citas -sobre todo citas- u ocurrencias que he ido apuntando al ritmo de lecturas, de experiencias, de conversaciones, de encuentros y desencuentros más o menos azarosos. 

Pero, en realidad, un diccionario constituye una de las formas más poderosas de apresar y sintetizar el universo de lo real, de jugar el juego del ser. Alinear un conjunto de palabras de acuerdo con la necesidad de un orden, pero abandonando cada una de ellas al albur del acaso y la contingencia, de modo que, en su sucesión, la previsibilidad de lo por venir en el orden alfabético se acompañe del absurdo en el sucederse de los significados. 

En el orden y la arbitrariedad de los diccionarios se da de manera inmediata e irrevocable la marca ontológica de todo lo que acontece, como si esa mezcla  de necesidad y contingencia, de orden y desorden, fuera el juego mismo que la vida, el mundo, la realidad juegan. 


A
ABSOLUTO“Solamente lo absoluto es verdadero o solamente lo verdadero es absoluto”. Hegel, Ph.G., Introducción.


B
BORRAR: 


C
CAPITALISMO: El capitalismo se determina en torno a la idea de la infinitud, tanto en la producción como en la acumulación y el consumo. En este sentido, el par trabajo-consumo han de alternarse necesaria e ilimitadamente, sin pausa entre uno y otro; el tiempo de “descanso” del trabajo, en tanto no-trabajo, se define en relación con la actividad de trabajar y, por lo tanto, aparece como un trabajo realizado fuera de las condiciones del trabajo (salario, normas horarias, etc.) y libre de sus limitaciones. El verdadero, el específico trabajo humano en el capitalismo es consumir, lo que se detecta en el hecho de que, así como las máquinas sí pueden sustituir al hombre en la pura actividad laboral, no ocurre así con la de consumo. Consumir es trabajar, estimular de una manera determinante la maquinaria productiva que no ha de aquietarse. Por ello, sólo un sistema basado en el deseo y el goce continuados constituye la perfecta maquinaria capitalista, y no uno articulado en torno a la represión, los deberes, la disciplina o cualquiera de las formas tradicionales de medida establecidas en la costumbre o la moralidad. La emancipación completa con respecto a las obligaciones morales heterónomas es la condición que perfecciona el continuum capitalista: el imperativo categórico tiene que formular la prescripción de la forma, el  puro goce, dejando autonomía plena para la elección de los contenidos. El sujeto perfectamente autónomo es la criatura idónea para habitar el reino del capital.  


D
DESCARTES: “Descartes agudizó el estrechamiento de la pregunta por el mundo a la pregunta por la cosidad natural considerada como el ente primeramente accesible dentro del mundo”. Heidegger, M., Ser y tiempo, §21. En Hegel, de forma correspondiente, se descubre también el significado de esa pregunta peculiar por el mundo que estrecha el horizonte de toda realidad al terreno de la “cosidad natural”. Si, con Descartes, hacemos del espíritu algo que es, la verdad, entonces, se situará en el nivel de lo alcanzado por la razón observadora, aunque su formulación expresa se disimule a sí misma la radicalidad de su posición. El punto de partida puesto en marcha en Descartes sólo es aclarado íntegramente en cosas como la frenología: si yo soy una cosa que piensa, lo que puedo realmente alcanzar a expresar, entonces, es que el espíritu es un hueso, algo que está ahí, fijo y duro: “Pues cuando se dice que el espíritu es, que tiene un ser, que es una cosa, una realidad particular, con ello no se está queriendo decir que se lo pueda ver, que se pueda coger con la mano, o se pueda empujar, etc., pero aunque no se esté queriendo decir eso, lo que se está diciendo es precisamente eso, y (…) queda por tanto bien expresado con eso de que el ser del espíritu es un hueso”. Hegel, Ph.G. V. A. La razón observadora. c. Fisiognómica y frenología.


E
ECONOMÍA: Afirma Jünger que la hegemonía de los principios económicos racionales conduce al “canibalismo inteligente”. (Diarios de la Segunda Guerra Mundial).


F
FE: “El hijo predilecto de la fe es el milagro”. Goethe, Fausto, I.


G
GERONTOCRACIA: Cuando, el mes pasado, cumplí los cuarentaycinco años, advertí que hay ideas que ya no me parecen tan descabelladas.


H
HASTÍO: El hastío no proviene de la posesión continuada, sino del fugaz goce de miles de objetos”. Gómez Dávila, N., Escolios a un texto implícito, I.  


