Página de filosofía y discusión sobre el pensamiento contemporáneo
Mostrando entradas con la etiqueta LOMCE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LOMCE. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de septiembre de 2013

Contra los sistemas educativos.
Borja Lucena

Entre todas las turbulencias propiciadas por el nuevo y enésimo proyecto de reformar el sistema educativo español, existe algo que me hace sospechar casi de cualquiera de las posturas homologadas al efecto. Los términos mismos del debate me parecen aceptar mucho más de lo que yo estaría dispuesto a conceder, y, en general, no encuentro en los argumentos de unos u otros serias razones para confiar en cualquiera de las partes. Si lo que expreso en primer término es un rechazo rotundo de los intentos de reforma es, precisamente, por mi casi instintiva repulsión a la compulsiva obligación actual de reformarlo todo. Sentir náuseas ante la sola mención del progreso o de la eficiencia, me parece, hoy en día, un deseable objetivo de higiene intelectual.

Para ser breve, y atender sólo a razones, diré que plantear el problema -o diría más: la esencia- de la educación en términos de "sistemas" me parece el punto de partida falaz en el que todo el progresismo actual, sea de derechas o de izquierdas, viene, de la mano, a naufragar. El problema es que unos y otros se aferran a un modelo teórico, a un sistema, a una estructura, nacida de la cabeza de cualquier Zeus y cuya organización garantizaría -tan automática y suavemente como las manecillas de un reloj se deslizan sin tropezar- que los "fines educativos" advinieran como llega la lluvia en otoño. Unos defienden un nuevo "modelo", que llaman LOMCE; otros jurarían que el sistema al que conducía toda la historia del mundo ya fue implantado hace veinte años, pero no ha tenido tiempo de exhibir su ilimitada reserva de bondades: la LOGSE. Todos despliegan y enarbolan un sistema, como si la educación fuera cuestión de sistemas; es más, como si pudiera existir un modo predecible y exitoso de hacer las cosas en el espacio de un aula, de tal manera que podamos por fin excluir la caprichosa personalidad de los profesores y los alumnos, que se empeñan en no copiar ningún modelo razonable y previo. Es la era de las metodologías, de los protocolos y la reglamentación de las prácticas. Y ante la avalancha de sistemas y métodos, sólo se me ocurre recordar lo que me parece salta a la vista ya en el primer paso que damos en el mundo: nadie sabe lo que hace; nadie puede saber con exactitud a dónde le llevarán sus acciones, cuál será el resultado de sus apuestas y movimientos. Pretender que el mundo se pliegue a modelos predecibles conduce, la mayor parte de las veces, a desconecerlo, y, no pocas, a chocarse con él. Los adoradores de los sistemas llegan, a menudo, a una confianza tan apasionada en ellos que incluso creen que no hace falta siquiera que el profesor tenga conocimiento de la materia que imparte, porque todo es cuestión de aplicar la metodología correcta; o postulan que hay que esperar que los alumnos encuentren dentro de sí un impulso innato y certero que les conduzca, a través de las reglas y prácticas correctas, a descubrir y desarrollar ellos mismos los conocimientos que antaño buscábamos en los maestros.  El entusiasmo ante los sistemas es, en general, una peligrosa manera de evitar reconocerse limitado por la realidad, y, en el particular caso educativo, una mortífera forma de hacer sufrir a las generaciones venideras las consecuencias de esa incapacidad. Volveremos a unos términos comprensibles en el debate educativo cuando, dejando de lado la adoración mística de los sistemas y las normativas, hablemos de cosas mucho más simples, más llanas, más cercanas a una experiencia de lo que ocurre: qué conocimientos tiene el profesor, que exigencia implica para el alumno, cómo suscitar en éste el deseo de elevarse a la altura de lo impartido... Mientras la forma metódica difumine y oscurezca los contenidos culturales y de conocimiento que la escuela es encargada de transmitir, el profesor seguirá inerme ante una tarea que, así planteada, le convierte en insignificante y prescindible: hoy en día estamos esperando que se invente por fin la computadora que sea capaz de sustituir del todo al profesor, cuyas actuales prótesis informáticas llegan a veces a asemejarlo a una máquina todavía imperfecta y pendiente de evolución.

Esta reflexión algo caótica, y de ninguna manera didáctica, me ha sido sugerida por la lectura de las "Memorias de ultratumba", de Chautebriand, del que no quisiera comentar sólo uno, sino doscientos cincuenta pasajes. Aquí os lo dejo:
"la verdad es que ningún sistema educativo es preferible en sí a otro: ¿quieren más los hijos a sus padres hoy que los tutean y no los temen? Gesril era mimado en la misma casa donde a mí se me reprendía: fuimos los dos personas honestas y unos hijos cariñosos y respetuosos. Tal cosa, que creéis mala, contribuye a desarrollar el talento de vuestro hijo; tal otra, que os parece buena, ahogaría este mismo talento". 

