domingo, 30 de marzo de 2008
Feacios
martes, 18 de marzo de 2008
Arte de retaguardia
El paisaje es desolador. La fealdad se impone como norma pedagógica y por todos lados nos asalta la amenaza del desorden y el primitivismo. Frente al arte de dominación de las masas se erige el arte de vanguardia, que no es más que una sección estatal que controla, planifica y prescribe una estética sospechosamente semejente a la vulgar, pero adornada de prestigio social elitista. Así como el chikilicuatre y toda su bazofia, el arte de vanguardia también pretende hacer ley de la fealdad, la mugre, las heces y los restos orgánicos; también se dirige a mostrar la vacuidad de las distinciones, de los esfuerzos, de la pugna por la belleza, y para ello reduce el mundo a una ontología de la mierda y el deshecho. El estado, tanto en sus oficinas dedicadas al entretenimiento del pueblo como en los despachos donde se negocian los emolumentos de artistas subvencionados para satisfacer a las elites, se encarga de que una sola estética se imponga cuidadosamente en todo ámbito de la realidad. Así se asegura la existencia de una sola ética y una sola política.
El artista dedicado a la paciente persecución de lo bello, el que habitaba la sombra y acechaba, ha sido postergado a la invisibilidad; ni hablar, por supuesto, de los trascendentales y la ecuación inestable y fascinante de lo bello, lo bueno y lo verdadero. El juego de prestigios y subvenciones impone un tipo único de artista y excluye de forma taxativa la intromisión de quien no comulga con el imperativo Arte Oficial y la estética del lodazal.
jueves, 13 de marzo de 2008
Baila el chiki chiki.
martes, 11 de marzo de 2008
Análisis político.
Me resisto, al día siguiente, a comprar dos entradas para ir a ver La vida es sueño; pienso en las afinidades entre Velázquez y Calderón mientras sufro con indolencia un atasco provocado frente al Santiago Bernabeu debido al colapso de un derby futbolístico. Pienso en Séptimo Severo, en Agripa... Observo la legión de aficionados que en orden y algarabía creciente discurren entre el tráfico automovilístico hacia el estadio con sus figuras poco atléticas, desfondadas y risueñas.
Estoy en casa, con un libro entre las manos que acaba de tirar por tierra todo lo que hasta ahora tenía por sentado; me pregunto cómo es posible que me haya dado cuenta de que el libro y no yo está en lo cierto; mi mujer está algo triste porque dice que llevo todo el día ignorándola, sentado en el sofá sin hacer nada..., y cómo le explico yo... La calefacción vuele a hacer ruido y tengo que purgarla, llevo purgándola una semana y no para de hacer ruido.
Una furgoneta en doble fila me impide mover el coche; he desistido tras cinco minutos tocando el claxon. En el vagón del Metro una anciana le recrimina al joven que está a mi lado que no le ceda el asiento, y el joven termina por ofrecérselo. El olor de la anciana me provoca una náusea..., y complejo de culpa.
Trabajo duro; observo la faena y pienso en llegar a casa, en ponerme una cerveza, besar a mi mujer y poner el oído en su tripa, por si escucho el latido del niño que lleva dentro. Cuando llego a casa, me pongo una cerveza, beso a mi mujer, e intento escuchar el latido de mi hijo dentro del vientre de su madre. Se me han quitado las ganas de volver a trabajar, y al día siguiente, aprovechando la ausencia del encargado, me dedico a no hacer nada.
Es un restaurante caro en el que hemos decidido cenar este aniversario. La comida no es nada del otro mundo, aunque uno se siente agasajado por el servicio y el buen gusto con el que se ha decorado el comedor y por la calidad de la cubertería y la vajilla. El taxista que nos trae de vuelta a casa no para de hablar de comunistas y de catalanes: no sé lo que dice, pero ya estoy en contra suya.
Llueve; por una grieta en el tabique que hace de medianera con el bloque colindante se filtra el agua y me ha provocado una gotera en la pared de la habitación de matrimonio, justo al lado de la lámina de un pintor impresionista que compré en el Thyssen; la aseguradora de la finca no se hace cargo, la aseguradora del piso no se hace cargo...
