Página de filosofía y discusión sobre el pensamiento contemporáneo

domingo, 30 de marzo de 2008

Feacios

Feacios nació con la pretensión de servir como espacio en el que anotar, reflexionar, discutir, errar o ensayar; también nos ha servido para que restañemos una comunicación impedida por la distancia o las vicisitudes. Desde hace más de un año, poco a poco, hemos levantado un edificio defectuoso pero nuestro y abierto a todo aquel que quiera participar en él. Nadie ha estado de más, y seguimos echando de menos a muchos. Como toda realidad, no está exenta del azar y de cierto caos, pero su desorden también sirve a los propósitos con que iniciamos esta segunda navegación. Los últimos comentarios, no obstante, han estado salpicados de insultos y malas formas que a nadie benefician. No dudo de la función catártica del insulto, pero no creo que este sea el lugar en el que ejercitarlo; para ello, como dice Edu, hay lugares como escolar.net o similares.
Una de las formas tortuosas de la censura son la descalificación y el insulto, ya que cancelan la posibilidad de todo diálogo franco; desde su nacimiento feacios apuntó al objetivo de servirnos en el diálogo, y por ello hemos de alejarnos del atractivo de cualquiera de las formas de la censura y sus incontables camuflajes. Nos apreciamos lo suficiente como para que os pueda decir que, como decía Ortega ante la forja de la constitución de la segunda república, no es esto, no es esto.

martes, 18 de marzo de 2008

Arte de retaguardia

La última entrada publicada por Óscar me ha obligado a recordar que cualquier ética comporta una estética, o, dicho de otra manera: las manifestaciones estéticas en que una sociedad se recrea no son axiológicamente neutras, sino que incluyen valores implícitos. El fenómeno "chiquilicuatre" no es algo simple y sin significado, sino exponente de toda una comprensión del mundo que reúne categorías éticas y políticas claras y distintas: lo grotesco, lo bajo, lo feo, lo pintoresco y deforme; lo explícitamente dirigido a eliminar cualquier idea de excelencia, de dificultad, de diferencia; la nivelación del terreno a la medida del cinismo de quien descubre que el analfabetismo del pueblo es un buen negocio y ha de ser promocionado ofreciéndole únicamente morralla.

El paisaje es desolador. La fealdad se impone como norma pedagógica y por todos lados nos asalta la amenaza del desorden y el primitivismo. Frente al arte de dominación de las masas se erige el arte de vanguardia, que no es más que una sección estatal que controla, planifica y prescribe una estética sospechosamente semejente a la vulgar, pero adornada de prestigio social elitista. Así como el chikilicuatre y toda su bazofia, el arte de vanguardia también pretende hacer ley de la fealdad, la mugre, las heces y los restos orgánicos; también se dirige a mostrar la vacuidad de las distinciones, de los esfuerzos, de la pugna por la belleza, y para ello reduce el mundo a una ontología de la mierda y el deshecho. El estado, tanto en sus oficinas dedicadas al entretenimiento del pueblo como en los despachos donde se negocian los emolumentos de artistas subvencionados para satisfacer a las elites, se encarga de que una sola estética se imponga cuidadosamente en todo ámbito de la realidad. Así se asegura la existencia de una sola ética y una sola política.

El artista dedicado a la paciente persecución de lo bello, el que habitaba la sombra y acechaba, ha sido postergado a la invisibilidad; ni hablar, por supuesto, de los trascendentales y la ecuación inestable y fascinante de lo bello, lo bueno y lo verdadero. El juego de prestigios y subvenciones impone un tipo único de artista y excluye de forma taxativa la intromisión de quien no comulga con el imperativo Arte Oficial y la estética del lodazal.

Quedan algunos que, silenciosos, transitan el desierto y escrutan la lejanía intentando ver su final incierto. Son los pocos y los callados. Son los que Strauss llamó "artistas de retaguardia".






jueves, 13 de marzo de 2008

Baila el chiki chiki.

