espacio de e-pensamiento

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Filosofía y Literatura.
Óscar Sánchez Vega

El vínculo entre filosofía y literatura se remonta a los orígenes, así encontramos en Platón al fundador de la filosofía y a un literato de primer orden. Además podemos encontrar en el filósofo ateniense las claves para entender el tipo de relación que cabe establecer entre filosofía y literatura o, lo que es lo mismo, entre argumentación dialéctica y relato mítico. El mito no es un añadido superfluo a la dialéctica, tampoco es un instrumento para una mejor difusión de la doctrina platónica. Por el contrario, el relato mítico es una exigencia de la argumentación dialéctica y arranca donde allí donde los logoi han terminado. El mito va más allá de los logoi, apunta a lo que en sentido estricto no puede ser dicho sino solo sugerido.

Pues bien, los herederos de Platón, los representantes más conspicuos de la filosofía académica, parecen haber olvidado desde hace tiempo esta importante lección. El filósofo académico, sea de la rama que sea - analítico, marxista fenomenólogo…- tiende a ignorar o mirar con desdén a los filósofos que cultivan la literatura o a los literatos con ínfulas filosóficas. Ambos son considerados diletantes; útiles, tal vez, como divulgadores pero carentes de la profundidad y el rigor que cabe exigir de la racionalidad filosófica. No puedo estar más en desacuerdo con esta apreciación.

Hace unos días hemos celebrado el centenario del nacimiento del filósofo del siglo XX que, desde mi punto de vista, mejor ha transitado por ambos géneros cultivando con igual maestría el ensayo y la novela: Albert Camus. La filosofía académica francesa, encabezada por Sartre, nunca reconoció - más bien al contrario - la obra del que era considerado un aficionado advenedizo argelino. Tampoco han tenido mejor suerte los literatos de temáticas filosóficas, entre los que cabe destacar la figura de Borges, el cual, por razones semejantes a las que afectan a Camus, no forma parte de los planes de estudio de ninguna Facultad de Filosofía que se precie. En España, podemos coronar como rey y señor de este extraño territorio híbrido a Miguel de Unamuno y, en un nivel inferior de reconocimiento, pero no de calidad, a George Santayana.

El menosprecio, como filósofos, de los autores citados es una petulancia que no tiene ninguna justificación.  Los, digamos, "filósofos literarios" no es que estén al mismo nivel que los filósofos académicos sino que, dependiendo de los objetivos que nos hayamos marcado, están en un nivel superior. Los ensayos filosóficos mejores y más interesantes, para mí, no son los que tratan de las cuestiones más  profundas y vitales, sino de otros temas que nos resultan menos íntimos, más "fríos". Así, por ejemplo, entiendo que la filosofía académica en sus distintas ramas - filosofía del lenguaje, filosofía política, teoría del conocimiento etc- hace una provechosa labor cuando se marca el objetivo de reflexionar en torno a ideas tales como democracia, verdad científica, mente, arte, cultura, libertad política, secesión, significado etc. En cambio cuando se trata de internarse en el centro mismo de la existencia y de plantearse  algo así como "el sentido de la vida”, la filosofía académica no transmite del mismo modo que la literatura y, en ocasiones, se muestra fatua e inane. Si mi objetivo es dilucidar la noción de libertad política, un ensayo filosófico- de Isaiah Berlin o Antonio Negri, por ejemplo- me resulta adecuado, pero cuando se trata de reflexionar sobre el paso del tiempo o la muerte prefiero  a Proust o Dostoievsky antes que a Heidegger o Merlau-Ponty.

El discurso conceptual sigue unas reglas -lógicas, semánticas y sintácticas- que imponen unas limitaciones al pensamiento que son felizmente rebasadas en la obra literaria. La expresión literaria de las ideas no es más vulgar que la académica, al contrario, conforme al patrón platónico es más profunda y reveladora.  La tesis que pretendo defender es esta: las ideas filosóficas más profundas hallan su más adecuada expresión en forma literaria, no conceptual. Así, por ejemplo todas las formulaciones conceptuales de las ideas pacifistas y naturalistas palidecen al lado de las reflexiones de Lyovin y la descripción de la vida rural que hace Tolstoi en Ana Karenina o la historia de Joseph Wayne en A un dios desconocido de Steinbeck. La noción de identidad personal es puesta en cuestión de manera admirable en la obra de Pessoa o en La metamorfosis de Kafka de forma al menos tan profunda como en las reflexiones de  Schelling o Deleuze. La manera en la que Zweing trata del amor en Carta de una desconocida no tiene replica conceptual alguna. El lenguaje es, como señala Victor Gomez Pin, el protagonista principal de En busca del tiempo perdido de Proust  y también es el protagonista principal de la novela de Javier Marías, Corazón tan blanco. Borges reflexiona de forma magistral sobre la idea de tiempo en El jardín de senderos que se bifurcan o sobre la idea de infinito en La biblioteca de Babel. El sentido de la vida o más bien la ausencia del mismo es tema principal de El extranjero de Camus o El Caminante de Hesse. La idea de poder y los efectos de la corrupción política se concretan en la progresiva desintegración moral del personaje de Cayo Bermúdez en Conversación en la Catedral.  La soledad está presente en toda las generaciones de la familia Buendía, especialmente en la figura del coronel Aureliano Buendía. También la consideración de la memoria y su función son un tema central en Cien años de soledad. La importancia de la voluntad, su rango por encima de la realidad cotidiana es el asunto central de El tambor de hojalata. Del mismo modo encontramos en La montaña mágica de Mann una reflexión insuperable sobre el paso del tiempo y la muerte. La lista pudiera ser interminable: la idea de expiación en Lord Jim, la de virtud en Vida y destino, la de eterno retorno en La insoportable levedad del ser, la de libertad personal en Demian etc.

Por último quisiera reconocer una manifiesta injusticia: muy posiblemente la mejor manifestación literaria de las ideas enumeradas sea la poesía. No tengo más excusa para la omisión de importantes autores y obras líricas que el desconocimiento y una escasa sensibilidad poética que me conducen una  y otra vez a un muy reducido círculo de autores - Ángel González y Miguel Hernández, principalmente - dejando al margen muchos otros que seguramente merecen todo el reconocimiento y serían muy buenos ejemplos de la tesis expuesta.