Mi madre me recrimina que no quiera bautizar a mi futuro hijo, y yo no paro de reírme y de amenazarla con apostatar; esto me cuesta un mes de berrinche con mi madre y una agria discusión familiar; pero no pienso ceder.
Ha aparecido el cadáver de una prostituta en el parque del vecindario, cerca de un colegio público. Los asesinos ya no saben ni guardar la compostura y abandonan los cadáveres en cualquier parte; hasta que llega la policía, el barrio entero se arremolina frente a la víctima y descubre que no causa tanta impresión, como creían, ver a una muerta desconocida... en vivo.
Me acaban de pedir consejo a la hora de elegir una novela y les he dicho que no hay novela buena, que todas acaban por pervertir el ánimo. Conozco bien los recursos intelectuales de quienes me han pedido tal consejo, sé que sólo querían aparentar interés por mis conocimientos. Me he inventado un título, Las ironías del joven Gödel, de John Falstat; a ver qué me cuentan dentro de un par de meses...
En el mercado, todos intentan engañar a todos...; los pescaderos, vendiendo merluzas sin cabeza y sin ser merluzas; el señor de la chaqueta de pana y pañoleta al cuello, ante un compañero de la misma guisa, analizando el sonido de las sandías en busca de la más sabrosa; el nieto sisándole la vuelta a la abuela; en la cola de la pollería, la señora de los rulos en un descuido adelantándose dos turnos; en la bodeguilla, un albañil jugando en una tragaperras...
Termino mi turno en el trabajo y tengo por delante varios días de descanso. Los dedico a instruirme sobre España, la relación entre las distintas comunidades, del Estado con los ciudadanos, de los ciudadanos entre ellos; de Europa y Norteamérica, de Spinoza y los camboyanos supervivientes de Pol Pot. Leo en un libro que en una de las batallas napoleónicas, un batallón disciplinario de reconocimiento francés resistió sin apenas bajas el tiroteo y acoso de una buena línea de granaderos austríacos del cuerpo de avanzadilla del emperador del Danubio, con el que trabó contacto; al parecer, el batallón francés, compuesto de la morralla de la división, carecía de municiones, pues los carros de aprovisionamiento habían desaparecido la noche anterior entre el intrincado laberinto de cañadas de aquella región y nadie se había preocupado de abastecer a tal grupo de desarrapados; en tal situación, cerca de una granja a la que se habían acercado con orden de requisar y hacerse con toda la leña que pudieran, se toparon con los lustrosos granaderos de un cuerpo austríaco, que a saber qué harían por allí. Aunque andaban sin municiones, la misión no era tan importante como para notar tal falta, al menos hasta que se encontraron con aquellos aguerridos combatientes delante suyo; había que actuar con rapidez, y así se actuó: el oficial al mando de aquellas tropas había conseguido recuperar días antes del descalabro de la columna de aprovisionamiento una reata de mulas que transportaba buen y abundante coñac, que siempre llevaba cerca de sí para que no se perdiera tan delicioso licor. Viéndose en tal apuro, se dice que todo aquel coñac se lo habría ofrecido con gran generosidad a sus hombres, como prueba de camaradería y buenas intenciones, antes de disponerlos en orden de combate. Totalmente borrachos, pero firmes ante el enemigo, y sin darse cuenta de que nadie les había dado munición alguna, mostrando sus mosquetes como si fueran a disparar (algunos creían incluso que sí disparaban), los franceses mantuvieron a los austríacos sujetos al terreno, hasta que el capitán al mando de los granaderos, un joven aristócrata vienés, decidió que aquel punto era un terreno fuertemente defendido y que lo mejor era retirarse a una loma, quinientos metros hacia la retaguardia, y esperar una carga de algún escuadrón de caballería, que nunca apareció. Ninguno de los franceses, tras la escaramuza y al volver a la sobriedad, se le ocurrió maldecir al oficial que con tal crueldad les había puesto en tal amenaza de muerte, sin munición alguna con la que replicar al enemigo. Cuando la noticia llegó al cuartel general de la división a la que pertenecían aquellos soldados, se abrió un expediente disciplinario y se inició una investigación para depurar responsabilidades ante tal hecho y osadía, indigno de un oficial francés; de lo que se sabe, el oficial abogó en su defensa que sus hombres estaban poco instruidos y eran altamente indisciplinados y que el hecho de que no tuvieran munición era una circunstancia sin importancia pues: “con tan mala puntería como tenían, no habrían acertado nunca en ningún austríaco”. También se dice que el oficial fue degradado y encarcelado, pues la osadía no había consistido en arriesgar la vida de sus hombres de aquella manera, sino en la de haber desperdiciado un coñac tan bueno, que al parecer iba destinado a no sé qué mariscal de campo de Bonaparte...
CASANUEVA
jueves, 6 de marzo de 2008
PP, política del pasado, Psoe… política del futuro.
Efectivamente, como ven, el mitin de De la vega es en un instituto de bachillerato, a alumnos de la E.S.O de unos quince años, simulando una clase de Educación para la Ciudadanía. La forma moderna y progresista a la que se refiere De la Vega, no puede ser otro que el adoctrinamiento propagandístico a través del sistema educativo… sistema educativo o cualquier otro medio (medios de comunicación fundamentalmente). Y como también ustedes han visto, el modo arcaico y retrógrado de hacer política del partido popular es el, en otros tiempos tan cotidiano, caciquismo. Ambos partidos comparten una consideración de la política como una estructura de dominación.
Deleuze utilizaría para describir esta situación dos conceptos tomados de Foucault: las sociedades disciplinarias y las sociedades de control. Las sociedades disciplinarias, son las sociedades pasadas en las que el control de la población de hace por medio de medios coactivos… en este sentido, el espacio fundamental que marca a la sociedad es la cárcel. Las sociedades de control son aquellas en las que los individuos son obligados a adoptar un lugar social por medio de la manipulación de sus afectos y voluntades. En este sentido, claro está, los espacios necesarios a controlar son los centros educativos.
¿Habrá alguien que considere que la política, más que con el control, tiene que ver con la libertad? Uisss… la libertad es una ficción, qué cosas tengo. Y dice otro…. “el control también”
martes, 4 de marzo de 2008
Sin tetas no hay paraíso.
Muchas veces me he preguntado cuál será la verdadera relación que mantienen nuestros políticos. A veces pienso que, tras las sesiones en el parlamento, se encuentran por casualidad en la cafetería del congreso y se pavonean unos frente a otros en tono jocoso como si estuvieran exhibiendo entre sí rivalidades deportivas. Otras, les imagino en oscuros despachos, rodeados de sus asesores, maldiciendo a sus oponentes pero, cuando se encuentran por los pasillos de la cámara, adoptando una actitud hipócrita y de sonrisa fingida, digna de señoras de pelo azul en los pórticos de las iglesias del barrio Salamanca.
Ayer tras, tras el “show”, constaté que la política en España es un acto teatral y los políticos se limitan a representar con serias dificultades un texto escrito por peores guionistas. Y el asunto que más me escama es el hecho de que, como cualquier serie televisiva que busca un público determinado, los partidos políticos, o al menos estos dos partidos políticos, creen dirigirse a un público evidentemente incompetente, adolescente, carente de criterio y, en el pleno sentido de la palabra, completamente idiota.
Y no puedo aceptar que las dos cabezas de los principales partidos políticos sean eso, adolescentes idiotas, así que, por fuerza, tengo que imaginarles, tras el debate, vueltos a su normalidad intelectual, y con la máscara en el sillón del parlamento, satisfechos o no de haber hecho mejor o peor, el indio. Les imagino con la misma cara que se nos queda cuando, atrapados en una situación de difícil escape, léase un ascensor o la cola del supermercado, nos vemos obligados a descender varios millones de kilómetros desde nuestras divagaciones cotidianas, sentimentales o filosóficas hasta el mundo del “gugu tata”, al ver que un bebé, que no sabemos si es “mono” o no, nos tira adorablemente de la chaqueta ante la mirada anhelante de su madre, que espera una respuesta evidentemente cálida por nuestra parte. Después de pagar y alejarnos unos metros, nos desprendemos de la cara de idiota, y volvemos a nuestras disquisiciones sin problema.
Y yo, en estos pensamientos, imagino a los dos candidatos, con sinceridad y sin cámaras, comentando sus “gugu tatas” y felicitándose el uno al otro, por haber escenificado, de una forma más convincente la idiotez… “lo de la niña no te quedó mal Mariano, ahí te has ganado alguna abuela”… “¿y tu, Jose Luís?... esa sonrisa de Mister Bean que me pones antes de despedirte como si fueras El Teniente Furilo mandando a sus chicos a patrullar… no me extraña que le caigas bien a los jóvenes”. Porque de lo que estoy absolutamente seguro es de que, si estos dos se juntasen a discutir sin cámaras, lo harían de verdad, como discutimos cualquiera de nosotros, no pensando que eso que dicen tiene que ser comprendido por idiotas adolescentes.
Y también pienso que no somos idiotas adolescentes, pero que a fuerza de tratarnos así, terminaremos siéndolo.
jueves, 28 de febrero de 2008
Estudio.
Javier Blázquez
lunes, 18 de febrero de 2008
Defensa de la filosofía
Borja Lucena
La filosofía vuelve a ser acusada ante la asamblea democrática. Desde la condena a muerte de Sócrates, la clausura de la Academia por Justiniano, los acostumbrados exilios o el silencio de la universidad franquista en torno a Julián Marías, si algo no ha cambiado a lo largo de la historia es la suspicacia y el recelo con que el estado contempla la actividad dudosa del filósofo. El siglo XX significó la más desnuda declaración de guerra entre los defensores del estado -sea el estado nacional-socialista, el estado soviético, el estado nacional-católico- y los del pensamiento no dogmático. El resultado de esa lucha, no obstante su aparente conclusión, alberga multitud de pliegues e interrogantes que surgen como amenazas. El estado sigue pretendiendo, secreta pero ineluctablemente, acabar con la filosofía, o, mejor, reducirla a algo inofensivo, indoloro e inodoro; pretende acomodarla a los moldes putrefactos de la burocracia sin poner en riesgo el sistema de jerarquías partidista, sin cuestionar el cambalache de prebendas que se hace llamar "política", sin interferir en el comercio de intereses en el que casi todos aspiran a participar. El modo en que se ha procurado anular el pensamiento filosófico es integrarlo en el rutinario funcionamiento de la mecánica estatal, oficializarlo, sindicalizarlo, asimilarlo al normal desarrollo de las oficinas públicas y las sucursales bancarias. Una vez hecho esto, y puesto que el filósofo es ya prolongación del estado, su existencia se demuestra como injustificada y llega el momento de su extinción.Las distintas reformas que han asolado el sistema educativo español han demostrado una cumplida inquina contra la filosofía. Las programaciones oficiales que la última reforma ha excretado son inequívocas: los gobiernos de las taifas -y en esto tampoco podemos distinguir claramente entre los de "izquierdas" y los de "derechas"- reducen de nuevo el papel de la filosofía en la educación secundaria. Tanto la Comunidad de Madrid como la de Cataluña, modelos diversos de las restantes, coinciden, en los borradores que manejan, en el diseño de planes de estudio al respecto similares. Le toca el turno a la asignatura de filosofía de 1º de Bachillerato, que se reduce hasta las dos horas semanales, lo que quiere decir que se convierte en lo que fue la Ética de 4º: una "maría" condenada a irse disolviendo entre procedimientos técnicos, imposición de saberes instrumentales, promoción y mercadeo de tecnologías despojadas del auxilio del pensamiento....
En rigor, no es la filosofía lo que es extirpado del sistema educativo, sino toda vinculación con cualquier forma de universalidad. El otro día, un estudiante del conservatorio de Mallorca comparaba los estudios musicales que se llevan a cabo en Londres - y en cualquier país europeo- con la multiplicación de asignaturas tribales que soportan en los conservatorios de las comunidades autónomas étnicas. El resultado era desalentador: en éstas el currículo se convierte en un desconcierto y el estudio en un esfuerzo inútil, ya que el estudiante pierde su precioso tiempo en el conocimiento superficial de danzas populares, de tradiciones musicales del terruño, de instrumentos étnicos inútiles para cualquier forma de música compleja...., mientras, a la vez, se desliga cada vez más de la tradición musical europea. Cualquier disciplina o saber sospechosos de exceder el marco de lo inmediatamente útil, de la formación profesional y las cantinelas ideológicas, o de desbordar el nicho ecológico étnico, atrae sobre sí una mirada vigilante y desconfiada. Cualquier referencia a lo que traspasa las particularidades es minuciosamente reprimida, de manera que el objeto ideal de la educación pasa a ser -en vez de la incorporación al mundo compartido- la confinación en lo cercano, en las ceremonias de la tribu, en los rituales de la adoración a la gens y a la tierra. Ya excluyeron cualquier atisbo de Literatura Universal para reducir la experiencia a los límites angostos y manejables de "lo propio"; ahora, apartando a la filosofía, destruyen deliberadamente la sintaxis de lo político, eliminan la posibilidad de aparición de ciudadanos para conformar masas gregarias de obedientes trabajadores, de artistas subvencionados, de amantes de cualquier patria inventada. La ironía con que la historia se cumple se hace patente en ciertas intenciones que, al realizarse, se ven invertidas y malbaratadas por el devenir temporal, de manera que se trastocan en su contrario: si el objetivo de los sistemas públicos de educación era la universalización del saber, hemos obtenido la generalización inevitable del no-saber.
Punta de lanza de la deconstrucción del sistema educativo español es la ofensiva contra la filosofía. Ante ello, los filósofos deben vencer la adquirida complacencia funcionarial, las normas de cortesía de los administradores, la adulación espuria de la ideología, y defender con audacia la necesidad del pensamiento no domesticado en cualquier plan de estudios que pretenda hacer frente a las innumerables formas de servidumbre y tiranía. Ahora es el momento.
martes, 12 de febrero de 2008
Tragicomedia electoral en dos actos
Churchill afirmó que cada pueblo tiene el gobernante que se merece. Es triste, pero a menudo es imposible pensar otra cosa, lo que no digo sólo por los "queremos un caudillo" de la "Plataforma de Aduladores de Zapatero". El motivo de mi desánimo es otro y se ha hecho patente al ver esta tarde, en el telediario, las imágenes de una alocución dirigida por el presidente del gobierno a sus fieles de Toledo. El ritual de la mercadería electoral tenía como templo una iglesia. Una iglesia sin culto, como la presentadora se encargó de asegurar. El presidente del gobierno intentaba explicar las ayudas a las familias que su Gracia pretende conceder en caso de ganar las elecciones. Lo de siempre: un caudillo que promete repartir las migajas del festín presidencial entre el pueblo que ambiciona una servidumbre bien retribuida. Sin embargo, algo de ese aparato magnífico se resquebrajó, y fue como si el decorado hubiese sido iluminado por una luz sencilla y diáfana. El pobre hombre, al intentar algo así como improvisar una oración subordinada, se vio metido en un galimatías notable. No se entendía nada. Y todo parecía a punto del derrumbamiento.
El presidente prosiguió su retórica ininteligible hasta que -cuando más explícito se hacía que las palabras le asaltaban en un total desorden y el sinsentido inundaba su situación insostenible- el público comenzó a aplaudir y sepultó la debacle de su líder bajo un ensordecedor y revelador entusiasmo.
miércoles, 6 de febrero de 2008
Lo obvio imposible
http://www.20minutos.es/noticia/343311
