Página de filosofía y discusión sobre el pensamiento contemporáneo

domingo, 12 de agosto de 2012

Un elogio de la heteronomía
Borja Lucena Góngora




Hace un mes, es posible que dos, pasé una tarde charlando con nuestro inigualable D. Cogito, Ricky para los amigos. Sobre Madrid caía una de esas pesadas tardes en que el calor convierte al tiempo en otra anomalía más y las cosas luchan por despegarse del ruidoso aliento de los autobuses. Después de dar muchas vueltas en torno a muchas palabras, finalmente, y no sé exactamente por qué, caímos en hablar sobre la religión y el cristianismo. Nuestras posturas convergían sobre un aspecto indiferente a lo alejado de nuestras posiciones de partida -él, convencido creyente; yo, poco convencido ateo-; más o menos, veníamos a estar de acuerdo en que lo religioso presenta un límite a las ilimitadas pretensiones del yo, su voluntad y su pensamiento. En el renovado deseo de infinitud y totalidad que caracteriza a esta modernidad tan vieja, la religión presenta un límite, algo que está más allá de los antojos y las preferencias del "sujeto autónomo", algo que se le presenta como ajeno a sus arbitrios. Precisamente lo que cualquier manual de Ética de la ESO señalaría como su mal radical es lo que convierte en tan valioso a un fenómeno como la fe: el presentar una instancia heterónoma. Acostumbrados a la loa acrítica de la autonomía como máximo valor moral, todo aquello que huele a heteronomía es señalado como herejía por el pensamiento progresista actual, valga la redundancia; sea la religión, sea la tradición, la costumbre, los cánones artísiticos o todo aquello que no dimana de una suerte de consenso universal sobre el derecho a decidirlo todo desde sí mismo, es expulsado de campo de lo pensable como primitivo, medieval o fascista. 
La autonomía es el ideal que todo lo impregna, como si los seres humanos fuéramos felices robinsones que no dependiéramos de otros, que no necesitáramos la presencia, las palabras, los gestos, acciones y cosas de otros. Parafraseando a Aristóteles, podría decir que autónomo sólo puede ser un dios o una bestia, pero no un hombre. De hecho, la naturaleza política del ser humano está unida fuertemente de la mano con este rasgo esencial de heteronomía, sin el cual es imposible pensar en una política que no sea mera organización. Quizás sea por ello, entre otras cosas, que actualmente no se adivina un modo de rescatar a lo político de su naufragio, y es que todo intento de ir a la política desde la sola asunción de la autonomía lo único que puede hacer es eclipsarla aun más. La cuestión fundamental de este fracaso descansa en que se da una sólida contraposición entre la virtud moral de la autonomía, única virtud para la moral hoy más enseñada y compartida, y las virtudes propiamente políticas, entre las que se cuentan la heteronomía, es decir: la capacidad de regirse por aquello que uno mismo no ha decidido ni querido. En este sentido, creo que hoy se nos plantea una tarea importante y difícil: reaprender la heteronomía. .
Recordando aquella conversación, he venido a leer en un viejo libro de Paul Ricoeur algo que, creo, le gustará a Ricky. Además, cosa en la que yo ahora estoy trabajando, apunta a una crítica imprescindible de los ideales de emancipación total como el marxismo, con su prometeica pretensión de liberar a los hombres de todas las cadenas y cancelar toda forma de alienación presente en la existencia humana. He aquí la cita:

La afirmación de que el ser humano es la medida de todas las cosas -una afirmación a favor de la autonomía y contra la heteronomía- es en definitiva la afirmación central. A causa de este énfasis , a veces pienso que el concepto de conciencia es por su construcción abstracta un concepto ateo. Cuando se la coloca en contraste con la afirmación de la autonomía radical, la dependencia quizá sea la única verdad posible de la religión, pues aquí admito una pasividad en mi existencia, confieso que de alguna manera recibo la existencia. Tan pronto como sitúo la autonomía en la cumbre del sistema filosófico, tan pronto como promuevo hasta tal  punto esta dimensión prometeica de la autonomía, la autonomía seguramente se hace ella misma divina. A causa de esta promoción de la autonomía que hace Feuerbach, la heteronomía se convierte en el mal por excelencia. Por consiguiente, todo lo que no sea autonomía es alienación. (...)

Paul Ricoeur, Ideología y utopía

11 comentarios:

  1. Por diversas razones ando leyendo cosas de la historia del PCE. Lo que más me está sorprendiendo son las referencias constantes a "nuestros sacrosantos principios". La expresión era especialmente usada por Carrrillo. No recojo esto como crítica, sino como confirmación: Efectivamente, nuestros principios son sacrosantos. Y posiblemente su sacralización sea en el caso del hombre, ley natural.

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  2. Andando usted rebuscando en la historia del PCE, cabe esperar que resulte algo tremendamente interesante. Me parece que en esda historia se reúne como en un compedio una imagen seguramente bastante fiel de la misma existencia humana: superación, idealismo y generosidad; pero también degradacióon, mezquindad, crueldad y locura. Espero que nos mantenga informados.

    Un abrazo y feliz agosto

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    1. Septembrini14/8/12 1:49

      Estamos en agosto.

      Como ya estoy aburrido del concepto de límite aplicado a estas disquisiciones empezaré por el.

      Límite de que.

      Naturalmente la pregunta que remite a yo.

