espacio de e-pensamiento

jueves, 5 de junio de 2008

El País contra la familia


Buena parte de la ideología contemporánea del progreso tiene como fin la definitiva deglución de la naturaleza, su aniquilamiento como realidad autónoma e irreductible a los deseos incondicionados del yo. Todo lo que tenga que ver con lo natural ha de ser procesado y planificado, ordenado en torno a los parámetros de la razón pura y abstracta. La realidad, como suponía Fichte, es un límite a la acción que ha de ser suprimido: el no-yo ha de ser eliminado por el yo. El principio del que mana esta voluntad de someter todo lo que, en principio, se muestra en alguna forma indócil es el de la libertad absoluta. Y ya sabemos la dialéctica terrible del absoluto: la forma real de una libertad absoluta pensada no puede ser más que la de una tiranía efectivamente absoluta. El primer Schelling lo expresaba en la forma de una alternativa terrible: o destruimos el yo sometiéndolo al universo, o destruimos el universo en el yo. Tras la especulación idealista vino el terrible poder del estado, encargado de realizar la labor de asimilación de lo espontáneo y fugaz, de ordenar, de planificar y burocratizar lo real. Y así encontramos hoy - solamente limitado por débiles y cada vez más confusos poderes y principios-a un estado burocrático que tiene como objeto apresar todo lo que pertenece al orden natural de la vida, es decir, aquello que se enfrenta a la regulación y la organización puramente racionales.



La enumeración de todo lo que el estado ha de normativizar para alcanzar esa ansiada edad del espíritu es demasiado extensa como para ser emprendida en un breve comentario como este. En el ámbito de la organización social y la vida concreta, la función limitadora de naturaleza la desempeñan ciertas tradiciones tozudas que, pese a todo intento de supresión "racional", se mantienen erigidas como escudo ante el poder impetuoso. No por ello, sin embargo, dejan de ser vehementemente perseguidas por el estado, que alienta íntimamente la esperanza de algún día abolirlas. Una de ellas, sino la fundamental, es la familia. Este carácter fundamental de la familia la convierte en objeto principal del encono de la ideología estatalista, ya que -como suelo nutricio de afectos y relaciones que se desenvuelven al margen de la lógica de la ley- ofrece el carácter de una poderosa resistencia. Pero la ofensiva sigue vigente. Los medios de formación de masas no cejan de preparar el terreno para justificar una futura intervención del estado, y para ello anatemizan las formas tradicionales de vida familiar: demostrando la malignidad intrínseca de la familia muestran también la exigencia de que el estado haga justicia. El estado y sus ideales -esos espectros de palidez extrema que describió Lucrecio- anuncian su justicia sagrada, y la realidad vuelve a conmoverse: el objetivo es ahora fiscalizar los afectos, las pasiones, los pensamientos y emociones privadas, y para ello es preciso eliminar los obstáculos que lo impiden, como es el caso de la intimidad familiar.

En realidad, al empezar a escribir sólo pretendía ofreceros un texto que -como tantas maravillas ideológicas- publicaba ayer El País. Valga lo anterior como introducción al sentido que -creo- tiene la ofensiva periodística contra realidades positivas como la familia. En el artículo que aquí os traigo se establece una vinculación casi determinista entre la familia "tradicional" y la violencia contra las mujeres, lo que sugiere que la intervención penal del estado debe dirigirse -si quiere evitar esta violencia- contra aquella forma "bárbara" de convivencia "machista". No sé qué clase de trauma procedente de su vida familiar afecta al autor, pero, como muestra, un párrafo glorioso:

En España también podemos tener claro que el origen del machismo asesino, y de la no menos grave dominación masculina consentida y silenciosa, está en ese modelo patriarcal de familia nucleado en torno a un matrimonio sacramental y procreativo que une a ambos cónyuges, como predica la Iglesia y aplican los maltratadores, "hasta que la muerte los separe".
El artículo completo:

18 comentarios:

  1. El ser humano es un ser artificial por naturaleza. Seguramente de la falta de esta premisa "omnipotente" provengan tantos desatinos. Rumia pensar que la necesidad de orden y planificación racional tengan su amanecer en el desvalimiento frente a cosmos no racionales y cuya determinación no dependen tanto de los estados como de las estaciones o el instinto.

    La existencial emergencia humana corre pareja a nuestro desapego al natural decurso de vida y de muerte. El yo que citas no esta al margen de este desarrollo, la ontogenesis, solo tiene un camino, es el yo, o sea el lenguaje, la conciencia de sí y el ser. Perdona que me ponga tan filosófico – ya sabes que me revienta - , no quiero pensar demasiado lo que digo, simplemente dejarme llevar. Sueles suscitar interesantes discusiones, bien argumentadas y narradas con buen tino con las que como en este caso estoy en armonia en la conclusión. Distintos caminos llevan a los mismos topos, aunque los fines no justifiquen los medios, así les ahorro las críticas a tus detractores.

    La cita de Fichte es pobre, la culpa es del ,no tuya, el yo no justifica la libertad absoluta, el no-yo no es la realidad. Y el limes no es la realidad, es el marco, el limes es el propio yo, la propia naturaleza humana que no es consciente de su artificio frente a esa realidad real. Somos el rey de la fiesta de lo real que para ser el centro necesita de lo artificial, y que además, está condenado a ello. Sin representar nuestro papel de humanos frente a la naturaleza no seriamos. Nos obliga nuestro corpacho egótico, el yo y la naturaleza, el lenguaje. “Y Dios vió que era buena”, no vamos a discutir. Hegel dice algo más parecido a esto que lo que le interpretan por la derecha. Batacazo comprensible tras el gran admirador de Napoleón, que también lo tenia claro, en otro orden claro.

