espacio de e-pensamiento

viernes, 23 de mayo de 2008

¿Es la izquierda moralmente superior a la derecha?
Óscar Sánchez Vega

Es este un estereotipo asumido no solo por la izquierda sino también por buena parte de la derecha. ¿Dónde están los españoles que votan al PP? ¿No trabajan? ¿No salen por los bares y restaurantes? Si tuviera que juzgar por mi experiencia no podría creer, ni sospechar que el PP obtiene 10 millones de votos en las elecciones generales. ¿Cuál es la explicación? ¿Acaso se muevo por ambientes muy “rojos”? No creo que sea el caso. Más bien pienso que buena parte de los votantes del PP callan o se avergüenzan de su opción política porque explícita o implícitamente asumen el prejuicio de que la izquierda es moralmente superior a la derecha.

En estos foros varias veces se ha criticado el prejuicio como una falacia que surge a partir de la propaganda progresista. Se ha defendido igualmente que la moralidad de las personas nada tiene que ver con esta distinción política o que ni siquiera existe tal distinción y por tanto la frase carece de significado. Lo que voy a defender en las siguientes líneas es: primero, que la distinción entre izquierda y derecha tiene sentido, sirve para introducir orden y racionalidad en la teoría y praxis política; segundo, que es posible establecer vínculos y relaciones entre la ética y la política, en un sentido semejante al establecido por Aristóteles, y, tercero, que el estereotipo como tal es falso, es obvio que las personas de izquierda no son más “buenas” y honradas que las de derecha, pero como todos los estereotipos tiene un poso de verdad que es preciso reconocer , clarificar y sacar a la luz.

Para acometer esta empresa voy a proceder conforme al método cartesiano: analizo la proposición reduciéndola a sus ideas simples y la reconstruyo de nuevo. Por tanto en primer lugar lo que debo hacer es explicar qué entiendo por “izquierda”, “derecha” y “moral”, teniendo en cuenta que mi indagación no pretende ser exhaustiva, ni especialmente novedosa, ni nada de eso. Procedo bajo un principio pragmático: intentaré centrarme en aquellas connotaciones semánticas que sean relevantes para solventar el problema planteado y dejaré de lado otras muchas que no incumben al asunto expuesto.

¿QUÉ SIGNIFICA “IZQUIERDA”?

Así planteada la pregunta da como miedo. Insisto en lo limitado de mi indagación: no pretendo agotar el significado del término sino solo alguno de sus aspectos.

En primer lugar lo que llama la atención del término en cuestión es su carácter no unívoco, la pluralidad de significados que conviven de manera contradictoria bajo el mismo rótulo: de izquierda dicen ser Fidel y Zapatero, Lenin y Rosa Luxemburgo, Bakunin y Mao etc. De izquierda se dice el comunismo, el socialismo, el anarquismo o la socialdemocracia; y por último también hay filosofía de izquierda (izquierda hegeliana) o arte de vanguardia de izquierda etc. Un lío.

La noción de “izquierda” se nos muestra como un concepto confuso y oscuro que es preciso aclarar. Se impone ir acotando el término y lo voy a hacer, en primer lugar, limitando esta reflexión a la izquierda política, dejando pues al margen el uso del concepto en otros campos, como el arte o la filosofía. Aun así el material es tan vasto que preciso de una estrategia que bien pudiera inspirarse en el método genealógico: es posible que aquellos que utilizaron por primera vez el término en su connotación política se movieran en unos parámetros mucho menos complejos que los actuales y nos ayuden a comprender la noción.

Es sabido que el origen político del término procede de la Revolución francesa cuando a los representantes del tercer estado los situaron en la Asamblea de 1789 a la izquierda de la presidencia mientras que los defensores del Antiguo Régimen se situaron a la derecha. Pero esta no puede ser una situación originaria ¿por qué a los revolucionarios los situaron a la izquierda y a los conservadores a la derecha? ¿fue casualidad? Creo que no.

Es muy posible que el rebasamiento del significado topológico de los términos “izquierda” y “derecha” proceda del lenguaje religioso. Sabemos que al Hijo le está reservado un lugar a la derecha del Padre y antes ya se aplicaban los términos a Jehová, Zeus o Júpiter. El término “derecha” incorpora atributos morales: el bien y el orden; y por el contrario la “izquierda” el mal, el desorden, la rebelión de Lucifer. También adquirirán con frecuencia los términos derecha e izquierda connotaciones temporales y no solo espaciales: la derecha indica lo más originario, lo primario, por tanto, lo antiguo, lo viejo; la izquierda adquirirá en cambio la connotación de lo que es nuevo y moderno.