Después de una larga, monótona y previsible campaña electoral, con la excepción de la brillante y alentadora irrupción de Rosa Díez en el parlamento, es hora de volver a las cosas serias. Aprovecho este foro para reclamar el apoyo para nuestro conspicuo representante en Eurovisión: Rodolfo Chiquilicuatre.

No lo digo porque quiera desprestigiar el casposo y friki festival, en el supuesto de que los dos adjetivos fueran de algún modo compatibles. Al contrario, lo digo en serio. La gala de Eurovisión tiene una audiencia media de 300 millones de personas en todo el mundo y esto es así porque los que compiten no son artistas individuales sino los representantes de las naciones. Hubo un tiempo en que el honor patrio se medía, en parte, en función del puesto alcanzado en la gala; las filias y fobias entre los países tenían su plasmación material y cuantificable en los votos que uno y otros se daban (o mejor: que se dejaban de dar). Algo de eso aún perdura. Estoy convencido de que el desprestigio del festival entre los españoles se debe en gran medida a los paupérrimos resultados obtenidos por nuestros representantes, si hubiéramos ganado alguna de las inmediatas ediciones precedentes… ¡otro gallo cantaría! Aún así el festival tiene una importantísima audiencia y un considerable prestigio allende de nuestras fronteras, y… ¿A quién mandamos? A Rodolfo Chiquilicuatre …ahí… ¡con un par! Como diría nuestro ínclito ex-presidente de gobierno: ¡Sin complejos!

Ahora hagamos un ejercicio de imaginación. Supongamos que Cataluña y el País Vasco se independizan y acuden a eurovisión. ¿Osarían mandar a la gala un espécimen tipo “Chiquilicuatre”?

Luego dicen del nacionalismo español…

martes, 11 de marzo de 2008

Análisis político.

Lo voy a exponer con claridad meridiana. Por mi querencia a buscar en mis actos siempre el bien común, hecho que suele ser más efectivo cuanto más me preocupo en perfeccionarme a mí mismo en vez de a mis semejantes, lo diré, España se me queda chica; por muy contradictorio que parezca, cuanto más chica se me queda España, más grande me parece mi barrio, y enorme la comunidad de propietarios en la que resido. Algo parecido me ocurre con la humanidad: cada vez que me acerco a ese ente, menos relevante me parece frente a lo humano, cualidad que me desborda y termina sobrepasando.

Asisto en el Auditorio a la representación de la misa alemana de Brahms junto a un público de ancianas que se quedan dormidas al primer compás (al segundo, no exageremos). Este evento, que consta de tres representaciones, no volverá a repetirse quizás en décadas; da igual, la sala presenta un buen notable número de butacas vacías. Con esta motivación, las cuerdas y los metales cumplen su función y el coro, más animado, se esfuerza... pero no hay color ni motivación. La prensa no se hace eco, no hay análisis pormenorizado, ni siquiera un comentario social del asunto.

Me resisto, al día siguiente, a comprar dos entradas para ir a ver La vida es sueño; pienso en las afinidades entre Velázquez y Calderón mientras sufro con indolencia un atasco provocado frente al Santiago Bernabeu debido al colapso de un derby futbolístico. Pienso en Séptimo Severo, en Agripa... Observo la legión de aficionados que en orden y algarabía creciente discurren entre el tráfico automovilístico hacia el estadio con sus figuras poco atléticas, desfondadas y risueñas.

Estoy en casa, con un libro entre las manos que acaba de tirar por tierra todo lo que hasta ahora tenía por sentado; me pregunto cómo es posible que me haya dado cuenta de que el libro y no yo está en lo cierto; mi mujer está algo triste porque dice que llevo todo el día ignorándola, sentado en el sofá sin hacer nada..., y cómo le explico yo... La calefacción vuele a hacer ruido y tengo que purgarla, llevo purgándola una semana y no para de hacer ruido.