I
IDEA: “(…) una idea es tanto peor cuanto más pura y vacía es la abstracción que esa idea tiene por la esencia”. Hegel, PhG, V. c., La razón observadora, Fisiognómica y frenología.

“Sólo las ideas salvan de los adjetivos”. Gómez Dávila, N., Escolios, I.

“Sólo lo que es objeto de la libertad se llama idea”. Hegel, Hölderlin, Schelling, El más antiguo programa del idealismo alemán.

La historia, en la que pugnan las fuerzas, en la que los individuos se deshacen en busca de sus fines particulares, no integra la inmediatez de un sentido; para encontrarlo, es preciso extraerse de su seno, contemplarla desde un ámbito ajeno al solo efectuarse de los acontecimientos: “El espacio de las ideas se convierte al final en la fuente de realidad a la que es preciso acudir para hacer posible la existencia humana (que anhela sentido y reclama esperanza)”. Cuartango, R., El poder del espíritu


J
JAULA: El pensamiento, a través de los barrotes, a veces alcanza a atrapar algún alimento cercano.


L
LENGUAJE: Habéis de ahondar en las frases hechas antes de pretender hacer otras mejores”. Machado, A., Juan de Mairena, XLII. 


M
MAL: La desaparición del demonio del horizonte de la vida moderna no significa la erradicación del mal, sino, más bien, su multiplicación en puntos dispersos e infinitos: “(Los hombres) están libres del Malo, pero los malos han quedado”. Goethe, Fausto, I. 


N
NARRACIÓN: “La narración alivia la pesadilla de la Historia”. Piglia, R., Diarios de Emilio Renzi, III.


O
ORGANISMO: Hegel presta una atención especial al acercamiento de la razón a la vida, que señala, precisamente, el fracaso de la razón observadora. “Lo orgánico es -a decir del filósofo- ese fluido absoluto en el que queda disuelta toda determinidad”. Esto representa el carácter sintético de la realidad en su movimiento propio, y alude a la imposibilidad de dar cuenta del mundo por la vía del análisis de sus elementos sueltos. El organismo supone la presencia del concepto en su existencia, es “concepto existente” que no se reduce a sus elementos, sino que, a través de la puesta en movimiento de éstos, establece una nueva realidad ontológicamente perteneciente a un plano distinto: “escindiéndose y separándose de la continuidad con ellas, esa naturaleza se vuelve para sí [se vuelve orgánica]”. Lo orgánico sintetiza la naturaleza inorgánica sin reducirse a modos mecánicos o lineales, sino mostrando una libertad que pone en entredicho la formulación de leyes que establezcan continuidades entre un lado y otro. El ser orgánico “representa o expone ese ser elemental (inorgánico) en su reflexión orgánica”.
            De ese modo, procurar explicar lo orgánico a partir de sus elementos inorgánicos constituye una empresa condenada al fracaso: las leyes de determinación de lo orgánico por lo inorgánico “ofrecen una determinación tan superficial, que la expresión de la necesidad de esa determinación tampoco puede llegar a más (…) y se queda en la aseveración del gran influjo que lo elemental tiene sobre lo orgánico”. La denuncia de Hegel no deja, a pesar de los años transcurridos, de ser precisa y adecuada para esta época en la que todos creen entender cómo son las cosas al reducirlas al juego de sus elementos: la vida psíquica a estos o aquellos neurotransmisores, la felicidad a las vitaminas, la vida individual y sus impulsos al solo concurso de los genes, etc. Nada puede entenderse de los organismos mismos al plantear su conocimiento en este modelo mecánico, ya que su esencia no refiere a elementos, sino a fines. Por eso, “esa esencia de lo orgánico sí que está contenida  en el concepto de fin, en el concepto de telos”. Hegel, PhG, “V. A. La razón observadora”, “Observación de lo orgánico” y “b. Teleología”.
            Lo orgánico, como en Aristóteles, consiste en poseer en sí mismo el principio del movimiento, pero para Hegel esto se traduce, más precisamente, en la realización de un movimiento dialéctico, consistente en la constante negación de todo lo que se configura momentáneamente: “lo inorgánico no tiene en sí mismo el principio del movimiento, o lo que es lo mismo: su ser no es la absoluta negatividad y su concepto”. El ser inorgánico tiene una esencia fija e invariable, como puede ser el peso específico; el ser orgánico, al contrario, consiste en escapar a toda determinidad fija, consiste en que su ser-para-sí estriba en el continuo cambio y alteración: “ese ser para sí [Fürsichsein] tiene en él mismo el principio del ser otro [Andersseins]”. “Lo orgánico es una individualidad [Einzelnheit] que es ella misma pura negatividad y que, por tanto, elimina en sí la fija determinidad del número que conviene al ser (inorgánico) en la indiferencia de éste”. Hegel, PhG, “V. A. La razón observadora”, “Observación de lo orgánico”, c.3.2.a.


