Página de filosofía y discusión sobre el pensamiento contemporáneo

martes, 31 de marzo de 2009

Hoy enterré al abuelo pepe.
Por Alfredo ferreiro

Quien fue, siguió siendo y será siempre padre de mamá Margarita.

Mi mayor emoción no vino de la constancia de la pérdida del abuelo Pepe, no importa lo que le quisiera, lo que quiera a sus vivos….. Tenía 92 años y lo veo como una cosa absolutamente natural, reconocible en todas sus etapas, en toda mi vida, tocaba, muere el abuelo. El querido abuelo.

Mi abuelo compartió los últimos 23, 24, no se exactamente, con un ser excepcional, Paco.

Paco tiene más o menos la edad de mi añorada y constantemente presente Madre.

Nietos, yernos, hijos del abuelo Pepe sentimos su pérdida, nos duele tranquilamente, por lo menos a mi que no sufro por su pérdida, no puedo hablar por sus hijos-as, sus nietos-as, yernos-as ni por la abuela Julia, ni su hija Margarita que exploraron la muerte antes que nosotros.. Para mi se cierra una etapa. Mi abuelo vivo, y abre ciento, la vida y más compañía al recuerdo de los que siempre están.

Mi abuelo se ha ido rodeado de todos los suyos que le querían y a los que quiso. Mi abuelo se ha ido con una envidiable e incómoda lucidez.

Afortunadamente antes de la última palada, alguien, un honrado palista se acercó a mi tio y le dió a firmar un papel. Lo encuentro estupendo, nos recuerda a los demás que seguimos vivos.

Uno de ellos, un palista, de cara embotada y negro y perenne pelo rizado daba cobijo a la mocarrera en un pañuelo blanco, trabajaba constipado. Mi homenaje a esta gente desagradable para los dolientes acompañantes pero necesarios y profesionales. En mi pensar en otra cosa se me apareció como un personaje de un cuento entrañable.

El protagonista era un palista de fosa que se emocionaba en todos los entierros y lloraba empatizando con la muerte y sus deudos. Pensé, mientras la tierra cubría al abuelo Pepe en que era un personaje muy del realismo mágico. Aunque yo estoy seguro de que este hombre existe.

Todo parecía acabar, todos los entierros son iguales, ya lo sabeis.

Paco se acerco al nicho sin cubrir del abuelo Pepe, arranco una rosa roja de una corona, la beso y la arrojo a la caja cubierta de arena del abuelo Pepe. Su brazo izquierdo repitió el gesto, la lágrima era la misma, la rosa no, la corona si, era blanca, el sentido del beso el mismo y el trayecto de la rosa prefiguraba el beso del abuelo a su amigo del alma y por extensión a su vida y a su muerte.

Me llamaron la atención las lágrimas de los sobrinos de Paco, lloraban por el abuelo Pepe, todos-as bailaron con el, y lloraban por la soledad del tio Paco que enterraba al amigo.

Me giré, mi hermano estaba a mi derecha, sus ojos estaban húmedos, como los mios, llorábamos por la amistad de Paco y su pérdida irreparable.

GRACIAS PACO. Y Gracias a tu familia representada en esos sobrinos jóvenes y a los que como a ti admiro.

Gracias también a mi maravillosa familia.

Coda: Los momentos de lucidez que invocabais son producto de lo que quiero aprender de Paco y que vosotros como amigos fomentais, la amistad-

Un beso muy fuerte a Laura.

sábado, 21 de marzo de 2009

21 de Marzo.
Borja Lucena

Esta mañana he dado un corto paseo por El Mirón. He visto los primeros brotes de los castaños desperezarse tímidamente, y también el leve vapor verde que envuelve ya a los álamos del río. He visto a un buitre trazar amplios círculos sobre el monte de las Ánimas, como dibujando la figura visible del Eterno Retorno. El Duero chisporroteaba bajo el sol de marzo, como si incontables peces resplandecieran un instante y volvieran enseguida a ser cubiertos por el olvido y la oscuridad. Un magnífico día para convocar el peligro del nietzscheano "el hombre es el único animal capaz de hacer promesas". Hoy es el día de mi boda.

lunes, 9 de marzo de 2009

Proyecto para una vida ética I. El Ironista.
Eduardo Abril Acero

El ironista reúne tres condiciones. En primer lugar tiene serias dudas acerca del léxico que utiliza para describirse a sí mismo y a la realidad, dado que ha conocido diversos léxicos en los que se pueden describir los acontecimientos y con los que puede identificarse alternativamente. En segundo lugar, se da cuenta de que cualquier argumento a favor o en contra del léxico que utiliza no puede ni afianzar ni eliminar esas dudas. Y en tercer lugar, si filosofa en torno a su propio léxico, no piensa que sus palabras estén más cerca o más lejos de la realidad que las palabras de otros.