Una furgoneta en doble fila me impide mover el coche; he desistido tras cinco minutos tocando el claxon. En el vagón del Metro una anciana le recrimina al joven que está a mi lado que no le ceda el asiento, y el joven termina por ofrecérselo. El olor de la anciana me provoca una náusea..., y complejo de culpa.

Trabajo duro; observo la faena y pienso en llegar a casa, en ponerme una cerveza, besar a mi mujer y poner el oído en su tripa, por si escucho el latido del niño que lleva dentro. Cuando llego a casa, me pongo una cerveza, beso a mi mujer, e intento escuchar el latido de mi hijo dentro del vientre de su madre. Se me han quitado las ganas de volver a trabajar, y al día siguiente, aprovechando la ausencia del encargado, me dedico a no hacer nada.

Es un restaurante caro en el que hemos decidido cenar este aniversario. La comida no es nada del otro mundo, aunque uno se siente agasajado por el servicio y el buen gusto con el que se ha decorado el comedor y por la calidad de la cubertería y la vajilla. El taxista que nos trae de vuelta a casa no para de hablar de comunistas y de catalanes: no sé lo que dice, pero ya estoy en contra suya.

Llueve; por una grieta en el tabique que hace de medianera con el bloque colindante se filtra el agua y me ha provocado una gotera en la pared de la habitación de matrimonio, justo al lado de la lámina de un pintor impresionista que compré en el Thyssen; la aseguradora de la finca no se hace cargo, la aseguradora del piso no se hace cargo...

Mi madre me recrimina que no quiera bautizar a mi futuro hijo, y yo no paro de reírme y de amenazarla con apostatar; esto me cuesta un mes de berrinche con mi madre y una agria discusión familiar; pero no pienso ceder.

Ha aparecido el cadáver de una prostituta en el parque del vecindario, cerca de un colegio público. Los asesinos ya no saben ni guardar la compostura y abandonan los cadáveres en cualquier parte; hasta que llega la policía, el barrio entero se arremolina frente a la víctima y descubre que no causa tanta impresión, como creían, ver a una muerta desconocida... en vivo.

Me acaban de pedir consejo a la hora de elegir una novela y les he dicho que no hay novela buena, que todas acaban por pervertir el ánimo. Conozco bien los recursos intelectuales de quienes me han pedido tal consejo, sé que sólo querían aparentar interés por mis conocimientos. Me he inventado un título, Las ironías del joven Gödel, de John Falstat; a ver qué me cuentan dentro de un par de meses...

En el mercado, todos intentan engañar a todos...; los pescaderos, vendiendo merluzas sin cabeza y sin ser merluzas; el señor de la chaqueta de pana y pañoleta al cuello, ante un compañero de la misma guisa, analizando el sonido de las sandías en busca de la más sabrosa; el nieto sisándole la vuelta a la abuela; en la cola de la pollería, la señora de los rulos en un descuido adelantándose dos turnos; en la bodeguilla, un albañil jugando en una tragaperras...

Termino mi turno en el trabajo y tengo por delante varios días de descanso. Los dedico a instruirme sobre España, la relación entre las distintas comunidades, del Estado con los ciudadanos, de los ciudadanos entre ellos; de Europa y Norteamérica, de Spinoza y los camboyanos supervivientes de Pol Pot. Leo en un libro que en una de las batallas napoleónicas, un batallón disciplinario de reconocimiento francés resistió sin apenas bajas el tiroteo y acoso de una buena línea de granaderos austríacos del cuerpo de avanzadilla del emperador del Danubio, con el que trabó contacto; al parecer, el batallón francés, compuesto de la morralla de la división, carecía de municiones, pues los carros de aprovisionamiento habían desaparecido la noche anterior entre el intrincado laberinto de cañadas de aquella región y nadie se había preocupado de abastecer a tal grupo de desarrapados; en tal situación, cerca de una granja a la que se habían acercado con orden de requisar y hacerse con toda la leña que pudieran, se toparon con los lustrosos granaderos de un cuerpo austríaco, que a saber qué harían por allí. Aunque andaban sin municiones, la misión no era tan importante como para notar tal falta, al menos hasta que se encontraron con aquellos aguerridos combatientes delante suyo; había que actuar con rapidez, y así se actuó: el oficial al mando de aquellas tropas había conseguido recuperar días antes del descalabro de la columna de aprovisionamiento una reata de mulas que transportaba buen y abundante coñac, que siempre llevaba cerca de sí para que no se perdiera tan delicioso licor. Viéndose en tal apuro, se dice que todo aquel coñac se lo habría ofrecido con gran generosidad a sus hombres, como prueba de camaradería y buenas intenciones, antes de disponerlos en orden de combate. Totalmente borrachos, pero firmes ante el enemigo, y sin darse cuenta de que nadie les había dado munición alguna, mostrando sus mosquetes como si fueran a disparar (algunos creían incluso que sí disparaban), los franceses mantuvieron a los austríacos sujetos al terreno, hasta que el capitán al mando de los granaderos, un joven aristócrata vienés, decidió que aquel punto era un terreno fuertemente defendido y que lo mejor era retirarse a una loma, quinientos metros hacia la retaguardia, y esperar una carga de algún escuadrón de caballería, que nunca apareció. Ninguno de los franceses, tras la escaramuza y al volver a la sobriedad, se le ocurrió maldecir al oficial que con tal crueldad les había puesto en tal amenaza de muerte, sin munición alguna con la que replicar al enemigo. Cuando la noticia llegó al cuartel general de la división a la que pertenecían aquellos soldados, se abrió un expediente disciplinario y se inició una investigación para depurar responsabilidades ante tal hecho y osadía, indigno de un oficial francés; de lo que se sabe, el oficial abogó en su defensa que sus hombres estaban poco instruidos y eran altamente indisciplinados y que el hecho de que no tuvieran munición era una circunstancia sin importancia pues: “con tan mala puntería como tenían, no habrían acertado nunca en ningún austríaco”. También se dice que el oficial fue degradado y encarcelado, pues la osadía no había consistido en arriesgar la vida de sus hombres de aquella manera, sino en la de haber desperdiciado un coñac tan bueno, que al parecer iba destinado a no sé qué mariscal de campo de Bonaparte...

CASANUEVA

jueves, 6 de marzo de 2008

PP, política del pasado, Psoe… política del futuro.

La vicepresidenta, en la línea de la campaña que el PSOE ha diseñado y que, desde luego no ha empezado hace quince días, sino hace cuatro años, acudió esta semana a dar un mitin en el que explicó de forma simple y sin complejos la visión que tiene ella y todo su partido de dos proyectos políticos, el del Rajoy y el de Zapatero. Y vaya esto por delante… estoy completamente de acuerdo con lo que dice De la Vega: Rajoy y el Partido Popular representa una forma de hacer política anclada en el pasado y Zapatero junto al PSOE es el ejemplo vivo de una forma de hacer política que mira al futuro.
Observen sino estos dos vídeos:





Efectivamente, como ven, el mitin de De la vega es en un instituto de bachillerato, a alumnos de la E.S.O de unos quince años, simulando una clase de Educación para la Ciudadanía. La forma moderna y progresista a la que se refiere De la Vega, no puede ser otro que el adoctrinamiento propagandístico a través del sistema educativo… sistema educativo o cualquier otro medio (medios de comunicación fundamentalmente). Y como también ustedes han visto, el modo arcaico y retrógrado de hacer política del partido popular es el, en otros tiempos tan cotidiano, caciquismo. Ambos partidos comparten una consideración de la política como una estructura de dominación.

Deleuze utilizaría para describir esta situación dos conceptos tomados de Foucault: las sociedades disciplinarias y las sociedades de control. Las sociedades disciplinarias, son las sociedades pasadas en las que el control de la población de hace por medio de medios coactivos… en este sentido, el espacio fundamental que marca a la sociedad es la cárcel. Las sociedades de control son aquellas en las que los individuos son obligados a adoptar un lugar social por medio de la manipulación de sus afectos y voluntades. En este sentido, claro está, los espacios necesarios a controlar son los centros educativos.
Lo dicho… política del pasado y política del futuro.

¿Habrá alguien que considere que la política, más que con el control, tiene que ver con la libertad? Uisss… la libertad es una ficción, qué cosas tengo. Y dice otro…. “el control también”

martes, 4 de marzo de 2008

Sin tetas no hay paraíso.

Muchas veces me he preguntado cuál será la verdadera relación que mantienen nuestros políticos. A veces pienso que, tras las sesiones en el parlamento, se encuentran por casualidad en la cafetería del congreso y se pavonean unos frente a otros en tono jocoso como si estuvieran exhibiendo entre sí rivalidades deportivas. Otras, les imagino en oscuros despachos, rodeados de sus asesores, maldiciendo a sus oponentes pero, cuando se encuentran por los pasillos de la cámara, adoptando una actitud hipócrita y de sonrisa fingida, digna de señoras de pelo azul en los pórticos de las iglesias del barrio Salamanca.

Ayer tras, tras el “show”, constaté que la política en España es un acto teatral y los políticos se limitan a representar con serias dificultades un texto escrito por peores guionistas. Y el asunto que más me escama es el hecho de que, como cualquier serie televisiva que busca un público determinado, los partidos políticos, o al menos estos dos partidos políticos, creen dirigirse a un público evidentemente incompetente, adolescente, carente de criterio y, en el pleno sentido de la palabra, completamente idiota.

Y no puedo aceptar que las dos cabezas de los principales partidos políticos sean eso, adolescentes idiotas, así que, por fuerza, tengo que imaginarles, tras el debate, vueltos a su normalidad intelectual, y con la máscara en el sillón del parlamento, satisfechos o no de haber hecho mejor o peor, el indio. Les imagino con la misma cara que se nos queda cuando, atrapados en una situación de difícil escape, léase un ascensor o la cola del supermercado, nos vemos obligados a descender varios millones de kilómetros desde nuestras divagaciones cotidianas, sentimentales o filosóficas hasta el mundo del “gugu tata”, al ver que un bebé, que no sabemos si es “mono” o no, nos tira adorablemente de la chaqueta ante la mirada anhelante de su madre, que espera una respuesta evidentemente cálida por nuestra parte. Después de pagar y alejarnos unos metros, nos desprendemos de la cara de idiota, y volvemos a nuestras disquisiciones sin problema.

Y yo, en estos pensamientos, imagino a los dos candidatos, con sinceridad y sin cámaras, comentando sus “gugu tatas” y felicitándose el uno al otro, por haber escenificado, de una forma más convincente la idiotez… “lo de la niña no te quedó mal Mariano, ahí te has ganado alguna abuela”… “¿y tu, Jose Luís?... esa sonrisa de Mister Bean que me pones antes de despedirte como si fueras El Teniente Furilo mandando a sus chicos a patrullar… no me extraña que le caigas bien a los jóvenes”. Porque de lo que estoy absolutamente seguro es de que, si estos dos se juntasen a discutir sin cámaras, lo harían de verdad, como discutimos cualquiera de nosotros, no pensando que eso que dicen tiene que ser comprendido por idiotas adolescentes.

Y también pienso que no somos idiotas adolescentes, pero que a fuerza de tratarnos así, terminaremos siéndolo.

jueves, 28 de febrero de 2008

Estudio.
Javier Blázquez

He escrito este artículo con cierta urgencia porque creo que era necesario ofrecer algunos datos que pudieran ser relevantes para uno de los interesantísimos debates que esta página se desarrollan (y aprovecho para saludaros a todos, sobre todo a Eduardo, promotor de la página).

Escribo rápido, pero creo que esta es la esencia de la página, que se desarrollará, espero, luego en los comentarios.

Me interesa sobre manera el tema del sistema electoral, por muchas razones, pero la principal es que creo que el posible cambio a la representación uninominal, como se ha defendido en un artículo en esta página, abriría consigo todo un elenco de posibilidades tan drásticamente revolucionarias que peligraría lo que social, afectiva y psicológicamente conocemos hoy en día como España.

Escribo con cierta urgencia, disculpadme. Aquí os presento una tabla de Excel, programa que apenas domino con los datos que podéis contrastar fácilmente, y son si no acertados, muy aproximados. Los cálculos son míos, y aunque no soy muy diestro en matemáticas, creo que son correctos.


Como vemos en el cuadro, el sistema de reparto de escaños actual favorece claramente a las comunidades del interior, mucho menos pobladas que las de las costas. Un ejemplo, de los 33 congresistas que tuvieron que elegir los castellano-leoneses, tan sólo 15 eran resultado de la población, siendo los otros 18 restantes añadidos por el número de provincias. En el caso de Cataluña, de los 47 escaños que debería cubrir, 39 serían por población y tan sólo 8 por número de provincias. Es decir, que Cataluña, teniendo un 15,9% de la población española le corresponde una representación parlamentaria de un 13,4%, mientras que Castilla-León, con un 5,6% de la población española, le corresponde una representación parlamentaria de un 9,4 %. En el caso de Aragón, gracias a sus tres provincias dobla su representación parlamentaria, 6+6 representantes; caso doloroso si se compara con la región de Murcia que sólo puede elegir a 9 congresistas aunque tenga más población que la anterior comunidad, un 3% de la población total española frente al 2,8 % de Aragón.

En la representación uninominal, el estado se divide en pequeños distritos electorales de 100000 a 150000 electores. En el caso de España, si el distrito electoral fuera de 100000 habitantes, nos saldrían 444 distritos electorales, es decir 444 diputados. Supongo que los distritos electorales se formarían teniendo en cuenta la proximidad geográfica de los electores, es decir, si en la provincia de Cáceres su población es de 412067, tendría, redondeando, 4 distritos electorales, lo que le supondría 4 representantes directos en el parlamento. La provincia de Madrid, con 5891905 habitantes tendría 58 representantes directos; La Rioja con 205355, 2 representantes; Vizcaya, con 1138743, tendría 11 representantes; Guadalajara, con 212895, tendría 2 representantes; Lugo, con 356209, tendría 3 representantes; Palencia y Ávila tan sólo 1 representante cada una; y Soria, con 93070, obtendría 1 ó ninguno.

En relación con las Comunidades, Madrid obtendría una representación de 58 parlamentarios; Cataluña, un total de 70; Andalucía obtendría 79 representantes; Castilla la Vieja obtendría 23 representantes; Castilla la Nueva obtendría 19; El País Vasco obtendría 21; Murcia obtendría 13; Extremadura obtendría 10; Galicia obtendría 27 representantes etc.; Navarra obtendría 6 representantes Entre Galicia, País Vasco y Cataluña, sumarían un total de 118 representantes en el Congreso; Andalucía y Extremadura juntas, 89 escaños, Madrid 58 escaños. Estas seis comunidades obtendrían una representación de 265 escaños, mientras que las 13 comunidades restantes se repartirían los restantes 179 escaños.

Con el sistema actual, de representación poblacional, la circunscripción electoral es la provincia, a la que se le adscriben la representación mínima de dos diputados, y después un diputado por cada 175000 habitantes, lo que daba un resultado de 61 escaños por Andalucía, 47 por Cataluña, 24 por Galicia, 35 por Madrid, 19 por el País Vasco; entre Galicia, País Vasco y Cataluña, suman una representación de 90 representantes para 11 provincias; es decir un 26 % de la representación parlamentaria corresponde a un 36% de provincias del Estado y un 74% de la representación al restante 64% de provincias.