    Schelling lo entendió mejor y la cita corresponde más a lo no real. Se acerca más a la presciencia platónica y a su sol, y a sus universales, y su bien y a su justicia, en definitiva, a su humanismo, o sea, a su ontogénesis, al lenguaje, al hombre. El primero que teorizó sobre la naturaleza humana, su excelencia era mágica pero humana. El rey no era visto por el sol y por ello ungido, el rey veia al sol y por ello estaba capacitado. Y la educación determinaba, no el sexo, ni la clase, sino el artificio humano . En caso contrario se hubiera ahorrado el puente naval a siracusa.

    “Y así encontramos hoy - solamente limitado por débiles y cada vez más confusos poderes y principios-a un estado burocrático que tiene como objeto apresar todo lo que pertenece al orden natural de la vida, es decir, aquello que se enfrenta a la regulación y la organización puramente racionales.”

    Hablas de un estado limitado en si mismo, que se aleja de su propia naturaleza, el estado burócrata aspira a un estatus no humano sino natural. El de la jerarquia programada bajo la que si caben los designios divinos, de la divina naturaleza. El estado al que tu remites quiere ser el genoma de lo público, supongo que es lo que denuncias, y estoy de acuerdo, niega una libertad absoluta del ser humano. Niega el lenguaje, niega, al yo, lo pongo en femenino para caer bien, niega la consciencia, abomina del subsconciente, niega la tradición.

    Sí, la tradición es nuestro genoma artificial. Tenemos una ventaja, si algo se demuestra deleznable se elimina, salvo relativismos, a los que son cercanos los maltratados herederos del pasado y por tanto acomplejados y necesitados del enemigo que justifica su inacción o el asentimiento cobarde y barato.

    Y Hablabas de la familia. Que te puedo decir. Por ahí empieza todo, o empezaria en una sociedad de hombres y mujeres, lo digo a posta, para provocar, hombre y mujeres somos todos, nos criaron, hombres y mujeres, a mi lo de hombres y hombres, mujeres y mujeres y tal me da igual, es lo mismo si el estado pone la bases para que la familia, el vínculo afectivo, de esa inteligencia que es la fundamental se puede desarrollar. Es triste que “El Pais” o quien sea utilice la familia que llaman tracional, no conozco otra, para mi, tradicional es el artifico del amor humano, del cuidado, de la empatia, y de tantas cosas gracias a las cuales,si tuvimos suerte tenemos ciertos afectos hacia algo que trascienda el yo. No van a solucionar ni la violencia de genero, ni el machismo por ahí.

    He pasado el dia con un matrimonio muy amigo, nuestro anfitrion los conoce, Darfo y Cristina, Y la pequeña Ariadna, a progres no les gana nadie, pero que ejemplo de familia, de Padres, ojala , todos los hijos se pudieran poner en las manos de padres como ellos. Y la dificultad para su buena crianza viene de los que desde el pulpito y familias rotas justifican sus miserias. Si muchos padres y madres, tutor a o b, etc, pudieran confiar en si mismos para criar a sus hijos otro gallo cantaria.

    Educacion para la ciudadania es la cronica de una muerte anunciada no la solución.

    Que los que follan y duermen contentos de si mismos por su izquierdismo, buenismos, etc, concilien felices sueños. Eso si, que no se echen las manos a la cabeza después.

    Pd. no quiero perder la oportunidad de reiterar que Zapatero es un tio peligroso, Ah y que rconocerlo no es votar a la derecha. Ni a el no jodais.

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  2. BREVE COMENTARIO TÉCNICO
    Borja, cuando se trata de colgar un texto para comentar, hay un foro específico, la ACADEMIA FEACIA. Si abusamos del diario, al final se convierte en un cajón desastre.

    un saludo a tots.

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  3. No necesita el amigo Lucena ningún defensor, pero en fín como visitante de esta isla reconozco que la nota editorial que Eduardo ha colgado me ha sorprendido.

    Cuando leí el texto de Borja no me dió la impresión de que fuera un comentario de texto y si una profunda reflexión sobre un aspecto de la realidad de la que un periódico, en este caso El Pais, o como le llamamos algunos La Biblia, o el B.O.E, se declara portavoz.

    De hecho suscitó un comentario de un tal Sepptembrini, que amén, de que probablemente sea una mamarrachada, ya que no se compadece con los dictámenes de la tribu,no se dedica a comentar ningún texto sino opiniones del supuesto comentador.

    Menos cometarios "técnicos" (sic), y más "pata alante". El comentador torea por derecho y no pocas veces levanta los oles de esta plaza.

    Perdona si este comentario te parece fuera de lugar, pero ante semejante falta de tacto, con el añadido del peso que el comentador tiene en esta orilla, nobleza obliga a reconocer que es al menos indicado para realizar este tipo de suerte ventajista.

    Un abrazo Edu.

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  4. Bueno, en realidad el comentario de Edu tampoco tiene tanta importancia, y seguramente proviene de haber leído con prisa el principio de mi post y haber dejado para otro momento llegar al final. Creo que es evidente que, aunque quizás en el principio me remonte a aparentes abismos metafísicos, en realidad todo va dirigido a un hecho tan cotidiano como que la fusilería ideológica de un periódico se diriga machaconamente contra ciertas realidades. No creo, Edu, que eso esté fuera del objeto de este blog, ya que refiere a lo que (nos) pasa a diario. ¡Qué voy a hacer si lo que pretendía ser una sencilla ntroducción para colgar el artículo de "El País" me llevó a Fichte! Quizás esté equivocado sobre la función de "El diario de Feacia", pero no me parece que esto lo desvirtúe. De todas formas: ¿no es precisamente la función de "cajón de sastre" aquella para la que fue diseñado?

    En cuanto a tu comentario, Settembrinni, esta tarde me pararé a contestarlo, que ahora llega la hora de comer y las bajas pasiones viscerales me empujan a la mesa sin poder oponer yo más resistencia.

