espacio de e-pensamiento

lunes, 8 de noviembre de 2010

Acción y pensamiento en Peirce.
Eduardo Abril Acero

El hombre tiene creencias en base a las cuales está dispuesto a actuar y posee pensamiento sólo en la medida en que necesita de estas creencias para determinar su acción. Esta es una de las ideas básicas del filósofo norteamericano Charles Sanders Peirce.
Peirce considera el pensamiento como una herramienta que trata de fijar nuestras creencias y por extensión nuestras acciones. Los seres humanos actuamos en base a las creencias que poseemos acerca del mundo que nos rodea. Cuando no poseemos creencias suficientemente convincentes, entonces nos encontramos en un estado de duda e incertidumbre y por tanto de inacción. La función de nuestro pensamiento es la de acabar con este estado de incertidumbre y fijar las creencias adecuadas que nos permitan establecer estas pautas de acción.
Peirce habla de cuatro métodos fundamentales para establecer una creencia:

  1. El método de la tenacidad, que consiste en aferrarse a lás creencias que uno ya posee y que en otras ocasiones han resultado válidas y negarse a su modificación. Los hombres, y especialmente las comunidades de esta clase, se obstinan en el mantenimiento de sus creencias negándose a cambiarlas bajo cualquier supuesto.
  2. El método de la autoridad consiste en que sea la voluntad del gobernante quien se ocupe de fijar una creencia y hacerla obligatoria. Para eso los gobernantes tienen infinidad de herramientas: la propaganda es uno de ellos aunque sin duda es la fuerza y el terror el que más veces se ha utilizado por parte de los estados en virtud de su rendimiento: el asesinato, la tortura y el castigo desproporcionado bien pueden fijar en unos pocos años una línea de pensamiento determinado, ciertas creencias.
  3. El método apriorístico, en cambio, ha sido el método preferido por la filosofía y el arte. Se trata de aceptar ciertas creencias porque son “gratas a nuestra razón” independientemente de las consecuencias a las que nos conducen o de los datos empíricos. Pensar de esta forma equivale a suponer que hay una estética del pensamiento, un modo de pensar que es particularmente bello o placentero, y pasar de ahí a la afirmación de que todo lo enjendrado dentro de los límites de esta estética es creible, racional o verdadero. Se trata, en el fondo, de suponer que es pertinente poseer cierta creencia porque de modo natural es lo que estamos inclinados a creer, mientras que pensar lo contrario sería proceder contranatura o irracionalmente.
  4. Por último, el método científico, que consiste en hacer depender nuestras creencias de elementos que son completamente independientes de nuestras opiniones acerca de ellos. Peice está hablando más propiamente de los hechos: la ciencia aspira que nuestras opiniones y creencias se basen finalmente en los hechos. Estaba convencido que la investigación científica, mantenida idealmente de forma permanente, conduciría a que hombres distintos pudieran mantener las mismas creencias pues llegarían a las mismas conclusiones. Esto, no obstante, se daría exclusivamente en una comunidad ideal de investigadores que pudieran ampliar su actividad indagadora de forma indefinida.
A través de esta exposición Peirce describe en esencia cuál es la naturaleza del pensamiento, adoptando una postura anticartesiana. La unica finalidad del pensamiento, ya sea que sea usado de forma apriorística, tenazmente o científicamente, es la de la determinación de reglas de acción. Es, por tanto una acción, dado que el objetivo final del pensamiento es materializarse mediante actuaciones concretas. En conclusión, si queremos averiguar el significado profundo de un pensamiento, de las creencias que fija, debemos atender a las acciones en las que se materializa.