Con la representación uninominal, el número de representantes en el Congreso no varía sustancialmente: Galicia, País Vasco y Cataluña obtendrían un 26’5% para el 36% de provincias del Estado, y el resto el 64% de provincias obtendría una representación del 73’5%. Sí es cierto que habría una tendencia a que la representación parlamentaria fuera periférica, lo que causaría además una crisis en la propia identidad histórica del estado español, tendente a ver a Castilla como núcleo simbólico de la Nación, cuando en realidad no representa más que al 5’6% de la población del estado, siendo esta, además, la más envejecida y dispersa. Estoy casi convencido, mirando esto así por encima, que el sistema actual de representación (así como que la monarquía sea la institución que se ha apropiado de la jefatura del estado) esta motivada más por miedos a una posible desintegración de lo que históricamente puede defenderse como España, que a otros fines secundarios. Adiós.

CASANUEVA

lunes, 18 de febrero de 2008

Defensa de la filosofía
Borja Lucena

La filosofía vuelve a ser acusada ante la asamblea democrática. Desde la condena a muerte de Sócrates, la clausura de la Academia por Justiniano, los acostumbrados exilios o el silencio de la universidad franquista en torno a Julián Marías, si algo no ha cambiado a lo largo de la historia es la suspicacia y el recelo con que el estado contempla la actividad dudosa del filósofo. El siglo XX significó la más desnuda declaración de guerra entre los defensores del estado -sea el estado nacional-socialista, el estado soviético, el estado nacional-católico- y los del pensamiento no dogmático. El resultado de esa lucha, no obstante su aparente conclusión, alberga multitud de pliegues e interrogantes que surgen como amenazas. El estado sigue pretendiendo, secreta pero ineluctablemente, acabar con la filosofía, o, mejor, reducirla a algo inofensivo, indoloro e inodoro; pretende acomodarla a los moldes putrefactos de la burocracia sin poner en riesgo el sistema de jerarquías partidista, sin cuestionar el cambalache de prebendas que se hace llamar "política", sin interferir en el comercio de intereses en el que casi todos aspiran a participar. El modo en que se ha procurado anular el pensamiento filosófico es integrarlo en el rutinario funcionamiento de la mecánica estatal, oficializarlo, sindicalizarlo, asimilarlo al normal desarrollo de las oficinas públicas y las sucursales bancarias. Una vez hecho esto, y puesto que el filósofo es ya prolongación del estado, su existencia se demuestra como injustificada y llega el momento de su extinción.

Las distintas reformas que han asolado el sistema educativo español han demostrado una cumplida inquina contra la filosofía. Las programaciones oficiales que la última reforma ha excretado son inequívocas: los gobiernos de las taifas -y en esto tampoco podemos distinguir claramente entre los de "izquierdas" y los de "derechas"- reducen de nuevo el papel de la filosofía en la educación secundaria. Tanto la Comunidad de Madrid como la de Cataluña, modelos diversos de las restantes, coinciden, en los borradores que manejan, en el diseño de planes de estudio al respecto similares. Le toca el turno a la asignatura de filosofía de 1º de Bachillerato, que se reduce hasta las dos horas semanales, lo que quiere decir que se convierte en lo que fue la Ética de 4º: una "maría" condenada a irse disolviendo entre procedimientos técnicos, imposición de saberes instrumentales, promoción y mercadeo de tecnologías despojadas del auxilio del pensamiento....

