espacio de e-pensamiento

martes, 18 de diciembre de 2007

La confusión como sistema

Últimamente, quizás por la insistencia con la que hemos discutido sobre ello en estas páginas, intento pensar el sentido de la común distinción "izquierda" y "derecha". Procuro alcanzar un contenido que, una vez tras otra, se me escapa; su utilidad, por otro lado, también me parece definitivamente confusa y me lleva a pensar que su meta no es aclarar, sino emborronar la realidad y permitir que todos los gatos sean pardos. ¿Qué sentido tiene mantener algo que obstaculiza obsesivamente la comprensión de una realidad -la política- siempre más compleja y plástica de lo que una dicotomía maniquea es capaz de aprehender? A vueltas con estos viejos pensamientos, el domingo pasado tropecé con un artículo franco y rebelador, un texto en el que se muestra con claridad y sencillez la utilidad de esa distinción que tanto tiempo nos ocupa. A cuenta del dogma del cambio climático, Manuel Vicent desarrollaba en la última página de El País una basta ofensiva contra la humanidad; raza maldita, exterminadora, amante de la destrucción y del CO2; raza herética que reúne en torno a sí el mal absoluto; bestia feroz que dedica todos sus esfuerzos a aniquilar al planeta que -sin saber qué hacía- lo acogió amorosamente, como una madre despreciada. Rousseau sonreía otra vez desde las entrañas de la tierra y ésta, me temo, permaneció indiferente ante los consabidos discursos que fluyen de la culpabilidad y la mala conciencia....... En realidad, el tono del artículo no sobrepasa el nivel de los llantos impostados por alumnos de 4º de la ESO que quieren hacer ver a su profesor que han comprendido que tienen que ser solidarios, justos y ecologistas. No, no es eso lo interesante. Lo interesante y revelador es la conclusión apabullante con que el articulista cierra su breve algarada:

La naturaleza y la humanidad ocupan dos frentes ideológicos irreconciliables. La naturaleza es de izquierdas. La humanidad es de extrema derecha. Ser progresista consiste hoy en ponerse de parte del planeta en esta guerra a muerte.

En esta conclusión se cifra el valor y la utilidad de las consabidas etiquetas "izquierda" y "derecha": si algo se quiere hacer pasar por malo se le asigna al campo terrorífico de "la derecha"; lo santo, al contrario, lo bueno e inmaculado, pertenece siempre a "la izquierda". Da igual de lo que se hable, porque siempre se encuentra a mano la dicotomía para dejar claro cuál es el bando de los buenos.

Visto lo visto, una terminología tan beata como embaucadora domina hoy los discursos. Un instrumental obsoleto mantiene en la penumbra una dimensión primordial de la vida humana. Pretenden convencer de que su lenguaje se refiere a la realidad política, pero no utilizan más que apreciaciones morales tan simples como los lobos y cocos que asustan a los niños a la hora de dormir. Como cuando el franquismo reacuñó la noción de rojo para referirse al Mal, hoy sus inconfesados epígonos cruzan los dedos ante "la derecha". Unos y otros, aparentemente tan separados, se hermanan en el lenguaje, en la tosquedad intelectual, en los modos garrulos. Y en la suprema y bendita intolerancia hacia lo que no comprenden.


http://www.elpais.com/articulo/ultima/Gran/guerra/elpepiult/20071216elpepiult_1/Tes