La composición de la asamblea francesa de 1789 recoge esta tradición al situar a los partidarios del Antiguo Régimen a la derecha y a los representantes del tercer estado a la izquierda. Esta izquierda revolucionaria tiene como objetivo la caída del Antiguo Régimen y la articulación de una nueva Nación política de ciudadanos libres e iguales organizados en torno a un estado centralista donde están llamados a desaparecer no solo los estamentos sociales sino también los departamentos territoriales.

La inspiración filosófica de los jacobinos es múltiple, pero es preciso reconocer que la noción roussoniana de voluntad general ocupa un lugar preferente en su doctrina política. La soberanía debe recaer en el pueblo y los gobernantes deben estar al servicio de la voluntad general que es la voluntad del pueblo. Desde esta atalaya, la de la voluntad general, todos somos iguales, es más, el establecimiento en cada caso concreto de lo que es la voluntad general presupone la igualdad de los ciudadanos pues desde una situación de desigualdad no es posible establecer la voluntad del pueblo porque los poderosos, como bien supo ver Marx, siempre harán pasar los intereses de su clase por encima del interés general.

Soy consciente de que simplifico mucho, pero de ahora en adelante voy a llamar izquierda a toda opción política que admita, implícita o explícitamente, estos presupuestos. ¿Qué es la izquierda? Una posición política que privilegia la idea de igualdad por encima de otras ideas o valores políticos: la libertad, la tolerancia, la paz, la independencia, el orden etc. Hay una idea sin embargo que no puede situarse por debajo de cualquier otra: la justicia. Tal y como yo lo veo toda opción política de uno u otro signo aspira a alcanzar la justicia, este es el único telos de toda praxis política por tanto no nos sirve como criterio clasificador. Es preciso preguntarse ¿qué es lo justo? La persona de izquierda responde: ante todo, la igualdad.

Las diferentes corrientes de izquierda, - comunismo, anarquismo, socialdemocracia…- se diferencian en que conjugan la igualdad con el resto de ideas políticas de diferentes maneras. Así los anarquistas conjugan la igualdad con la libertad, pero no con el poder o la racionalidad; los socialdemócratas conjugan igualdad con legalidad y democracia; los comunistas con orden y razón, pero no con libertad… etc. Un corolario de la tesis que sostengo es que la izquierda es internacionalista o no lo es. La aplicación política de la idea de igualdad, especialmente cuando se articula con la idea de racionalidad, es incompatible con un burdo nacionalismo que establece fronteras naturales entre los hombres.

A estas alturas pienso que ya se me ve el plumero platónico; entiendo la teoría política como una suerte de simploké que establece relaciones diferentes entre las ideas y la izquierda como una familia de teorías que tienen en común otorgarle a la idea de igualdad un lugar preferente en la red eidética y todo ello sin necesidad de otorgar trascendencia alguna a las ideas: estas no son más que construcciones teóricas con un origen histórico determinado y una función pragmática que consiste, en el caso en que nos ocupa, en orientar la praxis política. Entiendo las ideas al modo de Foucault como algo intermedio entre las palabras y las cosas: no tienen la evanescencia de las primeras, ni la consistencia de las segundas.

Quiero por último insistir en el alcance de esta reflexión: no pretendo dar cuenta de todas las opciones políticas que se dicen de izquierdas, ni otorgar patentes de izquierdista cabal, ni siquiera dictaminar lo que debe ser la izquierda. Propongo una definición simple que solo pretende tener un valor pragmático, y si me apuran personal: puede servir para cribar y racionalizar las propuestas políticas. "Izquierda" y "derecha" no son más que construcciones sociales arbitrarias que utilizamos para introducir algo de orden e inteligibilidad en un material que de lo contrario se nos manifiesta confuso e ininteligible. Podemos pensar, como Borja, que no son los conceptos más adecuados, pero entonces ¿cuáles lo son? Pienso que la labor de la filosofía no es cambiar los conceptos que de hecho son operativos y funcionan en la sociedad sino todo lo más como la academia de la lengua: limpiar, fijar y dar esplendor – y acaso ya sea excesivo-

¿QUÉ SIGNIFICA “DERECHA”?

Obviamente lo términos izquierda y derecha son complementarios y no pueden existir uno sin el otro, por lo tanto la derecha tiene el mismo origen que la izquierda: la Revolución francesa. Como hemos comentado los parlamentarios franceses defensores del Antiguo Régimen y partidarios de una reforma moderada se situaron a la derecha en la Asamblea Nacional de 1789. Los partidarios de esta derecha, que en adelante denominaré tradicionalista, no se definían tanto por una idea cuanto por todo un campo semántico, el compuesto por las ideas de: tradición, religión, Dios, patria, familia, leyes viejas, monarquía etc.