    Un saludo y feliz domingo

    Borja

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  5. Settembrinni:

    Estoy perfectamente de acuerdo en la artificialidad natural del hombre, o, como dijo el bueno de Aristóteles: el hombre es naturalmente político. El problema, creo, es que -y también para Aristóteles- pensar que el hombre sea exclusivamente artificial cancelaría o negaría el mismo principio del que parte su artificialidad: es por naturaleza artificial. Estoy completamente de acuerdo en que la naturaleza humana consiste en un hacer que humaniza el mundo, y que, por lo tanto, el fin de las acciones que llevamos a cabo sea la humanización de lo natural; pero con la previsión de que siempre existe un resto, siempre se da una línea infranqueable, una resistencia que hace imposible completar en plenitud la humanización de lo real. Esa es, a mi parecer, la verdad de una consideración realista de las cosas: el imperativo de no contemplar de modo unilateral lo que presenta múltiples dimensiones. Incluso en Fichte -y es que en un espacio tan reducido es preciso ser a veces esquemático- la plena asimilación del no-yo por el yo no es más que un imperativo práctico, un deber-ser de imposible realización; sin embargo, el estado contemporáneo - y a eso responde el adjetivo de "totalitario" cuando es el caso- olvida esa naturaleza regulativa para acometer la planificación completa de todo, es decir: ofrece el paso al límite que conduce a los desvaríos de la política contemporánea. Es este paso al límitew lo que considero aberrante: el intento del estado de reducir todo a mero material sobre el que modelar sus pretensiones. La culminación de la humanización absoluta de lo real vendría a equivalr, como es el caso del totalitarismo, a la deshumanización completa del hombre.
    (buff, perdona por la chapa....)

    Para resumir, lo que se pone de manifiesto en esta lucha estatal contra una realidad (la familia) que FUNCIONA como naturaleza en el seno de la vida política -es decir, no estoy hablando de que este tipo de familia sea de por sí naturalmente exclusivo, sino de que hace el papel de algo inasimilable, de reducto o resistencia en que consiste la naturaleza- es una de las perversiones fundamentales de las relaciones entre lo político y lo pre-político: la no consideración de su distinción. La familia refiere a una realidad natural, aunque no exista un tipo universal de familia y su existencia concreta se vea mediada por aquella artificialidad de la que hablábamos, y es un paso al límite el procurar manipularla como simple materia dócil a una voluntad política incondicionada.
    Existen dos modos fundamentales de darse esta indistinción tan peligrosa entre lo político y lo pre-político:
    1- cuando lo pre-político invade lo político y lo doblega a su lógica. es el caso de la irrupción de los nacionalismos étnicos, por ejemplo, que pretenden dar la ley de la sangre y "la cultura" a la polis.
    2- cuando lo político pretende suprimir y regir lo pre-político (sobre todo: afectos y realidades, como la familia, a éstos asociados) en base a la lógica de la ley. Es el caso de los estados totalitarios y, creo, la tendencia de todo estado que no tope con límites efectivos a su pretensión omnímoda.

    A esto me refe´ría con respecto a las descargas de fusilería ideológica que desde los medios afines al gobierno intentan reducir al poder del estado todo lo que, por ahora y por fortuna, todavía no lo está. ese es el caso ed la familia.


    (Por cierto: el sábado que viene bajo a Madrid y, como hablamos, podíamos quedar para comer, charlar y ver libros... ¿no es como el paraíso? Si algún otro feacio anda por Madrid, que se apunte)

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  6. Tienes razón Borja respecto a lo que me dices sobre el apunte técnico que tanto parece molestarle a Alfredo; pero bueno, para bien y para mal soy el responsable técnico de este Blog y algo debe significar eso... intentaré hacer mi trabajo sin que Alfredo se sienta tan afectado.
    Respecto al Post, desde mi punto de vista creo que vas demasiado lejos. He leído el artículo y no me parece que sea para tanto; es verdad que en el párrafo que destacas el autor señala a la familia tradicional como fuente del machismo asesino y, tal vez, va demasiado lejos, pero leido el restod el artículo creo que lo que hay es una exposiciónd e hechos que son dificiles de negar... algo que cabe dificilmente dentro de las categorías fichteanas que usas para argumentar tu postura.
    Señalar que el machismo en este país, responsable de no pocas muertes, comienza con una concepción de la familia basada en la desigualdad y el dominio, a mi juicio no es un intento de transformar la realidad desde una óptica ideológica, sino constatar una realidad ideológicamente dificil de negar. Señalar a la vez que alguna relación hay entre eso y la forma en como se ha alentado y justificado las uniones familiares en este país durante mucho tiempo, por ejemplo, el papel que la iglesia ha tenido y tiene, tampoco creo que sea desacertado. De hecho, no ver esto creo que sólo es posible desde un aislamiento de la realidad social muy parecido a lo que tu llamarías ideología (pero yo no). No tienes más que hacer unas cuantas preguntas en tus clases a tus alumnos acerca del tipo de relación que tienen con sus novios y novias o con sus padres, para darte cuenta de que el artículo no va muy desencaminado. También puedes echar un vistazo a páginas web "cristianas" y al modo cómo tratan estos asuntos o, llendo un poco más allá, mirar las rezones habituales por las que se producen los llamados "crímenes de género" (una designación que me parece desaportunada, todo sea dicho).
    Otra cosa muy distinta es la actitud que el Psoe toma con respecto a estos problemas, una actitud evidentemente propagandística; pero eso también lo insinua el artículo al final, cuando señala que está muy bien lo de los ministerios estén en manos de mujeres, pero que eso está muy alejado de la realidad social; en el fondo es lo que se le puede reprochar al Psoe, que se dejen de "fotos bonitas" y se pongan a trabajar (con esto y con todo; echando un vistazo a la política económica el esquema sigue siendo el mismo: parecen estar en una constante campaña electoral pero por eso razón dejan el gobierno desamparado).
    Ahora bien, que hay un problema es evidente: las cifras de "violencia de género" lo constatan de forma clara, y este no es el único medidor; se podría echar un vistazo, por ejemplo, a la falta de armonía entre el ámbito académico y al ámbito profesional (para eso hay en la página del instituto de la mujer unas estadísticas sacadas del IE que no tienen desperdicio). ¿Cómo atajar el problema? pues evidentemente teniendo en cuenta todas las causas posibles; y una de estas causas, seguramente la más importante (pero no la única), está en la familia patriarcal, lo que en "educación para la ciudadanía" se llama "familia tradicional". Y seguramente no sería así si todas las familias fueran como la de Darfo, que señala Alfredo, pero ese no es el caso y, por tanto, algo habrás que hacer, digo yo.