Chautebriand, Memorias de ultratumba, I, 5. 

jueves, 23 de mayo de 2013

Acción de protesta contra la LOMCE.
Borja Lucena

 
Ayer recibí un correo con la propuesta de una plataforma educativa de Vallecas. Escribir al ministerio de Educación una protesta en relación a la flamante nueva propuesta de reforma educativa, ésa era la proposición. Como tenía un rato, lo hice, y el que sigue fue el resultado. Será archivado, quizás ni leído. Tampoco sé si, de serlo, alguno de la excelsa casa llegaría a comprender mis razones. Tampoco creo que agradara a los partidarios del otro progresismo. Aquí os dejo lo que escribí y también las instruciones para hacerlo:


 Acción de protesta contra la LOMCE

 ¡¡URGENTE!! CONTRA LA LOMCE, EN 4 SENCILLOS PASOS


1- Entrar en la página web del Ministerio de Educación: http://www.mecd.gob.es
2- Pinchar arriba en “atencion al ciudadano”.
3- Ir a contacto por internet (en la parte de más abajo de la página), elegir "temas educación" y picar en “este formulario”.
4- Rellenar el formulario (basta nombre, un apellido y una dirección de correo electrónico) y escribir en la ventana grande ¡¡NO A LA LOMCE!! o lo que consideres oportuno, claro. En la parte de abajo, en "Asunto de la consulta” escoger “legislación educativa” y enviar consulta.


 Señor Ministro de Educación:

 Deseo expresar mi rechazo al nuevo proyecto de Reforma Educativa, que no hace más que seguir la estela de las nefastas reformas anteriores, agudizando, más que paliando, las graves deficiencias que se han ido introduciendo en el sistema educativo español con el correr de los años. Por no ser prolijo, sólo diré que el tan extendido prejuicio progresista es, en su propuesta, igualmente omniabarcante, en el sentido en el que la educación, más que como cuidado, cultivo y transmisión de la tradición a la que pertenecemos y de sus propósitos más valiosos, se plantea como una eliminación de todo lo que tenga que ver con los contenidos culturales, filosóficos, artísticos, históricos que aquélla nos ha legado. La reforma deroga el papel nuclear de la tradición filosófica en la conformación de las sociedades europeas, elimina las disciplinas artísticas que han configurado un modo propio de mirar con respecto a otras tradiciones (música, dibujo), posterga los conocimientos humanísticos y, en suma, se configura como una apuesta decididamente plebeya por lo utilitario, lo instrumental, lo competitivo -que no agonal- y lo circunstancial de ciertos "rankings" y medidas convencionales o interesadas como el "Informe PISA".  Por otro lado, el profesorado, ya asfixiado en las anteriores leyes educativas por un sinfín de burocracia, por una exhaustiva programación que expulsa de su labor el propio talento y libertad, por una creciente intervención inquisidora del comisariado político de turno, por la tiranía de modas pedagógicas -como la actual de las "competencias"- de valor nulo para la educación y la práctica docente, tampoco en esta reforma se ve aliviado de la creciente automatización y pérdida de belleza de su tarea, sino que, al contrario, es condenado a una perspectiva de mayor sometimiento a autoridades políticas, técnicos, gestores y burócratas profesionales.

Atentamente,
Borja Lucena Góngora, profesor de filosofía del IES Antonio Machado de Soria

martes, 12 de febrero de 2013

Eugenio Trías y la filosofía.
Óscar Sánchez Vega

El pasado domingo ha fallecido en Barcelona a la edad de 70 años Eugenio Trías, a mi modo de ver, uno de los dos filósofos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX.   Padecía un cáncer de pulmón contra el que venía luchando desde hacía ya un lustro que, imagino, le ha impedido salir una vez más en defensa de la filosofía. Sin embargo, no nos ha dejado desprovistos de argumentos. Sirva como recuerdo y pequeño homenaje  este artículo de prensa que Trías publicaba el 12 de Mayo de 2005 en el Mundo:


