espacio de e-pensamiento

jueves, 23 de febrero de 2012

Amartya Sen y la flauta de la discordia.
Óscar Sánchez Vega

En en su obra La idea de justicia, Amartya Sen plantea una interesante parábola. Esta es:
"Se plantea la situación imaginaria en la que disponemos de una flauta y hay tres niños que se disputan su propiedad: Anne, Bob y Carla.En primer lugar, Anne reclama la flauta porque ella sabe tocarla y ni Bob ni Carla saben hacerlo. De hecho, Bob y Carla admiten no saber tocar la flauta.Si solo disponemos de esta información, resulta evidente que la flauta sería para Anne, por razón de la justicia (ella ha estudiado para aprender a tocar la flauta) e, incluso, por razones de eficiencia económica.Sin embargo, el problema se complica cuando Bob también reclama la flauta, alegando que es el más pobre de los tres, hasta el punto de que no tiene juguetes propios. La flauta le ofrecería algo con lo que jugar, de modo que, en términos económicos, “le reportaría mayor satisfacción” que a Anne o a Carla.Si únicamente dispusiéramos de la información que nos proporciona Bob, habría fuertes razones para concederle la flauta en propiedad.No obstante, aún resta escuchar los argumentos de Carla. Para nuestra sorpresa, Carla ha estado trabajando semanas en la fabricación de la flauta, objeto de la disputa. Pero, una vez terminado el trabajo, “aparecieron estos usurpadores para arrebatarme la flauta”.Si no tuviéramos más que la información que nos proporciona Carla, la decisión sería clara a su favor.Ocurre, sin embargo, que tras escuchar los tres argumentos, cada uno de ellos con peso y fuerza razonables, es necesario decidir a quién se asigna la flauta. Obsérvese que, en este ejemplo, el mecanismo de asignación de recurso es irrelevante. En principio, la flauta será asignada (“distribuida”) por el Estado o por el mercado. La cuestión reside en qué principios (económicos, políticos e, incluso, morales) deben gobernar esa distribución de los recursos."
Pues eso... ¿A quién le damos la flauta?

15 comentarios:

  1. Propongo que Anne le toque la flauta a Carla, para que aprenda a sonarla ¿para qué la quiere, aunque la haya hecho ella si no sabe tocarla? Y a Bob, pobrecito, parece esperarle la suerte del perroflauta, recibir mamporros: no, que Carla le enseñe a fabricar flautas, para que cuando termine de aprender, tenga Anne tenga una en propiedad. Faltaría todavía la cuestión de cómo aprende Bob a tocarla. Ah, Anne recibe clase de luthier por clase de música, con Bob, y se construye una de manera autodidacta. ¿ Qué le parece? Con una flauta no arreglamos nada.

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  2. la flauta será capital público, porque permite el disfrute de todos los litigantes, aunque será necesaria una indemnización para Carla.
    También podrían dejar la flauta a Carla Y Anne le enseñaría aBob que hay juguetes más divertidos u otras flautas más glamurosas

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  3. Al-Jurasmi... muy bien, tiene futuro como ingeniero social. Pero recuerde que no podemos hacer trampa: sólo puede haber una única y trascendental una flauta.
    Santi... ¿capital público? entonces para Anne que es la que sabe tocarla. O para Carla como dices. ¿y el pobre Bob? ¿qué se busque otro juguete encima que no tiene ninguno? (eso no se lo dices a tu señora esposa.... ¡facha!)

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  4. Santi... ¿seré lerdo que no me había percatado de la muy digna alternativa que le ofreces al bueno de Bob? Aunque depende de... mejor lo dejamos.

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  5. Qué bueno Oscar. Yo contestaría que lo realmente interesante sería contarle las razones de cada uno a los otros dos, suponiendo que estén dispuestos a escuchar, y ver qué sale de ahí. Igual el problema desaparece.

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  6. Edu, ya sé que no vas por ahí, pero la solución que das es la de Habermas: un consenso fundamentado en una situación ideal del habla.

