Página de filosofía y discusión sobre el pensamiento contemporáneo

domingo, 12 de agosto de 2012

Un elogio de la heteronomía
Borja Lucena Góngora

Hace un mes, es posible que dos, pasé una tarde charlando con nuestro inigualable D. Cogito, Ricky para los amigos. Sobre Madrid caía una de esas pesadas tardes en que el calor convierte al tiempo en otra anomalía más y las cosas luchan por despegarse del ruidoso aliento de los autobuses. Después de dar muchas vueltas en torno a muchas palabras, finalmente, y no sé exactamente por qué, caímos en hablar sobre la religión y el cristianismo. Nuestras posturas convergían sobre un aspecto indiferente a lo alejado de nuestras posiciones de partida -él, convencido creyente; yo, poco convencido ateo-; más o menos, veníamos a estar de acuerdo en que lo religioso presenta un límite a las ilimitadas pretensiones del yo, su voluntad y su pensamiento. En el renovado deseo de infinitud y totalidad que caracteriza a esta modernidad tan vieja, la religión presenta un límite, algo que está más allá de los antojos y las preferencias del "sujeto autónomo", algo que se le presenta como ajeno a sus arbitrios. Precisamente lo que cualquier manual de Ética de la ESO señalaría como su mal radical es lo que convierte en tan valioso a un fenómeno como la fe: el presentar una instancia heterónoma. Acostumbrados a la loa acrítica de la autonomía como máximo valor moral, todo aquello que huele a heteronomía es señalado como herejía por el pensamiento progresista actual, valga la redundancia; sea la religión, sea la tradición, la costumbre, los cánones artísiticos o todo aquello que no dimana de una suerte de consenso universal sobre el derecho a decidirlo todo desde sí mismo, es expulsado de campo de lo pensable como primitivo, medieval o fascista. 

La autonomía es el ideal que todo lo impregna, como si los seres humanos fuéramos felices robinsones que no dependiéramos de otros, que no necesitáramos la presencia, las palabras, los gestos, acciones y cosas de otros. Parafraseando a Aristóteles, podría decir que autónomo sólo puede ser un dios o una bestia, pero no un hombre. De hecho, la naturaleza política del ser humano está unida fuertemente de la mano con este rasgo esencial de heteronomía, sin el cual es imposible pensar en una política que no sea mera organización. Quizás sea por ello, entre otras cosas, que actualmente no se adivina un modo de rescatar a lo político de su naufragio, y es que todo intento de ir a la política desde la sola asunción de la autonomía lo único que puede hacer es eclipsarla aun más. La cuestión fundamental de este fracaso descansa en que se da una sólida contraposición entre la virtud moral de la autonomía, única virtud para la moral hoy más enseñada y compartida, y las virtudes propiamente políticas, entre las que se cuentan la heteronomía, es decir: la capacidad de regirse por aquello que uno mismo no ha decidido ni querido. En este sentido, creo que hoy se nos plantea una tarea importante y difícil: reaprender la heteronomía. .

Recordando aquella conversación, he venido a leer en un viejo libro de Paul Ricoeur algo que, creo, le gustará a Ricky. Además, cosa en la que yo ahora estoy trabajando, apunta a una crítica imprescindible de los ideales de emancipación total como el marxismo, con su prometeica pretensión de liberar a los hombres de todas las cadenas y cancelar toda forma de alienación presente en la existencia humana. He aquí la cita:
La afirmación de que el ser humano es la medida de todas las cosas -una afirmación a favor de la autonomía y contra la heteronomía- es en definitiva la afirmación central. A causa de este énfasis , a veces pienso que el concepto de conciencia es por su construcción abstracta un concepto ateo. Cuando se la coloca en contraste con la afirmación de la autonomía radical, la dependencia quizá sea la única verdad posible de la religión, pues aquí admito una pasividad en mi existencia, confieso que de alguna manera recibo la existencia. Tan pronto como sitúo la autonomía en la cumbre del sistema filosófico, tan pronto como promuevo hasta tal  punto esta dimensión prometeica de la autonomía, la autonomía seguramente se hace ella misma divina. A causa de esta promoción de la autonomía que hace Feuerbach, la heteronomía se convierte en el mal por excelencia. Por consiguiente, todo lo que no sea autonomía es alienación. (...)

Paul Ricoeur, Ideología y utopía.

jueves, 2 de agosto de 2012

Un fragmento de Karl Löwith
Borja Lucena Góngora

Los escritos de Rosseau contienen la primera y más clara caracterización de la problemática humana referida a la sociedad burguesa. El problema reside en la circunstancia de que el hombre perteneciente a dicha sociedad no es un ser unitario y total. Por una parte, es hombre privado; por la otra, ciudadano, porque la sociedad burguesa existe dentro de relaciones problemáticas con el Estado. Desde Rousseau, la falta de correspondencia entre esos aspectos constituye una de las cuestiones fundamentales de todas las teorías modernas sobre el Estado y la sociedad. Los estados totalitarios del presente intentan responder al problema planteado por Rousseau: ¿cómo puede el hombre, que por naturaleza es una totalidad, concordar con el todo, fundamentalmente distinto, de la "société politique"? Parece que no es posible una verdadera correspondencia entre ambos elementos. Por eso, tratándose de la educación del hombre, sería necesario decidir si se quiere formar un "homme" o un "citoyen", un hombre o un ciudadano.

Löwith, K.,  De Hegel a Nietzsche


jueves, 19 de julio de 2012

Reformar a toda costa

He de reconocer que la histeria reformista de estos señores recién llegados al gobierno ha llegado a sorprenderme; seguramente tenía yo la idea desajustada de que les restaría alguna fidelidad a lo existente, es decir, que, al menos como querían defender, serían en algo conservadores. Uno no se engaña más porque no quiere, está claro, porque lo que hoy hay, a izquierda y a derecha, está todo atufado por el hedor del progresismo. No creo que quede un solo conservador en lo que del panorama político oficial está a la vista. Y no es por ponerme categórico, pero creo que el mayor problema político, ése cuya ocultación hoy padecemos, es precisamente el de la conservación del mundo, no el de su reforma. La diferencia entre, por un lado, la conservación y cuidado del mundo y, por otro, su reforma indiscriminada es la que media entre la política y la organización. Hoy tenemos organización a espuertas, pero muy poca política.