En rigor, no es la filosofía lo que es extirpado del sistema educativo, sino toda vinculación con cualquier forma de universalidad. El otro día, un estudiante del conservatorio de Mallorca comparaba los estudios musicales que se llevan a cabo en Londres - y en cualquier país europeo- con la multiplicación de asignaturas tribales que soportan en los conservatorios de las comunidades autónomas étnicas. El resultado era desalentador: en éstas el currículo se convierte en un desconcierto y el estudio en un esfuerzo inútil, ya que el estudiante pierde su precioso tiempo en el conocimiento superficial de danzas populares, de tradiciones musicales del terruño, de instrumentos étnicos inútiles para cualquier forma de música compleja...., mientras, a la vez, se desliga cada vez más de la tradición musical europea. Cualquier disciplina o saber sospechosos de exceder el marco de lo inmediatamente útil, de la formación profesional y las cantinelas ideológicas, o de desbordar el nicho ecológico étnico, atrae sobre sí una mirada vigilante y desconfiada. Cualquier referencia a lo que traspasa las particularidades es minuciosamente reprimida, de manera que el objeto ideal de la educación pasa a ser -en vez de la incorporación al mundo compartido- la confinación en lo cercano, en las ceremonias de la tribu, en los rituales de la adoración a la gens y a la tierra. Ya excluyeron cualquier atisbo de Literatura Universal para reducir la experiencia a los límites angostos y manejables de "lo propio"; ahora, apartando a la filosofía, destruyen deliberadamente la sintaxis de lo político, eliminan la posibilidad de aparición de ciudadanos para conformar masas gregarias de obedientes trabajadores, de artistas subvencionados, de amantes de cualquier patria inventada. La ironía con que la historia se cumple se hace patente en ciertas intenciones que, al realizarse, se ven invertidas y malbaratadas por el devenir temporal, de manera que se trastocan en su contrario: si el objetivo de los sistemas públicos de educación era la universalización del saber, hemos obtenido la generalización inevitable del no-saber.

Punta de lanza de la deconstrucción del sistema educativo español es la ofensiva contra la filosofía. Ante ello, los filósofos deben vencer la adquirida complacencia funcionarial, las normas de cortesía de los administradores, la adulación espuria de la ideología, y defender con audacia la necesidad del pensamiento no domesticado en cualquier plan de estudios que pretenda hacer frente a las innumerables formas de servidumbre y tiranía. Ahora es el momento.

martes, 12 de febrero de 2008

Tragicomedia electoral en dos actos

I

Churchill afirmó que cada pueblo tiene el gobernante que se merece. Es triste, pero a menudo es imposible pensar otra cosa, lo que no digo sólo por los "queremos un caudillo" de la "Plataforma de Aduladores de Zapatero". El motivo de mi desánimo es otro y se ha hecho patente al ver esta tarde, en el telediario, las imágenes de una alocución dirigida por el presidente del gobierno a sus fieles de Toledo. El ritual de la mercadería electoral tenía como templo una iglesia. Una iglesia sin culto, como la presentadora se encargó de asegurar. El presidente del gobierno intentaba explicar las ayudas a las familias que su Gracia pretende conceder en caso de ganar las elecciones. Lo de siempre: un caudillo que promete repartir las migajas del festín presidencial entre el pueblo que ambiciona una servidumbre bien retribuida. Sin embargo, algo de ese aparato magnífico se resquebrajó, y fue como si el decorado hubiese sido iluminado por una luz sencilla y diáfana. El pobre hombre, al intentar algo así como improvisar una oración subordinada, se vio metido en un galimatías notable. No se entendía nada. Y todo parecía a punto del derrumbamiento.



II

El presidente prosiguió su retórica ininteligible hasta que -cuando más explícito se hacía que las palabras le asaltaban en un total desorden y el sinsentido inundaba su situación insostenible- el público comenzó a aplaudir y sepultó la debacle de su líder bajo un ensordecedor y revelador entusiasmo.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Lo obvio imposible

Los políticos que hoy desgobiernan España -dotados de una sorprendente mezcla de ambición y paletismo- me recuerdan a los grandes enigmas que nos arrojan a la confusión más turbia e inquietante: le dejan a uno sin palabras. ¿Sería excesivo pedir políticos que demuestren alguna valía, algún conocimiento, algún vínculo con la alta cultura? ¿Sería excesivo esperar que ofrezcan algún proyecto que no emane de la bilis y la sentimentalidad viciada por la ideología? ¿Sería excesivo albergar la esperanza de una política inteligible e inteligente?

http://www.20minutos.es/noticia/343311