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  8. Mérito, pobreza, trabajo.... ¿qué es más legítimo como título de propiedad?
    Óscar, Creo que existe un dato relevante que es escamoteado y deja al problema al albur de las razones. En cierta manera no deja de ser una trampa, ya que nunca se da un tiempo cero en el que todo se halle disponible para el diseño racional. La cuestión a que me refiero es: ¿pero a quién pertenece la flauta de hecho, antes de la deliberación racional acerca de quién sería su legítimo propietario?
    En ciereto modo, el planteamiento del problema aboca a una conclusión determinada, y ahí está la trampa: esa solución sería el diseño racional de la convivencia, de modo que SIEMPRE los bienes sean poseídos por aquel que racionalmente tiene los créditos para ello. La cuestión es: ¿por qué? ¿no podemos aceptar un estado de cosas en que no exista asignación racional? ¿Por qué la absoluta no aceptación de estados de cosas previos? No abogo por el crudo irracionalismo, pero creo que el anhelo de racionalidad debe estar atemperado por la tolerancia hacia lo indomeñable, lo arbitrario y azaroso, lo transmitido por el tiempo sin justificación racional, lo desordenado del mundo. Sólo entre esos dos abismos -el del orden y el del azar- nos es dada una vida humana.

    Borja

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  9. Efectivamente Óscar no voy por ahí; Habermas cree en el diálogo racional y, con Borja en este caso, yo no. Digo algo distinto; no se trata de que pongamos a estos tres tipos a dialogar y buscar una solución consensuada, sino más bien a disponer de los medios para que estos tipos sean capaces de comprender las razones del otro, (no necesariamente para que dialoguen con él). Y una vez hecho esto, esperar que esa situación introduzca una mejora significativa en el problema o, incluso, lo haga desaparecer. No es, como apunta Borja, hacer un mejor diseño racional del asunto, dar con el argumento que doblegue las tres voluntades (o al menos dos). Se trata de que el problema desaparezca, deje de ser un problema, se convierta en otra cosa, algo que no necesariamente tiene que ser más deseable, pero sí que puede serlo.

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  10. Pero, ¿quién le ha metido en la cabeza a esos pobrecitos que la flauta ha de ser de alguien en concreto?

    Está ahí, puede usarse, pita igualmente se sepa entonar una melodía o no, si es un juguete ni siquiera hace falta que suene... ah, la imaginación...

    Estamos podridos hasta la médula. No es propiedad, no hay vínculo que impida usar algo a no ser que sobre el objeto caiga el tabú.

    Propiedad porque lo he adquirido ¿en el mercado?, ¿por el derecho de conquista?, ¿en subasta pública?

    Por cierto, ¿el posble dueño adquiere por ello derecho de dejarla eh herencia?

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  11. Entre el FBI, la HBO y yo, prefiero que la cosa sea mía, porque si es mía no deja de ser de ellos. Con el tiempo, ellos se darán cuenta y dejarán de decir "mía" para decir, por ejemplo, "sandía", que rima.

    Me parece que estoy de acuerdo con el tal Eduardo y el tal Administrador.

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  12. Oscar, cuando decía lo de capital público me refería a que los tres podrían usar la flauta por turnos, es de todos, expropiando a la que la hizo.
    En cuanto a la racionalidad o mejor el diseño de la acción humana, la fatal arrogancia que decía Hayek, no digo que no haya mucha verdad en ello, pero también digo que cualquier organización económica, por definición es resultado de una situación de poder y si se mantiene en el tiempo es por una mezcla de selección natural y cultural.En definitiva hay dos problemas, la escasez y el discurso con que se viste ya sea para asignar o distribuir.Y la propiedad es el corazón de ese discurso, porque el hombre, también por definición hace uso del mundo, em mayor o menor medida.Y sus hijos heredaran si tiene la fuerza o el discurso para lograrlo

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  13. La tesis de Sen es que desde la perspectiva apriorística de las doctrinas contractualistas (Hobbes, Locke, Rousseau, Rawls...) no hay solución para el problema planteado: se puede partir de distintos tipos de principios en relación a la justicia (utilitaristas, igualitarios, libertarios etc) que darían la flauta a uno u otro, pero, desde alguna perspectiva teórica cualquier solución será injusta. Y no tenemos modo de decidir que conjunto de principios políticos y morales son más básicos o fundamentales.

