espacio de e-pensamiento

miércoles, 12 de enero de 2011

Tabaco, razón y sinrazón.
Borja Lucena

Podría aducir razones por las que no tengo intención de dejar de fumar. Podría decir, por ejemplo, que la otra noche estuve horas paseando por Madrid, recorriendo calles de adoquines empapados, calles solitarias que guardaban en su oscuridad miles de sentidos, y también calles aplanadas por el pisoteo de la multitud y la anónima deriva del tiempo. Podría entonces recordar que mis paseos por la ciudad siempre tuvieron pequeños bares o cafeterías, cambiantes a lo largo de tantos años, en los que paraba, casi ceremonialmente, a leer, a descansar, a pensar, a tomar una cerveza como sólo se tiran en Madrid, o un café caliente, y me liaba un cigarrillo que me sabía a gloria bendita. Esas caminatas por Madrid siempre ha sido uno de mis rituales ineludibles. Podría seguir pensando que, como ocurre en cualquier ritual, la falta de cualquiera de sus elementos hace perder el sentido a todos los demás, como si quedaran desvinculados de un centro invisible, y que cuando, la otra noche, inicié mi paseo en la calle de Alcalá, sabía que algo que no podría sustituir de ningún modo me iba a estar faltando desde el primer paso. Me han quitado ése cigarrillo, y con ello han acabado con el embrujo estético que refulgía en aquéllos cafés del atardecer. Si este pueblo estuviera despierto no tardarían en empezar a aparecer fumaderos clandestinos, pero todavía no sé de ninguno, así que tuve que fumar en el hueco de los portales, como un yonqui o un violador.

Pero no quiero ofrecer ninguna razón. Estamos saciados de razones, que se presentan sólo como un modo de justificar que no podamos gozar de la libertad del mayor de edad. Me repugna verdaderamente el mito de la transparencia racional, el mito fundamental subvencionado y promocionado por el Estado Salvador que quiere protegernos de los riesgos de lo libre y espontáneo. Como si la vida humana fuera un catálogo de reglas de obligatoria observancia, como si la vida hubiera de constituirse en el modo de lo transparente y sin pliegues, de lo claramente legible e identificable, de lo ligado siempre a una explicación, a una fórmula o una argumentación de impecable desarrollo lógico. ¿Ése es vuestro sujeto racional? En los ministerios, las oficinas y ventanillas miles de covachuelistas trabajan para que cualquier biografía tenga cabida en un informe estadístico y un protocolo burocrático. Para que cualquier historia se llene de razones y de plenitud oficinesca. Y para extirpar todo lo irracional, todo lo no justificable por normas, lo no construido ateniéndose a un modelo estrictamente homologado por la Razón de Estado. Quizás sea el momento de reivindicar lo que no se atiene a la Razón, pero cuya naturaleza no excluye lo razonable, de apreciar que no somos un constructo racional sino "esta alma, esta carne, estos huesos" opacos al cálculo y abiertos, sin embargo, al sentido de tantas cosas irreductibles y no manipulables; tantas cosas que, incomprensibles y contingentes, escapan a la necesidad de la deducción. A fuerza de ajustar todo al deber ser de la Razón, nos despojan de lo que auténticamente somos -porque también somos tradición, también novedad, también juego- con el fin de conducirnos al estado beatífico de una masa compacta, indiferenciada y enormemente aburrida.

Queríamos Progreso, y seguimos observando que la Historia, si es una progresión infinita -siempre más, siempre más- exige que el poder del Estado también ha de extenderse cada vez más; que el Estado tiene que controlar cualquier esfera vital para que se avenga a concordancia con la Razón, y que, como ya estableció Hegel, en último término, la Razón es el Estado. El más y más exige más producción, exige más técnica y más planificación, exige más salud y más vigilancia ante lo insano, y exige también más producción de leyes, una producción casi frenética de normas que ocupan todos los intersticios de la vida cotidiana, que se anexionan los actos más privados así como el espacio de lo público, que reglamentan cualquier paso o cualquier tarea, cualquier soledad o cualquier compañía.
Desconfiad de quien, por vuestro bien, os quita vuestros pequeños bienes cotidianos.