LA FILOSOFÍA Y LOS GOBIERNOS SOCIALISTAS 
Después de la primera posguerra, o desde principios de los años 60, España se ha orientado sobre la base de un doble pacto. En dos materias se ha conseguido un acuerdo en el que están involucrados casi todos los habitantes de este país. En primer lugar, el pacto tácito, que sólo una minoría localizada desmiente, por conducir la andadura colectiva por la vía de la paz civil. Y en segundo lugar, el acuerdo de todos los españoles en salir, de forma resuelta y definitiva, de la pobreza secular.
Desde los años 60 todos los gobiernos, primero en la dictadura, luego en la democracia, asumieron esa voluntad unánime, trocando un lenguaje rancio, autárquico y cifrado en valores patrióticos, o de un españolismo folclórico, por el frío lenguaje de las cifras y de los conceptos económicos (balanza de pagos, inflación, paro, pleno empleo, estabilización, desarrollo). En virtud de ese cambio de paradigma mental y moral, España modificó en pocos años su propia estructura social y económica; se invirtió la relación proporcional entre agricultura e industria, entre campo y ciudad; y se consolidó una consistente clase media. Quizás el signo que mejor expresó esa voluntad colectiva por salir del oscuro túnel de la pobreza fue una consecuencia obvia de los primeros pasos que se dieron en esa dirección. Me refiero a la paulatina desaparición del analfabetismo.
¡Qué lástima que ese inicio de alfabetización general no propiciase un tercer pacto tácito! Y hablo de formas de voluntad colectiva sólo a medias conscientes, pero de una inexorable virtualidad en su poderoso influjo en la vida política, pública y cotidiana. "Un tercer gran pacto colectivo por salir de otro túnel, el de la ignorancia y la penuria educativa y cultural. 
Pero desgraciadamente ese pacto no fue igualmente unánime y definitivo. La democracia no trajo, como quizás pudo presagiar alguno de los mejores indicios anunciados por la II República española, una decidida orientación, seria y vigorosa, por la vía de una reforma educativa y de cultura de verdadero alcance y aliento. Mientras que las primeras administraciones socialistas fueron ejemplares en su riguroso ejercicio de la reconversión industrial, o en la consolidación de paradigmas democráticos en la transformación de las fuerzas armadas, en educación y cultura se optó por el brillo ornamental, por una fácil demagogia que no produjo ni promovió, consideradas las cosas en términos generales, un golpe de timón general en esos terrenos. 
Francia tuvo una III República que fue capaz de poner las bases de un modelo educativo que, con todas las convulsiones propias de nuestra época global, ha sostenido y alentado una de las comunidades más motivadas en educación y cultura. En el Imperio Austro Húngaro tuvo lugar, a fines del Siglo de las Luces, una importante reforma educativa que dignificó la posición de los maestros de escuela. Por no hablar de la preferencia por temas de educación, cultura e investigación que las iniciativas romántico-liberales de Humboldt y demás personajes insignes imprimieron en las primeras décadas del siglo XIX en Alemania. 
En España no ha habido jamás un consenso tácito, o una voluntad firme y decidida, de raíz popular, y de obvia absorción gubernamental, en la dirección apuntada. Al menos no lo ha habido en un sentido ni de lejos comparable al que se manifiesta en el ámbito de la economía (y que ha transformado radicalmente el paisaje social español). La educación no ha sido tema y problema que haya suscitado generalizados desvelos. 
Se advertirá que enfoco esta delicada cuestión de un modo bastante inédito, y por supuesto intencionado. No atribuyo únicamente la responsabilidad de esa deficiencia a los sucesivos gobiernos que en dictadura o democracia hayan afrontado este importantísimo tema de la educación y la cultura. 
Al fin y al cabo los gobernantes, vistas las cosas con cierto calado, terminan siempre por ajustarse a demandas explícitamente expresadas por el pueblo. Y éste, en contra de lo que ciertas filosofías algo ilusas pretenden, nos es por necesidad bueno, inocente y acertado en sus inclinaciones y designios. Tanto más un pueblo como el español secularmente contaminado por el profundo arraigo de los más oscurantistas módulos educacionales y culturales. Alguna responsabilidad tendrá el pueblo en haber soportado más de tres siglos de hegemonía de principios mentales y morales derivados de las directrices más retrógradas de la Contrarreforma eclesiástica. 
En cualquier caso esa falta de común designio, o de voluntad férrea a favor de una reforma educativa y cultural de gran calado, la estamos pagando todos, gobernantes y gobernados. Si esa apatía respecto a lo que debe ser una reforma en educación y cultura se coteja con el firme acuerdo unánime por salir de la pobreza, y por la muy decidida y empeñada voluntad por alcanzar cuotas de bienestar, consumo y relativa riqueza en el terreno económico (con el consiguiente ascenso en la escala social), ambas cosas conjuntadas, la negativa y la positiva, la apatía educativa y cultural junto al empeño decidido a favor del ascenso económico y del status social configuran un perfil muy concreto y singular. Se trata de una silueta algo obscena que me atrevería a considerar característica del Ideal Tipo (para decirlo al modo de Max Weber) del Español Medio que se ha ido constituyendo, quizás ya desde mediados de los años 60, y desde luego a partir de las oleadas de relativa prosperidad y de los tiempos del «España va bien». Hablo del éthos del Nuevo Rico; tan sobrado de medios económicos como ayuno y menesteroso en asuntos de cultura y educación. Quizás sea esa falta de resuelta voluntad colectiva lo que permite a los gobernantes asumir, con demasiada frecuencia, actitudes experimentales, aventureras, con frecuencia frívolas, en el indispensable terreno de la educación y de la cultura. Si a esto se añade la disposición cainita de dos partidos que cojean de forma asimétrica, el uno con un concepto en ocasiones cerril del estado y la nación española, y el otro con una idea sectaria y clientelista en su forma de abordar la tarea de gobierno, tenemos el escenario preparado para que la cultura, y sobre todo la educación, se abandone a la improvisación, o a lamentables intrigas, o a políticas personalistas de pasillo. 