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  7. Borja en relación a tu entrada quiero comentar varias cosas:

    1. En primer lugar quiero destacar aquello que compartimos: yo tampoco comulgo con una política peleada con la realidad, que anteponga los ideales por encima de la imperfecta realidad, (precisamente por eso alabé la postura del PSOE en relación al asunto de la Biblia y el crucifijo).
    2. Al “orden natural de la vida” pertenecen tanto la familia tradicional como las parejas homosexuales o las familias monoparentales… vamos digo yo. Y todas estas “realidades positivas” debieran resultar amparadas de igual modo por el andamiaje legal del estado.
    3. Pareces sugerir, dime si me equivoco, que el ataque a la familia es un síntoma preocupante de totalitarismo y este me parece que es el asunto clave. Yo no estoy de acuerdo. Lo que pienso es que, al menos en la civilización occidental, la institución estatal siempre ha crecido a expensas de la institución familiar porque sus intereses son contrapuestos. Si queremos un ejemplo mejor que mirar a la rusia bolchevique mejor dirigir la mirada a la cuna de nuestra civilización: la cultura Griega y especialmente la filosofía de Platón. No creo que sea necesario, ni tengo tiempo de extenderme sobre esto: occidente se forja contra la estirpe, la sangre, la tribu…y la familia.

    Pero te pongo un ejemplo más prosaico: los gitanos. ¿Por qué después de más de 5 siglos los gitanos no se han integrado con el resto de los españoles? ¿Por la lengua? ¿la raza? ¿el folclore?...No, por la familia. El pueblo gitano es una etnia que aprecia la institución familiar muy por encima de la institución estatal, de tal manera que las normas y procedimientos que provienen del estado carecen de fuerza entre ellos porque la autoridad la ostenta el patriarca del clan y no el juez ,el alcalde o el gobernador.

    Si como sostengo no es posible un estado fuerte (que no totalitario) y una familia igualmente fuerte, es preciso elegir: ¿En que sociedad te gustaría vivir? ¿En una donde el estado garantice a todos los ciudadanos la igualdad ante al ley a pesar del desamparo y la falta de sentido que supone el final de la forma tradicional de vida o en una donde las tradiciones, entre ellas la familia, dictaminen lo que eres y puedes llegar a ser? Yo lo tengo claro.

    Saludos

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  8. Edu: Pues a mí el artículo me parece una bazofia al uso, mixtificadora, confundente de elementos que son perfectamente disociables y, en ningún caso, actúan como causas mecánicas en todo eso de la "violencia de género". ¡Claro que la mayoría de los maltratadores estará casado (supongo)! Pero decir que eso es "causa" es como decir que, como la mayoría de los maltratadores viven en pisos de menos de 100 metros cuadrados, tener una casa de menos de esas dimensiones es causa de la violencia conyugal. Un razonamiento pueril, torpe, tosco. Esto es ignorar toscamente qué quiere decir que algo sea causa de otro algo. El problema es que se hipostasía una relación, la familia, y se convierte en una cosa; así, parece que la familia es "asesina", cuando la verdad de todo esto es que son los individuos los que asesinan o maltratan, y la respuesta penal del estado ha de dirigirse a los agentes concretos, no a entidades fantasmagóricas que, por supuesto, nunca esgrimen un cuchillo para matar a nadie. La intención aquí camuflada del estatalismo es fiscalizar las relaciones privadas y creerse con el derecho a ordenar la vida a su antojo, no poner freno a un delito cometido por individuos contra individuos. Si la internción de esta gente fuera el fin de la violencia no propondrían este tipo de responsabilidades metafísicas ("la familia" es la culpable... ¡hombre, esto parece "El padrino"), sino las reales: y es que hay individuos asesinos que han de ser responsabilizados de sus propios actos de una vez, sin dewcargar su zafiedad en los demás. Esto es mirar deliberadamentew para otro lado con el fin de intoxicar y propiciar un malentendido que allane el camino para ciertos fines no directamente confesables, y eso se llama "ideología".

    Por supuesto, esto no quiere decir que niege la violencia sexual, pero creo necesario dejarnos de ficciones peligrosas y confusas para enfrentar el hecho mismo y sus responsables, que no son "las familias", sino los individuos que, a veces casados, a veces no, dan rienda suelta a sus instintos asesinos. El estado debe garantizar los derechos violados de las víctimas impidiendo la acción de los agresores, pero el responsable penal es únicamente un individuo, no una "trama conspirativa de los obispos y la iglesia" que, como dice el artículo, bendice el maltrato "hasta que la muerte nos separe"... esto es basura.

    En cuanto a tu comentario, Óscar, me parece que no estamos de acuerdo. En parte respondí a las objeciones que planteas en el comentario anterior: la pretensión de eliminar toda distinción entre lo político y lo extra- o pre-político lleva a las aberraciones más extremas, sea de una u otra definición. Cuando la política olvida que debe lidiar con lo real, y en su lugar pretende construirlo "ex-novo", se lleva lo político a la perversión del totalitarismo. La pretensión de eliminar todo lo no-político, de anegarlo de categorías políticas, conduce al furror asesino del estado sobre todo lo que no se pliega a ello. Es una ilusión pretender que seamos "ciudadanos puros", abstraídos de afectos y relaciones ajenas a la política. Somos ciudadanos, sí, pero "in partibus infidelium": no podemos suprimir en nosotros lo que escapa a la lógica de la ley, lo que arriba denominaba "natural". El intento de hacerlo, y que el utópico "Buenismo" del "progresismo" introduce en todo aquello que se deja, conduce al desvarío de intentar construir un reino de Dios en la tierra siempre rrealizado a través de la hoguera y la ejecución.