Viene todo esto a cuento porque leyendo a Goethe he dado con un aforismo que, inmediatamente, me ha evocado el "reformar a toda costa" en el que estamos:
Nunca llegamos tan lejos como cuando
ya no sabemos hacia dónde vamos

Goethe, Máxima 901

martes, 10 de julio de 2012

Guerra y economía.
Extracto del libro "Historia del siglo XX" de Eric Hobsbawm.

Se  da  por  sentado  que  la  guerra  moderna  involucra  a  todos  los  ciudadanos,  la  mayor  parte  de  los  cuales  además  son  movilizados;  que  utiliza  un  armamento  que  exige una modificación del conjunto de la economía para producirlo y que se utiliza en cantidades ingentes; que causa un elevadísimo nivel de destrucción y que domina y transforma por completo la vida de los países participantes. Ahora bien, todos estos  fenómenos se dan únicamente en las guerras del siglo XX. Es cierto que en períodos anteriores   hubo   guerras   terriblemente   destructivas   e   incluso   conflictos   que anticiparon  lo  que  más  tarde  sería  la  guerra  total,  como  en  la  Francia  de  la  revolución.  En  los  Estados  Unidos,  la  guerra  civil  de  1861-1865  sigue  siendo  el  conflicto  más  sangriento  de  la  historia  del  país,  ya  que  causó  la  muerte  de  tantas  personas como todas las guerras posteriores juntas, incluidas las dos guerras mundiales, la de Corea y la de Vietnam. Sin embargo, hasta el siglo XX las guerras en las que  participaba  toda  la  sociedad  eran  excepcionales.  Jane  Austen  escribió  sus  novelas durante las guerras napoleónicas, pero ningún lector que no lo supiera podría  adivinarlo, ya que en las páginas de sus relatos no aparece mención de las mismas,  aunque sin duda algunos de los jóvenes que aparecen en ellas participaron en esos  conflictos. Sería inconcebible que cualquier novelista pudiera escribir de esa forma  sobre Gran Bretaña durante el período de conflictos del siglo XX.  El monstruo de la guerra total del siglo XX no nació con esas proporciones, pero  lo cierto es que a partir de 1914 todos los conflictos eran guerras masivas. Incluso en  la primera guerra mundial, Gran Bretaña movilizó al 12, 5 por 100 de la población  masculina, Alemania al 15, 4 por 100, y Francia a casi el 17 por 100. En la segunda  guerra mundial, la proporción de la población activa total que se enroló en las fuerzas  armadas fue, en todas partes, del orden del 20 por 100 (Milward, 1979, p. 216). Cabe  señalar, de paso, que una movilización masiva de esas características durante varios  años no puede mantenerse excepto en una economía industrializada moderna con una  elevada productividad y —o alternativamente— en una economía sustentada por la  población no beligerante. Las economías agrarias tradicionales no pueden movilizar  a  un  porcentaje  tan  elevado  de  la  mano  de  obra  excepto  de  manera  estacional,  al menos en la zona templada, pues hay momentos durante la campaña agrícola en los  que  se  necesitan  todas  las  manos  (durante  la  recolección).  Pero  incluso  en  las  sociedades  industriales,  una  movilización  de  esas  características  conlleva  unas  enormes  necesidades  de  mano  de  obra,  razón  por  la  cual  las  guerras  modernas masivas  reforzaron  el  poder  de  las  organizaciones  obreras  y  produjeron  una  revolución  en  cuanto  la  incorporación  de  la  mujer  al  trabajo  fuera  del  hogar (revolución temporal en la primera guerra mundial y permanente en la segunda).  Además,  las  guerras  del  siglo  XX  han  sido  masivas  en  el  sentido  de  que  han  utilizado y destruido cantidades hasta entonces inconcebibles de productos en el curso de la lucha. De ahí el término alemán Materialschlacht para describir  las  batallas  del  frente  occidental  en  1914-1918:  batallas  de  materiales.  Por  fortuna  para Francia, dada su reducida capacidad industrial, Napoleón triunfó en la batalla de  Jena de 1806, que le permitió destruir el poder de Prusia, con sólo 1.500 disparos de artillería. Sin embargo, ya antes de la primera guerra mundial, Francia planificó una producción  de  municiones  de  10000-12000  proyectiles  diarios  y  al  final  su industria  tuvo  que  producir  200000  proyectiles  diarios.  Incluso  la  Rusia  zarista producía 150. 000 proyectiles diarios, o sea, 4, 5 millones al mes. No puede extrañar que se revolucionaran los procesos de ingeniería mecánica de las fábricas. En cuanto a  los  pertrechos  de  guerra  menos  destructivos,  parece  conveniente  recordar  que durante la segunda guerra mundial el ejército de los Estados Unidos encargó más de 519 millones de pares de calcetines y más de 219 millones de pares de calzoncillos, mientras que las fuerzas alemanas, fieles a la tradición burocrática, encargaron en un solo año (1943) 4, 4 millones de tijeras y 6, 2 millones de almohadillas entintadas para los tampones de las oficinas militares (Milward, 1979, p. 68). La guerra masiva exigía una producción masiva.  