espacio de e-pensamiento

miércoles, 4 de julio de 2018

Lo que no sabía el señor Peel.
Óscar Sánchez Vega



Althusser dirige en 1965 el seminario “Lire Le Capital” donde propone una nueva forma de leer a Marx distinta y hasta opuesta a la que había sido habitual en la tradición marxista. Marx escribió mucho, pero lo hizo de forma un tanto caótica: muchos textos son inconclusos por lo que no son publicados, incluso alguno casi terminado, como los Grundisse tampoco es publicado; en cambio Marx dedica las dos últimas décadas de su vida a escribir su obra definitiva, El Capital, pero solo logra publicar el libro primero. En resumen: lo que publica no lo termina y lo que casi termina no lo publica. Ante este panorama... ¿qué hacer? ¿cómo abordar la obra de Marx? La tradición marxista había prestado especial atención a la obra de juventud de Marx, donde se abordan las cuestiones de carácter más filosófico y no había discriminado entre los textos publicados y no publicados. La propuesta de Althusser es la opuesta: interpretar a Marx partiendo de sus últimos textos, pero especialmente aquellos que él mismo consideró dignos de ser publicados, es decir, básicamente del libro primero de El Capital. ¿Qué encontramos en esta obra? Lo que llama la atención, a juicio de Althusser, es más bien lo que no encontramos: no encontramos una teoría general de la historia y el método dialéctico aparece relegado en favor de una metodología más bien analítica.

Fdez Liria, en la línea de Althusser, nos propone leer a Marx como un platónico antes que como un hegeliano. Recordemos que en los diálogos platónicos Sócrates propone a sus interlocutores la definición de una idea: ¿qué es la virtud? ¿qué es la justicia? ¿la belleza?, etc. El diálogo siempre se desarrolla de similar manera: el interlocutor pone ejemplos o se limita a enumerar las partes de lo que se busca y Sócrates le hace ver que no es eso lo que él ha preguntado. La pregunta socrático-platónica es siempre por un eidos, una forma o estructura que está oculta, pero es la esencia de aquello que estamos investigando y si no lo aprehendemos de algún modo no entenderemos nada. Pues bien el camino que sigue Marx es el mismo: ¿Qué es el capitalismo? ¿qué es el capital?

Veamos si podemos ilustrar este procedimiento mediante una pequeña historia, casi una anécdota pero, a mi juicio, muy reveladora. En el último capítulo del Libro I de El capital Marx hace referencia a una curiosa historia: un emprendedor capitalista, el señor Peel, había decido montar una empresa en tierras coloniales, en Nueva Holanda concretamente, la actual Australia, y, con este fin, había transportado en varios barcos todo lo necesario: el capital, los medios de producción y la fuerza de trabajo. Tenía el dinero necesario para empezar el proyecto (£ 50.000), transportaba las máquinas necesarias, hasta el último tornillo e incluso, como no se fiaba de la población indígena, llevaba consigo a 3000 personas, hombres, mujeres y niños en calidad de asalariados. Todos ellos habían firmado un contrato en la metrópoli en virtud del cual se comprometían a trabajar para el Sr Peel. En resumen, el Sr Peel trasladó a Nueva Holanda todas las partes de una sociedad capitalista que quería reproducir en la colonia. Sin embargo la expedición fue un fracaso. En palabras de Marx:
«Los obreros del señor Peel dejaron de serlo en cuanto desembarcaron en un continente con suficientes tierras vírgenes para transformarse en campesinos independientes. Colonizaron pedazos de tierra, se dedicaron a criar ganado y se hicieron artesanos, y algunos que tuvieron suerte en estos menesteres «se convirtieron incluso en competidores de sus ex patrones en el mercado mismo de trabajo asalariado». «¡Imagínese usted qué atrocidad! -comenta Marx-, el honesto capitalista ha importado él mismo de Europa, con su propio dinero contante y sonante, a sus propios competidores, ¡y en persona!» (MEGA. II. 6:688).
El Sr Peel había transportado a la colonia todas las partes de un sistema capitalista, pero como decía Levi-Strauss “un sistema o configuración es siempre algo más que la suma de sus partes”. Lo que no pudo exportar el Sr Peel es aquello que hace que las partes se comporten como un todo, lo que no pudo implantar en la colonia fueron las relaciones de producción capitalista. Los obreros del Sr Peel no se comportaban como obreros porque tenían a su alcance medios de producción (tierras, herramientas, semillas, ganado, etc) que les permitían vivir de una manera más digna, o dicho de otra manera: las condiciones que hacían de una persona un obrero no existían todavía en la colonia, por eso los obreros dejaron de serlo en cuanto desembarcaron; porque las personas, naturalmente, prefieren una vida libre aunque frugal a una vida de miseria y explotación.

