espacio de e-pensamiento

miércoles, 17 de octubre de 2007

El cambio lunático

Parece algo de otro tiempo, pero aún siguen repartiendo el Nobel de la Paz. A pesar de haber ya premiado a todo tipo de gentuza, a pesar de haber cien veces mostrado una comprensión escasa de los conflictos que retuercen al mundo, los académicos suecos siguen empeñados en pulverizar el poco prestigio que aún conservan. Premios enormemente lucrativo, pero cada vez más inútiles y ridículos; cada vez más vulgares y carentes de rigor académico; cada vez más voceros de la ideología única que -desde todos los ámbitos imaginables- se procura inocular a una población rebañuna y lista para consumir. El concepto de "paz" es un constructo de difícil determinación y dudosa valía, pero se ha convertido en el modo de vender y justificar cualquier cosa; si antes fue la figura siniestra de Arafat, o la gran debacle de Gorbachov, o el diploma de limpieza política de los terroristas norirlandeses, ahora sirve para legitimar el llamado "cambio climático" como único problema político de digna y prescriptiva atención. La maniobra ideológica implicada en la operación es elemental: ante la magnitud del desastre, ante la dimensión incomparable del armaggedon que se avecina, todo otro problema se desvanece; los problemas políticos -y ante todo el problema básico: la libertad- pierden relevancia; el terrorismo se demuestra como un fenómeno menor ante el auténtico "terrorismo contra la madre tierra"; los individuos y sus urgencias se diluyen en la emergencia universal que por doquier los profetas proclaman. El tamaño inabarcable del problema sirve para esconder todo lo limitado y afectado por la mancha impura del tiempo y el espacio. Esta estrategia ideológica -que ya el presidente Zapatero ha utilizado para camuflar la negociación con la camarilla de asesinos de ETA, mostrando su insignificancia relativa en relación al "gran reto del siglo XXI"- obtiene cuantiosos réditos, no sólo dinerarios, sino ante todo de dominio político, ya que logra inducir una distorsión perceptiva que lleva a los hombres a permanecer indiferentes ante los problemas y amenazas efectivas mientras, por otro lado, observan como daños reales vagas predicciones apocalípticas y ensueños fatalistas. El problema del cambio climático se enuncia en términos tan equívocos que cuesta mucho alcanzar algún respecto no enturbiado por la ideología. Por ejemplo, la mayoría de las veces parece que el hecho de que exista cambio en el clima es aterrador, cuando la señal inequívoca de un problema insalvable sería su inmutabilidad: mientras el cambio está presente en todo sistema vivo, la permanencia e inalterabilidad son propios de lo carente de vida y, cabría decir, de existencia. Otras veces la amenaza milenarista se cifra bajo la denominación cursi de "calentamiento global"; en este caso tampoco queda claro a qué se refiere la catástrofe, ya que la condición viva de la tierra está íntimamente vinculada a la oscilación de las temperaturas, existiendo períodos cálidos y fríos sucesivos sin que ninguno de ellos haya, hasta ahora, amenazado la supervivencia del planeta en su conjunto. Ha habido épocas mucho más cálidas y, precisamente porque hoy vivimos el período regresivo de una glaciación, es natural que "se caliente la tierra"; sabemos positivamente que hacia el año mil el mundo vivía un clima más templado que el actual, de manera que el nombre que los vikingos pusieron a Groenlandia no fue "tierra de hielo" o algo similar, sino "tierra verde" (en inglés Greenland): a diferencia de hoy, el hielo no cubría la isla, y se descubrían en ella lo que debían ser impresionantes masas de vegetación.

La ideologización de todo, la utilización de cualquier ámbito vital para satisfacer fines espúrios e inconfesables, es propia de la vulgarización política que hoy nos rodea. No quiero con esto decir nada sobre el cambio climático en sí, sino señalar que el grueso de la cuestión está inducido por un interés ideológico; si existen evidencias sobre tales amenazas es preciso enunciarlas de manera que no se dirijan exclusivamente a niños o subnormales. Todavía no he oído un razonamiento riguroso al respecto. Pretenden atemorizarnos señalando estudios científicos, pero sólo proporcionan películas y palabras piadosas. Como en tantos otros asuntos, es necesario arrancarse el velo ideológico para juzgar las cosas de manera libre y rigurosa. En caso contrario, el cambio climático es, efectivamente, una gran amenaza: contra el pensamiento crítico.

