espacio de e-pensamiento

domingo, 24 de junio de 2007

Dialogo acerca del concepto de Ideología a partir de un texto de Rorty.
Eduardo Abril Acero

Presento aquí dos textos con un doble sentido: en primer lugar para rendir un modesto homenaje a uno de los pensadores más importantes del siglo, reciéntemente fallecido, el americano Richard Rorty, y en segundo lugar para iniciar un debate que ya viene haciéndose habitual en el universo Feacio: la ideología.

El primero de los textos, “Orquideas silvestres y Trotsky”, publicado en “Filosofía y Futuro”, es un artículo donde el propio Rorty hace una biografía intelectual de sí mismo y expone algunas de sus mejores ideas en un tono distendido. El propósito principal de este texto, además de servirnos para debatir lo que se propone, es el de presentar a este filósofo, no tanto en su filosofía por cuanto en su actitud frente al mundo, especialmente a la política. Este carácter, el del “ironista” según sus palabras, es precisamente la actitud ética y política que este filósofo reivindica para los ciudadanos comprometidos verdaderamente con la democracia y es, además, una actitud que me parece sana y tolerante sin caer en el “estupidismo progre” de la izquierda ni en el esencialismo de la derecha; me recuerda, a veces, a la actitud de nuestro amigo (conocido por muchos de vosotros), Santiago Redondo, el intelectual de Roundfield.

Respecto de la segunda propuesta, propongo el primer capítulo de una de sus mejores obras: "Contingencia, Ironía y Solidaridad"; se trata de reflexionar acerca de la distinción entre discursos no ideológicos, que se mueven en entornos de verdad y racionalidad más “aceptables” y discursos falseadores que, mediante mentiras y engaños, pretenden obtener un rendimiento al margen de lo propuesto. La ideología es vista tradicionalmente como una forma de pensamiento que abarca todos los ámbitos de la vida de los individuos, negándoles precisamente la individualidad y convirtiéndolos en engranajes de una máquina totalitaria. El debate está, por tanto, en precisar y discutir acerca de la diferencia entre “verdad” y “mentira”. ¿Hay discursos más verdaderos que pueden ser guía política, ética y científica de la actividad humana? ¿hay discursos mentirosos y falseadores que, precisamente por su carácter de “impostores” deben ser denunciados y rechazados como guías en estos ámbitos?
Como muchos ya sabéis, mi postura en esta cuestión está alejada de este planteamiento. Partiendo de Nietzsche y desembocando en Rorty y, a través de él, en Wittgenstein y Davidson, me sitúo en la línea que defiende la imposibilidad de distinguir, en lo político, entre un léxico que es “ideológico” y uno que no lo es. Es imposible, sencillamente, porque como ya señala Nietzsche, en un sentido extramoral, la verdad y la mentira no es algo que se averigüe en el universo de los “hechos”, sino algo que se decide en el entorno social, convencionalmente, y no necesariamente como resultado de pactos voluntariosos, libres y racionales.

Rorty, en el primer capítulo de “Ironía Contingencia y Solidaridad” que aquí expongo, traza un argumento muy sólido contra la pretensión de establecer una línea divisoria entre los discursos y léxicos verdaderos, y los discursos y léxicos falsos. Y no por ello, cae irrevocablemente en el relativismo y en posturas políticamente irresponsables, como ha sido acusado, entre otros, por Leo Strauss.
En una colección de entrevistas a Rorty que edita Eduardo Mendieta en Trota ("Cuidar la Libertad" 2005), Derek Nystrom y Kent Puckett, trazan una descripción brillante de esta posición rortiana que , sin caer en el referencialismo y el esencialismo, es capaz de esquivar el relativismo y el llamado “pensamiento débil”. Allí, escriben estos dos filósofos americanos que, para poder escapar de la idea según la cual podemos considerar la política o la filosofía, como un gran espejo que contiene imágenes de la realidad, algunas más correctas y algunas más falsas…