20 comentarios:

  1. Muy de acuerdo con la crítica general a la hipocresía del papel protector del Estado en unos casos y otros, pero creo que en este caso olvidas poderosamente el derecho de los que estaban obligados a fumar pasivamente en bares y discotecas.

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  2. Borja, Anónimo…, tal y como yo lo veo plantear el tema del tabaco y su abolición en términos de libertad o falta de ella – como hacen unos y otros- es sucumbir al discurso oficial y distorsionar el asunto. El tema tiene que ver, creo yo,… con la voluntad de poder.

    Hubo un tiempo en que los fumadores eran mayoría cualificada e imponían su voluntad a una minoría que lo era tanto en términos absolutos como en relación al poder que ostentaban en la sociedad: fumar era mayormente cosa de varones autónomos e independientes y estos, lógicamente, imponían su voluntad por la sola razón de que podían hacerlo. En principio no hay nada de malo en ello, como tampoco lo hay en la situación inversa, la actual, en la que una mayoría de no fumadores impone su voluntad a una minoría de fumadores. Es la vida, que diría un viejo profesor mío. ( Aquí, discrepo contigo Borja: no es una imposición del estado contra la población. La norma tiene el beneplácito y el aplauso de la inmensa mayor parte de población no fumadora, que son mayoría. De lo contrario la norma no sería posible….que se lo pregunten a Esquilache….)

    Lo que me jode, con perdón, es el afán revanchista y la moralina trasnochada que se desprende de la presente norma. El foco de atención ha sido puesto en el derecho o no de fumar en los locales públicos, en los bares, cuando entiendo que tal presunto derecho se haya sometido a los vaivenes de la voluntad que he comentado. No, lo peor es la prohibición de fumar en ciertos lugares… ¡al aire libre!: a las puertas de los hospitales o colegios o en los parques infantiles para escarnio público del pecador, no encuentro otra razón. Es legítimo que la voluntad de los no fumadores obligue a los otros, los fumadores, a respetar sus “derechos” pero el negar a una madre fumadora que cuide de su hijo en el parque echando un cigarrillo o que el pariente que visita al enfermo no pueda fumar a la puerta del hospital solo se explica desde el más vil revanchismo y el proselitismo más nauseabundo.

    Pdt: en Holanda una ley semejante a la española ha sido puesta en cuestión por los tribunales después de la insumisión de algunos propietarios de pequeños pubs del centro de Amsterdarm que no tienen empleados trabajando para ellos -esta es una cuestión esencial- que han permitido fumar en sus pequeños negocios.

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  3. ´Con algún matiz, estoy de acuerdo contigo, Óscar. Lo que me preocupa no es que los no fumadores quieran estar en sitios sin humo -lo que me parece perfectamente comprensible y yo, aunque sea fumador, también comparto, esquivando por ello los sitios de ambiente tóxico y ahumado- sino la campaña moral contra el fumador y la aquiescencia de la mayor parte de la población a esa campaña, que se convierte en ley inviolable. Lo que preocupa es que el estado pueda elegir grupos de población para condenarlos al ostracismo, acompañando todo de "buenas razones" para hacerlo, y tener un éxito rotundo sea cuál sea el grupo elegido. La demonización se plantea en la forma de la presentación de una amenaza, de tal manera que el Estado justifica su intervención inapelable ocupando más espacio de poder y evitando que la sociedad civil conserve su capacidad autoorganizativa. Señalar una emergencia sirve para crear resortes de poder novedosos que, evidentemente, una vez pasada la supuesta emergencia no desaparecen. En la actualidad, creo, la cuestión es desvanecer la capacidad de autodecisión y autonomía de los individuos agrupados en comunidad, destruir los vínculos que enlazan de manera no legislativa a la comunidad haciendo evidente al pueblo menor de edad que sólo el Estado puede garantizar la convivencia. Así, cada vez menos decisiones o facultades son dejadas en manos de los ciudadanos, y más recaen en un Estado redentor que pretende guiarnos -de buenas o de malas- a un Bien que, abandonados a nuestras fuerzas y nuestra libertad, parece que somos incapaces de alcanzar.
    En la famosa fórmula de Erich Fromm, se da un miedo a la libertad acojonante: parece claro que el Estado ha asumido definitivamente que somos incapaces de decidir y orientarnos en la vida, y que es preciso despojarnos de la capacidad de equivocarnos. parajustificar esto malbarata y prostituye todo aquello que puede manipular para lograr sus fines. Quizás es la moral aquello que peor parado sale de todo esto, más malbaratado y corrupto, ya que se utiliza como fuerza de choque para reducir díscolos, acallar protestas y estigmatizar a los que insisten el "el error". Convierten lo moral en una farsa al eliminar de ella la dimensión de libertad que contiene el acyto moral, e imponen una moral sin libertad, un bien sin elección, una decisión sin deliberación y riesgo por parte del agente; una moral, en fin, de obediencia ciega al poder, reduciendo la sociedad a una muchedumbre amorfa.