12 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. ¡Anda, qué gracioso! El robot de blogger.com se atreve a llamarme "autor".

    No, borré lo que puse ayer porque era una sarta de tonterías que se desviaban del tema. Es que este diario de Feacia es como los discos de los Maiden: hacen falta dos o tres lecturas para empezar a vislumbrar el tema del que habláis.

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  3. Es fácil hablar de responsabilidad y compromiso con los recursoso naturales cuando tu ya te has ventilados los tuyos...

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  4. ¡Es una lástima que Ashep no nos dejara leer lo que escribió! Saludos

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  5. Muy buenas! Por fin me estreno, no tenía Internet.El apocalipsis es una visión recurrente de los puritanos.O bien follaron poco o tuvieron una infancia dura( de lo cual me apiado, no me vayan a decir que no tengo empatía con la Madre Tierra)
    No obstante,a pesar de tanta profecía incumplida,aconsejaría prudencia:El tema es demasiado complejo y el hombre demasiado inconsciente.Tal vez el Lobo sí nos comerá por fin! ( qué descanso)

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  6. Borja, se llama pudor. A veces (pocas, por imperativo genético) tengo brotes de pudor galopante.

    La respuesta que borré era una apología pseudo-científica de lo que yo entiendo por cambio climático y sobre la campaña de desinformación que hay montada a su alrededor.

    Con internet, cualquiera puede hacerse una idea de lo que realmente es el cambio climático si sabe buscar en las fuentes correctas: lo que dicen los científicos (que no es, ni de lejos, lo que la gente cree que dicen los científicos).

    Basándome en eso, me monté una teoría de la conspiración muy chula y, probablemente, muy inexacta.

    Ni lo uno (la "información") ni lo otro (mi "opinión") tenían nada que ver con el tema del artículo. De ahí el pudor.

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  7. Llevo un día nefasto; primero, me entero de que Al Gore ha denunciado las maniobras de la derecha para negar el cambio climático; de repente descubrí lo malo y de derechas que soy al desconfiar de lo que él dice y poner en duda cualquier cosa que él me ordene creer; acto seguido Gabilondo pontifica sobre la barbaridad de negar la realidad del "calentamiento global" (Dios, ¡qué cursi!) y lanza un irrevocable anatema a todo aquel que así lo haga. Usando el lenguaje de forma característica, llamó "negacionista" a todo aquel que se niegue a admitir "a priori" el cataclismo que los profetas nos anuncian. Supongo que también estará preparando un nuevo Nüremberg para ajusticiarnos. Palabra de Dios y dogma ya de todo el progresismo barato, en buen memoento se me ocurrió escribbir contra la farsa del cambio climático; hoy, en El País, hablan de algo así como "los reaccionarios" ideólogos que se niegan a admitir esa verdad sacrosanta... ¡Qué tabarra! ¿Debemos ser bienpensantes y achacar la coincidencia en este pensamiento único a la mera casualidad? ¿No es suficiente esta obsesión por dejar claro que el cambio climático es "la verdad sobre el mundo" para sospechar que detrás se agita una operación propagandística de grandes dimensiones? ¿Cómo no advertir el interés ideológico que la anima? ¿Por qué están tan interesados en que el cambio climático convierta en insignificante a cualquier otro problema?

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  8. Iba a contestar a Ashep -más que nada para animarle a superar ese pudor del que hablaba: ¡como si yo npo sintiera pudor al leer las cosas que escribo!- pero se me fue la cabeza. Disculpas.

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  9. Diferenciemos dos cosas:

    1.- el cambio climático

    2.- las campañas propagandísticas que hay montadas a su alrededor.

    El cambio climático es un hecho. La temperatura media de la tierra se ha elevado en los últimos cuarenta años tanto como lo había hecho en los mil anteriores. La causa de esto es irrefutable, ya: el exceso de emisión de gases que multiplican el efecto invernadero.

    Los científicos no vaticinan ningún apocalipsis climático ni ningún peligro de extinción. Sólo dicen que, a este ritmo de incremento de las temperaturas, aumentarán las probabilidades de que se produzcan desastres medioambientales (huracanes, inundaciones, sequías, etc.). Eso no es el apocalipsis. La Humanidad está más que preparada para adaptarse a esos desastres, por inesperados o intensos que sean.