Pero la producción requería también organización y gestión, aun cuando su objeto  fuera  la  destrucción  racionalizada  de  vidas  humanas  de  la  manera  más  eficiente, como  ocurría  en  los  campos  de  exterminio  alemanes.  En  términos  generales,  la  guerra  total  era  la  empresa  de  mayor  envergadura  que  había  conocido  el  hombre hasta el momento, y debía ser organizada y gestionada con todo cuidado.  Ello  planteaba  también  problemas  nuevos.  Las  cuestiones  militares  siempre  habían  sido  de  la  competencia  de  los  gobiernos,  desde  que  en  el  siglo  XVII  se  encargaran  de  la  gestión  de  los  ejércitos  permanentes  en  lugar  de  contratarlos  a  empresarios militares. De hecho, los ejércitos y la guerra no tardaron en convertirse  en  «industrias»  o  complejos  de  actividad militar  de  mucha  mayor  envergadura que  las  empresas  privadas,  razón  por  la  cual  en  el  siglo  XIX  suministraban  tan  frecuentemente  conocimientos  y  capacidad  organizativa  a  las  grandes  iniciativas  privadas   de   la   era   industrial,   por   ejemplo,   los   proyectos   ferroviarios   o   las  instalaciones  portuarias.  Además,  prácticamente  en  todos  los  países  el  estado  participaba  en  las  empresas  de  fabricación  de  armamento  y  material  de  guerra,  aunque  a  finales  del  siglo  XIX  se  estableció  una  especie  de  simbiosis  entre  el  gobierno y los fabricantes privados de armamento, especialmente en los sectores de  alta tecnología como la artillería y la marina, que anticiparon lo que ahora se conoce como  «complejo  industrial-militar».  Sin  embargo,  el  principio  básico  vigente  en  el  período  transcurrido  entre  la  revolución francesa y la primera guerra mundial era que en tiempo de guerra la economía tenía  que seguir funcionando, en la medida de lo posible, como en tiempo de paz, aunque por supuesto algunas industrias tenían que sentir los efectos de la guerra, por ejemplo el sector de las prendas de vestir, que debía producir prendas militares a una escala inconcebible en tiempo de paz.  Para el estado el principal problema era de carácter fiscal: cómo financiar las guerras.  ¿Debían financiarse mediante créditos o por medio de impuestos directos y, en cualquier caso, en qué condiciones? Era, pues, al Ministerio de Hacienda al que correspondía dirigir  la  economía  de  guerra.  Durante  la  primera  guerra  mundial,  que  se  prolongó  durante  mucho  más  tiempo  del  que  habían  previsto  los  diferentes  gobiernos  y  en  la  que  se  utilizaron muchos más efectivos y armamento del que se había imaginado, la economía continuó funcionando como en tiempo de paz y ello imposibilitó el control por parte de los  ministerios  de  Hacienda,  aunque  sus  funcionarios  (como  el  joven  Keynes  en  Gran Bretaña)  no  veían  con  buenos  ojos  la  tendencia  de  los  políticos  a  preocuparse  de conseguir el triunfo sin tener en cuenta los costos financieros. Estaban en lo cierto. Gran Bretaña utilizó en las dos guerras mundiales muchos más recursos que aquellos de los que disponía,  con  consecuencias  negativas  duraderas  para  su  economía.  Y  es  que  en  la guerra moderna no sólo había que tener en cuenta los costos sino que era necesario dirigir y planificar la producción de guerra, y en definitiva toda la economía.  Sólo a través de la experiencia lo aprendieron los gobiernos en el curso de la primera  guerra  mundial.  Al  comenzar  la  segunda  ya  lo  sabían,  gracias  a  que  sus  funcionarios  habían  estudiado  de  forma  concienzuda  las  enseñanzas  extraídas  de  la  primera.  Sin embargo,  sólo  gradualmente  se  tomó  conciencia  de  que  el  estado  tenía  que  controlar totalmente la economía y que la planificación material y la asignación de los recursos (por otros  medios  distintos  de  los  mecanismos  económicos  habituales)  eran  cruciales.  Al comenzar la segunda guerra mundial, sólo dos estados, la URSS y, en menor medida, la Alemania nazi, poseían los mecanismos necesarios para controlar la economía. Ello no es sorprendente,  pues  las  teorías  soviéticas  sobre  la  planificación  se  inspiraban  en  los conocimientos que tenían los bolcheviques de la economía de guerra planificada de 1914-1917 en Alemania. Algunos países, particularmente Gran Bretaña y los  Estados  Unidos,  no  poseían  ni  siquiera  los  rudimentos  más  elementales  de  esos mecanismos.  Con  estas  premisas,  no  deja  de  ser  una  extraña  paradoja  que  en  ambas  guerras  mundiales las economías de guerra planificadas de los estados democráticos occidentales —Gran Bretaña y Francia en la primera guerra mundial; Gran Bretaña e incluso Estados Unidos en la segunda— fueran muy superiores a la de Alemania, pese a su tradición y sus teorías  relativas  a  la  administración  burocrática  racional.  […]