P
PALABRA: “A toda merma en las funciones de la palabra corresponde un igual empobrecimiento de la acción”. Machado, A., Juan de Mairena, XXI.

            “A las significaciones les brotan palabras, en vez de ser las palabras las que, entendidas como cosas, se ven provistas de significaciones”.  Heidegger, SZ, § 34.

            La palabra es para él (Platón) la forma política de nuestro desensimismamiento”. Luri, G., ¿Matar a Sócrates?, 47. 


Q
QUÉ: ¿Qué?


R
REPRESENTACIÓN: En Hegel, el pensar mediante representaciones consiste en la cosificación de lo real, frente al pensar del concepto que alcanza la verdad en su condición móvil, generadora e inquieta. La representación repite, en el medio del pensar, la desorientada complexión de la naturaleza: “Se trata de la misma conjunción de lo elevado y lo abyecto que la naturaleza expresa ingenuamente en lo viviente al juntar en uno solo el órgano de su consumación suprema, el órgano de la procreación, y el órgano para orinar. (…) la conciencia de la vida que se queda en la representación se comporta como el orinar”. Hegel, G.W.F., PhG, V. A. Conclusión a la razón observadora.  


S
SIGLO XVIII: Según E. D’Ors, “empezó por ofrecerles a los hombres la razón y acabó regalándoles la música”. Luri, G., ¿Matar a Sócrates?, 24.


T
TÉCNICA: “El impacto de la ciencia sobre la religión tuvo lugar durante el siglo pasado. Lo que acontece en este siglo es el impacto de la técnica sobre la imaginación de los imbéciles”. Gómez Dávila, N., Escolios a un texto implícito, I.


U
ÚTIL: “Un útil sólo es desde su pertenencia a otros útiles (…) Estas ‘cosas’ no se muestran jamás sólo por separado, para llenar luego un cuarto  como suma de cosas reales”. Heidegger, M., SZ, §15.


V
VIRTUD: “Añade muy poco a la virtud la carencia de vicios”. Machado, A., Juan de Mairena, XXVIII.


Y
YO: “Yo es las infinita relación del espíritu consigo mismo, pero como subjetiva, como certeza de sí mismo”. “Es la luz que se manifiesta [a sí misma] y [manifiesta] además [lo] otro”.  Hegel, G.W.F., Enciclopedia de las ciencias filosóficas, §413. 


domingo, 24 de mayo de 2015

12 escolios de Gómez Dávila.
Borja Lucena


Hay aforismos más allá de Nietzsche...

I. Todo es trivial si el universo no está comprometido en una aventura metafísica.

II. Burguesía es todo conjunto de individuos inconformes con lo que tienen y satisfechos de lo que son.

III. Nos internamos nuevamente en épocas que no esperan del filósofo ni una explicación ni una transformación del mundo, sino la construcción de abrigos contra la inclemencia del tiempo.

IV. El antagonismo radical entre los hombres se delata en la manera como los unos, al hablar del placer, despegan hacia la metafísica, y los otros resbalan hacia la fisiología.

V. Las ideas confusas y los estanques turbios parecen profundos.

VI. Para excusar sus atentados contra el mundo, el hombre resolvió que la materia es inerte.

VII. El hastío no es fruto de la posesión prolongada, sino del contacto fugaz con mil objetos.

VIII. Dios es la sustancia de lo que amamos.

IX. Nuestra libertad no tiene más garantía que las barricadas que levanta, contra el imperialismo de la razón, la anárquica faz del mundo.

X. La filosofía honesta no pretende explicar sino circunscribir el misterio.

XI. El impacto de la ciencia sobre la religión aconteció el siglo pasado. Lo que acontece en este siglo es el impacto de la técnica sobre la imaginación de los imbéciles.

XII. La psicología es, propiamente, el estudio del comportamiento burgués.

Nicolás Gómez Dávila
Escolios a un texto implícito, I