“deberíamos contemplar los modos en que describimos y explicamos el mundo como herramientas que nos ayudan a funcionar en ese mundo, en lugar de cómo representaciones del mundo de las que se pueden decir que son más o menos correctas. Rorty está aquí hablando de todo tipo de prácticas lingüísticas: enunciados científicos, observaciones mundanas y de otros tipos. Por ejemplo, ahí donde el filósofo tradicional escribe como verdadero el enunciado de Newton de que la fuerza es igual a la masa por la aceleración, porque ofrece una imagen adecuada del mundo, y por tanto se corresponde con la realidad, Rorty nos incita a contemplar la fórmula de Newton como verdadera porque nos proporciona una herramienta efectiva para llevar a cabo determinadas tareas en el mundo”.

A esta teoría se le podría objetar que cae en el relativismo, sin embargo, como señalan Nystrom y Puckett a favor de Rorty:

“si no contamos entre criterios trascendentales y fundacionales para escoger entre lenguajes o visiones del mundo, ¿cómo podemos argumentar, por ejemplo, contra los nazis? Y si además el vocabulario político y moral propio es un producto contingente de un tiempo y un lugar ¿cómo se puede estar motivado para defender los valores de este vocabulario?
El libro de Rorty “Contingencia, Ironía y Solidaridad”, publicado en 1989, puede ser considerado como un intento de respuesta a estas preguntas. En el libro se mantiene que “las nociones de criterio de elección […] dejan de tener sentido cuando se trata de un cambio de un juego del lenguaje a otro” por la sencilla razón de que tales criterios y elecciones no pueden ser formulados más que en los términos de un juego del lenguaje específico. Los cambios en vocabularios son el resultado, según Rorty, de la capacidad de lo que él llama la “redescripción”. Rorty se sirve de la teoría de Thomas Khun acerca de las revoluciones científicas para recordarnos que la mecánica galileana no suplanto las concepciones aristotélicas del mundo porque la primera fuera una elección superior basada en un conjunto mutuamente aceptable de criterios; por el contrario Galileo ofreció un conjunto enteramente nuevo de criterios de investigación intelectual que desplazó a los aristotélicos. Galileo redescribió el mundo que había sido anteriormente descrito por Aristóteles al ofrecer un nuevo juego del lenguaje que consiguió que el viejo ya no resultase. Por consiguiente la conclusión de Rorty es que “nada puede servir como crítica de una léxico último salvo otro léxico semejante: no hay respuesta a una redescripción, salvo una re-redescripción.
El tipo de intelectual que Rorty prefiere, por tanto, es aquel que se familiariza con tantos vocabularios y juegos del lenguaje como le es posible, aquel que se pone al corriente del mayor número de novelas y etnografías. Al hacerlo, este intelectual se convierte en un “ironista” de su propio vocabulario [..] Las novelas y las obras de etnografía que nos hacen sensibles al dolor de los que no hablan nuestro lenguaje deben realizar la tarea que se suponía que tenían que cumplir las demostraciones de la existencia de una naturaleza humana común. Por consiguiente la réplica pragmatista de Rorty a la “cuestión nazi” podría consistir en dos partes. En primer lugar, no se refuta a los nazis ni ninguna otra visión del mundo; se ofrece más bien una redescripción del mundo que logra hacer que su descripción sea insostenible. En segundo lugar el intelectual propiamente ironista, con su gran surtido de conocimientos, habrá leido demasiadas novelas y etnografías como para dejarse engañar por un vocabulario que se cree en relación privilegiada con la verdad y que ignora el dolor de los demás”

Los textos propuestos se pueden descargar en estas direcciones:

"Orquideas silvestres y Trotsky" en "Filosofía y futuro" de Richard Rorty.

"La contingencia del lenguaje" en "Contingencia Ironia y Solidaridad" de Richard Rorty.