Lo contrario del ironista es el metafísico; el metafísico es aquel que se pregunta por el significado de palabras como “justicia”, “moralidad” o “filosofía” en sentido literal. La mejor caracterización del metafísico sigue siendo la que hizo Heidegger al definirle como aquel que pretende reducir el ser a la presencia; el metafísico piensa que puede remitir sus palabras a algo presente, claro, determinado, real. El ironista, por la contra, no puede preguntar sobre estas cuestiones en sentido literal porque no tiene una respuesta clarificadora para tales cuestiones; el ironista trata de referenciar tales palabras no al presente, sino al futuro. El problema es que el futuro, contrariamente al presente, es algo completamente indeterminado, algo difuso e inespecífico. Por eso una de las virtudes morales más importantes del ironista es la esperanza; espera que las cosas que hace y que dice, arrojen significados futuros sobre la justicia o la moralidad que mejoren la vida de las personas, aún cuando no sabe determinar bien en qué pueda consistir todo eso. Adopta la actitud del poeta Heideggeriano: permanece pendiente de que las herramientas que hemos usado para llegar hasta aquí hayan sido las adecuadas (esto el alemán lo llamaba “permanecer a la escucha”).

Este modo de pensamiento que resulta altamente inespecífico lo comparten, entre otros, Nietzsche y los pragmatistas americanos, a los que se les ha acusado de puerilidad en base, precisamente, de que no les parece interesante la delimitación presente de los significados. Eso mismo hace Nietzsche cuando habla poéticamente del hombre futuro.

&nbspLos ironistas están de acuerdo con Davidson y con Wittgenstein en que no podemos traspasar los límites del lenguaje en el que nos expresamos y compararlo con algo que ya no sea lingüístico. Pero también defienden con Heidegger, la contingencia e historicidad de ese mismo lenguaje. Los metafísicos, frente a esto, reaccionan acusando a los ironistas de relativistas y reivindican la posibilidad de remitir de forma primaria nuestro lenguaje a la realidad, es decir, a los hechos. Los ironistas, se defienden de la acusación de relativismo afirmando que la “representación” no es la única forma de relacionarse con la realidad y que los léxicos, más que representar a los hechos, son causados por ellos, lo que no puede indicar que uno de estos léxicos, sea un mejor o peor efecto, y por tanto, podamos decir que es más verdadero que otro, más representativo.

Para los ironistas los distintos léxicos deberían considerarse, como ha apuntado Davidson, como herramientas para hacer cosas, acciones que pretenden producir un efecto en el mundo (que a su vez están motivados por exigencias que nos presenta el mismo mundo). Vistos así, los distintos lenguajes se dejan fiscalizar en el tribunal de la verdad; a lo sumo nos podemos preguntar si las cosas que decimos son o no adecuadas para las cosas que pretendemos conseguir, aún cuando la mayoría de las veces no tenemos la posibilidad de anticipar con claridad cuál es el uso real de un léxico. Por esta razón, mientras que los metafísicos se preguntan por la distancia existente entre sus palabras y los hechos, considerando que algunas de sus palabras ya pueden ser tomadas como representaciones reales, los ironistas se preguntan acerca de si estarán en la tribu adecuada y usan el lenguaje apropiado para conseguir sus fines. Esto nos lleva, de nuevo, a la virtud de la esperanza; los ironistas tienen la esperanza de que el léxico que utilizan tenga en el futuro unos efectos deseables. No obstante, lo que sí podemos hacer, es denunciar un léxico que tiene unas consecuencias reales sobradamente contrastadas: es el caso del nacionalismo o del comunismo que, aún cuando pudieran surgir desde unas situaciones contingentes muy diferentes y ciertas “esperanzas deseables”, han devenido con el tiempo, en dos buenos instrumentos de dominación en los que resulta difícil excluir la crueldad.