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  4. Anónimo: Yo no me opongo a que existan sitios sin humo, lo que me parece una enorme tiranía es que, a aquellos que fuman, se les impida por decreto ley hacerlo en ningún sitio, se les expulse del espacio público a los extrarradios escondidos del mal y el anticivismo. Aquí no se está jugando con una cuestión de garantía de derechos, como si así se garantizara el derecho de los no fumadores a no fumar, sino de forma clara con la sustracción de un derecho, el de los fumadores a disfrutar de su placer o su adicción o lo que sea.

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  5. La libertad del fumador acaba donde empieza la del no fumador a no fumar. Elimina el humo y podrás fumar en cualquier parte. De ahí que, por ejemplo, me parece genial que cada uno beba donde y como quiera. Sí es una cuestión de garantía de derechos: estamos hablando de un espacio público, y por tanto, compartido, donde las acciones de unos afectan, en este caso negativamente, a los demás. No a la demonización de nadie, pero sí a la completa protección de quien no quiere participar de ello, incluyendo a personas con plena capacidad de decisión como también a aquéllos que no la tienen, o no plena, como menores o niños. No a cualquier persecución moral. Sí toda protección a quien no quiere ser fumador pasivo, se lleve eso costumbres por delante o no.

    PD: La ley no impide fumar, impide hacerlo en ningún sitio público y cerrado o de riesgo. Está bien ser crítico, pero también ser conciso y generoso en la crítica.

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  6. Borja ene esto estoy completamente en desacuerdo contigo. Creo que tu argumentación es forzada y desvirtua completamente lo que es el estado, aunque pueda entender tu malestar porque se te niegue algo que hasta este momento era para tí un placer.
    Creo que es injusto censurar en el estado justamente aquello para lo que ha sido creado: establecer normas de convivencia para que permitan el establecimiento de eso que llamas tu "el espacio público". El problema no es que el estado legisle y, por así decirlo, racionalice la convivencia, el problema es que este legislar sea tiránico. Y precisamente las democracias son sistemas estatales pensados para que esta acción legisladora y racionalizadora del estado no se vuelva tiránica.
    Precísamente porque el espacio público es compartido debe establecerse ciertas reglas de convivencia distintas del espacio privado. La ley que prohibe fumar, no en todos los espacios públicos, como dices, sino en aquellos donde es más molesto y se atenta más contra la libertad y la salud de las personas, los espacios cerrados, no está tiranizándo a la población sino todo lo contrario, nos está liberando de la tiranía de tener que aguantar que un tipo maleducado nos fume en la cara estropeando nuestra velada. Quean aún inumerables espacios públicos, abiertos, en los que los fumadores pueden entregarse al ejercício de su libertad sin molestar a nadie ni poner en riesgo su salud.
    La ley me parece una ley estupenda y la aplaudo entusiásticamente. Y planteada en otros términos distintos de los tuyos podrás ver que no es distinta de leyes con las que tu y cualquiera, salvo un anarquista, estaría de acuerdo. La ley no castiga el ejercicio libre de una afición, fumar, sino un irresponsable acto de agresión amparado en la tradición y una mala forma de comprender la libertad. Del mismo modo que es un delito contaminar un río en el que yo me voy a bañar, me parece estupendo que sea un delito contaminar el aire que respiro. El parche de establecer zonas del río que sí se pueden contaminar o distinguir ríos contaminables de los que no lo son, se ha demostrado cláramente inoperante.
    Pero los fumadores aún tenéis formas legales de organizar vustra afición; pueden, como ya se está haciendo, crear sociedades gastronómicas y asociaciones privadas en las que uno pueda fumar sin cortapisas. Pero contra esto me dirás que también a tí te resultaría molesto locales donde todos fumen, cuando es mucho más agradable los tradicionales locales en los que fuman unos pocos y se tragan el humo todos.
    El estado está justamente para dictar este tipo de leyes, leyes que están lejos de ser tiránicas.

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  7. Eduardo Abril Acero15 de enero de 2011, 17:06

    Borja dice: "Desconfiad de quien, por vuestro bien, os quita vuestros pequeños bienes cotidianos." Reconocerás que estás siendo un pelin demagógico. Nadie te impide fumar, te impiden que molestes a los demás con tus aficiones.
    Alguna vez te he visto desarrollar aceradas críticas contra los "hilos musicales" en el autobús o el metro. ¿Crees que sería tiránico quitarle al conductor del autobús el placer de ir escuchando el Carrusel deportivo o los Cuarenta principales para que tu puedas concentrarte con tranquilidad en tu lectura de viaje? ¿no tiene derecho el conductor a disfrutar de ese pequeño placer? ¿habría que hacer autobuses con hilo musical y "autobuses silenciosos"? Tal vez deberíamos dejar libertad para que fueran los conductores de autobuses los que decidieran hacer se su autobús un lugar silencioso o riodoso, pero ¿y si resulta que en aras de la libertad la mayoría de los conductores hacen de sus autobuses lugares donde la tranquilidad es imposible?

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  8. Creo que en todo esto hay dos dimensiones cruzadas, y quizás yo quería apuntar sobre todo a una de ellas a través del caso particular del tabaco: el hecho de que el Estado, lejos de ser un mero instrumento neutral de organización de la convivencia -lo que me parece una mirada deamsiado ingenua sobre el poder- se organiza como estructura de poder que adquiere fines autónomos a los de un mero instrumento y extiende su poder allá donde puede si no encuentra límites. Y el problema de la sociedad actual, precisamente, es el difuminado de los límites que pongan coto al poder, y, de entre ellos, del límite fundamental que es la autoorganización de la sociedad.

    (procuraré seguir)

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  9. .... lo que Hegel -y Marx- llamaron la sociedad civil.
    El Estado como proyecto ideológico -del que creo que en líneas generales sigue guiando la política actual- necesita sustraer toda decisión a las colectividades e individuos para cumplir el sueño de la autoidentidad humana a que apunta, o del poder omnímodo en que se resuelve. En el caso del tabaco, como en muchos otros, partimos de la aceptación de que la sociedad civil es incapaz de organizar por sí misma la convivencia y resolvemos que sólo un poder exterior a ésta -y cualificado por el monopolio de la fuerza- puede hacerlo. Esto, en el lenguaje ilustrado, se llamaba la minoría de edad, y cada vez es más patente. Seguimos en la paradoja de que, para que la sociedad sea cada vez más racional e ilustrada, tiene que ser una sociedad de menores de edad, es decir, profundamente antiilustrada.

    Que la solución drástica de imponer una prohibición general está motivada por cuestiones de "interés general", en un caso como éste, sólo viene a señalar que tal "interés general" se ha convertido en un saber privado de los gobernantes, que en absoluto de preocupan de lo que los ciudadanos piensan como su interés. En realidad, el Estado racional piensa que somos incapaces de conocer y decidir acerca de nuestros auténticos intereses, y por eso se toma el derecho de hacerse con el monopolio de dictar cuáles son. Seguramente, si de una discusión entre fumadores y no fumadores se tratara, y se resolviera como un conflicto de intereses entre grupos distintos -esto es, si la solución fuera verdaderamente política- no estaríamos ante una prohibición total que evoca la persecución de un mal moral execrable, y tampoco ante la desatención de aquellos que no quieren ser envenenados por el humo del tabaco; si la solución fuera fruto de la política, se partiría de la legitimidad de ambos intereses -como fruto de la libertad de cada uno- y se arbitraría una solución razonable que respetase a ambos, sin pasar por la demonización de una de las partes.
    No es el mometo de hablar de esas soluciones, pero todos podemos comprender que las hay, y no pasan por que a mi me nieguen el derecho a tomarme un café con mi cigarreillo en algún bar, ni por que yo niegue a otros que quieran estar en sitios sin humo.