    Creo que nuestra concepción de la política es divergente: yo creo, con Maquiavelo, que "la política es el arte de conocer el tiempo y el orden de las cosas, y de saber adecuarse a ellas"; vosotros, al contrario, creéis que el político debe construir la realidad desde sus principios teóricos, imponer al mundo un orden plenamewnte racioanl y trasparente que, por desgracia, no es su propio orden. El caso de la familia es claro: yo pienso que es una realidad pre-política, vosotros defendéis que debe plegarse al dominio del poder político; el estado debe, creo, proceder a defender a las mujeres (u hombres) que son objeto de un delito, y para ello tiene instrumentos penales apropiados, no cambiar de cabo a rabo la realidad bajo el supuesto de un ente extrempírico que "asesina" o "maltrata".

    En el fondo de todso esto, para terminar, lata la consideración de la relación entre lo político y lo extr-político; para resumir, defiendo que las categorías políticas sólo son válidas para ese ámbito, y por eso han de ser limitadas a él; en caso contrario, totalmente inadecuadas para otro ámbito, se demuestran o torpes o peligrosas. En esto creo necesario seguir el principio metodológico aristotélico sobre la lóigica propia de cada ámbito de realidad. El mismo Aristóteles afirmaba que el ámbito de lo político es el de la igualdad, mientras que el de la familia es el de la desigualdad: Esto no quiere decir que yo defienda el maltrato, al contrario:creo que esa desigualdad afectiva preserva de él. Creo que esto es una realidad: no se puede adoctrinar a los hijos en una supuesta igualdad con sus padres, porque de hecho no son iguales. Introducir en las relaciones padre-hijo la lógica de la igualdad es ocasionar un trastorno a algo que no está regido por esa lógica.

    El estado no ha de imponer una igualdad abstracta en el ámbito afectivo, porque de lo contrario un día de estos nos onligará a "querer a todos por igual", lo que es un disparate.

    Perdonad por la parrafada.

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  9. Una cosa se me olvidaba, Óscar: para nada he hecho referencia a lo de los "matrimonios homosexuales", creo que es otra discusión aparte de lo que yo comentaba. Yo sólo me refería a un hecho: que la gran mayoría de matrimonios son como son, y con eso ha de contar el estado. No he juzgado en ningún momento -y me reservo mi opinión para otro momento- sobre qué tipos de familia son los naturales o no lo son. No así el autor del artículo que colgué, que viene a decir que el tipo de familia de hecho existente es algo malo y, en cierta manera, en contra de la naturaleza humana. Claro, para él, supongo, un tipo de familia "no procreativa" es la deseable.
    Me parece un absurdo todo ese artículo, y cada vez que lo releo más: introduce por todos lados unas valoraciones arbitrarias y gratuitas que piden a gritos principio: "familia patriarcal", "machismo asesino", que el matrimonio católico se instituye para facilitar el maltrato de la mujer por el hombre.... Es delirante lo que puede surgir de ciertas cabeza.

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  10. Borja, haces una interesante distinción entre lo pre-político y lo político y más interesante aún cuando la cruzas con el nacionalismo y el totalitarismo. Hasta aquí nada que objetar, comparto crítica y planteamiento.

    Pero luego pareces sugerir que un estado liberal no hay conflicto entre el ámbito político y el pre-político y tu referencia a Aristóteles refuerza esta postura. Yo por el contrario pienso que en esta como en todas las demás facetas de la vida el conflicto es inevitable porque, ciñéndonos al caso que nos ocupa, los valores de la familia nunca van a resignarse a permanecer en la intimidad que les es propia y, por otra parte, los valores ilustrados que fundamentan el estado liberal tienden a sobrepasar la esfera de lo público e “iluminar” la totalidad de las relaciones humanas. Aunque suene tópico, lo preferible sería encontrar un sano equilibrio alejado tanto del estado platónico como de las actuales sociedades árabes o africanas que carecen de un estado moderno debido, en mi opinión, a la desaforada preponderancia de la institución familiar. Tú pareces señalar que en España el equilibrio se ha roto y que la familia tradicional está avasallada por el poder omnímodo del estado. Yo sinceramente no percibo tal peligro.

    Saludos

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  11. En que es una bazofia de artículo te doy toda la razón; es un artículo amarillista que no va mucho más allá de mostrar unos cuantos tópicos. Pero creo que te pasas en tu crítica y también creo que tu diagnóstico dela violencia machista no es acertada.
    Por supuesto que los que ejercen dicha violencia son individuos dando rienda suelta a sus instintos y que no son las familias las responsables de tales desmanes. Pero no podemos ignorar que el carácter de tales individuos se gesta dentro de senos familiares de dudosa moralidad; en es fondo esto es lo que viene a decir el artículo, aunque lo diga tan mal. Me parece negar la realidad no querer ver que la violencia machista es ejercida por tipos que se han educado de cierta forma, de acuerdo a determinados valores en los que el hombre manda y la mujer, sumisa, obedece. Ese es el modelo de la familia que el artículo denuncia y, si nos ponemos, pues yo también. Y por razones evidentes no voy a ser yo sospechoso de querer destruir la familia desde posturas ideológicas. Pero es que, hace cuarenta años, seguramente, a lo más que yo podría aspirar con respecto a mis hijas, es a casarlas bien y hoy en día eso, afortunadamente va quedando superado (digo "va quedando").
    El diagnóstico que yo hago sobre la violencia machista tiene que ver con un choque que se está produciendo en la sociedad desde hace unos años (si echas un vistazo a las estadísticas durante el régimen franquista a penas existía y en los primeros años de la democracia tampoco). El choque entre las antiguas concepciones sobre las relaciones familiares, en las que el patriarca ejercía la autoridad sobre los demás, especialmente las mujeres (no tendré que recordar que en este país las mujeres pasaban de la tutela del padre a la tutela del marido POR LEY), y unas concepciones más actuales en las que el reparto de tareas, roles y la distribución del poder está mucho más equilibrado. El conflicto trae consigo que, en un mismo tiempo, sujetos con unas valoraciones (ciertos léxicos) conviven con individuos con otras valoraciones (otros léxicos) y los primeros son incompatibles con los segundos; en ese caso se produce el estrés social. Hace treinta años no habría problemas sobre, por ejemplo, el trabajo fuera de casa o la indumentaria porque se acataba sin rechistar uno e loléxicos; hoy en día es la mujer infiel, o la trabajadora, o la que simplemente se viste como le da la gana, la que tiene que soportar que la muelan a palos porque un tipo no puede soportar que su posesión más preciada no se pliegue sumisamente a sus deseos.
    Y me parece perfecto lo que dices acerca de que el estado ponga los medios para proteger a las víctimas, pero mira, creo que el estado también podría hacer lo propio para que no hubiera tantas víctimas. La verdad, ante la posibilidad de que un energúmeno muela a palos a alguna de mis hijas dentro de unos años, que venga quien sea a garantizarme que sólo la va a moler a palos una vez, pues como que no me deja del todo a gusto. Preferiría que no fuera ni una vez.
    Y si no vemos que este tipo de violencia tiene que ver con la educación, no la que damos en las escuelas y los institutos, sino con lo que se enseña en muchas familias (y en muchos cursos prematrimoniales impartidos por la Iglesia, todo sea dicho), pues entonces es que no se quiere ver la realidad, com dirías tu. Hay un modelo de familia que no cabe dentro de esta sociedad, lo siento, pero creo que esto es evidente. Dime una cosa Borja, si la comunidad senegalesa en España, se pusiera a defender la poligamia tal y como es tradicional en Senegal (que no es otra cosa que esclavitud con otro nombre)... ¿defenderías que tampoco debería meterse ahí el estado?