    No hay ningún científico serio que haya hablado del "punto de no retorno".

    Hasta aquí, he resumido lo que dicen los científicos acerca del cambio climático.

    Ahora, lo que dicen los economistas, basándose en lo que han dicho los científicos: el cambio climático tendrá consecuencias económicas. Reparar las cosas que se rompen en un desastre natural cuesta dinero; si el número de desastres crece, habrá que gastar más dinero. Llegará un momento en el que el coste de adaptarse al cambio climático sea mayor que el coste de impedirlo. Llegará un momento en que a la Humanidad le merezca la pena, en términos económicos, hacer algo al respecto.

    Ahora mismo es más barato pagar la factura de reconstruir, por ejemplo, Nueva Orleans, que lo que costaría dejar de utilizar el carbón como combustible para producir electricidad. Llegará un día en que será más caro reconstruir las infraestructuras del sur de Alemania (destruidas por, por ejemplo, una serie de inundaciones veraniegas) que dejar de usar el carbón.

    No es el apocalipsis, es la ley de la oferta y la demanda, o la ley termodinámica del mínimo esfuerzo. Es el capitalismo.

    Hasta aquí, lo que dicen los economistas acerca del cambio climático. Vayamos ahora a lo que dicen las empresas.

    A las empresas les interesa que no se sepa lo que es, realmente, el cambio climático (ni científica ni económicamente). A las empresas les interesa producir barato, vender caro y prepararse para el momento en que la Humanidad esté dispuesta a pagar por evitar el cambio climático. Son las empresas las que se benefician HOY de que no se haga nada y serán las empresas las que se beneficiarán MAÑANA de que se evite que la cosa vaya a más. Las facturas no las pagarán las petroleras, sino los contribuyentes, y serán las herederas de las petroleras las que cobren esas facturas. Pan para hoy, pan con miel para mañana.

    Perdón por usar ese antagonismo tan sobado de las empresas Vs. las personas. Ya supongo que saltaréis con cientos de matizaciones respecto al origen marxista de lo que digo, o sobre el estado ideológico actual del capitalismo, pero entended que uno sólo es una persona media, con una formación media, con una opinión media.

    Vuelvo a las empresas (eufemismo con el que me refiero al poder capitalista). Hace unos años, nadie sabía nada acerca del cambio climático. El asunto no había llegado a la opinión pública. Los científicos, hartos (supongo) de que se hicieran oídos sordos a sus descubrimientos, se pusieron el disfraz de divulgadores y se lanzaron a explicar al mundo, con sus precarias herramientas mediáticas, lo que era el cambio climático y lo que representaba para la Humanidad. Las empresas reaccionaron tarde, pero reaccionaron: contraatacaron con una campaña de desinformación. Convirtieron a los científicos en heraldos del apocalipsis, desprestigiaron sus hallazgos tergiversándolos, hicieron que la población dudase de ellos... ya hasta que se mofara de ellos.

    Visto lo visto, lo están consiguiendo.

    Ahora, cera a los políticos. Los políticos no se metieron, de inicio, en la guerra que se montó entre los científicos y las empresas. Aquello ni les iba ni les venía. ¿Qué tenía aquello que ver con lo que les importaba a ellos, ésto es, los votos y las elecciones? Aquello no podía durar porque, en el momento que un político encontró la manera de sacar réditos políticos del tema, los demás iban a ir detrás a por su trozo del pastel. Y así sucedió.

    Lo que primero fue un hallazgo científico se convirtió en una teoría económica. Mientras estuvo a salvo del conocimiento público, las empresas no hicieron nada. Cuando empezó a trascender, las empresas comenzaron su propaganda. Cuando un político se alineó con uno de los dos bandos, los demás se metieron en la refriega.

    Hoy, en la propaganda política de la izquierda, estar en contra del cambio climático es "de izquierdas y progresista" y estar a favor de la propaganda capitalista es "de derechas y reaccionario". Hoy, en la propaganda política de la derecha, estar a favor de la teoría del cambio climático es "apocalíptico y de payasos", y estar en contra es "lógico y fundamentado".