Entonces, debemos preguntarnos, ¿por qué no ocurría lo mismo en la metrópoli? ¿por qué esos mismos obreros cuando estaban en Europa aceptaban trabajar en pésimas condiciones, interminables jornadas, por un sueldo miserable? La respuesta es obvia: porque en Europa no les quedaba más remedio, no tenían otra opción. Para instaurar relaciones de producción capitalistas, por tanto, previamente hay que aniquilar las condiciones generales de trabajo de una población, hay que expropiar violentamente a una población de sus medios de producción. Esto es justo lo que ocurrió en Gran Bretaña. El proletariado británico está compuesto, a mediados del siglo XIX, por hijos y nietos de campesinos ingleses, escoceses e irlandeses expropiados y expulsados de su tierra natal. Cientos de miles de campesinos fueron violentamente expropiados a punta de bayoneta a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Se crea así, de manera artificial, hambre en la población para que los proletarios, “de manera voluntaria” puedan elegir acudir al mercado de trabajo. Sin embargo este brutal acontecimiento ya se había olvidado en los países avanzados de Europa a mediados del siglo XIX, y este olvido, naturalmente, es aún más profundo en el siglo XXI. Pero esta es la verdad del capitalismo, el crimen original sin el cual no hubiera sido posible la instauración de las relaciones capitalistas de producción.

Esta es la principal lección que Althusser extrae de la obra de Marx: aquello que hace posible el capitalismo es invisible, una estructura que no aparece, permanece oculta, olvidada. Como el eidos platónico la estructura del sistema capitalista es invisible pero sus efectos son bien tangibles. La verdad del capitalismo, como el Sr Peel, tuvo ocasión de comprobar, no está en la revolución industrial, ni en el derecho de propiedad burgués, ni siquiera en el capital, es decir, en el dinero. La verdad del capitalismo es, en palabras de Marx:
«El modo capitalista de producción y de acumulación y, por ende, también la propiedad privada capitalista, presuponen el aniquilamiento de la propiedad privada que se funda en el trabajo propio, esto es, la expropiación del trabajador» (MEGA, II, 6:692).
Esto es justo lo que no sabía el Sr Peel.

martes, 19 de junio de 2018

Los cínicos: de la verdadera vida a la vida otra.
Óscar Sánchez Vega



Las vidas, personales y académicas, de Pierre Hadot y de Michael Foucault transcurren por caminos muy diferentes hasta que en 1980 Hadot ingresa como profesor en el Collège de France a instancias de Foucault. Por aquel entonces el interés de Foucault se había dirigido hacia el que era desde siempre el campo de estudio de Hadot: la filosofía antigua. A pesar de sus profundas divergencias, Foucault y Hadot comparten un mismo enfoque que es el que voy a seguir en las siguientes líneas. La filosofía antigua, dicen, es una forma de vida, tiene una dimensión práctica y una función terapéutica. La filosofía nace de un impulso erótico que nos lleva hacia la verdad, pero el filósofo no se conforma con Saber sino que cambia su vida (Ethos), y hace de su modo de vida un ejemplo para los otros.

Si atendiéramos a esta dimensión práctica podríamos elaborar una nueva Historia de la Filosofía. Por ejemplo, si adoptamos una perspectiva teórica (metafísica) no encontramos un corte profundo entre la Antigüedad y el cristianismo, pero si fijamos nuestra atención en lo que Foucault denomina “la estética de la vida” prestaremos atención a discontinuidades que de otro modo nos pasarían desapercibidas: no es lo mimo la verdadera vida en la Antigüedad (de la que nos ocuparemos a continuación) que la vida del asceta, la vida del monje, la vida del santo, etc. Estamos ante una metafísica que se mantiene relativamente constante y una estilística de la existencia que varía significativamente.