jueves, 5 de julio de 2012

Patocka: polis y filosofía.
Borja Lucena Góngora

Estos días de recién llegadas vacaciones, después de haber sobrevivido al fútbol y a las  fiestas del solsticio sanjuanero en Soria, he disfrutado leyendo al filósofo checo Patocka. No me deja de sorprender cómo, metido hasta el cuello en el agujero de su presente soviético y carcelario, pudo este hombre soportar, cómo pudo acechar en los pliegues rugosos del tiempo aquello que apunta a su trascendencia. Si buscáramos una justificación de la idea de eternidad aquí, al menos, hallamos una de naturaleza pragmática: el pensamiento de la eternidad es aquello nos permite estar en el tiempo sin sucumbir enteramente a él.

En sus lecciones publicadas bajo el título de "Platón y Europa", que tengo en su traducción inglesa, Patocka nos hace tropezar con algo que no puede más que comunicar un gran desasosiego: la aparición del filósofo es una provocación hacia la polis. La misma existencia del filósofo se da en tensión trágica con respecto a aquello que conforma la política.
Socrates does not provoke, but his whole existence is a provocation to the city
Sócrates no provoca (a los atenienses), sino que su sola existencia es una provocación hacia la ciudad
Patocka expresa con gran agudeza la, digamos, imposibilidad misma del filósofo, la desmedida y trágica ambición que le impulsa y que le conduce a producir un cortocircuito casi irreparable en contacto con la polis y lo político. En pocas palabras puede estar contenida la exclusión mutua de lo filosófico y lo político, o, para variar los términos, la colisión irreparable que hace al filósofo acercarse a lo político únicamente para convertirlo en labor filosófica, como muestra el caso de Platón; el filósofo se revuelve contra el tiempo y la incesante mudanza de las cosas, contra el declive, contra el flujo desbordado en que se agota el mundo, contra la cadena indecible del aparecer y el perecer, 
Philosophy says: no, the world is not in decline, because the core of the world is being, and being has not beginning and will not perish

La filosofía dice: no, el mundo no es un declinar, porque el corazón del mundo es el ser, y el ser no tiene comienzo ni perecerá nunca.
La imposibilidad de la filosofía política es, precisamente, ésta: la política trata precisamente de lo que cambia, lo que está sometido a la ley del tiempo y la perspectiva incierta. Su consistencia es la doxa. La política consiste, en este sentido, en algo profundamente antifilosófico, en habitar el mundo de las apariencias, hacer una casa de aquello destinado a no durar y cuidar de lo que irremediablemente decae. Convertir la política en objeto de la filosofía es, en ese sentido, acabar con ella.

Estas consideraciones me llevan a la pregunta: 

¿Quiere esto decir: acabemos con la filosofía en nombre de la política? No, y en eso estriba precisamente lo trágico. No podemos, no queremos vivir sin filosofía. Puede querer decir, más bien, que es preciso acabar con esta política metafísica que nos asola. La tarea enojosa será encontrar el quicio en el que la filosofía no acaba con la política, pero la política tampoco termina con la filosofía. Cuadratura del círculo para estos meses veraniegos.

martes, 19 de junio de 2012

"Los renacuajos se convierten en sapos y los políticos construyen Estados".
Transcripción de Carlos Rodriguez Braun en el programa "La brújula" de Ondacero

El otro día escuché en la radio, en el programa de Ondacero "La brújula de la economía" una interesante reflexión que pienso es apta para el debate entre los feacios. Transcribo* aquí la argumentación del economista Carlos Rodriguez Braun: 

“Se me ocurre una hipótesis: juntar dos ideas de las que se habla mucho pero que se las mantiene separadas. Una es la importancia política del Euro, y otra la debilidad del Euro por ser una moneda sin estado.

Es verdad que el euro es importante para los políticos. Quizá no ponderamos hasta qué punto es importante. Un colapso del Euro sería un enorme daño para los políticos europeos . Y no estoy hablando del colapso de Grecia, que también, pero el colapso del euro, el famoso efecto contagio y la caída de la moneda, es decir, el gran “despiporre” tiene un enorme coste político. Y esto hay que recordarlo: las monedas son fenómenos políticos. Fueron creadas por los mercados, los mercaderes y las personas libres, pero desde hace muchísimo tiempo fueron usurpadas por el poder político, que las controla, las domina y hace lo que quiera con ellas. El problema es que esto [el euro] es la gran apuesta de la política europea. Como es muy importante para los políticos, harán cualquier cosa para mantenerlo.

Ahora vamos al punto dos. Estamos oyendo a economistas muy destacados, de las tendencias más variopintas, alegar que hay un defecto de fondo en el Euro, y es que es una moneda, con su banco central, con su curso forzoso, pero que no tiene un Estado. Tiene una cosa que se llama “Europa”. Esto es compartido desde Krugman, que lo sostiene todo el tiempo, hasta un economista liberal que se llama Gerald o'driscoll, que presentaba un argumento prácticamente idéntico al de Krugman: el euro no puede subsistir porque no tiene un estado.

Si estas dos hipótesis son verdaderas ¿por qué no las juntamos? ¿por qué si el Euro no tiene un estado y los políticos están haciendo cualquier cosa para mantenerlo, no pensar que igual van y hacen ese Estado? Si os fijáis, eso es lo que los políticos europeos han estado haciendo durante décadas. La Unión Europea nació como un mercado y punto; se llamaba así, “Mercado Común Europeo”. Y los políticos dejaron atrás esta idea, con la idea de ir construyendo una cosa distinta, que no fuera una unión económica, que no fuera un mercado común, sino que fuera un proyecto político. El euro es una parte esencial de este proyecto. Como lo fue la Constitución europea, que era tan importante para los políticos europeos, que cuando fracasó porque los pueblos europeos no la aceptaron, la colaron igual mediante el Tratado de Lisboa.

Yo recuerdo que cuando empezaron estos movimientos se hablaba de que tenemos que impedir la Europa de los mercaderes; ya no se habla más porque ya no es la Europa de los mercaderes, es la Europa de los políticos. Se decía: “bueno, tampoco pasa nada con Europa, porque es una cosa muy pequeñita, tienen un porcentaje muy pequeño del PIB europeo, no pueden cobrar impuestos, viven de cuotas, todo es como muy chiquitito”, y me acuerdo de que Anthony de Jasay, un economista al que yo admiro mucho, dijo: “esta gente me hace recordar a las personas que mirando un renacuajo dicen que esto no puede convertirse en un sapo”. Pues bien, los renacuajos se convierten en sapos y los políticos construyen Estados.

* La transcripción no es estrictamente literal. He alterado algunos pasajes con el fin de captar en el papel los matices de la oralidad. Podéis escuchar el programa completo en http://www.ivoox.com/brujula-economia-el-fmi-urge-audios-mp3_rf_1289240_1.html

lunes, 11 de junio de 2012

Arte en Soria.
Borja Lucena Góngora

Aparte de campo y de pinos, la pequeña ciudad vieja, y algún que otro pueblo minúsculo, en Soria también hay arte, y arte de verdad. Mi amigo Javier Arribas es una buena muestra de ello. Cualquiera diría que, cada vez que pinta algo, se la juega: tal es el arrojo que pone en los trazos con que apresa fragmentos de eso indecible que el arte quiere decir y, a veces, llega al menos a mostrar. Como la seriedad con la que el niño de Nietzsche se entrega al juego. Os traigo aquí alguna de sus imagenes del proyecto integrado en el colectivo "Latidos del olvido", cuya última expresión ha sido restituir a las sombras como propietarias de una industria cárnica abandonada. O mejor llamémoslo por su nombre: un matadero.