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  10. aA lo que me refería es, por terminar, la sustracción de la naturaleza política de conflictos naturales en cualquier sociedad viva. Para ejercer un dominio indiscutido, convierten todo problema político en un problema de distinta naturaleza: un problema técnico, o científico, o médico, o moral. En este caso, un problema político -quizás incluso de banalidad política- se ve transformado en un problema de otro tipo para despojar a los interesados -los miembros de una sociedad- de la iniciativa y sustraer a la comunidad política de poder decisorio.
    El problema de tabaco es un problema de convivencia, y sólo secundariamente de otro tipo. Podemos observar, sin embargo, que su prohibiciómn sustrae prácticamente esa dimensión para convertirlo en un problema en el que se unen lo científico-racional, lo médico, lo moral. Prohiben fumar por motivos de salud, porque es "malo" para la salud, y terminan conviertiendo al fumador en un agente del mal. Sólo así se comprende eso tan ridículo de que no se pueda fumar en la calle cerca de un colegio:para no mostrar modelos morales perjudiciales para los niños. Sólo así se comprende que no se pueda oganizar un modo en que los fumadores puedan fumar sin ser señalados y expulsados de todo lugar público cerrado, en vez de habilitar muchas otras medidas que respetarían los intereses de los dos grupos sin deslegitimar y desterrar a uno de ellos.

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  11. Yo la verdad, estas cosas de la sociedad civil me parecen un cuento.Hasta en los paises anglosajones tiene casi siempre más de lobby organizado que de verdadero movimiento ciudadano( aunque a veces no es así, como en el caso del tabaco en USA).Como dice Oscar, pura voluntad de poder y oportunismo.El estado ni es neutro ni es racional.Como mucho se viste de eso cuando le conviene.Es como dice Borja un monstruo que ocupa espacios, sí, pero otras veces le expulsan de la cocina sin chistar( por ejemplo en las SICAV).En fin, que como todo poder hace lo que puede.De hecho su principal activo en este asunto es hacer creer a los sometidos que su acción es justa y necesaria, como todos los que tronamos por cualquier decisión politica y moral.A mi, como a Oscar, lo que me jode es el meapilismo así como la satanización del fumador.Ahora, como Edu y el anonimo, si el estado debe legislar amparandose en el bien comun respetando la libertad, esta ley viene que ni pintada.Y sí, vivimos en la inmadurez política, somos gregarios y esperamos que nos manden sin cagarla mucho.Sólo se nos da la ilusión pequeña pero reconfortante de mandar a los inutiles al cuerno.Yo era contarrio a la ley, pero ultimamente me fijo en los colores de las paredes de los bares y en que ha desaparecido el esfumato.La ropa no me huele a rayos( nunca me había fijado demasiado).Desengañemonos, que remos que alhguien nos mande, nos quita angustia.Tal vez en algunos aspectos no, nos construyamos una personalidad informada y tengamos uso de razón para decidir, pero, cuantos ene ste blog tenemos una formación juríca,politica y económica y opinamos sobre lo humano o divino con unos conocimientos superficiales?

