espacio de e-pensamiento

martes, 8 de febrero de 2011

Sobre la ideología en Marx (III).
Borja Lucena

1- La realidad es materia. Esta materia se transforma y desarrolla de acuerdo con estructuras y formas independientes con respecto a la voluntad humana, sólo obedeciendo leyes propias que se cumplen de modo determinista. El hombre no puede dominar el desenvolvimiento de las fuerzas materiales, sino sólo obedecer, se dé cuenta o no, a la necesidad de su desarrollo.
Marx denuncia el carácter ilusorio de las ideas que se afirman como potencias independientes de la necesidad material. Ante el desarrollo de un neohegelianismo empeñado en la tarea de actuar sobre la realidad a través de un cambio en la conciencia, Marx está convencido de que las ideas por sí mismas son impotentes y no tienen capacidad de intervención sobre el estado de efectividad de la materia. Querer actuar sobre lo real articulando interpretaciones, dice, supone la emisión de flatus vocis, de meras volutas de humo que, lejos de cambiarla, no tienen poder ninguno sobre la realidad material y, en el mejor de los casos, sólo construyen una realidad aparente y separada, utópica e inesencial, relatos desligados del movimiento de lo que existe. La única actividad que posee un resultado material es la actividad material.
Y, como entre estos neohegelianos las ideas, los pensamientos, los conceptos y, en general, los productos de la conciencia por ellos independizada eran considerados como las verdaderas ataduras del hombre (…) era lógico que también los neohegelianos lucharan y se creyeran obligados a luchar solamente contra estas ilusiones de la conciencia. (…) Pero se olvidan de añadir que a estas frases por ellos combatidas no saben oponer más que otras frases y que, al combatir solamente las frases de este mundo, no combaten en modo alguno el mundo real existente
La Ideología Alemana, I; Feuerbach. Contraposición entre la concepción materialista y la idealista
El hombre, como ser material entre seres materiales, pertenece a estructuras físicas constituidas que poseen sus propias leyes de funcionamiento, indóciles a lo que los hombres piensan, quieren o creen querer; estructuras que determinan la forma de conciencia, la comprensión de la sociedad y de la propia posición del individuo en ella.
Nos encontramos, pues, con el hecho de que determinados individuos, que, como productores, actúan de un determinado modo, contraen entre sí estas relaciones sociales y políticas determinadas. (…) La organización social y el Estado brotan constantemente del proceso de vida de determinados individuos; pero de estos individuos (…) tal y como realmente son; es decir, tal y como actúan y producen materialmente y, por lo tanto, tal y como desarrollan sus actividades bajo determinados límites, premisas y condiciones materiales, independientes de su voluntad.
La Ideología Alemana, I
Debido a lo anterior, afirma Marx, atender a la historia como historia de las ideas es falsario y desolador: significa pararse ante una pantalla que encubre movimientos materiales necesarios e intereses objetivamente adheridos a los distintos elementos de los que realmente consta. Atender a la historia es comprobar cómo los hombres se encuentran situados en estructuras preexistentes, en procesos materiales de los que no pueden más que obedecer la necesidad, y cómo actúan tal y cómo el lugar que ocupan en ésa estructura material exige irremisiblemente. El que se haya mantenido la ilusión de que los individuos son capaces de actuar de manera libre, de desligarse de la necesidad que conduce todo movimiento, sólo da cuenta de un engaño o un espejismo deudor de la idea necia de que el hombre es algún tipo de ser espiritual, que guarda un tesoro de libertad ajeno a la completa realidad que le rodea. Tomarse en serio la materialidad del hombre quiere decir situarlo sin más –sin excepción o atenuante- en el seno de un mundo íntegramente material e íntegramente atenido al comportamiento de lo material.
¿Qué son las sociedades humanas si los hombres son materia en la materia? No son otra cosa que sistemas de transformación de la materia, sistemas productivos consistentes en modos de actividad física que modelan y dan forma humana al entorno natural, distribuyendo esa materia de distintas formas; fabricando unas u otras cosas; asignando a los productos del trabajo uno u otro lugar en el seno de la estructura social-material; y asignando a cada individuo –a su vez elemento material en la estructura de producción- cierta participación en los productos. Las sociedades humanas son estructuras de trabajo, es decir, de actividad transformadora de la materia; son formas de metabolismo de la naturaleza en las que la naturaleza se produce y reproduce a sí misma