La preocupación por el modo de vida está presente en la cultura griega desde el inicio. Homero y Píndaro, por ejemplo, afirman que el objetivo de la vida humana es dejar huella, perdurar en el recuerdo, hacer de la propia vida una obra de arte. Aquiles es quizá el mejor modelo de esta verdadera vida que trataremos de rastrear. En el siglo III aC, con las Escuelas helenísticas, este tema deja de ser el trasfondo de cualquier elaboración teórica para convertirse en el centro mismo de la reflexión filosófica. Los historiadores de la filosofía y los filósofos en general, cuando han prestado atención a esta época, se han centrado en los estoicos y los epicúreos; incluso los escépticos han sido más estudiados que los cínicos. El desprecio hacia los cínicos viene dado porque sus discursos filosóficos son ciertamente escasos y poco originales, pero si adoptamos una perspectiva práctica, si entendemos la filosofía como una forma de vida, entonces los cínicos cobran una dimensión nueva y fundamental: ellos son los que llevan hasta sus últimas consecuencias el tema de la verdadera vida y al radicalizar sus planteamientos originales la transforman por completo.

Foucault dedica una parte considerable de su último curso en el Collège a exponer cómo la verdadera vida se transforma en los cínicos en “la vida otra”, otra vida distinta a la de los no filósofos y también a la de los otros filósofos, una vida irreductible a la del resto, que es percibida por la sociedad como una vida escandalosa. Por lo tanto, para comprender la propuesta vital de los cínicos debemos partir de la concepción tradicional de la verdadera vida, radicalizar y, en cierto modo, invertir sus planteamientos originales.

El significado de verdadera vida, alethés bíos, depende, naturalmente, del significado de alétheia (alethés, verdadero). Foucault distingue cuatro formas según las cuales puede decirse que algo es verdadero y por tanto cuatro maneras o modulaciones de entender la verdadera vida en la tradición griega:
  1. Alethés es lo que no está oculto o disimulado. Este es su significado más literal, lo que se muestra abiertamente, no está cubierto ni disimulado. Alethés bíos es una vida no disimulada, que no oculta una parte oscura, que no se esconde a la mirada del amigo (Séneca) o del dios (Epicteto) y no da motivos para la vergüenza. La verdadera vida es, por ejemplo, la de Aquiles, que es completamente transparente; pero no la de Ulises que se esconde y maquina engaños. En Aquiles no encontramos diferencia alguna entre lo que hace y lo que dice y este es el rasgo esencial de la alethes bíos.
  2. Alethés es lo que no tiene mezcla de bien y mal, vicio y virtud, etc; puesto que la verdad es pura y está en perfecta identidad consigo misma. Esto nos lleva por un lado (Platón) al cuidado y purificación del alma y por el otro (epicúreos y estoicos) al ideal de autarquía e independencia. Alethés bíos es una vida no variopinta, una vida que no se deja arrastrar por deseos. Lo contrario a una vida íntegra, a una vida sin mezcla, es la vida del hombre democrático que se deja llevar llevar por sus apetitos y pasiones: ahora quiere esto, luego lo otro y más tarde algo diferente.
  3. Alethés es lo recto. Alethés bíos es una vida recta. El camino de la verdad, en el sentido tradicional griego, es una vida de conformidad con el logos que se ajusta a la naturaleza. Pero, al menos en la época arcaica y clásica, no encontramos en el mundo griego disociación entre los dictados de la Naturaleza y las leyes de la polis: el hombre recto cumple con las leyes de la ciudad y de esta forma se mantiene en armonía con la Physis.
  4. Alethés es lo que no cambia, lo que es imperturbable e incorrupto. Alethés bíos es una vida inmutable, una vida que goza de sí porque es dueña de sí misma. La verdadera vida es la propia de un alma magnánima, una vida soberana, dueña de sí misma, una vida de ejemplaridad y generosidad hacia el otro.