Para el Ironista los lenguajes no tienen como propósito la búsqueda de verdades mientras que para los metafísicos sí. A las verdades que los metafísicos se toman en serio, el ironista las denomina “trivialidades”, puesto que sólo son un conjunto de recetas simples y fáciles para inculcar y extender ciertos léxicos. Cosas como “todos los hombres desean por naturaleza el conocimiento”, “la verdad es independiente de la mente del hombre”, “el hombre es un animal racional” o “los seres humanos difieren de los animales por poseer una parte divina”. Un metafísico, cuando renunciamos a una vieja trivialidad y adoptamos una nueva, afirma que ha descubierto un hecho, está más cerca de la verdad; un ironista entiende que hemos hecho un cambio motivado por nuevas exigencias propuestas por la realidad. Por esta razón, los metafísicos consideran a los europeos como una clase especial de hombres dotados de habilidades extraordinarios para hacer nuevos descubrimientos, mientras que los ironistas entienden únicamente que es una cultura ávida de cambios que se le da bien sustituir unas palabras por otras.

Los metafísicos con vocación liberal, como es el caso de Habermas, que reivindican la absoluta necesidad de ciertas libertades políticas, consideran que tal necesidad se puede remitir, en última instancia, a la existencia de un núcleo común, por ejemplo, la racionalidad, la cual exige un consenso “razonable”. Para un ironista, la existencia de tales libertades no necesita justificación alguna más allá de su propia deseabilidad. Para éstos, lo único que importa para una sociedad democrática es la idea compartida de que lo importante es la libertad, y no la verdad o el bien. Libertad aquí significaría, a mi entender, (algo que no formula Rorty en estos términos), un creciente aumento de la información y, por lo tanto, del cambio de unos léxicos por otros mediante nuevas redescripciones.

Tal y como lo describe Rorty, el aglutinante social en una democracia, consistiría en un amplio consenso que consistiese en dar a todos la posibilidad de crearse a sí mismos según sus capacidades. Tal como lo veo yo lo que aglutina a una sociedad democrática es la existencia de tal flujo de información que resulta secillo la sustitución de unos léxicos por otros, así como la creación de otros tantos nuevos. De esta forma tendríamos que una sociedad liberal puede ser comprendida también como una sociedad ultramoderna, en la que el ser coincide con la novedad y el hombre experimenta su propia situación como temporalidad y contingencia, tal y como lo entendía Heidegger.

martes, 3 de marzo de 2009

Gizarte Hezkuntza, Formación para el Espíritu nacional, Educación para la ciudadanía

Suele señalarse como argumento usual, que la acción educativa de los nacionalistas tanto en Cataluña como en Euskadi, limita la libertad y hace obligatorios ciertos pensamientos y afectos. Muchos, escandalizados con las noticias que nos llegan acerca de las Ikastolas y las escuelas normalizadas a base de catalanismo, insisten en la perversidad de que durante treinta años se haya alentado ideas segregadoras y de rechazo a todo lo español desde las mismas aulas.
El mismo argumento, un poco más estirado y refinado, se esgrime en los mismos contextos, para denostar la nueva educación cívica socialista. Y siempre hay quien, como es usual en un país en el que la Historia se usa tan literariamente como acudían los griegos a los relatos de Homero, insiste en recordarnos al viejo dictador, a sus campamentos de milicia juvenil y a su "Formación para el espíritu nacional".
Y sin embargo, después de cuarenta años de jurar los principios del movimiento, la generación de españoles, como mi madre o mi padre, que no conocieron más escuelas que las de Franco, fueron capaces de construir una democracia. Y también, después de treinta años de Ikastolas, una generación de vascos que aprendieron obligatoriamente euskaldún, posiblemente vayan a sacar de sus sillones a los jerarcas nacionalistas. Por tanto, no debe tener el lobo los colmillos tan grandes como se piensan algunos.
Y es que las "ideologías", una palabra que no me gusta usar, dejan de serlo en una sociedad de la información, del mismo modo que es dificil distinguir un cubo de agua del resto del mar.


Cosas como estas le enseñaron a mi madre y si la conoceis, tendríais que admitir que, o se dormía en las clases de "ciudadanía", o símplemente no se lo tragó.