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  12. Santi, somos unos ignorantes, ¿pero quién no lo es?
    Borja, me refirmo en mi reproche y echo en falta que comentes el asunto de la "contaminación musical". Sigo pensando que en esta ley no se prohibe fumar, se prohibe que los fumadores agredan a los que no fuman, que ya es bastante. Tu tienes todo el derecho del mundo a fumar Borja, tomándote un café o lo que quieras, pero no tienes el derecho a contaminar ni un poco siquiera el aire de los que caminan a tu alrededor. Entiendo que te sientas ofendido por esta "satanización" del fumador, pero es que te pongas como te pongas, fumar es perjudicial, no sólamente para tí, sino para los que te rodean. Dewey, que ya sé que no te gusta, defendía entre otras cosas, que el conocimiento científico debería tomarse en cuenta a la hora de organizar la sociedad. Pues bien, está demostrado que el tabaco produce cáncer entre otras enfermedades, así que estoy completamente de acuerdo con que las cosas se planteen como son: el tabaco produce cáncer, el tabaco mata, los fumadores tienen riesgo elevado de morir de cáncer y en los fumadores pasivos el riesgo es incluso mayor. Si para algo existe el estado, es precísamente para esto. Entiendo que a los fumadores no os guste esta medida, pero aunque no lo creas, tu decisión de fumar puede suponer una agresión lo veas o no.
    Respecto a la cuestión del estado, de la minoría de edad y esas cosas... bueno. estás utilizando la caracterización que hacen Hegel y Marx del estado, como la racionalidad absoluta, y en esos términos es fácil presentar al estado como una estructura que impide la emancipación incluso lo que estuviese prohibiendo es que los padres alimenten con heroína a sus hijos. Estoy contigo y con Santi en que el estado es un mosntruo gigantesco y a veces incontrolable que muchas veces sólo sirve a intereses muy alejados del ciudadano, pero desde luego que no es lo que ocurre con esta ley. Esta es una ley que la sociedad lleva demandando mucho tiempo y seguramente me de la razón el hecho de que no provocará ningún tipo de conflictividad. Cada vez más, los fumadores son conscientes de lo molestos y dañinos que les resultan a los demás y muchos, como tú, intentan molestar lo menos posible. Pero como sabes, las leyes no están para que la gente que ya se comporta de una forma siga haciéndolo, sino para forzar a los agresores sin escrúpulos a que dejen de serlo. La solución "política" que reclamas lleva muchos años ensayándose y el resultado es desalentador: como bien sabes, por ejemplo, era bastante imposible salir a tomarse algo por la noche y no volver a casa apestando tabaco y con los pulmones cargados. La solución política que reclamas no es tal porque aquí no hay un conflicto de intereses, los intereses de los fumadores y de los no fumadores. Lo que hay aquí es un problema de que una mayoría de ciudadanos está siendo agredida por una minoría. Y es precísamente en este caso que el estado está perfectamente legitimado para ejercer nuestra defensa. Y no porque seamos menores de edad que necesitemos protección de papá estado, sino porque el estado ha sido creado precísamente para este fin.
    Dime una cosa sino, ¿qué derecho tenía un no fumador frente a un fumador cuando en un bar se ponía a fumarle en la cara? ¿pedirme amablemente que no lo hiciera? y si no desistía ¿qué derecho tenía? la respuesta está clara: no tenía ningún derecho. El derecho era del fumador, que libremente podía contaminar el AIRE COMÚN.
    Planteado con otras palabras el problema cambia: LOS QUE QUIERAN CONTAMINAR EL AIRE QUE CONTAMINE SÓLO EL QUE RESPIRE ÉL (aire privado). EL AIRE QUE RESPIRAMOS TODOS ES COMÚN.

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  14. Dos ideas:
    a)Si el tabaco es un problema del aire común, debería prohibirse -también- el tráfico.
    b)Por eso mismo, debería prohibirse la entrada a los no fumadores en los locales en donde hay fumadores.

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  15. Eduardo Abril Acero18 de enero de 2011, 21:07

    Joaquín, voy a citar este comentario tuyo como un ejemplo perfecto de demagogia. Te contesto:
    a) Nadie ha prohibido fumar, sino que se ha regulado en qué condiciones se puede fumar para evitar las ocasiones en las que fumadores agredan a no fumadores. Por la misma razón no se debería prohibir el tráfico, pero sí regular las condiciones en las que se emiten gases por parte de un vehículo. Te parecerá increible y fascista incluso, pero la normativa existe, cómprate un coche de segunda mano y lo compruebalo. POdemos discutir, si quieres, si esa normativa debería resultar más dura y te respondo de antemano: SI. Es más, cuando la tecnología lo permita, espero normativas durísimas contra los vehículos que queman combustibles fósiles en favor de vehículos eléctricos.
    b). Esta sugerencia me parece más ridícula. Según esa lógica tuya, deberíamos prohibir que las mujeres se casen con hombres que alguna vez hayan demostrado algún arrebato violento para así evitar la violencia de género. O, ya puestos, evitemos que las mujeres se pongan minifalda para que no las violen.