La práctica del cinismo se apoya en estos cuatro sentidos de la verdadera vida y los lleva hasta el extremo, hasta invertirlos y convertir la vida en un escándalo, pero se trata de una inversión dramatizada, representada, no teórica. Veamos cómo funciona esta transmutación, de qué manera el cínico, y particularmente Diógenes, recoge cada uno de los rasgos de la verdadera vida, los radicaliza e invierte:
  1. Primera característica: vida no disimulada. La verdadera vida es, habíamos dicho, una vida que no esconde nada y no da motivos para la vergüenza. Los cínicos toman este tema de la tradición y lo alteran, cambian completamente su sentido haciendo de ello un escándalo. Llevan el ideal de no disimulación a su plasmación material. La vida otra es una vida desvergonzada, se trata de vivir literalmente ante la mirada del otro, de no esconder nada. Las anécdotas relativas a la vida de Diógenes son bien conocidas: carece de casa donde cobijarse, vive en las calles y los templos, apenas lleva ropa, come y se masturba en público, etc. No hay nada malo en lo que la Naturaleza quiere, dice Diógenes.
  2. Segunda característica: vida pura, sin vicios ni maldad. Los cínicos llevan el ideal de pureza hasta el extremo. Puesto que el dinero y los bienes materiales de este mundo corrompen la naturaleza humana... seamos pobres de solemnidad, dice el cínico. La vida otra, la vida del cínico, es claramente una vida de pobreza, pero quizá no está claro en qué sentido este rasgo supone una inversión respecto a la verdadera vida. ¿No hay ya en Sócrates, por ejemplo, un desprecio y repudio de la riqueza? Hay en esta cuestión cierta ambigüedad que debemos tomar en consideración. Por una parte sí, la verdadera vida no es la vida del opulento acaparador, pero tampoco es la del pobre o el mendigo. Lo que debemos tener siempre presente es que la verdadera vida no es un ideal para todo el mundo; la verdadera vida está reservada a los mejores, aquellos pocos que logran distinguirse por encima de la multitud porque la excelencia moral no es democrática. Lo importante, en el ideal tradicional, era, más que tener o no dinero, cierta actitud de indiferencia y desapego haca la riqueza. Pero el desapego no puede ser tal que nos lleve a la miseria, la verdadera vida es una vida soberana e independiente, no puede ser una vida menesterosa. Sin embargo, la pobreza del cínico es real, material, nada ambigua. Se concreta en la vestimenta, el hogar y la ausencia de todo tipo de bienes. Es una pobreza fea, hirsuta y militante que reprocha al resto de los ciudadanos su apego a los bienes materiales.
  3. Tercera característica: vida recta. La vida otra del cínico es una vida desnuda, se apoya solo en el orden natural, no se ajusta a ninguna convención. Los cínicos llevan al ámbito de la vida real la controversia teórica de los sofistas: physis vs nomos. Pero ya no se trata de discutir o argumentar sino de mostrar abiertamente cómo vivir de manera natural alejado de convenciones artificiales. Sin necesidad de elaborar ningún discurso el cínico muestra la superioridad de la vida conforme a la Physis con su mera presencia pública. Las únicas necesidades admisibles para el cínico son las de carácter animal: comer, dormir, defecar, etc. El resto: matrimonio, familia o tabús alimentarios, por ejemplo, son artificios contra natura, ornamentos superficiales de los que nos habríamos de liberar con el fin de llevar una vida virtuosa.
  4. Cuarta característica: vida sin corrupción ni decadencia, vida inmutable. Los cínicos, de nuevo, retoman el tema de la vida soberana y lo llevan al extremo. El tema del rey filósofo aparece, naturalmente, en Platón, pero los cínicos le dan un nuevo giro y cambian su sentido. El verdadero rey es el sabio cínico, los otros, los reyes coronados, dependen de múltiples circunstancias: ejércitos, guardias, aliados, etc. El filósofo cínico no necesita nada (tiene autarkeia, completa independencia), reina sobre todos los hombres y sobre su interior, no tiene vicios ni defectos.  Es en este contexto en el que cabe insertar la célebre anécdota del encuentro entre Diógenes y Alejandro. Por eso dice Alejandro: “de no haber sido Alejandro, habría querido ser Diógenes”. El cínico es el verdadero rey, pero un rey ignorado, un rey en la miseria. Pero como rey cumple una función: ocuparse de los otros... aunque ellos no parecen aceptar de buen grado los cuidados del rey desnudo porque no son conscientes de su enfermedad y son reacios a tomar la agria medicina que el cínico prescribe. El cínico ataca a a la raza humana por su propio bien, para que pueda vencer en la lucha contra los vicios, apetitos y pasiones. La vida del cínico anticipa de este modo la vida militante. Se trata, eso sí, de una militancia abierta, no proselitista, que no busca (al contrario que otras escuelas helenísticas) hacerse con un grupo de partidarios, sino que se dirige a la humanidad entera; su lucha es contra todos y contra todo. El cínico no admite componendas en su afán por cambiar el mundo.