Un domingo cualquiera de primavera, de esa primavera soriana que te hiela los huesos, fuí con Javi y otros amigos a visitar la fábrica y las pinturas que había repartido por las paredes. Lo que encontré fue tremendamente asombroso y concreto. En medio de la solemnidad del abandono, al silencio de los tabiques y los azulejos opacos se adherían las pinturas, las figuras lanzadas con violencia sobre las paredes y recogidas en sus límites precisos. Una inmensa sombra negra, ocupando un ángulo inevitable de una especie de sala de despiece, se me antojó el coloso de Goya emergiendo de su batalla. La experiencia, verdaderamente, sacudiría a cualquiera, y Javi me propuso escribir algo para un libro que pensaban editar con todo lo que él y sus compañeros habían reunido en ese espacio enigmático. Esto que aquí os dejo es lo que escribí, y también los enlaces para poder acceder al libro en cuestión y a todo lo que han reunido en su página web:

http://www.javierarribas.com/

http://www.latidosdelolvido.com/

Publicación "CARNE: MATERIA PRIMA"

Arte y fábrica.

El arte puede servir a propósitos variados. Puede aspirar a construir refugios y defensas contra una realidad a menudo amenazante, a ensamblar un cielo protector en el que sea posible olvidarse de lo oscuro. Tenemos así un arte tranquilizador, como un medio amable y suave en el que abandonarnos a la ensoñación o la ternura. Sí, la realidad es siempre excesiva. Pero, tarde o temprano, el arte tiene que empeñarse en lo indecible, es decir, en la tentativa de mirar realmente cómo aparecen las cosas ante nosotros, cómo se reúnen en constelaciones que comúnmente evitamos atender, y cómo cada una de ellas  desafía realmente nuestra capacidad de soportar. En este sentido, el arte no construye paraísos artificiales, sino que más bien es capaz de arruinarlos para arrojarnos la oportunidad de mantener la mirada ante lo que siempre esta ahí, ante el mundo en su materialidad escandalosa, ante nuestra vida siempre frágil en él, nuestra vida siempre inferior a la que las teorías filosóficas, las promesas políticas o las películas de Hollywood a menudo quieren darnos. La vida del más mundano de todos los seres –porque eso somos al fin y al cabo- ambiciona en el arte más mundo. La aportación del proyecto coral “latidos del olvido” ha de entenderse de esta manera, como una plasmación de la ambición por sumergirse en lo real, aunque sea a veces insoportable; una intervención que, lejos de debilitar la presencia del mundo, nos ofrece  la experiencia del arte como una intensificación de la realidad, tal y como gustaba de decir  Nietzsche.




El paisaje de abandono en el que nos introducimos es el escenario de una batalla hace tiempo entablada y perdida. Es la fábrica, el lugar por antonomasia de lo moderno. El marco en el que el trabajo se transformó en una guerra, en una llamada desesperada a la movilización total de todas las fuerzas y todas las vidas, en la epifanía de una economía que en el siglo XX tomó el casi exclusivo avatar de economía de guerra y se apoderó de todos los recursos con el único imperativo de la producción. Todo es procesado en la automática actividad fabril. En este espacio casi solemne, el de una industria cárnica  abandonada, los azulejos blancuzcos despiden un breve fulgor entre la inmundicia; por todas partes, restos indistintos de instrumentos, de herramientas, de albaranes y anotaciones escrupulosas,  de cosas que se usaron en una lucha en ocasiones atroz, en ocasiones monótona y tediosa. En el desamparo se esparce desordenado todo lo que un ejército empleó, todo lo que gastó, todo lo que dejó precipitadamente atrás en su retirada inesperada y caótica. Queda el paisaje de una batalla, el marco en el que ya sólo es posible adivinar sombras terroríficas, o dolientes, o gestos desesperados de espectros que siguen trabajando, que siguen siendo reclutados por las mañanas en un llamamiento que no termina ni siquiera con la muerte y se repite como la muerte. Las figuras arrancadas al silencio de los azulejos están trazadas con sobriedad, con contención, con la disciplina de no deslizarse hacia el sentimentalismo, sólo apuntando lo que no puede callarse ni ocultarse; sobre el pálido soporte de lo que fue un matadero se esbozan cuerpos en tensión detenida, contorsiones y movimientos cristalizados, acciones corporales atrapadas en su sola ejecución y sin la esperanza de llegar ya nunca a fin alguno. Esas imágenes convocadas en negro tienen el poder y la memoria de una belleza, pero de una belleza desolada, sin azúcares, como la evocada por Rilke al comenzar sus “Elegías de Duino”: una belleza que es anuncio de lo terrible. 

domingo, 3 de junio de 2012

El sujeto cartesiano en el psicoanálisis freudiano.
Eduardo Abril Acero

 El “yo” que descubre Freud no es otra cosa que el sujeto cartesiano llevado al paroxismo, y a éste, no hace sino proponerle un contrapeso, el del “extranjero interior”, un sujeto –ello- que supone una ampliación de la subjetividad que resquebraja la conciencia cartesiana, sin romperla. Podemos seguir siendo cartesianos, cree Freud, pero porque el sujeto racional, autoconsciente, el sujeto que planea y lleva a cabo sus proyectos, el que introduce modificaciones en la realidad para hacerla más benigna, resquebrajado por todas partes, es capaz de apuntalarse usando telas de araña.