La afirmación de que la vida física y mental del hombre y la naturaleza son interdependientes significa simplemente que la naturaleza es interdependiente consigo misma, puesto que el hombre es parte de la naturaleza.
Manuscritos económico-filosóficos, I
Como tal sistema de autoproducción de la realidad, sistema de metabolismo sujeto a sus propias leyes de desenvolvimiento, una sociedad dada no consiste en la relación de los individuos entre sí en el marco de la mundana materialidad, sino en la relación de la materia consigo a través de las actividades de los hombres. Los individuos son sólo vehículos de relaciones trabadas objetivamente por la única sustancia material en proceso inacabable de transformación, y estas relaciones son anteriores, lógica y antológicamente, a ellos. El proceso de producción no consiste unilateralmente en crear un objeto para el sujeto, si no, antes que nada, en la producción de sujetos para el objeto.
Los diferentes individuos sólo forman una clase en cuanto se ven obligados a una lucha común contra otra clase (…) la clase se sustantiva a su vez, frente a los individuos que la forman, de tal modo que éstos se encuentran ya con sus condiciones de vida predestinadas, por así decirlo, se encuentran con que la clase les asigna su posición en la vida y, con ello, la trayectoria de su desarrollo personal; se ven absorbidos por ella. Es el mismo fenómeno que el de la absorción de los diferentes individuos por la división del trabajo. (…) Ya hemos indicado varias veces cómo esta absorción de los individuos por la clase se desarrolla hasta convertirse, al mismo tiempo, en una absorción por diversas ideas, etc.
La Ideología Alemana, I
De ello se sigue que un determinado modo de producción o una determinada fase industrial están siempre ligados a un determinado modo de cooperación o a una determinada fase social, y que ese modo de cooperación es una “fuerza productiva”; se sigue igualmente que la suma de las fuerzas productivas accesibles a los hombres determinan el estado social y que, por lo tanto, la “historia de la humanidad” debe estudiarse y elaborarse siempre en relación con la historia de la industria y del intercambio.
La Ideología Alemana, I
El movimiento de los asuntos humanos se despoja de la ilusión de ser responsabilidad de los agentes individuales; los hombres no pueden ser, si los observamos en su inserción real en el mundo material que es su única morada, sujetos. La historia humana no se desenvuelve a través de decisiones individuales, de acciones o palabras realizadas por sujetos particulares contingentes, sino por el inevitable desarrollo de las estructuras materiales que alojan y encierran a los hombres. Los asuntos humanos no responden a la iniciativa humana, y su auténtico sujeto lo constituye las fuerzas de producción materiales en su despliegue incontenible. Dando con las fuerzas de producción hallamos al auténtico sujeto de la historia, y por ello el marxismo llega a desplazar su centro motor hasta redescubrir la historia de la humanidad como historia del desarrollo tecnológico.
El molino movido a brazo nos da la sociedad de los señores feudales; el molino de vapor, la sociedad de los capitalistas industriales
Miseria de la filosofía, II
La vida de los hombres particulares se reescribe como una biografía sin sujeto, o cuyo sujeto no es el individuo que vive sino la estructura material en la que se inserta. El paisaje del tiempo y la historia humanos parecen así transformados, dibujado en torno a nuevas categorías que quizás nunca la historiografía o el pensamiento habían siquiera rozado. Pero aún es pronto para dar por terminada la obra, porque Marx es capaz de una sorprendente y más audaz acrobacia: tenemos la determinación material de todo lo humano, la necesidad de todo transcurso, pero mirando más escrutadoramente en ello el filósofo de Tréveris nos señala un pliegue que vuelve a agitar todo: esa determinación anuncia para el hombre el fin de la determinación; esa necesidad conduce a la emancipación.