Pues bien, esta tesis que acabo de exponer es la que defiende Foucault: la forma de vida cínica (la vida otra) es una transmutación del ideal de vida tradicional en la Grecia Antigua (la verdadera vida). Pero, además de lo dicho, ¿podemos presentar alguna prueba en favor de esta interpretación de Foucault? Pienso que sí. Hay un conocido episodio de la vida de Diógenes, narrado, entre otros, por Diogenes Laercio, que resulta cuanto menos enigmático y que cobra una nueva inteligibilidad a la luz de lo anteriormente expuesto. Según parece el padre de Diógenes debe huir de Sínope, junto con toda su familia, porque es acusado de malversación o falsificación de moneda (dependiendo de la versión). Diógenes acude al oráculo de Delfos y le pide al dios consejo y el oráculo responde: parakharattein to nómisma, “cambia el valor de la moneda”. ¿Qué quiere decir? En primer lugar haremos bien en fijarnos en la similitud y cercanía entre nómisma (moneda) y nomos (ley, convención). Recordemos que la situación de penuria de la familia de Diógenes es precisamente por cambiar moneda y lo que le dice el oráculo a Diógenes es que no se conforme con esa situación, le pide que dé una nueva vuelta de tuerca, que vuelva a cambiar la moneda. Pero la moneda, si no nos equivocamos, en una imagen o representación del nomos, de las instituciones sociales y políticas firmemente asentadas en la comunidad. Cambiar el valor de la moneda sería entonces poner de releve que la verdadera vida solo puede ser una vida otra, una vida diferente a la socialmente admitida, una vida incluso diferente a la de los filósofos. Se completa así la inversión, pero desde la perspectiva del cínico la verdadera vida es la suya y la vida equivocada, la vida otra, la del resto de la sociedad. El cínico, como hemos señalado, es un militante, un misionero de la verdad que no puede instalarse en la verdad despreocupándose del resto de la comunidad. Él debe interpretar el papel socrático de tábano, debe mostrar cuál es la verdadera vida para que aquellos en disposición de abrir los ojos puedan actuar en consecuencia.

“¡Cambia tu modo de vida!”, este es el imperativo ético implícito en la filosofía antigua, llevado hasta el extremo por los cínicos, que haríamos bien en retomar desde la filosofía contemporánea.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Alfabeto filosófico II.
Borja Lucena

Se trata de superponer dos niveles heterogéneos, el de la norma y el del caos, como si se tratara sólo del juego caprichoso de introducir un orden en lo que por sí no lo tiene. La rutina de los diccionarios. Transcribiré en el inflexible orden alfabético una serie de pensamientos, citas -sobre todo citas- u otras cosas inverosímiles que he ido apuntando al ritmo de lecturas, de conversaciones, de encuentros y desencuentros más o menos azarosos. 

Pero, en realidad, un diccionario constituye una de las formas más poderosas de apresar y sintetizar el universo de lo real, de jugar el juego del ser. Alinear un conjunto de palabras de acuerdo con la necesidad de un orden, pero abandonando cada una de ellas al albur del acaso y la contingencia, de modo que, en su sucesión, la previsibilidad de lo por venir en el orden alfabético se acompañe del absurdo en el sucederse de los significados. 

En el orden y la arbitrariedad de los diccionarios se da de manera inmediata e irrevocable la marca ontológica de todo lo que acontece, como si esa mezcla  de necesidad y contingencia, de orden y desorden, fuera el juego mismo que la vida, el mundo, la realidad juegan.


