Página de filosofía y discusión sobre el pensamiento contemporáneo

miércoles, 16 de marzo de 2022

Leyenda negra e insubordinación fundante.
Óscar Sánchez Vega

1. Introducción.

El 4 de Octubre de 2021 el politólogo argentino Marcelo Gullo presentaba en Oviedo, en la Fundación Gustavo Bueno, la lección La insubordinación ideológica contra la leyenda negra y el destino de España. En esta lección Gullo reflexiona sobre los acontecimientos y conflictos que se desencadenan en Hispanoamérica a partir de 1810, lo que se conoce como las guerras de independencia hispanoamericanas, tema que desarrolla con más detalle en su último libro Madre Patria. Habitualmente pensamos que los actores principales de este conflicto son los criollos americanos, por un lado, y la corona española, por el otro; pero la tesis principal del argentino es que no podemos entender nada si no situamos en el centro mismo del conflicto al imperio británico, que, a partir de entonces, dominará y estructurará el mundo mediante la estrategia que Gullo denomina de subordinación ideológica-cultural hacia la única región del mundo relevante en esta época: Hispanoamérica. Porque el sureste asiático, que será una zona geopolítica de importancia fundamental, empieza a ser el centro de atención del imperialismo británico a partir de mediados del siglo XIX (especialmente después de 1848 con la guerra del opio), pero a principios del siglo XIX la historia de la humanidad se decide en Hispanoamérica.

2. Estructura política y económica de la América española.

Para comprender lo que va a acontecer en Hispanoamérica después de 1810 primero hay que entender cuál era la estructura política y económica de la América española. La América hispana está constituida por virreinatos que son unidades políticas autónomas, con los mismos derechos que cualquier otra provincia de la la España peninsular, cuyo máximo dirigente, el virrey, rinde cuentas ante el monarca pero no ante el Reino de Castilla. La autonomía política de la América hispana va acompañada de una estructura económica propia de carácter no colonial. Un gigantesco cordón protoindustrial se extiende desde Bogotá (Colombia) hasta Córdoba (Argentina). Se trata de un cordón integrado que recorre el interior de la América española, como una columna vertebral. En el Río de la Plata (Santa Fe, Córdoba, etc) se crían las mulas que por entonces son imprescindibles como medio de trasporte y necesarias para la agricultura y la minería. Al subir hacia Colombia o Ecuador van cargadas de yerba mate (consumida entonces en toda Sudamérica) y todo tipo de productos de cuero. La ruta hacia el norte transcurre por rutas protegidas por los jesuitas, defensores del imperio español, contra los bandeirantes portugueses, que cazan indios guaraníes para convertirlos en esclavos (como se puede observar en la película de Roland Joffé La Misión). La yerba mate se produce en las misiones jesuíticas y viaja en mulas hacia Perú, Colombia y Ecuador; de regreso algunas mulas (no todas) vuelven con productos textiles, de alpaca principalmente. Este cordón es una estructura económica muy eficiente: un mercado único sin aduanas, con la misma moneda, la misma lengua, etc.

Pero en la periferia del cordón protoindustrial se están gestando otras estructuras e intereses. Las ciudades costeras (Buenos Aires, Caracas, Valparaíso, etc) están en manos de oligarcas que viven del comercio y el contrabando. Se trata de ciudades más pobres y menos pobladas que las del interior (en los siglos XVI y XVII), en ellas no hay instituciones políticas o culturales, por ejemplo no hay universidades ni hospitales. Estas ciudades están descontentas porque España, debido a la guerra de baja intensidad (piratas) de Gran Bretaña contra España, ha limitado el comercio. Los barcos mercantes ya no pueden viajar solos de América a la Península, tienen que ir en convoy escoltados por barcos de guerra, pero esto encarece las mercancías. A la inversa, de la Península al continente americano, sucede lo mismo por lo que las mercancías que proceden de España llegan tarde y encarecidas a las ciudades costeras; pero este impedimento que perjudica a los comerciantes acaba resultando beneficioso para la mayoría de los americanos porque obligó a producir en el Nuevo Mundo los productos que de otro modo hubieran de ser importados desde Europa. De este modo aparecen múltiples protoindustrias textiles desde México hasta Argentina. Contra lo que predican los liberales, como vamos a desarrollar en el apartado cuatro, las trabas al comercio favorecieron el empleo, la industrialización, el progreso, etc.