    La propuesta de Sen es abandonar tal perspectiva trascendental y plantear el tema de la justicia desde nuevas bases, dos concretamente: primera que todos (al margen de nuestra educación, especialmente al margen de cualquier tipo de “educación filosófica”) somos capaces de percibir la injusticia manifiesta y esta nos conmueve de tal manera que nos impulsa a obrar, a luchar contra ella en la medida de nuestras posibilidades. Segunda, que es posible establecer un “enfoque comparativo” que atienda a las realizaciones sociales de las distintas instituciones y a su repercusión real en la vida humana (y no al establecimiento del tipo de instituciones perfectas que garantizarían el advenimiento de la Justicia)

    Pdt: digo tod esto con algún reparo pues apenas estoy comenzando a leer el libro que parece prometer.

    Pdt (2): Sen rechaza el calificativo de pragmatista, pero toda historia de la flauta me recuerda mucho al pragmatista y jurista americano Wendell Holmes cuando insistía que, cuando un juez debe tomar una resolución primero decide y después busca la fundamentación teórica que sirve de soporte a la decisión.

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  14. Lo primero sería señalar que aunque Sen se mueve por otros derroteros este no es el mejor ejemplo que utiliza en sus estimables escritos. Para empezar es tiernamente Rawlsiano. La situación original presupone un objeto fabricado y aspiraciones justas en un mismo plano de equidad - razones, parentesco que es discutible -. En este caso el objeto determina las preferencias, dado que remiten a la idea de propiedad. La cuestión acucia el trozo de madera o plástico de que esta fabricada la flauta. Imaginamos que no es de marfil ni de oro, en tal caso la refriega remitiria a una subasta y no a una adjudicación justa o injusta. La hacedora dispuso de un material, pongamos madera y fabricó la flauta. A quien pertenecia la madera. Como se adquirió. Intuitivamente podemos optar por el desenlace que favorece a la hacedora, suponemos que adquirió la materia prima legitimamente. La fabricó para ella o para sacar un beneficio de ella. El mercado no decide, el mercado crea unas condiciones en las que los que más fuertes tienen más oportunidades, el mercado no distribuye nada. La libertad que subraya el mercado estriba en la posibilidad de gestionar y preferir a partir de lo dado o conseguido en lucha desigual, ese es el matiz.

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  15. Metamorfosis deconstruccionista
    Se plantea la situación imaginaria en la que disponemos de una flauta y hay tres niños que rechazan su propiedad: Anne, Bob y Carla.
    En primer lugar, Anne rechaza la flauta porque ella sabe tocarla y ni Bob ni Carla saben hacerlo. De hecho, Bob y Carla admiten no saber tocar la flauta.
    Si solo disponemos de esta información, resulta evidente que la flauta sería para Bob o Carla, por razón de la justicia (ella ha estudiado para aprender a tocar la flauta y los otros no) e, incluso, por razones de eficiencia económica (hay que invertir en formación).
    Sin embargo, el problema se complica cuando Bob también rechaza la flauta, alegando que es el más pobre de los tres, hasta el punto de que no tiene juguetes propios y no podría hacerse cargo de la conservación de la flauta, de modo que, en términos económicos, “le reportaría menor satisfacción” que a Anne o a Carla, pues sería más una carga que otra cosa.
    Si únicamente dispusiéramos de la información que nos proporciona Bob, habría fuertes razones para conceder la flauta en propiedad a las otras dos niñas.
    No obstante, aún resta escuchar los argumentos de Carla. Para nuestra sorpresa, Carla ha estado trabajando semanas en la fabricación de la flauta, objeto de la disputa. Pero, una vez terminado el trabajo, “aparecieron estos disidentes que no quieren ser propietarios de la flauta”.
    Si no tuviéramos más que la información que nos proporciona Carla, la decisión sería clara a su favor, y Ana y bob deberían ser obligados a ser propietarios de la flauta.
    Ocurre, sin embargo, que tras escuchar los tres argumentos, cada uno de ellos con peso y fuerza razonables, es necesario decidir a quién se asigna la flauta. Obsérvese que, en este ejemplo, el mecanismo de asignación de recurso es irrelevante. En principio, la flauta será asignada (“distribuida”) por alguien ajeno a los niños. La cuestión reside en qué principios (económicos, políticos e, incluso, morales) deben gobernar esa distribución de un recurso que ningún niño desea….

    Saluditos

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