 En la primera tópica freudiana, el primer modelo de psiquismo que propone en el capítulo séptimo de La interpretación de los sueños, Freud nos habla de un sujeto que funciona de acuerdo a sistemas diferentes, los denominados sistema Prec-cons, y sistema Ics; no son otros que los sistemas consciente e inconsciente. El sistema inconsciente funciona de acuerdo con el proceso primario, lo que significa que la energía psíquica, a la que más tarde llamará libido se mueve de forma libre de una representación a otra. El resultado de este modo de funcionamiento es que, puesto que las representaciones -ideas, recuerdos, imágenes- pueden ser cargadas de una manera absolutamente libre, a modo de la fantasía o, más propiamente de la poesía, el resultado es que este sistema genera todo tipo de representaciones alucinatorias que le sirven al sujeto para descargar esta energía. Hablamos, evidentemente del principio del placer y de los sueños. De acuerdo con el principio del placer, que es el principio según el cual funciona el sistema primario, lo que se persigue es una descarga rápida del sistema, disminuyendo la tensión del sistema y generando placer. La manera más rápida de todas es la de generar representaciones alucinatorias a través de las cuales descargar estas tensiones. Esto se pone de manifiesto en las representaciones oníricas que suponen básicamente una realización de los deseos a través de alucinaciones.

El sistema prec-cc, en cambio, funciona de acuerdo con el llamado “proceso secundario” que consiste en una distribución de la energía psíquica siempre controlada y cuantificada. El proceso ya no es libre de generar todo tipo de representaciones y variar las cargas sobre unas y otras, sino que de lo que se trata de de controlar qué representaciones se cargan y cuales no. Esto equivale al pensamiento y especialmente al razonamiento. Razonar consiste en un proceso en el que se trata, no de hacer surgir representaciones de forma libre, sino controlarlas y dominarlas de tal forma que podamos disponer de ellas de forma voluntaria. En este caso se trata, precisamente, con el tipo de procesos que Descartes incluía dentro del sujeto, y que la posterior psicología ha tratado de explicar y articular. La subjetividad se identifica con aquellos aspectos del pensamiento de los que soy consciente y, fundamentalmente, puedo dominar. En este sentido, el sistema prec-cc está dirigido por el llamado “principio de realidad”, puesto de lo que se trata es de controlar las representaciones con el fin de hacerlas compatibles con representaciones procedentes del “mundo real”.

Freud nos dice, además, que el sistema inconsciente es anterior al sistema consciente, que sólo se genera al constatar las dificultades de descargar la energía libremente mediante las fantasías y alucinaciones. Este será la base del concepto, que desarrollará más adelante, de castración. Es la renuncia a la satisfacción plena de los deseos, es decir, a la descarga fácil y completa de las cargas energéticas, lo que lleva a generar un sistema, el consciente, que trata de controlar esas cargas para descargarlas de forma limitada pero más segura.

En el fondo, en esta primera tópica freudiana, ya se prefigura lo esencial del posterior desarrollo del Edipo. El niño, de manera primaria, en su primer encuentro con lo real, construye una fantasía de totalidad destinada a la satisfacción plena, la fantasía edípica. Sin tener aún una subjetividad yoica, su percepción de la realidad es limitada y se confunde con la fantasía; esta fantasía consiste en ocupar el trono edípico, un lugar imaginario en el cual la satisfacción y el goce ilimitado está garantizado. Pronto constata que esta fantasía se aleja irremediablemente –Freud nos dice que muchas veces por el nacimiento de un hermano que le aparta del lugar central de la familia, o por la acción del padre que le relega a un segundo plano– y se ve en la obligación de buscar una segunda opción, surgiendo así la subjetividad yoica, el sujeto cartesiano, que trata de armonizar a través del razonamiento la satisfacción de sus deseos y las oposiciones de la realidad. Es por esto que podemos considerar al principio de realidad como una modificación del primitivo principio del placer. Ahora, el psiquismo continua buscando la satisfacción, pero para ello aprende a dar rodeos, a sopesar situaciones, a calcular resultados, a aplazar satisfacciones e incluso a admitir insatisfacciones presentes en función de futuros goces. No obstante el principio de realidad no suprime el principio del placer, únicamente lo modifica en función de las imposiciones de lo real; éste continua operando a nivel inconsciente. Ahora bien, es este un modo ya castrado de funcionamiento, puesto que hay una renuncia a la fantasía edípica de totalidad, y en su lugar se opone una satisfacción parcial siempre inacabada.

Pero dando una vuelta de tuerca más, y leyendo en los márgenes de la tópica freudiana, podemos suponer que también el sistema consciente puede tener sus propias fantasías de totalidad, o lo que es lo mismo, sus propias fantasías edípicas. Esta fantasía sería consciente y, de acuerdo con el proceso secundario, no sería el resultado de la energía libre, o lo que es lo mismo, no se generaría de forma poética, sino que resultaría de un proceso controlado, es decir, racional. Seguiría siendo una fantasía edípica, eso sí, por cuanto no hace sino proponer un estado de satisfacción total, un retorno al trono del rey fantaseado en la infancia, en el que uno no termina jamás de gozar. Y por ser el resultado de un “proceso ligado”, esto es, controlado y racional, bien podría ser una fantasía colectiva, por cuanto los elementos del “ensueño” son fácilmente compartibles por todos, por tratarse de la conclusión de procedimientos mecánicos y reglas públicas (conceptualizables), cosa que no ocurre con las fantasías oníricas.
          
Pues bien, esta fantasía racional, este sueño del cálculo, no es otro que el ideal tecnificado de la sociedad capitalista, en el que, ya no se trata de modificar las representaciones cargadas para adecuarlas a las exigencias de lo real, sino en disponer de lo real de tal modo que éste se adecue a las exigencias de la fantasía edípica-racional. Lo real se convierte así en algo que está a disposición y puede exigírsele cualquier transformación que garantice un goce totalitario. En este sentido, el sujeto yoico, el sujeto que calcula para evitar ser arrasado por las contingencias de lo real, deviene sujeto cartesiano, por cuanto la realidad no es más que el producto dúctil de su actividad racional. Freud no hace sino mostrar que este sujeto totalitario de la hipermodernidad se sostiene sobre andamios enfangados, siempre a punto de derrumbe. La función del psicoanálisis, en cierto modo, es avisar que el “aviso de derrumbe” no es una contingencia salvable de la existencia humana, sino un hecho estructural.  

miércoles, 30 de mayo de 2012

Los recortes en educación y el Efecto Covaleda.
Borja Lucena Góngora

Covaleda es un pequeño pueblo de la provincia de Soria. Está a unos cuarenta kilómetros de la ciudad, en medio de inacabables bosque de pinares. Yo tengo mucho cariño al pueblo y a su pequeño instituto, porque me tocó dar clase allí durante un curso, que en Soria es casi como decir un invierno, y me encontré con una pequeña e insospechada felicidad.