3. La crisis de 1810: Tres contradicciones internas y el factor exógeno.

A partir de 1810 el confrontamiento (más guerra civil que guerra de independencia según Gullo) hace que se acentúen las contradicciones entre el interior y la periferia. Podemos destacar tres contradicciones.

Primera: Proteccionismo vs librecambismo. El interior defiende los aranceles mientras que las polis oligárquicas quieren el libre comercio porque ellos básicamente son contrabandistas. El libre comercio es la legalización del contrabando, que es su forma de vida.

Segunda: Patria Grande vs Patria Chica. El proteccionismo solo es útil si se mantiene la unidad política, por eso, en general, el interior es partidario del imperio, de la Patria Grande. Pero los oligarcas nos son partidarios de la unidad política hispanoamericana, prefieren pequeños estados que protejan su cadena de distribución de mercancías. Por ejemplo, las mafias que dominan Buenos Aires controlan la cadena de distribución de mercancías hasta Cordoba o, todo lo más, hasta Tucumán; después hay otras mafias que abastecen a Chile o al alto Perú. Las polis oligárquicas son partidarias de formar Estados pequeños del tamaño de las cadenas de distribución que maneja cada mafia.

Tercera: Tradición vs iluminsmo. El interior es mestizo y católico, esa es su cultura. Pero las polis oligárquicas no quieren el catolicismo, son partidarias del iluminismo para cortar raíces con España. Los oligarcas se ha mimetizado con el inglés y necesitan justificar esa alianza con el enemigo. La cultura española es la barbarie, dicen. Una obra muy influyente que recalca esto es la de Domingo Faustino Sarmiento, Facundo o Civilización y barbarie en las pampas argentinas, de 1845. Para Sarmiento civilización es la ciudad de Buenos Aires, la barbarie el gaucho, el mestizo.

Por otra parte, el factor exógeno que es clave para comprender la crisis de 1810 es la política exterior del imperio británico. Gran Bretaña no había podido derrotar militarmente a la América española, aunque lo había intentado (en Cartagena de Indias en 1741 y en Buenos Aires en 1806, por ejemplo). El fracaso de la vía militar lleva a los ingleses a emplear una herramienta mucho más eficiente: el imperialismo cultural, o, en términos de Gullo, la subordinación ideológica-cultural. Gullo define esta estrategia como: “una ideología elaborada en un estado A para que un estado B haga lo que le interesa al estado A sin que se lo digan.”

4. La ideología de subordinación.

¿En qué consiste esta ideología de subordinación?

Primero: libre comercio. Gran Bretaña es la cuna de la ideología liberal, hace creer a las recién nacidas repúblicas sudamericanas que la libertad de comercio es un derecho de los pueblos y que su ejercicio les llevará a un periodo de paz y prosperidad. Pero hay una enorme hipocresía en el mensaje: ellos saben que las cosas no son así, una cosa es lo que dicen y otra lo que hacen. Ellos, los británicos, saben que el libre comercio inhibe el desarrollo industrial por experiencia propia pues ellos son férreamente proteccionistas. Merece la pena detenerse un poco en este punto mediante un breve repaso de la historia de Inglaterra. En el siglo XVI Inglaterra es “una isla miserable”, su única fuente de recursos es la exportación de lana en bruto a los Países Bajos, negocio que ni siquiera controlan los ingleses sino que lo hacen unos lombardos instalados en Londres. Las primeras fábricas textiles se instalan a la vera del Rhin, que es la autopista fluvial que atraviesa Europa y por donde transitan barcazas con todo tipo de mercancías. Esta es la situación cuando Isabel prohíbe importar productos textiles al mercado británico al mismo tiempo que atrae a empresarios y obreros de los Países Bajos para que erijan en el sur de Inglaterra una industria textil (bastante antes de la revolución industrial). El problema es que a Inglaterra le falta mercado, no tiene “escala de producción”, entonces los productos textiles ingleses son más caros y peores que los de los Países Bajos. Por ello, en una segunda fase, Isabel prohibe la exportación de lana a los Países Bajos, para desabastecer la industria holandesa, porque en condiciones de mercado libre, Inglaterra nunca hubiera podido competir contra los Países Bajos pues los productos holandeses eran más baratos y de mejor calidad. En resumen, los ingleses exportan la ideología del libre comercio por dos razones: porque quieren vender sus productos y porque saben que el libre comercio inhibe a la industria y la industria es poder. Los países sin industria son comparsas, objetos del juego político y no sujetos políticos.

Segundo: la autodeterminación de los pueblos o, como dice Gullo, “nacionalismo de campanario”. A Gran Bretaña le interesa la fragmentación territorial de las potencias rivales para evitar la competencia y garantizar el libre comercio. Los Estados pequeños, aunque quisieran, no pueden optar por el proteccionismo pues al carecer de un mercado lo suficientemente amplio, no serían competitivos, los productos serían excesivamente caros. Así pues el proteccionismo es ineficaz a pequeña escala y esto es justo lo que le interesa a Inglaterra para vender sus mercancías: pequeños estados con una ideología nacional propia: que cada nuevo estado crea que encarna cierta entidad metafísica, que piensen que Perú o Argentina son entidades que existen desde siempre. Pero para que esta ficción pueda ser aceptada es necesario un añadir un contenido de verdad: las guerras. Las guerras crean odio y sentimientos de animadversión que están en la base de las ideologías nacionales. Inglaterra va estar detrás de la guerras sudamericanas: la guerra de la Triple Alianza y la guerra del Pacífico principalmente.

Tercero: iluminismo. Inglaterra promueve los valores ilustrados con el objeto de minar las tradiciones comunes en toda Hispanoamérica: lengua, valores y catolicismo. Se trata, como en la Atenas de Pericles, de desterrar del corazón de las masas toda idea de trascendencia porque los ingleses saben que el relativismo lleva a la derrota y el poder de los pueblos descansa en una fe fundante. Cualquier fe es buena para esto: el catolicismo o el marxismo-leninismo, por ejemplo.

Cuarto y lo más importante: La leyenda negra y la hispanofobia. Este es el factor que aglutina los anteriores y la clave de esta ideología de subordinación. La imperiofobia que está detrás de la leyenda negra, según Roca Barea, es un fenómeno sociológico universal: siempre las élites de las naciones sometidas desarrollan este sentimiento de resentimiento hacia el imperio conquistador. Pero en el caso los hispanoamericanos, puntualiza Gullo, el odio a España es autoodio, es odio a su lengua, sus tradiciones, su religión, etc. La leyenda negra nace en Italia, en los Estados Pontificios, pasa a los Países Bajos, pero es en Inglaterra donde se convierte en política de Estado.“La leyenda negra es la obra más genial del marketing político británico. Está orientada a obtener un fin geopolítico: la ruptura del Imperio español.” Es el factor que hace que se viva como guerra de independencia lo que en el fondo es una guerra civil. El gran objetivo inglés fue convencer a las élites hispanoamericanas de que los españoles solo habían ido a América a robar y violar; si les convencían de esto la separación sería inevitable. Cuando los criollos crean esto acaban autodestruyéndose porque el Imperio español, dice Gullo, no es la Península, ni el Reino de Castilla, ni siquiera la Corona, sino la Madre Patria (de ahí el título del libro de Gullo), la patria común de todos los hispanoamericanos. Y mientras tanto España no se defiende, no se defiende porque los Austrias no entienden qué es la propaganda política.

5. ¿Qué hay de cierto en la leyenda negra?

Según Gullo nada, todo es falso. La empresa de la Conquista lleva la impronta de Isabel que es la evangelización y el mestizaje. El mandato de los nobles españoles es que emparenten con la nobleza india y el resultado es una fusión de dos pueblos y la creación de un único Pueblo. En la misma línea dice Jon Jurasti: “España no fue una nación política queriendo construir un imperio. España era una nación histórica queriendo ampliarse. Funcionaba en América como había funcionado en la península. ¿Qué somos? Pues cristianos españoles, da igual que estemos en la península que en América. Ni por asomo España tiene algo que ver con los imperios de la época. Es otra cosa: son los virreinatos, las otras Españas.” Esta mentalidad y estructura política (los virreinatos) hace imposible lo que Gustavo Bueno llama un “imperio depredador” porque la rapiña solo se ejecuta frente al Otro, al diferente; el imperio hispano, igual que el imperio romano o el soviético, es un “imperio generador”. Esta distinción de Bueno (imperio depredador / generador) es la misma que Gullo y Roca Barea establecen entre imperio e imperialismo. Todos ellos coinciden en que no hay colonialismo en el imperio español. El imperio, afirma Roca Barea, se caracteriza por dos rasgos: extensión en el espacio y continuidad en el tiempo. La clave es la permanencia: si una estructura política dura en el tiempo es que las ventajas de permanecer unidos son mayores que los inconvenientes y la situación de opresión en los nuevos territorios no es mayor de la que se recuerda con anterioridad al imperio. Lo importante es que, se llame como se llame, no hay relación metrópoli-colonia entre las ciudades de la España peninsular y las americanas; en los siglos XVII y XVIII las ciudades más importantes del Imperio no son Madrid, Sevilla o Barcelona sino México y Lima; sus sistemas sanitario y educativo son mejores; en Lima, por ejemplo, hay hospitales gratuitos para toda la población y los mejores profesores españoles están en las universidades americanas. Aún hoy, dice Roca Barea, México y no España, es el centro de la Hispanidad.

Los negrolegendarios esgrimen como argumento en contra de la conquista que la población indígena disminuyó de manera muy significativa después de la llegada de los españoles, pero la causa, bien conocida, de la mortalidad es la falta de anticuerpos de los aborígenes americanos ante las enfermedades exportadas de Europa. Era por tanto algo que hubiera ocurrido en cualquier caso, fuera cual fuese la manera en la que entraran en contacto la población europea con la americana. Pero lo relevante es que no hubo nunca una política de exterminio hacía los indígenas, al contrario que en Norteamérica donde se llegaron a distribuir mantas infectadas de viruela entre los nativos en pleno invierno con el evidente objetivo de acabar con ellos. Lo cual naturalmente no implica que los indios fueran considerados en pie de igualdad con los españoles recién llegados. El imperio español, como todos, era una estructura clasista de dominación, pero el mestizaje hace que las fronteras entre las clases sociales sean cada vez más difusas. Además, en el caso del imperio español se producen algunas circunstancias y reflexiones que no tienen parangón en la historia universal, ni antes ni después: por primera vez una potencia que ha emprendido una expansión territorial, se detiene para analizar si tiene derecho o no a la conquista. Lo cual indica que, independientemente de los hechos negativos que se puedan haber producido, la intención de Castilla no es imperialista; nunca una potencia imperialista se ha preguntado si tiene derecho o no a la acción que está llevando a cabo.

Si nos atenemos a los hechos, y no a las intenciones de los conquistadores, tampoco podemos encontrar justificación a la leyenda negra, siempre según Gullo. Después de un primer periodo de incertidumbre y desconcierto en el Caribe en el cual los españoles no saben muy bien qué hacer, “la conquista” empieza de verdad con Hernán Cortes. ¿Qué encuentra Cortes en Mesoamérica? Una nación opresora y varias naciones oprimidas: los aztecas son los opresores y los tlaxcaltecas, cholultecas, totonacos, etc, los oprimidos. Pero la opresión de los aztecas sobre el resto de naciones indígenas no tiene parangón en la historia: los aztecas fueron el único pueblo en la historia de la humanidad que practicaba de manera sistemática el imperialismo antropófago. Según Prescott los aztecas eran entre el 12 y el 15% de la población total de Mesoamérica, todo lo más el 20% ; el resto, el 80%, eran pueblos oprimidos, víctimas de la voracidad azteca. Cortes, afirma de modo provocador Gullo, no era un conquistador sino un libertador: con la inestimable ayuda de doña Marina organiza y libera a las naciones oprimidas. Hay que tener en cuenta que Cortes se adentra en México con unos 300 hombres y los aztecas tenían un ejército de 200.000 hombres. La superioridad militar que arcabuces y caballos daban a los españoles no explica en modo alguno cómo los españoles pudieron vencer a los aztecas. La respuesta a este interrogante es que la conquista de México en realidad no la hicieron los españoles sino los indios oprimidos organizados y dirigidos por los españoles. A los tlaxcaltecas se les concedió como recompensa el fuero de Vizcaya, eran como los vascos americanos, no eran unos indios a los que había que asimilar, eran españoles y como tales mandaron su diputado a las Cortes de Cádiz. En México se suele decir que la Conquista la hicieron los indios, la independencia los españoles y la revolución los mestizos. Es cierto que después de la conquista las naciones indias oprimidas no se emanciparon y siguieron siendo explotadas por los españoles, pero al menos no se los comían. Cuando Cortes llega a México la contradicción principal para los oprimidos no era libertad o servidumbre sino vivir o morir; las naciones indias oprimidas apostaron por Cortes porque era preferible a los aztecas.

Y la conquista del Perú sigue los mismos parámetros. El imperio inca también realizaba sacrificios humanos, aunque no eran antropófagos. Los incas eran un imperio depredador, “embrutecedor” dice Gullo, que oprimía a otros pueblos. Los españoles que acompañaron a Pizarro eran todavía menos que los que acompañaron a Cortes, apenas unos 180 soldados (según wikipedia). La victoria sobre los incas hubiera sido imposible si no hubieran contado con el apoyo de las naciones oprimidas.