A
ACCIÓN: “El lenguaje y el trabajo son externalizaciones y manifestaciones en las que el individuo ya no se retiene ni se posee él mismo, sino que deja que lo interior venga a salir totalmente fuera de sí, y lo abandona al otro”. Hegel expresa de esta manera la carencia de soberanía del individuo sobre sus obras y acciones. La obra, la acción, la palabra poseen irremediablemente una indeterminación ontológica tal que niega que en ellos pueda hallarse de manera inmediata, transparente, a la interioridad que en ellos se expresa. Estas notas inciertas conducen a menudo a desatender a la acción como realidad efectiva del individuo, y a procurar buscarla en algo que se adhiera más íntimamente a su constitución interior, como es el caso de los rasgos fisionómicos. No obstante, una vez desechada la “palabrería” de la fisionomía o la quiromancia, la autoconciencia habrá de volver a encontrarse en sus actos y obras como lugar propio de revelación de una interioridad real, y no sólo supuesta: “El verdadero ser  del hombre es más bien su acto, aquello que hace, aquello que ha hecho; en ese acto, en eso que ha hecho, es real la individualidad, y es la individualidad la que supera lo supuesto”. El sujeto es negatividad que sólo es en tanto supera su ser inmediato, su expresión y todo lo que pueda adherirse a ella: “La individualidad se presenta más bien en la acción [Handlung] como aquella entidad [Wesen] negativa que sólo lo es en cuanto suprime y supera ese su ser (inmediato)”. El acto, con su brutal interrupción de toda suposición, da fin al constante oscilar entre la interioridad y la exterioridad, y acredita efectivamente quién es el que se hace presente, aparte de intenciones, disimulos, etc. La acción, con su carácter irreversible, rompe la mala infinitud del suponer: “en el acto [That], en el acto ejecutado, queda aniquilada la mala infinitud (…) de ese acto puede decirse lo que ese acto es. Ese acto es eso, y su ser no es solamente un signo, sino la cosa misma. Ese acto es eso, y el hombre individual es lo que ese acto es; y en la simplicidad de ese ser [Seyn], es como el hombre está ahí para los otros, es ser universal, y cesa de ser algo solamente supuesto”. Hegel, PhG. V. A. La razón observadora. c. Fisiognómica y frenología.

B
BELLEZA: "La juventud es promesa que cada generación incumple". Gómez Dávila, N., Escolios, I.


C
CAPITALISMO: La utopía de un sujeto movido en exclusiva por la búsqueda del interés propio no deja de ser un horizonte que, incluso en las condiciones imperantes en la sociedad capitalista, no se ha realizado. La realización plena de ese curso del mundo  significaría su disolución, la aniquilación del sustrato de sociabilidad e interacción que hace posible una sociedad, incluyendo a la capitalista. El mito del capitalismo, el individuo aislado y atomístico, al recortar el interés particular como único referente, opaca el tapiz de referencias mutuas, de relaciones no egoístas que articulan la posibilidad de todo curso posterior de la acción humana. Michéa cita un estudio según el cual el valor económico de lo no económico, de todas esas acciones gratuitas que atraviesan la vida social y no se resuelven en el interés económico, supone una tres cuartas partes del PIB de la actual sociedad capitalista. Michéa, J.C., La escuela de la ignorancia.


D
DUALISMO: La sociedad moderna se honra de haber superado los dualismos que encerraban las imágenes anteriores del hombre. No obstante, bien mirado, la representación mecanicista del ser humano, la obsesiva manía de no salirse de los límites de lo que puede captarse como cosa y funciona sólo como cosa, identificando al cuerpo con ello, revela un giro algo más enrevesado. Aquí no se presenta una reconquista de la unidad del sujeto, sino, al contrario, un dualismo en el que se ha eliminado uno de los términos: “La moderna psicología mecanicista está íntimamente afiliada (…) al empirismo. Es un dualismo con uno de los términos suprimidos”. Taylor, Ch., Hegel y la sociedad moderna. 


E
ESPÍRITU: Tendríamos que extraer y eliminar del concepto de espíritu todo aquello que evoque la posibilidad de un saber exhaustivo y total de la realidad, del tiempo y sus aconteceres pasados, presentes, futuros. Si comprendemos el espíritu como esa transparencia en el instante nos veremos empujados a lo irrisorio antes que a la sabiduría. Con todo su materialismo a cuestas, fue Marx, antes que Hegel, el a menudo seducido por la tentación de futurizar. Hegel, al contrario, se cuidó mucho de las conjugaciones que saltan más allá del presente, pareciendo saber que un espíritu de dones proféticos está cerca de resbalar hacia lo ridículo o lo siniestro. Cuenta el psiquiatra Castilla del Pino que en 1962, durante una sesión de espiritismo a la que fue invitado, se presentó el que se anunció como espíritu de Ramsés, el faraón egipcio. La expectación y el asombro fueron generales. Y las preguntas, previsibles durante la dictadura,  no se hicieron esperar: ¿Cuándo morirá Franco? ¿Dónde? El espíritu no tardó en contestar: "1964, Ontario". (Castilla del Pino, C., Casa del olivo).  


F
FILÓSOFO: “Los grandes filósofos son los bufones de la divinidad”. Machado, A., Juan de Mairena, II.

Después de la verdad -decía mi maestro- nada hay tan bello como la ficción. Los grandes poetas son metafísicos fracasados. Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas”. Juan de Mairena, XXII. 