Ayer hablé con mis compañeros de Covaleda y me comentaron lo que en el instituto significan las cifras abstractas que - en su presentación aséptica, periodística, técnica, como datos meramente presupuestarios de austeridad y recorte- tan poco duelen. Unos ceros de más o de menos en los proyectos burocráticos, unos guarismos plasmados en los informes del ministerio, se pueden convertir en una debacle en el terreno tan frágil y cotidiano de los centros educativos reales. Por llamarlo de algún modo,  podemos denominarlo el "Efecto Covaleda", donde tampoco faltan, por estas fechas, mariposas.

Las más inmediatas consecuencias de la Nueva Política Educativa, según me contaron, son tan sencillas y contundentes como sólo la realidad sabe ser. En el universo de la declamación nos pueden tranquilizar con vaguedades sobre la calidad educativa, o con la perspectiva de que la ruina es necesaria para, algún día, hallar al fin la recompensa del progreso. Mientras tanto, el futuro sigue tan lejano como siempre y tenemos un presente donde se multiplica la inmundicia.

En cuanto toca al asunto concreto que aquí nos ocupa, nos dicen que no es tan terrible: sólo son dos o tres horas más de clase semanal para cada profesor y un leve incremento de alumnos por clase. Con esto, nos tranquilizan, nadie debe preocuparse porque pueda lastrarse de un modo significativo la actividad académica. Pero esto responde a una mirada de lejos. Miremos de cerca. Miremos al IES Picos de Urbión de Covaleda. ¿En qué se traducen esos pequeños retoques administrativos? En una gran desarticulación de lo que hasta ahora ha venido siendo la realidad de un centro rural capaz de proporcionar a muchos pinariegos, mal que bien, un único acercamiento a las letras o las ciencias, a eso que antaño se llamó saber.

De las cosas que me contaron mis compañeros de Covaleda me gustaría apuntar alguna que pueda dar al menos cierta idea. En primer lugar, tal y como saltaba a la vista desde el principio, la austera austeridad parece que va a servir para eliminar definitivamente las asignaturas que no corren con el favor de los tiempos emprendedores. Es la muerte de las lenguas muertas. El curso que viene desaparecerán en el "Picos de Urbión" las enseñanzas de latín y griego, y nada hace pensar que vayan algún día a ser recuperadas. La profesora que hasta ahora se dedicaba a su impartición será reciclada en profesora de francés, ya que -¡hay que contar con la casualidad!- tiene estudios de esa lengua en la escuela de idiomas. En segundo lugar, se suprimirá también la asignatura de dibujo técnico y el profesor correspondiente impartirá en su lugar la de informática. Supongo que la administración está convencida de que es absurdo preparar a los jóvenes de la sierra de Urbión para estudiar filologías o ingeniería, aunque sea de montes. Por último, la situación del profesor de filosofía tampoco es envidiable, y a ella soy especialmente sensible; a partir de ahora se encargará no sólo de las asignaturas de filosofía y algunas de música, sino también de clases de ciencias sociales. En el rostro de los profesores de filosofía se va dibujando, me temo, lo que previsiblemente se anuncia para los de secundaria en general: convertirse en "chicos para todo", en competentes especialistas en cualquier cosa que las necesidades burocráticas demanden, es decir, en la nada.

Cuando nos hablen de la necesidad y pertinencia de las reformas, del futuro esplendoroso del sistema educativo tras estos ineludibles cambios; cuando nos hablen de que no pasa nada por unas horas de más o unos bachilleratos de menos; cuando así nos hablen, recordad Covaleda.

jueves, 24 de mayo de 2012

Declaración de la Filosofía española.
Madrid, 5 de mayo de 2012.

La Conferencia de Decanos de las Facultades de Filosofía de España, el Instituto de Filosofía del CCHS-CSIC y diversas asociaciones filosóficas españolas que representan a una gran parte del profesorado de las universidades y centros de enseñanza secundaria, hemos celebrado durante los días 4 y 5 de mayo de 2012, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, unas jornadas de debate sobre La situación de la filosofía en el sistema educativo español. Como conclusiones de estas jornadas, hemos adoptado los siguientes acuerdos:

1. Consideramos que una sociedad democrática debe contar, entre otros requisitos imprescindibles, con un sistema público de educación que cubra todas las etapas formativas (infantil, primaria, secundaria y universitaria), que proporcione una formación de calidad y que sea accesible a todas las personas sin discriminación alguna por razón de sexo, nacionalidad, clase social, etc.

2. Estimamos que una sociedad democrática debe contar también con un sistema público de investigación integrado por las universidades y los centros de investigación especializados, dotado de recursos suficientes en todos los ámbitos científicos, tecnológicos y humanísticos, y basado en el mérito, la creatividad y la responsabilidad social de los investigadores.

3. Por todo ello, rechazamos rotundamente los drásticos recortes presupuestarios que vienen aplicando el gobierno central y los autonómicos en los tres últimos años, y que solo en 2012 superan el 20% en educación y el 25% en investigación. Asimismo, rechazamos el RD 14/2012. de 20 de abril (BOE de 21 de abril), de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo, porque es un ataque frontal contra uno de los pilares fundamentales de nuestro Estado de bienestar: el sistema público español de educación e investigación.

4. Más concretamente, todos estos recortes económicos y cambios legislativos están poniendo en peligro la calidad e incluso la continuidad de la docencia y la investigación en Filosofía. Por ello, nos vemos obligados a recordar a las administraciones públicas que los estudios de Filosofía son uno de los ejes fundamentales de la tradición cultural de Occidente, y que hoy en día las sociedades democráticas más avanzadas suelen reservar un lugar específico a estos estudios en sus diferentes niveles educativos: institutos, universidades y centros de investigación.

