espacio de e-pensamiento

viernes, 1 de agosto de 2008

Los ultramundanos


El decurso del verano y de sus ritos tiene aspectos más y menos interesantes. Entre los primeros me quedo con la renovada imagen de la vida prestada por la realización de un viaje; de los segundos, por el contrario, destaca la lectura diaria del periódico, para mí tan fastidiosa como inevitable. Día a día se repite el mismo sopor y la misma nada, pero día a día vuelvo a acompañar el café de la mañana con el sonido idéntico del papel y el absurdo. Al fin y al cabo es sólo un euro, y al menos obtengo el provecho de hacer patente la imposibilidad de la transparencia racional y la eficiencia máxima en la vida humana, a la que esencialmente pertenece lo inexplicable y lo superfluo.



La prensa veraniega es, en líneas generales, un coñazo, y es quizás su inutilidad manifiesta la que la convierte en acompañante idóneo de la indolencia estival. Aun así, de entre tanta letra apelmazada que construye significados supuestos, hay días en los que es posible extraer alguna enseñanza valiosa. Ayer, por ejemplo, me enteré de que Madonna quiere viajar a la luna para solucionar su crisis (sic.). Parece una tontería, pero algo tan liviano como esto puede ser motivo de un rato de gozo intelectual. A mí me dio por pensar en la aparente paradoja de Madonna en la luna. Digo esto porque es quizás la estrella de rock el arquetipo que mejor parece representar la mundanidad y la inmanencia absoluta con que se quiere hoy trazar la imagen completa de la vida humana. Resulta que no se cansan de repetir, de enseñar, de publicitar y vender la vida como carne y simplicidad, como presente, como nudo disfrute sexual de un cuerpo, como fugacidad y juventud gloriosa, y todo ello se reúne en el símbolo heroico de la estrella de rock; no obstante, la estrella, la figura erigida en mito y en ideología, se quiere ir a la luna, y así nos descubre lo que esconde su pretendido vitalismo: el materialista tosco oculta, bajo las frases hechas que exaltan la inmanencia del mundo y la hegemonía absoluta del "espíritu de la tierra", un aborrecimiento igualmente absoluto por la realidad de lo mundano, un deseo insoportable de huir de la realidad y habitar una nueva dimensión supramundana.