La anterior ministra Pilar del Castillo pudo cometer errores en su gestión, pero pueden en cambio reconocérsele algunos aciertos evidentes. ¡También hubo aciertos en esos ocho años de gobierno de la derecha! O en todo caso no todo fue contaminado por la lamentable aventura de la guerra de Irak y del encuentro en las Azores. 
Pilar del Casillo impulsó una campaña ejemplar a favor de las Humanidades que cualquier ministerio responsable, competente, serio, hubiese debido no sólo continuar sino intensificar y desplegar, independientemente de que gobernasen populares o socialistas. Asimismo corrigió, con el mayor sentido común, el lamentable destrozo que en la Enseñanza Media habían perpetrado los socialistas gobernantes de la anterior legislatura. Un plan de estudios en el que el abaratamiento general de la calidad de la enseñanza hallaba su expresión más sintomática en la supresión de la filosofía de los planes de estudio. 
Precisamente una de las virtudes del plan de enseñanza que se confeccionó en la anterior administración consistió en introducir dos importantes asignaturas de filosofía, una sistemática y otra histórica, que compensaban ese incalificable error de los gobiernos socialistas anteriores.No creo que a nadie en sus cabales se le ocurra suprimir la literatura de la Enseñanza Media. ¿Sería posible que alguien fuese capaz de planear un bachillerato en el que no se hiciese mención de Cervantes, de Lope de Vega, de Antonio Machado, de Shakespeare, de Dante, de Joyce, de Esquilo? Hablo de la enseñanza común, impartida en español. No me refiero aquí a posibles aberraciones que tengan lugar en regiones periféricas con abusivas ínfulas, por parte de sus elites gobernantes, de naciones virtuales. 
¿Es más importante conocer a Cervantes que a Platón, a Dante que a Tomás de Aquino, a Joyce que a Wittgenstein, a Esquilo que a Parménides, a Juan Ramón Jiménez que a Ortega y Gasset, a Jorge Guillén que a Zubiri? En ningún país civilizado, en ninguno de los países que comparten nuestra condición europea (Italia, Francia, Alemania, Gran Bretaña) tendrían sentido estas absurdas elucubraciones. Hay consenso en la necesidad de que la filosofía sea uno de los pilares del bachillerato, como puede serlo la literatura o la historia del arte. 
Pero llegan los socialistas al poder, y nuevamente; para sorpresa de todos, y para indignación del colectivo al cual pertenezco, que con mucho esfuerzo ha conseguido durante este siglo que la filosofía levantara cabeza y vuelo, se suprime de nuevo la filosofía de la Enseñanza Media, tanto la asignatura sistemática que trataba todo el abanico de temas que incumben a la filosofía: ética, filosofía del lenguaje, estética, teoría de la ciencia, metafísica; como la que promovía un recorrido histórico, de Parménides a Ortega y Gasset, de Platón a Heidegger o Wittgenstein, sin olvidar a Derrida y a Deleuze. 
Llegan al poder, y lo primero de todo consiste en promover una enmienda a la totalidad o al conjunto de lo programado en el anterior ejecutivo. Y esto en educación se traduce en modificar los planes de estudio, especialmente en Enseñanza Media. Con la filosofía manifiestan una vez más una honda e irreprimible inquina. Se trata de erradicarla de los planes de estudio. Y con ello dar el finiquito al proyecto de iniciar una verdadera tradición filosófica en este país, habida cuenta la escasez que caracteriza el cultivo de la filosofía en un mundo, el español, que no parece remontar vuelo desde la Edad Media y la última escolástica, o que no ha tenido figuras de peso después de Ramon Llull, o de Francisco Suárez, hasta llegar al siglo XX. Pero que durante este siglo (con Unamuno, Ortega, Zubiri, Zambrano, etcétera) ha dado signos evidentes de esperanza que no merecen ser cortados de cuajo de forma tan cruel, tan gratuita y tan injusta. 
Y todos sabemos que la supresión de la filosofía de la Enseñanza Media sería el primer paso para la paulatina extinción en términos absolutos de cualquier estímulo y motivación para orientarse en ese ámbito tan determinante para diferenciar las verdaderas comunidades de cultura (Francia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Italia) y los países de segunda o tercera clase en asuntos educativos y culturales. 
Se habla de intrigas que subyacen a esta inicua decisión del Ministerio de Educación, o de pescadores a río revuelto que aprovechan la coyuntura para introducir «Ciencia, Tecnología y Sociedad», que puede gozar de cierto refrendo en ámbitos políticos, pues parece hallarse en conexión con los aires de los tiempos. No quisiera dar oído a rumores, algunos de ellos clamorosos, pero sé por experiencia que demasiadas veces la más absurda suposición es, en nuestros meridianos, la verdadera.

domingo, 13 de enero de 2013

Cuatro razones para eliminar la Historia de la Filosofía.
Borja Lucena Góngora

De conocimiento común es la intención del Ministerio de Educación de eliminar la historia de la filosofía del Bachillerato. Con ello, se cumpliría una segunda etapa fundamental en la desaparición forzada de la tradición de pensamiento filosófico occidental de los institutos, tras la efectiva anulación de la Ética por parte del anterior gobierno socialista. En esto, como en casi todo lo esencial, los dos grandes partidos de la burocracia estatal, más que oponerse, se complementan de modo armonioso e indudable, y son capaces de llegar a lo que llaman “Grandes Acuerdos de Estado”. Muchas van siendo las voces que consideran incomprensible la medida en cuestión, pero, por razones que seguidamente intentaré exponer, creo que tiene que ser contemplada como una acción previsible y de entendimiento fácil.

Las razones que el Gobierno puede esgrimir para silenciar la historia de la filosofía son poderosas y tremendamente razonables. Estas razones se encuentran en el contenido mismo de la filosofía, y no, como numerosos y, sin duda, bienintencionados defensores de la asignatura proclaman, en la eliminación de algo así como el “pensamiento crítico”; de hecho, esta dudosa defensa es una acusación más hacia su existencia misma, ya que convierte a la filosofía en una nebulosa sin contenido alguno, en una logomaquia vacía que lo mismo vale para esto que para aquello. No. La filosofía posee un contenido, y es éste el que presenta las más poderosas razones por las que la clase política dirigente puede verse inclinada a hacerla desaparecer. A modo de ilustración, entresaquemos alguna de las ideas defendidas por filósofos presentes hasta hoy en el programa de Historia de la Filosofía de 2º de bachillerato:
  1. Platón, en su diálogo “La República”, relata cómo la búsqueda exclusiva de una sociedad dirigida a satisfacer los deseos de consumo de sus integrantes, de convencerlos de que la buena vida consiste en atiborrarse de cosas y comodidades, equivale a la aspiración de convertir la polis, en el mejor de los casos, en una ciudad de cerdos bien alimentados.
  2. Aristóteles defiende que la política, como sabiduría práctica, se distingue radicalmente de los saberes técnicos, y especialmente de la economía; si ésta se erige en saber dominante, si desplaza al saber específicamente político, la ciudad se convierte en una descomunal agrupación humana regida por la necesidad de las reglas técnicas, y ya no por la libertad en la que encuentran su elemento genuino la acción y las palabras humanas.
  3. Santo Tomás de Aquino, junto a otros filósofos medievales, definió la autoridad política legítima como aquella preocupada por la vida común, antes que por la persecución de fines particulares; además, lo que es fundamental, defendió la posibilidad de desobedecer aquellas leyes injustas que sustituyen el horizonte del bien común por el de la gratificación de los grupos e individuos afines a los gobernantes.
  4. Para terminar con un filósofo más cercano, tomemos el caso de Ortega y Gasset. El filósofo madrileño intentó comprender los motivos fundamentales de la honda crisis política y social que asaltaba a las sociedades europeas durante el primer tercio del siglo XX. De ahí surgió su ensayo “La rebelión de las masas”, donde, entre otras muchas cosas, afirma que el bárbaro actual, aquel bajo cuya presión se desmorona la civilización europea, es el especialista, es decir, aquel que ha perdido la noción de un saber que desborde las fronteras del cálculo exhaustivo y monomaníaco de una pequeñísima porción de la realidad; aquel que se ha desinteresado de todo lo que llamábamos “cultura general”, formada por un sinfín de saberes históricos, filosóficos, literarios, artísticos, políticos. Hablamos, entonces, del “bárbaro especialista” que se ha ido convirtiendo, por mucho que le pese a Ortega, en objetivo explícito de la educación promocionada por las distintas reformas perpetradas en los últimos años.

No sé si he hablado lo bastante claro. ¿No son razones suficientes para que el Ministerio de Educación elimine definitivamente la Historia de la Filosofía de los planes educativos?

sábado, 8 de diciembre de 2012

Carta abierta al ministro Wert.
Eduardo Abril Acero



“Existir como hombres, ser ahí como hombres, significa filosofar. El animal no puede filosofar, dios no necesita filosofar.
Martin Heidegger

Señor ministro:

Como seguro usted sabe, Europa nació casi al mismo tiempo que apareció en las orillas del Mediterráneo un nuevo modo de vivir y habitar el mundo: la filosofía. Esta recién estrenada forma de ser la inventaron hombres arriesgados y valientes que tenían como horizonte último la búsqueda de la virtud y la justicia para ellos y sus comunidades.

Hoy en día, al otro extremo del Mediterráneo, gracias a usted, se consuma el abandono de lo que nos vio nacer como cultura. El proyecto de ley que pretende regular los próximos años el sistema educativo español y que, por tanto, será una pieza clave para formar a los ciudadanos del futuro, olvida por completo este carácter arriesgado y valiente. Para nuestros estudiantes se perderá definitivamente la vida y el pensamiento de los hombres que, en el pasado, pusieron los cimientos de lo que hoy nos permite pensar y hablar como lo hacemos, como buenos europeos, libres e inteligentes, conscientes de nuestro pasado y entusiasmados por el futuro.

Este proyecto, que no nos puede parecer sino un ejercicio de enorme irresponsabilidad, nos encontrará en frente expresando nuestra más rotunda oposición.