LA PATRIA.
La Patria es una realidad y un sentimiento.
Es una realidad, porque está fabricada con esencias de Tradición, de Historia y Geografía.
Es un sentimiento, porque está formada con el recuerdo de nuestros abuelos, nuestros sabios, nuestros artistas, nuestros mártires, nuestros Santos.
Hubo un tiempo en que algunas personas sentían vergüenza de confesar a su Patria. Eran seres desventurados, impasibles ante las glorias que nos hicieron grandes y ante los sacrificios que nos hicieron fuertes. El ciudadano de la nueva España no sólo ha de tener el valor, sino el orgullo de confesarla.

EL ESTADO
No basta que los españoles vivan unidos y se comuniquen entre sí; eso lo hacen también los pueblos salvajes.
Es necesario que en toda nación haya un orden, una disciplina, una ley; uno que mande y otros que obedezcan. Entonces la nación se convierte en Estado.

LOS PODERES
El poder lo tiene el que puede y no el que quiere. Y sólo puede, el que tiene condiciones para mandar y autoridad para ser obedecido.
Los poderes son los atributos de la autoridad.
Quien tiene los poderes dicta la ley, prescribe su cumplimiento, ordena la justicia, crea los cargos públicos y nombra a las personas que deben desempeñarlos.

EL ESTADO TOTALITARIO
Si a los ciudadanos de un Estado se les consiente que cada uno piense en política corno quiera y obre según piense, en lugar de un pueblo organizado tendremos un caos social.
Un carpintero podrá hacer una mesa como quiera; pero si ha de hacerla bien, tendrá que someterse a una norma, a un criterio, a un conjunto de principios y reglas propias de la buena artesanía. Y si se sale de estas reglas hará la mesa, pero la hará mal.
Para ser buen ciudadano es preciso someterse a las normas que establece el Estado.
Un Estado es totalitario cuando en él sólo manda uno y cuando la voluntad de, todos los ciudadanos es una: entregarse a su servicio.

LOS DEMÓFILOS Y LOS DEMÓCRATAS
Los demonios son los amantes del pueblo.
Los demócratas son los partidarios de que sea el pueblo quien gobierne.
Se puede ser demófilo y no ser demócrata; es decir se puede amar al pueblo y no ser partidario de que estén en sus manos las altas jerarquías del mando de la nación. ¿Por qué? Porque no está preparado para desempeñarlas.
Hay quien sabe montar un Ministerio y no sabe montar un reloj. Y existen infinitas personas que saben montar un reloj y no sabrían montar un Ministerio. Nunca se sabe una cosa sin haberla aprendido antes.
E1 saber gobernar una nación es una cosa que sólo' conoce el que la ha estudiado y aprendido.
Encomendar al pueblo, que no ha estudiado ni aprendido el difícil arte de gobernar, la responsabilidad de dirigir un Estado, es una insensatez o una maldad. Quien ame de veras al pueblo no echará sobre sus espaldas esa carga con la que no puede.
No debemos ser demócratas, sino demófilos, y por eso debe gobernar la nación quien más valga, y el que más vale es el que se impone por su sabiduría y sus -virtudes.

ACCIÓN RECTORA
El liberalismo consistía en dejar que las cosas mal hechas se arreglaran por sí solas.
Pero ¿por qué dejar que las cosas se hiciesen mal?
Se dice que una persona es escéptica cuando no tiene fe en nada, en lo bueno ni en lo malo. Tanto le importa una cosa como otra, porque cree que no hay remedio para ninguna.
Liberalismo y escepticismo son una misma cosa.

EL INDIVIDUO
Si yo para mí mismo soy todo, para el Estado español no soy más que su servidor.
España no puede girar alrededor de mí; soy yo quien debe moverse para honrar y dignificar a España con mi persona. El individuo sólo lo es plenamente cuando quiere lo que quiere la comunidad representada por el Estado. Esto quiere decir que mi voluntad y mis actos deben enderezarse al bien común, pues solamente de ese modo serán útiles para mí y para los demás.

MILICIA
No nos referimos especialmente a los soldados, sino al espíritu militar que debe informar la vida española.
Los soldados defienden a la Patria con las armas en la mano; los que no somos soldados debemos defenderla con los libros, con el arado, con el martillo o con la sierra en la mano.
Los soldados la sirven con heroísmo, tenacidad y alegría; nosotros, con esfuerzo, perseverancia y satisfacción íntima.



Os dejo también el libro del que lo he sacado para que os riais un rato: