espacio de e-pensamiento

lunes, 22 de noviembre de 2010

Ver películas y leer libros.
Eduardo Abril

Rorty es sin duda uno de los intentos contemporáneos más serios y sugerentes de deconstrucción del conocimiento en su totalidad. Frente a la visión clásica consistente en considerar el conocimiento como una representación de la realidad, Rorty nos dice que éste consiste en la manera de adquirir hábitos para vérnoslas con el mundo. Por tanto, la cuestión de que nuestras teorías acerca de la realidad deben resultar confirmadas a través de su contrastación resulta del todo irrelevante, pasando a primer plano como criterio de elección, si es que de alguna forma puede determinarse algo así como una elección, la cuestión de qué hábitos deberíamos tener, o lo qué es lo mismo, qué tipo de seres humanos queremos ser.
La filosofía, que ha hecho pender toda la teoría del conocimiento en torno a la relación entre sujeto y objeto, cargando unas veces el peso sobre el objeto y otras veces sobre el sujeto, descubrió finalmente gracias a Wittgenstein que tal relación tiene un alcance tan limitado que imposibilita del todo la discusión en torno a los problemas que realmente aquejan al ser humano. Cambiando la relación representacional entre las palabras y las cosas por la consideración causal en la que nuestros hábitos lingüísticos están causados por el mundo, por las exigencias vitales, desaparece de un plumazo el problema de la determinación descripcional del objeto. Que hablemos de objetos nada dice de su existencia, únicamente consiste en buen hábito para vérnoslas con nuestros estímulos. Resulta innecesaria la pregunta por la verdad de nuestras representaciones o de si tal representacionalidad tiene elementos a priori, como es el caso de los valores, o a posteriori, como es el caso de los hechos. Tal pregunta es sustituida por la reflexión acerca de nuestros hábitos; no se trata de saber si la forma en la que describo el mundo y a mi mismo en ese mundo es la acertada, se trata más bien de si tengo unos buenos hábitos de vida.
Por esta razón, para Rorty es tan importante la literatura y el cine; leyendo libros y viendo películas aprendemos diferentes hábitos. Estos días volví a ver una de mis películas favoritas, Blade Runner; las palabras finales de Batty, el cruel y malvado replicante, cambian en poco más de dos minutos todo el signo de la película; con él descubrimos la sutil relación que puede haber entre el miedo a morir y ser hombre.