    Como dicen los americanos... bullshit. Te toca la moral que se desvíe la atención de lo esencial (de lo que dicen los científicos) por intereses bastardos. Como dice Borja, todo es una cortina de humo, ruido que nos impide escuchar las cosas que son. Unos, las empresas, hacen ruido para seguir haciéndose ricos a mi costa; los otros, los políticos, hacen ruido para que no se les vean las miserias.

    Todo cambiará cuando a mis hijos o mis nietos les toque pagar la factura. Entonces, los políticos se pondrán de acuerdo para crear una comisión delegada que diseñe un plan de choque para minimizar el impacto de las derivas presupuestarias sobre la inflación; las empresas crearán subsidiarias especializadas en generar energías baratas y respetuosas que, previo pago por la ley de patentes, entregarán al mundo la solución del problema. Yo me quedaré sin pensión porque no habrá dinero para pagarlo todo y mis hijos y mis nietos tendrán que apretarse el cinturón y tragar hiel para pagar los impuestos.

    Toma post paranoico e impúdico.

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  10. UNA GRAN NOTICIA

    Aún cuando parezca lo contrario Al Gore ha dicho que en España ve "muchos escepticos."

    ALBRICIAS HERMANOS!!!!

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  11. El comentario de Ashep, a pesar de su pudor, se refiere a algo importante, y es el ámbito de la propaganda. Yo, en mi comentario, no me pronunciaba sobre el hecho mismo del cambio climático, sino sólo sobre la legitimidad de dudar de cualquier pretendida verdad científica; en caso contrario, en caso de no poder ejercer la duda, una verdad científica recibe el nombre -mucho más apropiado- de "dogma". No dudo del interés existente entre ciertas empresas (o entre ciertos países como los árabes) por intoxicar y ocultar información, aunque tiendo a creer que genrealmente nos representamos confabulaciones exageradamente poderosas. De todos modos, me limito a señalar el peligro inmenso de la ideología y la propaganda, incluso en el margen de un problema que pueda ser real; las ideologías suelen enmascararse de "buenas intenciones" para ejcutar sus fines inconfesados, y este asunto del clima, me temo, es una de esas ocasiones en las que quieren ocultar muchas otras cosas bajo el manto del "Bien Absoluto".
    Me alegro de compartir con Ricky -tal y como el santón Gore afirmó ayer- la condición de "escéptico", que no es más que el modo en que estos pontífices señalan a los que se sitúan al margen de la ortodoxia "climática"; es decir: a los herejes.
    Saludos

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  12. Borja, duda todo lo que sea menester de las verdades científicas, pero duda de ellas, no de lo que te dicen que son. Es decir: una cosa es el cambio climático y otra muy distinta es lo que la propaganda nos dice que es el cambio climático.

    Ejemplo: cada dos o tres años sale en todos los telediarios que un material llamado "amalgama de plata", utilizado desde hace casi dos siglos para hacer empastes, es cancerígeno, tóxico y extremadamente perjudicial para la salud. Eso que sale en los telediarios es propaganda (pagada por los fabricantes del material alternativo a la amalgama, el composite). La realidad es que la amalgama de plata no tiene ninguno de los efectos perjudiciales que le atribuyen y, además, es mejor que el composite.

    Es curioso que los únicos países donde está prohibido el uso de la amalgama sean Alemania y los nórdicos, que son los principales (si no únicos) productores mundiales de composite.

    Con el cambio climático pasa algo parecido, pero a mayor escala. No es lo que te cuentan los telediarios o los vídeos presentados por santurrones, sino lo que es: un conjunto de datos que no hacen sino describir una cosa que está pasando.

    Hace cincuenta años, las lluvias otoñales habrían apagado el macro-incendio de California. ¿Magia o ciencia? El tiempo y los datos lo dirán, pero hasta entonces prefiero creer más lo que dicen unas fuentes que lo que dicen otras.

    El problema es que hoy hay tal cantidad de "conocimiento nuevo" que una persona media no puede discriminar entre lo cierto y lo incierto y, para hacernos una idea de cómo es el mundo (todos tenemos esa pulsión), tenemos que hacer un acto de fe de vez en cuando. Para hacerlo, tenemos que escoger de qué fuentes beberemos, porque todas las fuentes no son iguales. En este caso, yo elijo creerme lo que dicen los científicos antes que lo que dicen los propagandistas.

    Otro ejemplo: yo me creo (acto de fe) más lo que decís aquí que lo que dicen los Blancos, Zaplanas o Roviras de turno.

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