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  12. Óscar: estoy perfectamente de acuerdo en que es inevitable un "quantum" de conflicto entre dos formas de organización social que, basadas en lógicas distintas, comparten a los mismos sujetos bajo su, digamos, jurisdicción. Es verdad, y creo que lo deseable es que exista ese conflicto atenido a ciertos límites: que ninguno de los dos polos suprima al otro. Estoy de acuerdo, entonces, en que ha de establecerse un equilibrio entre ambas. Sin duda, el estado es la forma superior, la que comprehende a la familia y debe acomodarla en su seno, pero sin querer violar lo propio de ese núcleo indispensable para la completud del hombre. El estado ha de obligar a que, en el seno de la familia, se respeten los derechos individuales que dan sentido a su función, de eso no me cabe duda; lo acertado de la teoría liberal, e incluso de la de Aristóteles en otro respecto, es postular una autolimitación necesaria del estado -que aquí es la parte fuerte de esa contraposición- a únicamente intervenir allí donde la institución familiar se "acoraza" y se hace opaca a las garantías individuales. En el caso que nos ocupa, no obstante, la institución familiar, de por sí, en absoluto es contraria a esas garantías, ya que se establece en la forma de un contrato entre personas libres, y si de hecho no es así en ciertos casos compete al estado garantizar la validez objetiva de dicho contrato, que no pasa por la tiranía o la violencia de uno sobre otro, por supuesto.


    En este sentido, Edu, en absoluto defiendo que el estado deba respetar cualquier tipo de tipo familiar, ya que, como en el caso de la poligamis, se dan relaciones lisamente contradictorias con derechos individuales. Aunque pareces entender eso de lo que digo, yo no defiendo que la familia sea un "sancta sanctorum" exento con respecto a las leyes civiles, sino únicamente que la intervención del estado no debe extenderse a lo que al estado no compete, como son los afectos y pasiones privados dados en el seno de las relaciones personales. Claro que se dan casos numerosísimos de familias en las que los derechos de una de las partes son confiscados por la otra, pero eso no quiere decir que la familia de carácter occidental-cristiano de por sí lo exija. el estado debe prevenir y castigar malos usos, pero extender eso a la institución familiar en sí misma es atacar de manera errática lo que no tiene responsabilidad. Te fijas demasiado, a mi entender, en los elementos patológicos, como si su conexión con la familia fuera necesaria; no obstante, precisamente la hablar de la familia de hace años, subrayas que esa conexión no es necesaria, pues el cambio -conservándose el núicleo de la unión familiar- ha sido notorio. Que haya energúmenos que no acepten la naturaleza contractual del matrimonio no quiere decir que el matrimonio, en sí, exija sus barbaridades.

    Lo que defiendo es que, guste o no, la familia es una realidad con la que hay que contar, y además, en la mayotría de los casos, plenamente positiva como exige su sentido mismo. Muchos males provienen de la familia, no lo dudo, pero mucho peores daños pueden provenbir de un estado que pretenda "arreglarlo todo" y, para ello, la desmantele: tendremos los mismos males y otros peores añadidos.

    Toda utopía que pretenda hacer de los individuos seres políticos unilaterales, sin contar con lo no-político, ha depositado gran parte de sus esfuerzos en eliminar de raíz esos males que se gestan en la vida familiar. Han sido llevados por el ideal angélico de una existencia libre de conflictos, pero, sin eliminar en absoluto los conflictos de la vida humana -inextirpables porque no somos ángeles- han creado verdaderos estragos. Uno de los primeros, si no el primero, nuestro querido Platón.

    Creo que la existencia de un solo poder, sea el estado, sea la familia, sólo se efectúa en menoscabo de la individualidad y la santa ficción de su libertad. Los poderes intermedios son indispensables para que la vida no naufrague bajo el peso excesivo de un sólo poder omnímodo y le sean dados resquicios en los que respirar. La familia, como poder intermedio y prudencialmente autónomo es, por lo tanto, una garantía de libertad insustituible. Y no cualquier familia, edu, lo voy a decir más clara y polémicamente: la familia occidental cristiana.


    Saludos

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  13. Bueno, Borja, casi todo lo que leo en tu respuesta me parece acertado; yo también soy de los que piensa que el estado no debe meterse demasiado en la vida de los ciudadanos ya que se corre el riesgo de que éste se haga omnipresente, como bien señalas. Sin embargo sigo pensando que vas demasiado lejos en tus apreciaciones. Destacar que hay ciertos usos en un tipo demasiado común de familia, que es responssabe (en parte) de consecuencias sociales indeseables no equivale a tratar de erradicar el papel de la familia en la sociedad. Simplemente equivale a mostrar la preferencia, en esta sociedad, por unos modos de ser frente a otros (como ocurre en cualquier sociedad del mundo). Si queremos construir una sociedad en la que la discriminación entre ciudadanos no sea la norma, sino la excepción, creo que es interesante averiguar en qué contextos y de qué modos se generan tales situaciones; y por supuesto que deben existir leyes que prohiban y castiguen este tipo de acciones, pero creo que también en necesario tratar de operar cambios en la sociedad a través de, por ejemplo, la educación. Y en esto no puedes estar, a mi juicio, en desacuerdo, ya que eres un gran defensor de la educación pública; y una educación estatal siempre va en la línea de mostrar e incluso persuadir a los ciudadanos de que hay modos de ser que son preferibles, más útiles que otros. Es el caso de una educación en valores, que seguramente tu denostas: creo que hay que persuadir a los ciudadanos, por ejemplo, de que es preferible tomar al otro como un "igual" que como una "posesión", llevando la contraria, cuando sea necesario, a la educación que se pueda recibir en casa. No es diferente de persuadir a los cuidadanos de que "tener aprecio por la filosofía" también puede ser preferible frente a no tenerlo.
    No me extiendo más, que tengo clase; pero me gustaría que me explicases por qué consideras clave de bóbeda al modelo cristiano de familia, frente a otros modos que, en mi opinión, no tienen por qué ser peores. Y sobre todoq ue me explicases a qué llamas tú "familia cristiana", porque igual no es lo mismo que yo digo cuando me refiero a la "famlia tradicional patriarcal" a la que también se refiere el artículo.

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  15. Edu: Sí, la verdad es que siempre he defendido un sistema público de educación. Últimamente, sin embargo, estoy reconsiderando mi posición. SIgo defendiendo un sistema estatal capaz de la transmisión del saber entre generaciones, es decir, asumente de la tarea de insertar a los que se van a incorporar a la sociedad adulta en el hilo de una tradición que, frente a la mansedumbre mitológica, subraya ante todo el valor del conocimiento y la verdad (sea cual sea los parámetros bajo los cuales determinamos su concepto). ¿Qué ocurre hoy? Pues ocurre que, de manera gradual y en cierto modo inadvertida, la función de la escuela ha variado apreciablemente: lo sustantivo ha sufrido un desplazamiento definitivo, usurpando la moral el papel del saber. Aparte de la intervención del estado en todo esto -de lo que ya hemos hablado y hablaremos- el centro de todo es la disolución del conocimiento en un pastiche de consejas morales carentes de fundamento. Dada esta situación, la obligación universal de la educación puede convertirse en una condena obligatoria que evite, precisamente, el contacto con el saber. En este caso, abogo por otro tipo de educación, e i ncluso parece envidiable la educación "no-reglada" que los nobles de antaño, a través de preceptores y demás, ofrecían a sus hijos. Si mis hijos se ven condenados a una "educación en valores" que les aparta del conocimiento para sumergirles en principios morales de consistencia dudosa, si la educacioón les enseña "a ser niños", "a jugar", " a ser solidarios", "a respetar la diferencia"... y soslaya el centro mismo de toda educación -el saber científico, artístico, filosófico..-, la verdad, no sé si me prestaría a enviarlos a tal fábrica de ignorantes, aunque sean ignorantes moralmente "buenos".

    Una educación pública sí, pero que no escamotee la educación para convertirse en guardería o en detergente para la mala conciencia. Demasiado dinero cuesta el mantenimiento público de sólo un profesor como para tenerlo enseñando cosas que los niños aprenden en la calle o por sí mismos, o como para darle como tarea enseñar las señales de tráfico.... Para eso decididamente no.

    Yo también tengo clase, así que esta tarde intentaré contestar al resto de tu comentario. ¡Hasta luego!

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  16. Entiendo lo que quieres decir, pero no estoy cómodo con una distinción que en tu discurso parece ser tajante: la que estableces entre "moralidad" y "saber". Hablas como si fueran cosas diferentes, como si la enseñanza de la filosofía, de la historia, de la música o de las matemáticas, no fuera ya, en sí misma, una "educación en valores"; y relegas a esta misma educación moral a una suerte de recetario al estilo del viejo catecismo. En esto no estoy de acuerdo. De hecho, el ejemplo que añoras, la vieja educación no reglada de los nobles, me parece una manifestación clarísima de una formación en valores, eso sí, valores diferentes de los que trata de enseñar la escuela democrática: en ese caso se tratará de persuadir al joven alumno de la nobleza de su sangre, la elevación de su espíritu y el abolengo se su estirpe, algo que por razones obvias no es ni siquiera recomendable en un sistema democrático.
    Puedo coincidir contido, eso si, que especialmente este gobierno está restando contenidos que considero muy interesantes y sustituyéndolos por cierta vaporosidad bastante dificil de catalogar. Me refiero, claro está, a la nueva asignatura de "ciencias para el mundo contemporáneo" o a la tan denostada "Educación para la ciudadanía". Sin embargo mi crítica en este sentido va dirigida a la forma de hacerlo y no al hecho de que se trate persuadir a nuestros alumnos acerca de lo benficioso de ciertos valores.
    Ya sé Borja que no estarás de acuerdo conmigo, pero contenidos de esta asignatura, que antes estaban abandonados en ese terreno indeterminado de la "transversalidad", dispuestos ahí y al amparo de que alguien venga o no venga a usarlos, me parecen interesantes y en cierta forma necesarios en un sistema democrático. Puede que los libros que van llegando al instituto sobre el asunto no estén a la altura (unos más que otros), pero si quieres que te diga la verdad, eso mismo sucede con los libros de Filosofía (que yo rara vez he usado para mis clases por considerarlos aburridos y superficiales y como yo muchos otros profesores. A mí me parece interesante, por ejemplo, que los alumnos reflexionen y discutan acerca de distintas formas de relación familiar (y no me estoy refiriendo exclusivamente al matrimonio homosexual) igual que me parece interesante que entiendan cuáles son las limitaciones del poder, o sepan distinguir una dictadura fascista de una dictadura socialista. Esta semana, de hecho, he estado echando un vistazo a los libros de EPC que elegiremos para el año que viene y, si bien es cierto que la regla es esa vaporosidad de la que hablo y cierta moralina progre un poco ridícula, te encuentras algunas sorpresas. Hablo, por ejemplo del libro de Pearson-Alhambra, un texto dirigido por Reyes Mate; se mete poco en chorradas progres que sí están en otros libros y simplemente son propuestas de debate (apoyadas con contenidos bastante objetivos)sonre distintos asuntos, entre ellos, la familia, claro. tal vez lo más capcioso de la obra, no son los textos, sino, como mucho, las fotos.