Y sepa que estas palabras no se dictan desde el corporativismo; nosotros, los que un día nos interesamos por la filosofía, carecemos de conciencia de clase. Nunca tuvimos, ni siquiera en las épocas en las que la filosofía invadía cada rincón del viejo continente, el sentido real de ser una “comunidad”. Los filósofos, cuando lo fueron de veras, poseían las virtudes del eremita que, dando un paso atrás, se tomaba tiempo en la reflexión serena. Compartían todos ellos, eso sí, los mismos enemigos sin cara: la estupidez, la ignorancia, la vulgaridad, las dictaduras de la ideología. Por eso, esta no es solamente la reivindicación laboral de un colectivo, la de los profesores de filosofía. Este es el lamento y la queja que surge de la lectura de este proyecto irresponsable; nos avergüenza la posibilidad de ser quienes presenciemos la derrota del pensamiento en un sistema educativo que nació para darle la oportunidad a los ciudadanos de construirse a sí mismos a través de la reflexión y el conocimiento.

No comprendemos su motivación, señor ministro, cuando propone semejante despropósito. Oímos, tal vez como rumor, que no nos preocupemos, que no lleva tanta agua el río, sin embargo escuchamos bajar tumultuosa la corriente. Los profesores de filosofía llevamos años leyendo las entrelíneas de los textos, y “entreleemos” en este proyecto suyo un futuro desesperanzador, condenados a una ley educativa empeñada en producir ciudadanos para la docilidad y el trabajo callado, pero no para el pensamiento y la valentía. Y sospechamos, con un olfato acostumbrado a las verdades veladas, que bajo la letra de esta ley, hay un ánimo de cortar las alas de quienes puedan tenerlas.

La filosofía está viva en las aulas de los institutos, señor ministro, y esta ley acabará con esos espacios de libertad y pensamiento. Es ahí donde los alumnos, junto a sus profesores, aprenden verdaderamente qué significado tiene para nosotros, los europeos, la imposibilidad de ser felices en una ciudad injusta, tal como nos cuenta Platón, o el “Sapere Aude” de Kant, exhortándonos a ser más audaces e inteligentes, superando todos los prejuicios. Es ahí, en esa clase de filosofía que usted quiere amortizar, el lugar donde empezamos a adquirir este carácter tan nuestro, tan griego, tan europeo, nuestra humanidad consciente de su precariedad, su finitud y su poder.

Puede que otra existencia, la imaginada por usted, sea posible, una existencia que igual desea más arraigada en nuestra realidad española, como nos ha recordado últimamente. Pero no se equivoque, señor ministro, profundizar en nuestras raíces no consiste únicamente en apercibirnos de nuestro origen cristiano. Francisco Suárez, Giner de los Ríos, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset, Manuel García Morente, Xabier Zubiri, María Zambrano, todos ellos leyeron a Platón, y también todos ellos representan nuestra mejor tradición.

Rechazamos este proyecto y lo hacemos a viva voz, tratando de avergonzar a aquellos que alguna vez se plantearon vaciarnos, uniformarnos, igualarnos de cualquier manera... ahora, usted. Proclamamos la injusticia de impedir el acceso a la filosofía a miles de jóvenes que, en el futuro, no pelearán contra el más duro de los enemigos, pero también el más agradecido: el pensamiento. Nos entristece que, en adelante, nuestros “buenos ciudadanos”, tal vez ganen candidez e ingenuidad, pero serán, con toda seguridad, menos belicosos y contarán con un olfato aún más torpe para la injusticia y la vulgaridad; esto hará de ellos hombres dóciles, aptos para la manipulación. El resultado no será un país más cohesionado, ni más trabajador, ni más eficaz, ni más competente. Será un país más estúpido y más pobre.

La filosofía es una píldora contra la idiotez, una exigencia de audacia, y la mejor apuesta para la formación de hombres libres y valientes. Decida usted ahora a qué quiere llamar “un español” dentro de unos años, señor ministro.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La filosofía en la LOMCE.
Óscar Sánchez Vega

“Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie demasiado prematuro ni demasiado retrasado en lo que concierna a la salud del alma. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o le ha pasado ya, es semejante al que dice que todavía no ha llegado o ya ha pasado el tiempo para la felicidad. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo; esta para que, en su vejez, rejuvenezca en los bienes por la alegría de lo vivido; aquél para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando la poseemos, lo tenemos todo y, cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla.” Epicuro de Samos.  Carta a Meneceo.

A día de hoy, la futura ley de educación, la LOMCE, prevé la desaparición de la Ética y la Historia de la Filosofía como asignaturas obligatorias en 4º de la ESO y 2º de Bachillerato respectivamente. La Ética pasa a ser una alternativa a la Religión y la Historia de la Filosofía una asignatura optativa en 2º de Bach. El panorama no puede ser más desolador.