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  16. Creo que no es tan fácilmente despachale lo que dice RickY: un coche, por muy ecológico que sea, contamina mucho más que un cigarrillo; en las ciudades se agolpan millones de personas sometidas a grados de contaminación insoportables, y el aire común es una nube tóxica pestilente. Eliminando los coches se haría mucho más por el aire común. Pido para los fumadores la misma deferencia de los paños calñientes: ¿Por qué en u caso sí son posibles paños calientes y no en otro? Yo sólo digo que la solución de la ley no es razonable, dado que hay muchas otras que no arrojarían a los fumadores al frío de la calle. Hay soluciones de "paños calientes" que podrían contentar a fumadores y no fumadores. Otra cosa es que el estado nos pretenda salvar del tabaco, que creo que es por donde van los tiros...

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  17. Borja, pero es otro tema. Yo también pido eso mismo: quiero que desaparezcan de las ciudades los coches contaminantes. El cómo es algo que podemos discutir hasta que nos hartemos: pasillos verdes, peatonalidad, transporte público, desarrollo del coche eléctrico...
    Me parece injusto amparar una tropelía en otra. Podemos ampliar el número de cosas que se hacen mal a infinito si quieres: "si, si... fumar agrede, pero agrede mucho más la contaminación, la comida basura, la desaparición de la capa de ozono o la crisis"... no es eso. Estamos hablando del tabaco ¿no?
    Si lo que estás diciendo es que no estás de acuerdo con la solución que se toma en la ley para atajar el problema, entonces también estamos hablando de otro tema que no parece ser el de tu entrada en la que pareces descalificar al estado porque legisla. En este caso estamos ante una discrepancia de medios; aunque no me queda muy claro cuál sería la versión que tú darías para evitar que los fumadores agrediesen a los no fumadores.
    Y si, como dices, el estado nos pretendiese salvar del tabaco ¿por qué no símplemente prohibirlo? Yo creo que no Borja; el estado nos quiere salvar del tabaco a los que por desgracia lo sufrimos sin defensa ni amparo. Tu puedes seguir fumando y yo puedo no fumar que es lo que quiero desde el principio; los dos podemos ejercer nuestra libertad.
    Otro tema es el de la propaganda; es verdad que el estado nos inunda con propaganda antitabaco. Pero eso también creo que se puede justificar.
    Pero la propaganda no es de ahora... ahora parece que causa más molestia porque hay un hecho nuevo, la ley. Pero la propaganda estuvo siempre sin que nadie advirtiera el crimen, seguramente porque los fumadores podían imponer su ley sin cortapisas. Podemos discutir si el estado debe gastar dinero en campañas publicitarias antitabaco, pero ese es otro tema distinto de la ley. Y por las mismas discutamos si debe invertir dinero en campañas antidrogas, anticonducción alcoholica, pro-lectura etc etc etc etc

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  18. Edu: evidentemente, no descalifico al estado porque "legisle", sino por el modo de hacerlo. Sólo digo que hay modos de proteger a los no-fumadores del humo sin caer en el prohibicionismo más craso, el puritanismo, la sustracción de la capcidad de llegar a acuerdos de convivencia auténtica y no a imposiciones verticales de soluciones drásticas y arbitrarias. La sustracción, como dije, de la política -que consiste en la confrontación de intereses contrapuestos- y su sustitución por la unidad sin tacha de la prohibición.

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  19. Bien,
    1. ¿cuál es el modo de proteger a los ciudadanos no fumandores del humo de los fumadores a tu juicio?
    2. ¿Por qué supones que lo que ha habido aquí es una imposición vertical y arbitraria? ¿en qué casos una ley aprobada en el parlamento no es vertical y arbitraria en estos términos? ¿eso que llamas "capacidad de llegar a acuerdos" es algo así como lo que otros llaman "diálogo social"? ¿En qué condiciones concretas y entre quién se puede dar esa "capacidad de llegar a acuerdos"?
    3. ¿Qué significa "puritano"? ¿serías capaz de nombrar alguna ley o acción estatal en ámbitos como el sanitario, el educativo, la seguridad vial o la seguridad que no cumplan los criterios que señales como "puritanos".