España, concluye Gullo, no conquista América sino que la libera, la libera del canibalismo y de la guerra permanente. En apoyo de la interpretación de Gullo hay un hecho que merece ser destacado: todas las conquistas en la historia de la humanidad se han hecho con un ejército, pero... ¿dónde está el ejército español? Los Tercios están en Europa, en Italia y Flandes principalmente. En América no hay ejército de ocupación y no hay ejército de ocupación porque no hacía falta. Porque el régimen que viene, que no es un reino de justicia y libertad sino una estructura de dominación, es mejor que el que había antes; al menos pone fin a los sacrificios humanos y al canibalismo.

6. Conclusiones.

En resumen: en la estrategia de dominación mundial es fundamental para Gran Bretaña que la hispanofobia triunfe porque es la clave para que la unidad de Hispanoamérica nunca más vuelva a existir. El imperio español no era una nación, pero, a juicio de Gullo, se estaba gestando una nación que fue abortada por la diplomacia inglesa. Lo que se abortó también fue una Modernidad diferente a la anglosajona, una Modernidad no utilitarista basada los principios de igualdad, libertad y justicia. Los valores de igualdad y libertad emanan de la doctrina católica, se fundamentan en el libro del Génesis (todos somos hijos de dios y gozamos de libre albedrío) y en cuanto al valor de la justicia, la contribución teórica más determinante en el mundo hispánico procede de la Escuela de Salamanca y dice que el depositario real del poder, que siempre emana de Dios, es el pueblo y no el Rey, y que el primero tiene derecho a la revolución, incluso al tiranicidio, si el segundo no ejerce el gobierno del reino en beneficio del pueblo.

Pero esta Modernidad alternativa no pudo ser y lo que triunfa es la ideología de subordinación, de la que ya hemos hablado, mediante la cual Gran Bretaña convierte las nacientes repúblicas sudamericanas en semicolonias. Gracias a la dominación ideológica y la económica a través de la deuda externa, dando créditos a las repúblicas que sabían que no podían pagar, Gran Bretaña se adueña de Hispanoamérica sin necesidad de ocuparla militarmente. La estrategia de subordinación ideológica triunfa no solo en Hispanoamérica sino también en la Península, incluyendo la tesis de la hispanofobia, lo cual es algo inaudito. Esta situación solo es reversible por medio de lo que Gullo llama insubordinación fundante que pasa necesariamente por rechazar la leyenda negra. A quien hoy interesa la leyenda negra es al capital financiero internacional porque la leyenda negra es el obstáculo ideológico más importante que impide la unión de los pueblos hispanos. Al capitalismo le interesan estados pequeños y débiles que no puedan oponerse a los designios del mercado global.

La tragedia de España es que ni los americanos se reconocen como españoles ni los españoles reconocen a los hispanoamericanos como compatriotas. España iba desde los Pirineos a Filipinas y desde Alaska a la Tierra del fuego. Todo eso era España. Esa nación no pudo ser. Al no poder ser, un pedacito de esa comunidad se queda con el nombre de España. Y de ahí viene un gran trauma. ¿Por qué? ¿qué es lo que no entiende ese pedacito que se quedó con el nombre de España? ¿Qué es lo que no entienden México, Honduras, Argentina o Perú? que todos estábamos en un mismo barco, un transatlántico gigante, una Madre Patria llamada España y sin ella estamos abocados a ser semicolonias del imperialismo anglosajón en el caso americano y del Gran hermano alemán en el caso de los españoles europeos.

El mundo avanza hacia la constitución de Estados-civilización que tomarán el lugar de los Estados-nación, afirma Gullo. El dilema del futuro para los pueblos hispanos es continuar siendo meras comparsas en el mercado capitalista o convertirse en auténticos sujetos políticos con independencia y poder real para incidir en el orden mundial. Ante este panorama... ¿Por qué no pensar en un gran Estado Hispánico o Iberoamericano (con Portugal y Brasil)?

2 comentarios:

  1. Muy interesante, Borja, y con varios elementos para la reflexión política. Da en la línea de flotación del liberalismo librecambista, señalando con agudeza las mentiras ideológicas que sostienen el mito de la libre empresa.

    ResponderEliminar
  2. perdona, Óscar, el corrector ha colado mi nombre en vez del tuyo....

    ResponderEliminar