¿Por qué la Ética como alternativa a la Religión en la ESO? ¿Acaso los creyentes no tienen la necesidad de una formación ética? ¿Consideran a la Ética como una especie de adoctrinamiento laico alternativo a la Religión? ¿Es necesario amenazar a los estudiantes con alguna materia evaluable para que cursen Religión?  (Si hay que elegir entre la desaparición de la asignatura o el nuevo rol que reserva la LOMCE para la Ética como alternativa a la Religión… casi prefiero la primera opción.)

¿Por qué la Historia de la Filosofía como optativa en el Bachillerato? ¿Porque no es necesaria para formar trabajadores dúctiles y disciplinados? ¿Porque el conocimiento de Platón, Aristóteles, Descartes o Marx es superfluo y hasta pernicioso? ¿Porque el pensamiento es un lujo innecesario?

Entiendo que el problema es suficientemente grave para merecer una consideración por parte de todos: profesores, padres y madres y, especialmente, estudiantes. El asunto puede enfocarse desde distintas perspectivas, pero quiero aprovechar las palabras de Epicuro que encabezan este escrito para poner el acento en una cuestión que considero fundamental: aquellos estudiantes que opten por no continuar su formación académica cursando bachillerato no habrán tenido la oportunidad de acercarse, en modo alguno, a la filosofía, a la reflexión filosófica, de la cual la ética es una parte fundamental; y el resto, los futuros universitarios, los estudiantes de bachillerato que, en su mayor parte no cursarán una Historia de la Filosofía (que debería competir en un año muy duro con otras alternativas más  ”light”),  tendrán, en el mejor de los casos, una  muy superficial preparación filosófica. ¿Acaso estaba completamente errado Epicuro cuando vinculaba de un modo tan directo, claro y poético la filosofía, o mas bien el “filosofar”, con la felicidad? Nuestros dirigentes políticos deben pensar que estaba completamente equivocado pues de lo contrario no obstaculizarían el acceso al que Aristóteles tenía por el fin último de la vida humana a la mayor parte de los jóvenes españoles.

jueves, 24 de mayo de 2012

Declaración de la Filosofía española.
Madrid, 5 de mayo de 2012.

La Conferencia de Decanos de las Facultades de Filosofía de España, el Instituto de Filosofía del CCHS-CSIC y diversas asociaciones filosóficas españolas que representan a una gran parte del profesorado de las universidades y centros de enseñanza secundaria, hemos celebrado durante los días 4 y 5 de mayo de 2012, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, unas jornadas de debate sobre La situación de la filosofía en el sistema educativo español. Como conclusiones de estas jornadas, hemos adoptado los siguientes acuerdos:

1. Consideramos que una sociedad democrática debe contar, entre otros requisitos imprescindibles, con un sistema público de educación que cubra todas las etapas formativas (infantil, primaria, secundaria y universitaria), que proporcione una formación de calidad y que sea accesible a todas las personas sin discriminación alguna por razón de sexo, nacionalidad, clase social, etc.

2. Estimamos que una sociedad democrática debe contar también con un sistema público de investigación integrado por las universidades y los centros de investigación especializados, dotado de recursos suficientes en todos los ámbitos científicos, tecnológicos y humanísticos, y basado en el mérito, la creatividad y la responsabilidad social de los investigadores.

3. Por todo ello, rechazamos rotundamente los drásticos recortes presupuestarios que vienen aplicando el gobierno central y los autonómicos en los tres últimos años, y que solo en 2012 superan el 20% en educación y el 25% en investigación. Asimismo, rechazamos el RD 14/2012. de 20 de abril (BOE de 21 de abril), de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo, porque es un ataque frontal contra uno de los pilares fundamentales de nuestro Estado de bienestar: el sistema público español de educación e investigación.

4. Más concretamente, todos estos recortes económicos y cambios legislativos están poniendo en peligro la calidad e incluso la continuidad de la docencia y la investigación en Filosofía. Por ello, nos vemos obligados a recordar a las administraciones públicas que los estudios de Filosofía son uno de los ejes fundamentales de la tradición cultural de Occidente, y que hoy en día las sociedades democráticas más avanzadas suelen reservar un lugar específico a estos estudios en sus diferentes niveles educativos: institutos, universidades y centros de investigación.

5.  La Filosofía nació y se desarrolló en Europa, hasta el punto de que la propia civilización europea no se comprende sin ella, pero desde la época del humanismo renacentista ha ido extendiéndose por todo el mundo, entrando en diálogo con otras tradiciones culturales y adaptándose a las transformaciones de la historia. De este modo, ha llegado a convertirse en un patrimonio vivo de toda la humanidad, a través del cual pueden comunicarse todos los pueblos de la Tierra. Prueba de ello es que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO') reconoce a la Filosofía un papel fundamental en la formación cívica y cultural de los ciudadanos de todo el mundo. Por eso, en 1995 hizo pública la Declaración de París en favor de la Filosofía, en 2005 estableció el Día Mundial de la Filosofía (que se celebra el tercer jueves del mes de noviembre), y en 2007 editó el informe La Filosofía, una escuela de libertad.