    PD. En último término, la filosofía no está muy lejos de la caracterización que hace de ella Wittgenstein: un modo de aclarar nuestras palabras.

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  20. Yo, en realidad, creo que, si nos tomamos en serio la libertad y la mayoría de edad -o al menos queremos salvaguardarlas como ficciones valiosas- el modo de hacer esto es que sean los propietarios de los establecimientos -ya que son establecimientos privados aunque sean de uso público- los que decidan si quieren un tipo de negocio u otro. A eso me refería con autoorganización, porque eso habría de obligar a una auténtica elección de los sitios en los que quewremos emplear nuestro ocio. La existencia de cada vez más gente que no fuma exige de modo casi natural -sólo contemplando la perspectiva del negocio- que cada vez se abrieran más locales sin humo y, seguramente, los tolerantes con el cigarrillo irían quedando como una minoría para uso de una minoría. Este desarrollo, como todo lo basado en la incertidumbre, emplearía tiempo, pero respondería al desarrollo natural de la sociedad y evitaría lo que creo es tan peligroso en la medida drástica e inapelable que se ha adptado: que el estado intervenga a discrección en las costumbres y los placeres y los vicios.

    Pero bien, si no estamos dispuestos a esperar y queremos que el Estado lo arregle ya, pero queremos que al menos ejerza de representación -ya que parece que ésa es la legitimidad teórica con que ahora cuenta- y no de poder bruto, hay muchas maneras como dividir los locales en los que se puede y no se puede fumar: puestos a planificar, se pueden reservar el 70 por ciento de locales para no fumadores y dejar el otro 30 para los tolerantes al tabaco; o bien, se puede exigir la existencia de zonas separadas, de manera que los locales que tengan sitio y quieran puedan reservar zonas para fumadores que no afectarían a los no fumadores.... La única solución no es el prohibicionismo

    2- La auténtica capacidad de acuerdo se refiere a la discusión entre los interesados. La legislación desde arriba se refiere a la pérdida de vínclo entre una clase política parasitaria -al modo de una auténtica superestructura marxiana- y los supuestamente representados por ella. En este caso, la absoluta unanimidad del parlamento con respecto a eso, la sospecosa coincidencia de todos los partidos en prohibir el tabaco en sitios cerrados, contrasta con una sociedad en que tal unanimidad no existe. Si los diputados respondieran como individuos, siendo muchos de ellos fumadores, la cuestión del tabaco podría debatirse allí haciendo eco del problema auténtico de la calle; como responden únicamente como miembros de un partido, todos repiten la posici´çon impuesta por las directivas, lo que viene a decir que, en realidad, no representan a sus votantes más que nominalmente, porque en realidad ejercen de hecho un "centralismo democrático" riguroso. Desde el primer momento, los partidos han eludido un debate sobre el asunto porque sabían "qué había que hacer".
    3- "Puritano" se refiere al ánimo de "purificar" las costumbres, de "ennoblecerlas"; parte de la asunción de que es posible el conocimiento de lo bueno en el ámbito de las costumbres y de la verdad definitiva en el del conocimiento del bien y de lo conveniente para los hombres y las sociedades. Además, exige que, una vez conocido el bien y la verdad, se haga necesario su ejercicio, quieran o no los interesados. Por ello, el Estado sería el modo de la intervención del bien y la verdad en el seno de las sociedades humanas; tú que tanto discrepas de la verdad como adecuación, aquí estamos ante el ejercicio más implacable de adecuación: el intento de adecuar las sociedades humanas a un bien y una verdad postuladops como absolutos, ejerciendo para ello del monoplio de la fuerza por el Estado sin atender a más límites que el fin que se quiere frealizar. Platón diría que, ya que todos no pueden conocer lo verdadero y conveniente, el papel del Estado es que, al menos, se comporten como si lo conocieran.

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