      Seguramente el límite agota más el prurito de filósofo que otra cosa.

      Y en una conversación límites del lenguaje.

      Límites y distancia.

      Manoseamos el límite para tocarnos más, ser más visibles.

      Jugar a la eternidad.

      Y al teto, a veces.

      Platón tenia razón.

      No hay límite.

      Un cercado no es un límite y una conversación puede sugerir un verso libre.

      Lo de la religión es un deja vú sin límite.

      Y los afectos,y..........................

      ................................................................

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    2. Siga con su historia, será interesante sin duda. y desde luego por mis preferencias semánticas me interesa.

      Me convoca más la distinción, en un filósofo de crítica y confirmación.




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  3. Alfredo, enigmático e inaprensible como a menudo... está muy bien lo de
    "Un cercado no es un límite y una conversación puede sugerir un verso libre". Es cierto.

    Un abrazo

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    1. Septembrini19/8/12 0:17

      Acabo de borrar una parrafada. Gracias por escucharme. Simplemente esas gracias que te doy de corazón.
      Para entenderme hay que estudiar filosofía, Recuerdo paseos por la universidad.
      Paso, es que soy muy débil y me he emocionado..................

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  4. Primero gracias. Y perdona, Borja, mi dejadez y despiste.

    Entrando en lo que comentas, evidentemente, no puedo estar más de acuerdo. La actitud religiosa (cuando menos la cristiana) es -expresandonos míticamente- la de Abraham y no la Prometeo. Dios, para un creyente, por Gracia, da el ser.

    Evidentemente esto no puede suponer un desprecio (ni mucho menos un rechazo) a las conquistas humanas hechas de la mano de Prometeo (pienso, por ejemplo, en el desarrollo de la medicina) pero como actitud básica (básica, no fundamental-ista) me parece obvia, que esta es la que conforma lo que es, nuclearmente, el "homo religiosus".

    Antropológicamente, la aplicación de la heteronomía, quizá, pudiera entenderse si se ve a esta, justamente, como la conformadora de la autonomía (y evidentemene de una autonomía abierta, no autocéntrica). Dicho de otra manera: que el yo se conforma y se construye a partir de un tú amoroso. (En este sentido V: Martin Buber, Mounier., Ricoeur.. y en España Carlos Diaz)

    Un saludo

    Joaquín

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  5. El sentimiento religioso como salvoconducto. Nunca he comprendido cómo se pasa de un absoluto religioso a una religión particular. No es que ame el fútbol, es que soy del Barça..., aunque sin supercopa.

    Una vez, en una cena informal, un reconocido psiquiatra, amigos de amigos, con una voz grave (una voz que convence), tras presentarnos, y mirándome fijamente, me soltó "¿por qué te da tánto miedo ser dependiente?". El pasmo hizo mella. Cogí el atajo "A mí no me da miedo nada" (falso, claro, pero sonó igualmente convincente). El hombre, ya entrado en edad, sonrió, y se fué hacia mi mujer y le hizo la misma pregunta.

    Años después (este hombre ya fallecido) sigue persiguiéndome la idea de no haber comprendido bien el sentido de aquella pregunta.

    Me preocupa, acaso, emplearme demasiado en la autonomía, porque no hace mucho tiempo de esto, cuanto más autómono intentaba ser, más observaba que empezaba a depender de un sistema de servicios ajenos a mí, que intentaban solucionarme los problemas que mi búsqueda de automía requería. Sospechoso era descubrir que para cada obstáculo que encontraba en mi camino, había un producto adecuado en el servicio que me facilitaba salvarlo..., a buen precio.

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  6. Muy interesante Borja la entrada. Creo que este asunto es central. El proyecto moderno es el proyecto de la autonomía, que bien puede considerarse como un delirio de plenitud. Las filosofías que se han enfrentado a esta concepción lo que han pretendido es un retorno a la consideración de la imposibilidad de esta plenitud. Todas las religiones suponen este límite, porque todas, la que más y la que menos, ponen por encima del sujeto la línea irrebasable del dios imposibilitador-castrador. El cristianismo hace un juego peligroso: la contrapartida de la castración es la promesa de plenitud. El cristiano acepta lo imposible del mundo, la heteronomía, sólo en la medida en que se pospone la plenitud, la autonomía.

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  7. autonomía no Edu, el cristiano espera Comunión

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  8. Como dice Edu, el asunto es central en cualquier edificio ideológico occidental( y en algunos orientales), pero curiosamente siempre vienen entreveradas la heteromía y la autonomía ya desde los griegos( el conflicto entre polis e individuo en los trágicos o en la guerra del Peloponeso) el primer cristianismo( la polémica de Agustín con Pelagio)la ambiguedad tomista,el frío ardor erasmista por el mérito personal, el libre examen luterano o la valentía de Suarez.En toda heteromía trascendente hay una semilla de autonomía donde los vivos ganan espacio. Y en la desmedida pretensión de autonomía de la Modernidad crecen malas hierbas que empujan a la heteronomía que libere de tanta carga, ya sea la Razón Universal, la Mano Invisible, la Lucha de Clases,El Fuego Nacionalista, la Vitalidad Orgánica, El Rock, El Futbol, Facebook y Steve Jobs.En definitiva, el asunto forma parte de las estrategias de supervivencia ante el medio:Con cual de mis amigos decido engañarme e irme de parranda, con el Yo o con Lo Otro

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