G
GOBIERNO: "Y el que al gobernar una ciudad entera no obra de acuerdo con las mejores decisiones, sino que mantiene la boca cerrada por el miedo, ése me parece -y desde siempre me ha parecido- que es el peor". Sófocles, Antígona


H
HISTORICISMO: “La única pregunta que un historicista considera inútil dirigirle a un texto es la de su verdad”. Luri, G., ¿Matar a Sócrates?


I
INTERPRETACIÓN: Aun en el caso del ente que simplemente está-ahí, interpretar es retornar a considerar el orden del mundo en el que revela un sentido. Interpretar es restablecer las remisiones que integran al ente en un mundo. Cf. Heidegger, M., SZ, §16.

 La interpretación [Auslegung] es “la apropiación de lo comprendido”. Heidegger, M., SZ, §34.  


J
JUSTICIA: “Es justo exagerar lo que es justo”. Chesterton, citado en Leys, S.,Orwell: el horror a la política.


L
LENGUAJE: De acuerdo con Hegel, el lenguaje y aquello que en él es referido no suponen campos separados. Se da una íntima unión entre palabra y cosa que avisa de que, quien no encuentra la palabra adecuada, pierde la cosa: “(…) aunque suele decirse que, para los hombres sensatos, de lo que se trata no es de palabras sino de la cosa [die Sache] (…), ello no debe convertirse en una especie de licencia para designar la cosa con un término que no le cuadre (…) con eso se está ocultando que de lo que efectivamente carece es de la cosa, es decir, del concepto de la cosa”. Hegel, PhG, V. A. “Frenología”. 


M
METAFÍSICA: “Se nos dirá que nuestra posición de poetas debe ser la del hombre ingenuo, que no se plantea ningún problema metafísico. Lo que estaría muy bien dicho sino fuera nuestra ingenuidad de hombres la que nos plantea constantemente estos problemas”. Machado, A., Juan de Mairena, XXX. 


N
NATURALEZA: “Misteriosa en pleno día, la Naturaleza no se deja despojar de su velo, y lo que ella se niega a revelar a tu espíritu, no se lo arrancarás a fuerza de palancas y tornillos”. Goethe, Fausto, parte I.


O
OBSERVACIÓN CIENTÍFICA: Para la observación, todo se convierte en cosa. Cf. Hegel, G.W.F., PhG, V. La razón observadora.

P
PROGRESO: “La sociedad industrial está condenada al progreso forzoso a perpetuidad”. Gómez Dávila, N., Escolios, I.

Esa izquierda que ha convertido en hegemónica la idea de un progreso de la humanidad parece no tener en cuenta que éste no es una opción en el seno de la sociedad industrial, sino una necesidad. El progreso no se alza contra la inhumanidad de la máquina moderna, sino que pertenece a su dinámica intrínseca. La izquierda industrialista, que se cree en lucha contra el capitalismo, es en realidad un componente imprescindible para su perfeccionamiento, ya que le proporciona, además de lo que por sí ya tiene, el prestigio de la libertad.


R
REVOLUCIÓN: Es ingenuo, es casi infantil que Marx fiara el triunfo del comunismo a su capacidad para sobrepasar al capitalismo en aquello que él mismo detectó como la esencia de éste: su carácter revolucionario. Para revolucionario, debió pensar la realidad, ya existe el capitalismo.


S
SOCIALISMO
: “El socialismo es el poder soviético más la electrificación”. Lenin.


T
TRADICIÓN
: “Lo que tú heredaste de tus padres, adquiérelo para poseerlo. Lo que no se utiliza es una carga pesada”. Goethe, Fausto, I.


U
UNO (EL
): “En la cotidianidad del Dasein la mayor parte de las cosas son hechas por alguien de quien tenemos que decir que no fue nadie (niemand)”. Heidegger, M., SZ, § 27.


V
VISIÓN
: “Cuando se habla de conocer, los otros sentidos hacen suya, por una cierta analogía, la operación del ver, en la que los ojos tienen la primacía (…) No decimos sólo ‘mira cómo luce’, sino también ‘mira cómo suena, mira cómo huele, mira cómo sabe’...”. Heidegger, M., SZ, §36.


Y
YO
: "Los que carecemos de talento traducimos meramente textos anónimos y públicos en el idioma de nuestras preocupaciones personales". Gómez Dávila, N., Escolios, I.