5.  La Filosofía nació y se desarrolló en Europa, hasta el punto de que la propia civilización europea no se comprende sin ella, pero desde la época del humanismo renacentista ha ido extendiéndose por todo el mundo, entrando en diálogo con otras tradiciones culturales y adaptándose a las transformaciones de la historia. De este modo, ha llegado a convertirse en un patrimonio vivo de toda la humanidad, a través del cual pueden comunicarse todos los pueblos de la Tierra. Prueba de ello es que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO') reconoce a la Filosofía un papel fundamental en la formación cívica y cultural de los ciudadanos de todo el mundo. Por eso, en 1995 hizo pública la Declaración de París en favor de la Filosofía, en 2005 estableció el Día Mundial de la Filosofía (que se celebra el tercer jueves del mes de noviembre), y en 2007 editó el informe La Filosofía, una escuela de libertad.

6. La Filosofía es una "escuela de libertad" porque educa a los niños y jóvenes en el ejercicio autónomo y riguroso del pensamiento, les enseña a reflexionar sobre el mundo y sobre sí mismos con una mirada crítica, y los capacita para dialogar racionalmente con sus semejantes, reconocer la pluralidad de los diferentes puntos de vista y buscar el entendimiento mutuo en los diversos campos de la experiencia humana, conforme a criterios comunes como los de verdad, justicia, belleza, etc. Por eso, ante los conflictos e incertidumbres de una sociedad cada vez más compleja y globalizada, los estudios de Filosofía son un instrumento fundamental para la comprensión del mundo y la comunicación racional entre todos los seres humanos.

7. La Filosofía puede practicarse en diferentes lugares y por diferentes medios: la docencia, la investigación, el asesoramiento ético, la mediación social, la gestión cultural, la creación artística y literaria, etc. No obstante, y en consonancia con las recomendaciones de la UNESCO, consideramos que los estudios de Filosofía deben tener un lugar específico en el sistema público de educación e investigación, porque solo de ese modo se garantiza su transmisión generacional y su renovación permanente, y porque toda persona tiene "derecho a la Filosofía", es decir, derecho a recibir una formación especializada que le permita acceder al patrimonio del pensamiento filosófico y adquirir los conocimientos necesarios para el ejercicio de la profesión filosófica.

8. La comunidad filosófica española está experimentando un cambio de ciclo histórico. Desde los años de la transición democrática, se inició una época de creciente expansión, modernización y diversificación de los estudios de Filosofía en todos los niveles educativos. Esa época estuvo protagonizada por una brillante generación de profesores, investigadores y escritores que han situado a la filosofía española en pie de igualdad con las filosofías de otros países del mundo. Esta internacionalización de la filosofía española es una importante contribución al patrimonio común de la lengua española como vehículo privilegiado para situar nuestra cultura en el lugar que le corresponde en un mundo cada vez más globalizado. A ello se añade el meritorio trabajo realizado en las otras lenguas oficiales de nuestro país. Sin embargo, la generación a la que debemos esos logros se ha jubilado en los últimos años, y el relevo generacional se está viendo afectado por una serie de procesos muy diversos que plantean a la comunidad filosófica española nuevos desafíos y también algunas dificultades: las sucesivas reformas legislativas, el llamado proceso de Bolonia, el nuevo papel de las agencias de evaluación en la carrera docente e investigadora, los drásticos recortes presupuestarios en educación, universidades e investigación, y, por último, la amenaza de reducción de centros, titulaciones y materias de Filosofía.

9. En este cambio de ciclo histórico, los asistentes a las jornadas de Madrid hemos decidido unir nuestras fuerzas, hasta ahora muy dispersas, y poner en marcha un proceso de vertebración de la comunidad filosófica española. A partir de ahora, nos constituimos como Red Española de Filosofía (REF), para facilitar  la cooperación entre todas  las personas y organizaciones relacionadas con la profesión filosófica, y para defender esta profesión ante las administraciones públicas y ante la ciudadanía española. La REF contará con un Consejo de Coordinación en el que tendrán representación la Conferencia de Decanos de Filosofía, el Instituto de Filosofía delCCHS-CSIC  y  las  asociaciones  filosóficas  del profesorado  universitario y de enseñanza secundaria.  Los  primeros  pasos  encomendados  a este Consejo de  Coordinación  son los siguientes:
a) Creación de una Web que sirva de medio de comunicación interna, archivo documental y difusión pública de las actividades de la REF.
b) Constitución de tres comisiones de trabajo, representativas del profesorado universitario y no universitario, y que elaborarán propuestas concretas en tres campos diferentes: A) el curriculum de las materias filosóficas de la enseñanza secundaria; B) la renovación de los estudios de Grado, Máster y Doctorado, que habrá de incluir una mayor atención a la didáctica específica de la Filosofía; y C) el perfeccionamiento de los procedimientos y criterios de valoración aplicados por las diferentes agencias de evaluación estatales y autonómicas. Estas propuestas serán debatidas y consensuadas en el seno de la REF, para su posterior presentación y negociación con el Ministerio de Educación, las comunidades autónomas y las agencias evaluadoras.
c) Preparación de un Congreso de Filosofía de ámbito estatal, abierto a los profesores e investigadores de todas las áreas filosóficas y de todos los niveles educativos, y abierto también a los profesionales de la filosofía que desempeñan su labor fuera de las instituciones académicas.
d) Apoyo a la difusión de dos importantes informes editados por la UNESCO: Filosofía y democracia en el mundo (1995), y La Filosofía, una escuela de libertad (2007). El trabajo de la edición española de este último será coordinado por la SEPFI.
10. Esperamos que la puesta en marcha de la Red Española de Filosofía permita crear un espacio de comunicación entre todos cuantos amamos y practicamos la Filosofía en este país. Invitamos a todas las personas y organizaciones españolas relacionadas con la profesión filosófica, para que participen en las actividades de la REF. Y, por último, nos comprometemos a establecer vínculos de colaboración con otras redes filosóficas nacionales e internacionales.