6. La Filosofía es una "escuela de libertad" porque educa a los niños y jóvenes en el ejercicio autónomo y riguroso del pensamiento, les enseña a reflexionar sobre el mundo y sobre sí mismos con una mirada crítica, y los capacita para dialogar racionalmente con sus semejantes, reconocer la pluralidad de los diferentes puntos de vista y buscar el entendimiento mutuo en los diversos campos de la experiencia humana, conforme a criterios comunes como los de verdad, justicia, belleza, etc. Por eso, ante los conflictos e incertidumbres de una sociedad cada vez más compleja y globalizada, los estudios de Filosofía son un instrumento fundamental para la comprensión del mundo y la comunicación racional entre todos los seres humanos.

7. La Filosofía puede practicarse en diferentes lugares y por diferentes medios: la docencia, la investigación, el asesoramiento ético, la mediación social, la gestión cultural, la creación artística y literaria, etc. No obstante, y en consonancia con las recomendaciones de la UNESCO, consideramos que los estudios de Filosofía deben tener un lugar específico en el sistema público de educación e investigación, porque solo de ese modo se garantiza su transmisión generacional y su renovación permanente, y porque toda persona tiene "derecho a la Filosofía", es decir, derecho a recibir una formación especializada que le permita acceder al patrimonio del pensamiento filosófico y adquirir los conocimientos necesarios para el ejercicio de la profesión filosófica.

8. La comunidad filosófica española está experimentando un cambio de ciclo histórico. Desde los años de la transición democrática, se inició una época de creciente expansión, modernización y diversificación de los estudios de Filosofía en todos los niveles educativos. Esa época estuvo protagonizada por una brillante generación de profesores, investigadores y escritores que han situado a la filosofía española en pie de igualdad con las filosofías de otros países del mundo. Esta internacionalización de la filosofía española es una importante contribución al patrimonio común de la lengua española como vehículo privilegiado para situar nuestra cultura en el lugar que le corresponde en un mundo cada vez más globalizado. A ello se añade el meritorio trabajo realizado en las otras lenguas oficiales de nuestro país. Sin embargo, la generación a la que debemos esos logros se ha jubilado en los últimos años, y el relevo generacional se está viendo afectado por una serie de procesos muy diversos que plantean a la comunidad filosófica española nuevos desafíos y también algunas dificultades: las sucesivas reformas legislativas, el llamado proceso de Bolonia, el nuevo papel de las agencias de evaluación en la carrera docente e investigadora, los drásticos recortes presupuestarios en educación, universidades e investigación, y, por último, la amenaza de reducción de centros, titulaciones y materias de Filosofía.

9. En este cambio de ciclo histórico, los asistentes a las jornadas de Madrid hemos decidido unir nuestras fuerzas, hasta ahora muy dispersas, y poner en marcha un proceso de vertebración de la comunidad filosófica española. A partir de ahora, nos constituimos como Red Española de Filosofía (REF), para facilitar  la cooperación entre todas  las personas y organizaciones relacionadas con la profesión filosófica, y para defender esta profesión ante las administraciones públicas y ante la ciudadanía española. La REF contará con un Consejo de Coordinación en el que tendrán representación la Conferencia de Decanos de Filosofía, el Instituto de Filosofía delCCHS-CSIC  y  las  asociaciones  filosóficas  del profesorado  universitario y de enseñanza secundaria.  Los  primeros  pasos  encomendados  a este Consejo de  Coordinación  son los siguientes:
a) Creación de una Web que sirva de medio de comunicación interna, archivo documental y difusión pública de las actividades de la REF.
b) Constitución de tres comisiones de trabajo, representativas del profesorado universitario y no universitario, y que elaborarán propuestas concretas en tres campos diferentes: A) el curriculum de las materias filosóficas de la enseñanza secundaria; B) la renovación de los estudios de Grado, Máster y Doctorado, que habrá de incluir una mayor atención a la didáctica específica de la Filosofía; y C) el perfeccionamiento de los procedimientos y criterios de valoración aplicados por las diferentes agencias de evaluación estatales y autonómicas. Estas propuestas serán debatidas y consensuadas en el seno de la REF, para su posterior presentación y negociación con el Ministerio de Educación, las comunidades autónomas y las agencias evaluadoras.
c) Preparación de un Congreso de Filosofía de ámbito estatal, abierto a los profesores e investigadores de todas las áreas filosóficas y de todos los niveles educativos, y abierto también a los profesionales de la filosofía que desempeñan su labor fuera de las instituciones académicas.
d) Apoyo a la difusión de dos importantes informes editados por la UNESCO: Filosofía y democracia en el mundo (1995), y La Filosofía, una escuela de libertad (2007). El trabajo de la edición española de este último será coordinado por la SEPFI.
10. Esperamos que la puesta en marcha de la Red Española de Filosofía permita crear un espacio de comunicación entre todos cuantos amamos y practicamos la Filosofía en este país. Invitamos a todas las personas y organizaciones españolas relacionadas con la profesión filosófica, para que participen en las actividades de la REF. Y, por último, nos comprometemos a establecer vínculos de colaboración con otras redes filosóficas nacionales e internacionales.