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  17. Quiero comenzar disculpandome con Edu, seguramente saque las cosas un poco de madre.

    Respecto al comentario de Borja. Mi mayor crítica iba emcaminada a criticar los ejemplos que utilizabas, ya sabes que no soy muy de la cuerda de esos filósofos. Respecto a lo que dices estoy bastante cercano a tu postura y a la reivindicación de la familia que haces, así como al acoso que sufre y que no es más que el resultado de tener que defender ciertas realidades y de criticar otras tomando la familia como eje.

    Por lo demás, nuestra eterna discusión de matiz sobre las competencias del estado. Segurametne en la cuestión de la familia y la educación sea donde es más sensible el tema.

    Respecto a tu jugosa propuesta del sábado ya hablamos.

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  18. Yo también he visto el libro de Reyes Mate y es cierto que deja de ldo la mayor parte de esas chorradas que dices, y precisamente porque enfoca las materias desde un punto de vista dirigido al contenido de conocimiento que en todo late. El problema de la saignatura, incluso desde esta perspectiva, es que produce un solapamiento engorroso, ya que, entonces, trata lo mismo que ya se trataba en los temas, por ejemplo, de filosofía política. El hecho de llamarlo "ciudadanía", en vez de denominarlo del modo apropiado, "filosofía política", es simplemente confundente y emborrona la materia de la que se trata. De hecho, creo que ese libro, aunque tiene que introducir cosas equívocas para justificar su adecuación al currículo, soslaya mucho de lo peligroso que es tratar de formar afectos y opiniones subjetivas. en ese sentido, no se adecúa plenamente al sentido de la asignatura.
    No creo que la sustitución de un nombre por otro sea inocente: llamar "ciudadanía" a lo que ya tiene un nombre se dirige a eliminar el papel demoledor y crítico que la filosofía posee con respecto a mitologías e ideologías (y creo que, literalmente, de todas). Cuando se trata de construir una mitología (aunque sea de la democracia) la función negativa de la filosofía no puede más que estorbar. Llamar a la asignatura de 1º "Filosofía y ciudadanía", creo, encamina en la misma dirección: hay contenidos sagrados que deben ser acorazados frente a la crítica, y eso se reúne bajo el término equívoco de "ciudadanía".

    Tienes razón en que la distinción tajante entre conocimiento y moralidad es, en cierta manera, una distinción de razón, ya que en la realidad no se dan como términos separados. Sin embargo- y creo que ahí se roza lo distinto de la tradición occidental- sí que son términos disociables, que se reúnen en torno a distintos polos significativos; lo propio y valioso de la tradición occidental -la filosofía occidental- es precisamente contemplar tal disociabilidad como proyecto, como garantía de vocación crítica que el saber ha de albergar. La indistinción de ambos polos conducen a la oscuridad mitológica, a la mezcolanza de lo religioso y lo político, al brebaje tóxico del conocimiento y la moral. Renunciar a ello es perderse de nuevo en la confusión de lo distinto que erige la gran construcción del pensamiento occidental y su política (entre otras cosas). La deconstrucción del sistema educativo, que sólo ha empezado, va dirigida precisamente a eso, a confundir, desorientar y eliminar una tradición en lo más valioso que contiene.

    En cuanto a lo de la familia cristiana, lo decía no porque no existan y hayan existido perversiones evidentes en su realización, sino atendiendo a la gran innovación que, precisamente, inauguró un tipo de unión con respecto a lo que sí se definía durante toda la historia humana como institución eminentemente patriarcal. Frente a los tipos de familia existentes, que suponían -y, en gran parte del mundo todavía suponen- la adquisición por parte del hombre de una propiedad (aunque en cierta manera el catolicismo recibió la herencia de la institución del derecho romano, si no recuerdo mal, durante mucho tiempo el "pater familias" era propietario de ésta, y los contrayentes no gozaban de igualdad ante el unión conyugal), en el caso del matrimonio católico se trata de la "alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole". Con todas las puntualizaciones que quieras -y no dudo de que serán muchas- aquí emerge un principio nuevo, y es que, en el matrimonio, el hombre y la mujer son iguales: "una misma carne", dicen los evangelios. Esto en lo que respecta al sacramento del matrimonio, lo que no obsta para que sean precisamente las leyes civiles del estado las que lleven a una situación de desigualdad de ambos (como exponías cuando hablabas, creo recordar, de que el hombre debía tutelar a la mujer en la vida social: eso correspondía al estado, no al derecho canónico). Frente a la opinión de que la familia cristiana es una "familia patriarcal" lo que vengo a decir es exactamente lo contrario: el cristianismo funda la noción de una familia no patriarcal, fundada en la igualdad, en este caso ante Dios.

    Esto es muy grueso y necesitará matices, pero creo que responde a lo que entiendo es el matrimonio católico. Quizás D. Cogito podría aquí echarnos una mano.

    Bueno, me despido, que no puedo ponerme a escribir sin enrrollarme.

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