Si cambiamos la mirada desde los orígenes hasta la actualidad pienso que los herederos de esta derecha tradicionalista son solo parte de lo hoy denominamos derecha pero no la totalidad, ni siquiera la parte fundamental. La mayor parte de lo que hoy consideramos derecha proviene de una escisión de lo que antaño se entendía como izquierda. A lo largo del siglo XlX y principios del XX el moviendo obrero radicalizará la izquierda y, progresivamente, la burguesía liberal, que había sido la vanguardia de la Revolución del 89, es caracterizada como parte de la derecha y en la medida en que el moviendo obrero cobra fuerza, efectivamente se establece una alianza coyuntural entre la burguesía liberal y los tradicionalistas, de tal modo que los enemigos acérrimos en el XVIII acaban estableciendo una alianza ante el acoso de la izquierda radical.

Así pues entiendo que lo que hoy llamamos derecha forma parte de dos familias políticas bien diferenciadas, de tal modo que la hetereogeneidad de la derecha es aun más profunda que la de la izquierda pues la primera se articula en torno a una idea clave y la segunda solo tiene en común un pacto coyuntural de resistencia frente a las pretensiones revolucionarias de la izquierda radical.

En cualquier caso es preciso analizar la naturaleza de este pacto para comprender lo que hoy llamamos derecha. Mi tesis es la siguiente: el tradicionalismo solo abraza el liberalismo cuando está en condiciones de inferioridad, cuando considera imposible hacer comulgar a la mayoría de la población con los valores que defiende, entonces se torna liberal para, al menos poder seguir viviendo conforme a sus ideales. Estamos pues ante un pacto anti-natura forzado por las circunstancias porque en principio son dos familias antagónicas: los liberales son de raigambre ilustrada y al igual que la izquierda intentan racionalizar el material político tomando como idea clave la libertad – en lugar de la igualdad- . Del mismo modo que con la izquierda hay distintas formas de ver el liberalismo – desde el liberalismo español de las Cortes de Cádiz hasta los neocons americanos – que se caracterizan por articular de diferente forma la idea de libertad con el resto de ideas políticas, pero siempre otorgando la primacía a la libertad individual. ¿Qué es un estado justo? El liberal responde: aquel que salvaguarda mejor la libertad individual.

En cambio los tradicionalistas no sienten apego a la libertad individual. El tradicionalismo supone un puente entre la legitimación tradicional del poder propia del Antiguo Régimen y el Romanticismo del XIX, puente que permite transitar sin mojarse o contaminarse por el turbulento caudal ilustrado del XVIII. El objetivo de los tradicionalistas no es ya urdir una simploké conceptual que les permita actuar políticamente (que es el caso de los liberales y los socialistas) sino recuperar un modo de vida más genuino que no requiera de una justificación racional, un modo de vida anclado en la religión y la tradición que tiene como fin conectar al individuo con la Tierra, la lengua, y la cultura de los antepasados para mitigar su soledad y dar sentido a su existencia.

¿QUÉ SIGNIFICA “MORALMENTE SUPERIOR”?

Antes de responder a la cuestión planteada quiero incidir en algo ya apuntado: la conveniencia de articular ética y política en un sentido próximo al que propone Aristóteles. Ética y política no son conjuntos disjuntos, es más, solo entiendo la política en vinculación directa con la ética: la política se pregunta por la mejor forma de organización social porque solo dentro de la polis es posible llevar una “vida buena” que es a lo que todos aspiramos. Las distintas formas de organización social favorecen o dificultan la obtención de la vida buena y viceversa, en función de cómo entendamos lo que es una buena vida optamos por un modelo de organización política u otro. Por tanto la pregunta de si una opción política es “moralmente superior” a otra, me parece en principio inteligible y con sentido.

Evidentemente lo”moralmente superior” es lo óptimo desde la perspectiva moral. Ahora en bien, ¿en que consiste la perspectiva moral?

Para contestar a esta pregunta voy a hacer uso de los términos “moral” y “ética” en un sentido semejante a como los entiende el materialismo filosófico de Gustavo Bueno. La justificación de estos significados solo voy a esbozarla porque se aleja del objetivo de este artículo, pero en cualquier caso no me preocupa demasiado porque repito que considero los conceptos desde el punto de vista pragmático por lo que no veo una necesaria una fundamentación última de los significados propuestos, ni una refutación de otros significados alternativos. Yo mismo utilizo con mis alumnos de 4º de ESO la consabida acepción de moral como el conjunto de normas y valores aceptado por un colectivo social y ética como filosofía moral. Sin embargo aquí voy a emplear los términos de manera diferente. No creo que sea contradictorio porque no se trata de determinar la esencia de “la moral” o “la izquierda” sino de pulir estas palabras de tal modo que nos resulten útiles para estructurar y ordenar la experiencia política en un sentido semejante a como las categorías kantianas hacían posible el conocimiento humano. En cualquier caso el desplazamiento semántico de un término filosófico siempre ha de ser respetuoso con la etimología y con la tradición pues de lo contrario estaríamos creando un lenguaje privado sin relevancia crítica alguna. Sabemos que ética procede del término griego ethos que viene a significar carácter; y moral del latino mores que significa costumbres. Utilizamos, sin saber muy bien por qué, expresiones como “moral estoica” y “ética epicúrea” (pero no al revés: no decimos “ética estoica” y “moral epicúrea”) que no pueden justificarse desde la definición convencional-didáctica de los términos.

Bueno propone utilizar el término ética para referirse a las relaciones que se establecen entre las personas desde la perspectiva del individuo y moral para referirse a esas mismas relaciones pero desde la perspectiva del grupo. El fin de las relaciones éticas es el bien de las personas mientras que el fin de las relaciones sociales es la justicia social. Buena parte de los dilemas éticos pueden entenderse como la confrontación, en relación a un mismo tema, de una perspectiva ética contra un punto de vista moral. Por ejemplo, desde la perspectiva ética no hay nada más sagrado que la vida de un individuo, pues el fin de las normas éticas es conseguir que los individuos perseveren en la vida, por lo que la pena muerte debe ser vista como una aberración. Sin embargo desde la perspectiva del bienestar del grupo puede ser necesaria la eliminación de algún individuo especialmente dañino para la comunidad; no es inmoral la pena muerte, es contraria a la ética. Por eso los debates en relación a este tema muchas veces se parecen a un diálogo de besugos: unos hablan de una cosa, otros de otra; unos desde una perspectiva ética, otros desde un punto de vista moral. Lo mismo cabe decir en relación a problemas tales como el aborto, la eutanasia, la insumisión etc.

Así pues llamo “moralmente superior” a lo que fortalece a la sociedad, a lo que supera el interés individual en aras del bien común, mientras que llamo”éticamente superior” a lo que fortalece al individuo en el mismo sentido que apunta Spinoza: la virtud ética por excelencia es la fortaleza que se manifiesta como firmeza ante uno mismo y generosidad ante el resto de la humanidad.

CONCLUSIONES

¿Es la izquierda moralmente superior a la derecha? Sí. Por que el discurso de izquierda, si lo es, debe estar orientado a materializar la igualdad en una sociedad dada y esto es óptimo desde la perspectiva moral porque una sociedad más igualitaria es más fuerte, justa y cohesionada lo que debe admitirse como un logro moral.

Ahora bien ¿Es la izquierda éticamente superior a la derecha? Pues depende. A mi modo de ver la derecha liberal es éticamente superior a la izquierda porque un estado liberal favorece mejor que ningún otro el objetivo que planteaba Nietzsche en el segundo tratado de la genealogía de la moral: criar un animal al que le sea lícito hacer promesas, esto es, un individuo fuerte, autónomo y responsable que tenga en sus manos el futuro, capaz de adecuar el mundo a su voluntad y no plegarse ante lo establecido.

¿Y qué pasa con la derecha tradicionalista? Para mí resulta obvio que esta derecha, al igual que la izquierda, apunta a un objetivo moral, no ético, pero una cosa es lo que pretende ser y otra lo que efectivamente es. Como el universo de discurso del tradicionalismo es completamente arbitrario (la raza, el pueblo, la nación…) su praxis política no pude ser moral porque no puede universalizarse, en el sentido de la moral kantiana. Por ejemplo ¿en que sentido puede ser moral imponer a los inmigrantes la firma de un documento en el que se comprometen a respetar las costumbres y cultura del país de acogida? Tal vez ese objetivo favorezca la cohesión y fortaleza de una de la cultura receptora pero no puede ser un objetivo moral por la sencilla razón de que las costumbres y las culturas son diversas y hasta incompatibles. Este es un ejemplo de lo que pudiera proponer y propone una derecha tradicionalista ante lo cual solo cabe recordar que lo único que el estado debe exigir al inmigrante, desde una perspectiva ilustrada de la política, es lo mismo que al resto de ciudadanos: que cumpla la ley.

Pdt : De todo lo anterior se deduce que una izquierda liberal es la mejor opción política desde una perspectiva ética y moral lo que me recuerda una metáfora de Nietzsche: “Si alguien esconde una cosa detrás de un matorral, a continuación la busca en ese mismo sitio y, además, la encuentra, no hay mucho de qué vanagloriarse en esa búsqueda y ese descubrimiento; sin embargo, esto es lo que sucede con la búsqueda y descubrimiento de la “verdad” dentro del recinto de la razón. “